Toshihiko Yamashita. El pensamiento que edificó un imperio

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<<Después de mi graduación me fui a trabajar a Matsushita Electric, entonces una empresa de mediana importancia. Nunca soñé que llegaría a ser un imperio industrial. Mi primera asignación fue un tedioso trabajo de fábrica. Viví varias pequeñas frustraciones y con frecuencia pensaba: ¿Es esto lo que deseo hacer en mi vida?>>. Con un comentario como éste seguramente inician sus relatos los hombres de negocios que han sido los forjadores de los grandes imperios industriales. En este caso, éstas son las palabras del director general de Panasonic, Toshihiko Yamashita, quien en un análisis ágil pero revelador, vacía los cómos de su hacer estratégico en un best seller que publica editorial Planeta: El Camino Panasonic (1).
Lo que modeló su estilo de vida, según él mismo narra, lo fundamenta en dos lecturas de juventud: Los bajos fondos de Máximo Gorky, específicamente en la imagen del proscripto Sachin y que a él <<le llegó como un relámpago>>: si se disfruta el trabajo es un deber, la vida es un infierno. <<Esta es una gran verdad que nunca he olvidado, la actitud lo es todo>>. Posteriormente, lo sacudieron las palabras de Confucio en Analectas: preferir el camino es mejor que sólo conocerlo. Deleitarse en el camino es mejor que preferirlo.
Si bien la narrativa es ágil y el contenido útil para la reflexión, especialmente interesantes resultan las enseñanzas del autor, ganadas tras cada reto conquistado, traducidas en una filosofía del hacer empresarial y que a continuación se entresacan de la lectura de ese relato: <<En el terreno de los negocios hay que tener determinación y encontrar una respuesta para problemas aparentemente insolubles. Nadie más va a vigilar y preocuparse por tus intereses. Inventiva e ingenio son el corolario de la firme determinación>>.
Planeación, ¿para qué?
La planeación adecuada es el cimiento más firme de una empresa. Es el momento para que los empleados aporten ideas y el modo de implantarlas, así como para examinar cada faceta de la tarea. Con un buen plan, el proyecto se logra en un sesenta por ciento, en gran parte porque el esfuerzo por alcanzar las metas de este plan sólidamente fundado, genera gran entusiasmo en el personal. A la inversa, si las ventas y metas no se logran es porque, probablemente, se empezó con base en conjeturas.

Síndrome de la grandeza

En una compañía pequeña, la gente de producción y el personal de ventas están en contacto cara a cara, actúan al unísono y todos y cada uno piensa:<<tu problema es mi problema>>. La cooperación entre todos los saca adelante en tiempos difíciles. Una compañía grande, en cambio, es un laberinto complicado en donde el trabajo está especializado y por compartimentos: los empleados se encuentran inmersos en su propio trabajo.
Una corporación óptima es aquélla cuyos empleados han ganado el respeto de la comunidad. Cada empleado debe conocer lo que la sociedad espera de la empresa en que trabaja y debe estar alerta constantemente para intercambiar valores y necesidades: éste es un deber moral de la corporación entera. Una compañía solamente puede sobrevivir haciendo un trabajo que la sociedad estima.
Una empresa debe ser un conjunto de personas con calidad. La destreza individual es importante por supuesto, pero el trabajo en equipo se traduce en poder empresarial. El esfuerzo colectivo, ese sentimiento especial de trabajar unidos, hace que la gente sea mejor y genera entusiasmo y buenas ideas.

Decisiones rápidas

Cuando se me pregunta anota Yamashita- la función de la buena administración respondo: “tomar decisiones “. Mi trabajo consiste en una rápida elección entre varias alternativas, aún si elijo erróneamente, porque los subordinados esperan una decisión. Sobre todo si se piensa que a fin de cuentas, los errores pueden localizarse y corregirse con rapidez. Para ello, eso sí, hay que tener la valentía de admitir la equivocación y por supuesto, de rectificarla. Los ejecutivos indecisos por temor a equivocarse a menudo pierden oportunidades doradas y paralizan la organización>>.

¿En dónde está el éxito o el fracaso de una organización?

Evolucionar es una ley que no hace excepciones en el mercado. Aun una empresa de gran éxito con un producto o línea de productos debe buscar, de manera constante, oportunidades nuevas e ideas frescas. Ser el número uno en ventas en la industria, como lo era Matsushita en artículos hogareños, es un gran logro, pero sólo un sistema de reforma riguroso y constante la sostendrá ahí. Tomar el camino trillado, que equivale a que una administración se duerma en sus laureles, destruye la vitalidad de una compañía. Las estructuras altamente efectivas deben renovarse en forma radical si el entorno exterior cambia. Ninguna organización o sistema son perfectos o eternos. Renovarse o morir es la regla estricta del mercado.
Ocasionalmente, el entrar en acción de modo inesperado sacude toda una estructura. La gente con ideas fijas necesita una sacudida de vez en cuando. Las reglas se han hecho para ser obedecidas, sin embargo un dirigente con confianza en sí mismo sabe cuándo ignorar procedimientos o tácticas acostumbradas.
Cuando una compañía está perdiendo dinero es fácil llevar a cabo algunos cambios importantes. Cuando no es así, y las ganancias continúan más o menos estables, el modo de pensar es otro: <<si no se ha roto el cántaro hay que pegarlo>>.
Una crisis puede estar a la vuelta la esquina, o sólo a unos cuantos meses de distancia, pero los miopes no pueden vislumbrar este hecho.

Y a usted, ¿le ocultan la información?

Los subordinados suelen ocultar información esencial a un director ejecutivo si piensan que éste prefiere un tono optimista. Los administradores menores podrían omitir cualquier información que resultara adversa para ellos o la sección a su cargo, de modo que las malas noticias se detengan en nivel.
<<Fue así -dice Yamashita- que insistía categóricamente en cada reunión: “quiero saber todo lo que ocurre, incluyendo los problemas, por leves o graves que parezcan. Esta reunión no tiene objeto si sólo se dan informaciones falsos; así que no me doren la píldora”. Tuve que repetir esta advertencia continuamente Si los cambios propuestos mejoran las operaciones, la gente dirá, Yamashita tenía razón, pero ¿qué pasaría si, a causa de cálculos equivocados o de datos incompletos, fallan sus innovaciones? Los que le critican dirán, “nosotros se lo advertimos”. Nuestros más negros temores se confirmarán. La moral de nuestros empleados se derrumbará. El fracaso podría destruir la credibilidad en el futuro>>.
Ante la competencia: más investigación y más desarrollo. La innovación tecnológica es a la corporación lo que la fuerza es al león, junto con sus largos colmillos y sus afiladas garras. El banquete de la compañía son sus logros tecnológicos que dan paso al progreso futuro, pero si administrativamente sólo se complace en sus triunfos, se estanca y pronto cae presa de otros. Los huesos blanqueados de otras compañías que una vez fueran todopoderosas muestran que los mayores aciertos pueden también convertirse en riesgos si no se busca la renovación.
<<En la actualidad, el progreso tecnológico va tan rápido que los productos se vuelven obsoletos muy pronto. A veces un logro mayor en tecnología puede hundir a toda una industria. Los relojes de cuerda y los despertadores son un buen ejemplo. Es así -insiste Yamashita- que la única defensa contra la innovación tecnológica no sea otra -a pesar de la fuerte inversión que ello significa- sino la investigación y el desarrollo de largo alcance con vistas al futuro>>.

La empresa es su gente

Todo administrador sabe o debiera saber que utilizar a la gente de modo apropiado es el aspecto más arduo de los negocios, y constituye un difícil arte.
Este punto de vista, Yamashita lo asimiló muy bien de las enseñanzas de quien fuera fundador de Matsushita Electric Industrial Co. Ltd., Konosuke Matsushita:
<<El énfasis en las cualidades de la gente era el punto central de su filosofía sobre el desarrollo del personal. Acostumbraba decir, “en lugar de corregir las deficiencias de un empleado, hay que obtener el máximo rendimiento de sus habilidades”>>.
Es mucho más fácil capitalizar los talentos de las personas que preocuparse por sus malos hábitos. A medida que sus habilidades mejoran, un empleado imperfecto adquiere una nueva dimensión. Una persona con defectos puede ser simpática, mientras que un paradigma de perfección es difícil de aceptar.
<<Una empresa necesita toda clase de personas, pues la diversidad asegura una riqueza de talentos diferentes. De modo semejante, las murallas de los fosos del famoso castillo de Japón fueron construidas ajustando piedras de distintas medidas y formas irregulares; esta técnica las hizo indestructibles. Eso sí, las labores se tienen que adaptar a las habilidades y conocimientos de los empleados: clavijas redondas en agujeros redondos. Una vez que se tiene a la gente apropiada en los trabajos apropiados, queda al criterio de la empresa que den lo mejor de sí>>.
También resulta fundamental que los empleados se relacionen con otras divisiones y piensen en términos de cooperación, y hagan su trabajo sin preocuparse por el reglamento de la organización, entonces la empresa permanecerá dinámica y eficiente.

El fracaso es el mejor maestro

El desarrollo personal es directamente proporcional a la experiencia obtenida difícilmente y a los fracasos. La adversidad fortalece el carácter y la resistencia mental para ignorar molestias pequeñas y guardar un sentido de proporción. En forma contraria, cuando el hombre siempre navega en aguas tranquilas, el primer descalabro lo abruma totalmente.
Un ejecutivo que no ha sufrido <<las lanzas y las flechas de la inconstante fortuna>> no puede sentir simpatía por las pruebas por las que pasan otros.
Hay dos maneras de motivar a la gente: hacer al empleado más valioso para la compañía o ayudarle a alcanzar su máximo potencial. Esta última es más efectiva, pues los empleados no responden si se anteponen los intereses de la corporación. Pero las personas a quienes se brinda la oportunidad de hacer uso total de sus habilidades disfrutan de su trabajo. Es tarea de la administración canalizar ese empuje hacia los beneficios económicos.
Si bien éstas son algunas de las enseñanzas más relevantes que a nivel de negocios y alta dirección nos ofrece Toshihiko Yamashita en El Camino Panasonic, también nos recuerda que no todo es trabajo y más trabajo. Importan los retos a nivel personal que nos impiden perdernos en la rutina y caer en la trampa del stress.

(1) YAMASHITA, Toshihiko. El camino Panasonic. Planeta. 1992. 190 págs.

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