Mega-ciudad. ¿Oportunidad o apocalipsis?

0
2090

En número reciente, Time (1) dedica su sección principal a estudiar los complejos problemas de las <<mega-ciudades>> del mundo aquéllas cuya población rebasa los 10 millones de habitantes-. El ensayo pregunta si el crecimiento de esas mega-ciudades es un augurio del Apocalipsis de epidemias mundiales y contaminación o si el <<sorprendente impulso de la autosuficencia>> que se da en algunas de ellas apunta hacia el camino de su salvación.
Los vaticinios del cataclismo urbano surgen de observar que en las grandes ciudades, no sólo son más agudos los problemas de contaminación, salud y congestión vehicular, sino que además se acentúan aquellos derivados de las diferencias en la distribución del ingreso, la recolección y disposición final de basura, el otorgamiento de vivienda, la seguridad en las calles, la provisión -vialidades, puentes, alumbrado, redes de agua potable y drenaje, entre otros- de infraestructura básica en zonas marginadas, el comercio en la vía pública y, en general, las dificultades ocasionadas por el deterioro de la calidad de vida en muchas de ellas.
Por otra parte, hay claros ejemplos de la poderosa <<autosuficiencia>> urbana como la reacción de vecinos y organizaciones comunitarias ante desastres naturales como el terremoto de 1985 en la Ciudad de México, el esfuerzo de la comunidad más pobre de Karachi, Pakistán, que construyó con recursos propios- un sistema de drenaje para 800 mil habitantes o el efecto en la calidad de vida urbana de un programa para regularizar la tierra en Yarkarta, Indonesia.
Esto es una muestra de que la responsabilidad de un mejor nivel de vida en un área urbana recae sobre los habitantes y sus gobiernos. Pero estas interacciones deben guardar armonía.
Calificación citadina
Ante el hecho de que a finales de esta década, más de la mitad de la población mundial vivirá en ciudades, preguntarse si la creciente urbanización es algo deseable y si las condiciones de vida en las ciudades son compatibles con un nivel de <<desarrollo sostenible>> (2) es, más que un ejercicio académico, una necesidad para el planteamiento de políticas públicas coherentes.
Pero, ¿cómo evaluar la calidad de vida en las ciudades y sus posibilidades de alcanzar ese desarrollo? Si reconocemos que los gustos y las necesidades de diversas comunidades varían, ¿hay alguna forma de calificar a las ciudades en términos de las condiciones generales de habitabilidad y viabilidad para las actividades económicas?
Al respecto, se han sugerido cinco criterios y dos <<meta-criterios>> para evaluar (3):
Criterios.
– Una ciudad <<vital>> debe satisfacer las necesidades básicas de sus habitantes y proporcionar un medio ambiente seguro para la realización de actividades.
– Una ciudad <<con sentido>> debe estar organizada de tal forma que sus habitantes perciban su forma y su función.
– Una ciudad <<adecuada>> debe proveer los edificios, espacios y redes requeridos por sus residentes para llevar a cabo sus proyectos, de forma satisfactoria.
– Una ciudad <<accesible>> permite que los habitantes de todas las edades y antecedentes puedan alcanzar los recursos, servicios e información necesarios para llevar a cabo sus actividades.
– Finalmente, una ciudad <<participativa>> es aquélla en la que los habitantes tienen algo qué decir en relación ala administración de los espacios en los que residen o trabajan.
Meta-criterios
– Por otra parte, una ciudad <<eficiente>> alcanza los objetivos anteriores al mínimo costo y encuentra el equilibrio entre el logro de un objetivo en particular y los demás, pues el principio de la escasez significa que no pueden ser maximizados todos al mismo tiempo.
– Y una ciudad <<justa>> distribuye los beneficios entre los habitantes de acuerdo a estándares de equidad.
Para los <<urbanistas>> -un conjunto de profesionales compuesto por arquitectos, sociólogos, politólogos, ingenieros civiles y economistas, entre otros- el principal reto es aprender las lecciones de nuestra experiencia y proponer programas que acerquen a las ciudades al logro de esas dimensiones del desarrollo urbano. Es la de alcanzar mejores condiciones de vida para la diversidad de necesidades y deseos de los habitantes urbanos y preservar nuestro legado a las futuras generaciones.
Para los economistas, el reto es contribuir a alcanzar los «meta-criterios>> a través del estudio de los efectos del marco de incentivos del sistema de precios, las distorsiones en los mercados, la reglamentación de las actividades y otras restricciones, sobre la eficiencia en la producción y consumo de los satisfactores en las grandes urbes, y sobre la equidad en la distribución de los beneficios del desarrollo económico. Este escrito aborda el problema de la vida urbana desde el punto de vista económico sin olvidar que la satisfacción de los criterios para calidad de vida en las ciudades es un problema de políticas públicas que requiere de un enfoque interdisciplinario amplio.

Creación de «mega-ciudades»

¿Qué problemas son los más apremiantes en México? ¿Qué se ha hecho en relación a ellos? ¿Cuáles son las implicaciones del problema urbano contemporáneo y su prospectiva?
En México la agenda de la economía urbana ha sido poco analizada (4). Aún hay mucho que observar, aprender y entender de la economía de nuestras grandes ciudades. Pero como dos terceras partes de la población mexicana vive en ellas, es necesario estudiar la compleja problemática urbana para entender mejor el futuro económico y social del país. En ese análisis la dimensión espacial es ineludible. De lo contrario bastaría observar los grandes agregados macroeconómicos y el comportamiento de los mercados individuales para entender la dirección de los cambios en las condiciones de vida en las ciudades.
En el transcurso de la segunda mitad de este siglo los problemas urbanos de México se han agudizado debido principalmente a la importante migración de las áreas rurales. Durante ese proceso, las principales ciudades -México, Monterrey y Guadalajara- han sido las mayormente afectadas. Aún más, en las décadas por venir, estos problemas se acentuarán, dadas las proyecciones e inercia del crecimiento por edades de la población y de la conformación de la estructura económica.
Los problemas urbanos de las grandes ciudades mexicanas representan así uno de los mayores retos para quienes dirigen la política económica y social. Las alternativas de solución son complejas. Por un lado, décadas de proteccionismo y subsidio de los servicios urbanos no sentaron una base sólida para el desarrollo de las ciudades. Por un lado, décadas de proteccionismo y subsidio de los servicios urbanos no sentaron una base sólida para el desarrollo de las ciudades. Por otro, la experiencia de los ochenta en las grandes urbes muestra que sin un liderazgo público en la conducción de la política y en la formación de infraestructura urbana, las dificultades se acentúan.
Afortunadamente, el análisis económico de la problemática de las grandes ciudades ha tenido un progreso considerable en años recientes, especialmente en áreas como empleo, vivienda, transporte, contaminación y ataque a la pobreza. Deben aprovecharse esas herramientas y a partir de ellas proveer los fundamentos para la planeación y evaluación de las políticas urbanas.
En todos los países sin excepción, el sector agrícola tiene, al principio del proceso de desarrollo, la mayor participación en el producto interno bruto, ya que los alimentos son una necesidad básica. En la medida que el país se desarrolla se transfiere mano de obra y otros insumos a los sectores manufactureros y de servicios, que se ubican principalmente en las ciudades. Es decir, en cualquier nación, la urbanización y el crecimiento están estrechamente ligados.

Futuro económico en las grandes ciudades mexicanas

La sustitución entre empleo manufacturero y empleo en el sector de servicios, y el sesgo regional asociado a él, son fuerzas que darán forma al crecimiento de las ciudades en Ios últimos años de este siglo y marcarán la tendencia del XXI.
En términos porcentuales, se espera que el mayor crecimiento en el empleo en las tres principales ciudades de México sea en los servicios: finanzas, seguros y servicios inmobiliarios; servicios de reparación y profesionales; servicios personales y, en menor medida, gobierno. Desde 1980, el sector servicios ha sido el de mayor crecimiento, y el sector manufacturero ha contraído. Es decir, los empleos manufactureros e industriales -construcción, transporte, comunicaciones y servicios públicos- no serán ya la mayor fuente de crecimiento del trabajo las grandes ciudades; los servicios sustituirán como el nuevo motor del crecimiento económico.
Una razón para ese auge de los servicios es que su localización cerca de los grandes hospitales, laboratorios médicos, juzgados, mercados financieros, dependencias del gobierno y otras instituciones típicas de las ciudades, se ha facilitado por las mejoras en las comunicaciones y los transportes, que han permitido dichos servicios a una amplia cantidad de habitantes, aun si viven a distancias considerables del centro de la ciudad.
En resumen, en los pasados cien años, México se ha transformado de un país rural a uno urbano, Ese proceso de transformación ha estado asociado con una contracción significativa del empleo rural y con una dinámica industrialización del país.
A pesar de que existe una considerable dispersión en los niveles de urbanización entre industrias, pueden generalizarse algunas tendencias. Las manufacturas serán más urbanas que el resto del sector industrial, pero menos que los servicios. Las manufacturas que procesan materias procesadas serán las más urbanas. El efecto neto será que las manufacturas y otras industrias seguirán perdiendo participación urbana y que el comercio y los servicios dominarán el panorama urbano del México del mañana.

Oportunidades en la Ciudad de México

En México, desde los años sesenta, la población ha dejado de ser predominantemente rural. Esa transformación se vio reflejada principalmente, como fenómeno urbanístico, en el rápido crecimiento de la Ciudad de México (6). En la década de los treinta, la ciudad con su área metropolitana alcanzó su primer millón de habitantes. Actualmente, cuenta con más de 16 millones (7). Este crecimiento no tiene antecedentes en el mundo (8).
En el Distrito Federal, la expansión del aparato productivo, la dinámica de la inversión y los aumentos en productividad han llegado a los diferentes sectores de la actividad económica de la entidad. Se ha avanzado en la consecución de las metas de mejoramiento del nivel de vida, con estabilidad y modernización económica y con respeto a las libertades de los individuos. Sin embargo, los recursos y oportunidades para alcanzar ese mejoramiento del nivel de vida en el Distrito Federal han cambiado.
En los últimos veinte años, por ejemplo, se observa que si bien el número de habitantes ha experimentado aumentos, éstos han sido cada vez de menor magnitud, por lo que se puede señalar que, de conservarse las actuales tendencias, la población del Distrito Federal -de alrededor de 8.2 millones en 1990- crecerá en las próximas décadas a tasas bajas, similares a las de otras importantes áreas metropolitanas del mundo, como Londres, Tokio y Nueva York. La nueva dinámica poblacional y la eventual reducción de la tasa de crecimiento de la oferta laboral provocarán que, en el mercado, los salarios reales tiendan a aumentar.
En la entidad ha disminuido la proporción de inmigrantes. En efecto, entre 1985 y 1990 ingresaron Distrito Federal poco más de 310 mil personas, mientras que aquel número de personas que salió ascendió a poco más de un millón. Esto significa que las actuales presiones de gasto causadas directamente por el crecimiento de delegaciones periféricas, tenderán a reducirse en las próximas décadas, permitiendo una reasignación de los recursos hacia un mejoramiento de la infraestructura existente en la ciudad e incrementos más moderados en obra pública -como drenaje y construcción de escuelas-.
Las oportunidades para alcanzar ese mejoramiento en el nivel de vida en el Distrito Federal también han cambiado en los últimos veinte años para los cerca de tres millones de miembros de la población económicamente activa.
Se estima que el 27% del PIB del país se genera en el Distrito Federal. Sin embargo, la distribución de la producción ha cambiado significativamente en las dos últimas décadas. En efecto, los sectores agropecuario, extractivo y de construcción ocupan hoy únicamente el 5% de la población económicamente activa del Distrito Federal. Las industrias de transformación han perdido casi 8 puntos de su participación en la ocupación del mismo periodo y representan actualmente sólo el 22%. En cambio, las participaciones del comercio, las comunicaciones y transportes y los servicios han aumentado en 52, 67 y 74%, respectivamente en las dos últimas décadas y han alcanzado ya 57% del empleo en el Distrito Federal.
Esa recomposición de la actividad económica refleja la nueva estructura de precios relativos en la ciudad, caracterizada por una racionalización de la política de subsidios a los principal insumos productivos y una mayor integración con la economía mundial y es congruente con el cambio en las características de la población. Por lo tanto, se espera que esa tendencia hacia una economía basada en industrias más ligeras, complementadas con importantes inversiones en comercio, comunicaciones, transporte y servicios en general, prevalezca en la Ciudad de México en el futuro.
El nivel y la calidad de la provisión de servicios ha aumentado significativamente en las dos últimas décadas. De acuerdo al censo de 1990, el 97% de las viviendas cuenta ya con agua entubada, el 93.8% con drenaje y el 99.3% con energía eléctrica. La mejor infraestructura urbana no sólo permite una mayor productividad económica sino que es un elemento indispensable para el logro de condiciones más favorables en la vida de la población.
A pesar de esos avances, subsisten importantes problemas para la economía del Distrito Federal. Entre los más visibles están, desde luego, la contaminación ambiental y la congestión vehicular que la mayoría de los habitantes vivimos a diario. Pero de igual importancia son la aún desigual distribución del ingreso, la pobreza urbana, la falta de recursos financieros para nueva infraestructura de vivienda, la necesidad de crear cientos de miles de empleos productivos en lapsos cada vez menores, el complicado manejo de residuos sólidos, el abasto diarios de agua con fuentes marginales cada vez más lejanas y agotamiento de los acuíferos del Valle, la seguridad y procuración de justicia, la ordenación territorial y regulación del uso de suelo, y muchos otros comunes a los grandes conglomerados urbanos. Desde luego sería imposible analizar, en tan breve espacio, cada uno de estos problemas.

La nueva economía urbana

A pesar de ellos característicos en las grandes urbes mundiales-, la evolución reciente de los recursos humanos y materiales disponibles en la Ciudad de México para el desarrollo económico ha sido favorable. Estas tendencias en la composición y calidad de los recursos humanos y materiales del Distrito Federal han resultado en ventajas comparativas respecto a otras regiones del país en educación especializada, telecomunicaciones, transportes y servicios financieros. Esas ventajas dictarán el curso de la nueva economía urbana. La Ciudad de México no puede ya basar su desarrollo en industrias que utilizan intensivamente el agua y el aire limpio. En cambio, los empleos productivos bien remunerados se multiplicarán como producto de la interacción entre la alta calidad relativa de la fuerza de trabajo de la entidad y los recursos en los que tenemos menores costos.
En conclusión, lo expuesto en este ensayo sugiere que las grandes ciudades de México, para mantener un desarrollo sostenible, tendrán que aprovechar las economías de escala en la producción y los efectos externos favorables de la interacción del capital humano acumulado durante décadas, pero al mismo tiempo deberán disminuir los efectos adversos de las externalidades negativas (9) que en materia de contaminación y congestión vehicular ponen peligro su crecimiento ordenado y duradero.
Esas son las características de la nueva economía urbana y ésas las oportunidades de desarrollo de las grandes urbes de México. Aprovecharlas significará que el augurio del Apocalipsis de graves problemas se aleje cada día más de nuestros principales centros de población.

(1) Cfr. LINDEN. E. «Megacities». Time. Enero 11, 1993, pp.28-38.

(2) Según el Informe sobre desarrollo mundial (1992), del Banco Mundial, la ex- presión «desarrollo sostenible», fue usada por primera vez y difundida por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, en su informe Nuestro futuro común (1987). La característica que ha de tener el desarrollo para ser sostenible es «asegurar que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias».
(3) LYNCH, Kevin. A theory of good city form. Cambridge. MA. MIT Press, 1981.
(4) Sin embargo, el interés por estos temas ha aumentado recientemente. Ver por ejemplo, Ensayos sobre la economía de la ciudad de México. R. Samaniego (compilador). Pórtico de la Ciudad, 1992, que contiene estudios recientes sobre la estruc- tura financiera, la problemática sectorial y las perspectivas de desarrollo del Distrito Federal y su área metropolitana.
(5) Ver por ejemplo, CARDENAS, Enrique. La industrialización mexicana durante la gran depresión. El Colegio de México, 1987; quien argumenta que las condiciones para el rápido despegue industrial de México conocido como el Desarrollo Estabilizador se sentaron en los treinta.
(6) Aquí es pertinente distinguir entre la «Ciudad de México», que administrativamente corresponde al Distrito Federal, y su área metropolitana constituida por los municipios conurbados del Estado de México. El análisis subsecuente se refiere -salvo que se especifique lo contrario- al Distrito Federal.
(7) De acuerdo con los datos del XI Censo general de población y vivienda, lNEGI, 1990, la población del Distrito Federal era de aproximadamente ocho y cuarto millones de habitantes y la de los municipios conurbados del Estado de México de alrededor de seis millones setecientos cincuenta mil habitantes. Es decir, el área metropolitana de la Ciudad de México tenía entonces cerca de quince millones de habitantes. La cifra reportada es una estimación para principios de 1993 basada en las tendencias recientes.
(8) Es decir, ninguna de las «mega ciudades» del cuadro 1 ha tenido un incremento absoluto o relativo de población tan grande como el de la Ciudad de México, en tan corto tiempo.
(9) Las externalidades negativas, como la congestión vehicular o la contaminación ambiental, representan limites económicos al tamaño de las ciudades. Para ser viable, una ciudad tiene que incorporar prácticas e invenciones que permitan balancear las ven- tajas de la producción y el intercambio urbanos con un mejoramiento del medio ambiente que asegure la permanencia de las grandes ciudades.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí