Los espejos paralelos

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Los espejos paralelos
Néstor Luján
Novela
Planeta. México. 1992, 223 págs.

Néstor Luján, el polifacético escritor catalán, parece sentirse a gusto en el marco histórico del siglo XVII. Obras como La vida cotidiana del siglo de oro español, El Madrid de los últimos Asturias o Decidnos, ¿quién mató al conde? –Premio Plaza & Janés hace un par de años–, son un indicio del bagaje cultural que este autor posee sobre la época de los Habsburgo. Su última obra, Los espejos paralelos, quedó finalista del Premio Planeta 1991.
En la trama se entrelazan las vidas de los personajes de Las meninas de Velázquez. Un tal Benito Manuel de Agüero, pintor de segunda fila, ayudante y discípulo de Juan Bautista del Mazo, yerno de Velázquez, vaga al atardecer por las siniestras estancias del Alcázar, donde malvive, viejo y enfermo, el penúltimo de los Austrias. Accidentalmente se queda encerrado toda la noche en el aposento que contiene el lienzo originariamente llamado La familia de Felipe IV. Mientras contempla ensimismado la escena, las figuras adquieren, como por embrujo, voz y vida propias.
Néstor Luján consigue una magnífica recreación imaginativa que permite al lector entrever cómo era la vida de la familia real en la corte, con sus bufones, nobles y criados. Todos ellos quedan excelentemente caracterizados, mediante unos rasgos certeros con los que consigue una estampa histórica rebosante de intensidad y verosimilitud. La obra está escrita con notable soltura, como corresponde al talento narrativo de este escritor.
Los espejos paralelos resulta así un libro de singular belleza, de abundante información histórico-cultural y amena lectura. También deja en el ánimo un rictus de tristeza por el desgobierno que propiciaba Felipe IV con su infinito tedio y sus furtivos encuentros libidinosos. Aun así, esta melancolía queda paliada por abundantes escenas que arrancan una sonrisa.

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