La sociedad protagonista de su propio desarrollo

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Es un error suponer que es sólo responsabilidad del gobierno sacar la economía adelante. Hay que recordar que no existe una mano invisible que resuelva los problemas si cada quien no mete las suyas en el asunto.
Actualmente se debate la posibilidad de que las nuevas generaciones puedan esperar un futuro mejor al de sus padres. La constricción del espacio urbano y doméstico, el déficit en la creación de empleos, violencia, inseguridad y corrupción opacan las posibilidades de un crecimiento sostenido.
Con la caída del ingreso per capita y el crecimiento económico, la situación no resuelta, ni clara en su evolución permite prever la posibilidad de revertir una tendencia negativa hacia una revitalización económica. Ésta debe fincarse en posibilidades reales de la sociedad mexicana compartidas por todos.
Las bases para un nuevo crecimiento en nuestro país cuentan con la perspectiva histórica y reconocen que hemos crecido a pesar de la repartición inequitativa de beneficios lo cual dificulta a los individuos contar con medios para su promoción personal y familiar. La polarización en la distribución de los recursos ha provocado mutuas acusaciones entre el gobierno y la iniciativa privada, esto desemboca en una rivalidad que deteriora la cooperación para resolver los problemas del país.

Errores del pasado

Acantamiento de posiciones. Las empresas, con un criterio estrecho, procuraron la máxima ganancia sin considerar otros objetivos de mediano y largo plazo. La calidad y el servicio no determinaron el éxito económico de una empresa ni se utilizó tecnología avanzada. Debido al modelo de sustitución de importación no existió, durante cuarenta años, competencia real; estas circunstancias no motivaron al esfuerzo, la administración se tornó negligente y los trabajadores ineficientes. Frente al gobierno se adopta una postura doble: por un lado, generar políticas y sistemas de incentivos para la creación de empleos, por otro, se le considera como adversario.
Respecto al gobierno, la política de intereses de grupo es indubitable: grupos de presión organizados en la burocracia, organización sindical o estructura oligárquica compitiendo con otros intereses políticos y económicos. Esta imposición de unos intereses sobre otros, resultado de la conquista o retención del poder público, ocasiona un equilibrio de fuerzas que no cooperan sino que se yuxtaponen y dan lugar a la estabilidad del sistema. Éste queda atrapado en su sitio: todos compitiendo sin oírse ni abandonar su posición, no avanzando sino obstruyendo.
Una situación así no permite crear opciones sociales, jerarquizar problemas o fijar prioridades. Todo se reduce a cuestiones de fuerza y poder. Se produce la desarticulación del país: no hay meta, ni posibilidades de unir esfuerzos; los intereses de grupos impiden formar un nuevo consenso para fijar prioridades y armonizar esfuerzos.
Nuevo pacto social
El futuro del país no depende exclusivamente de la reestructuración económica, la reconversión industrial o la apertura de competencia, requiere un nuevo pacto social que reconozca el papel que cada uno de los actores sociales desempeña en el desarrollo del país.
Después de aceptar a todos y darles un lugar, pueden definirse prioridades por medio de una auténtica estrategia de desarrollo que garantice la consecución de determinadas metas que permitan alcanzar otras posteriores, provocando una sinergía que lleve, en la práctica, a un desarrollo compartido.
¿Los fundamentos de este pacto? Asegurar el lugar de cada uno en la sociedad, aceptar criterios de valoración que fijen metas comunes como primer objetivo y el esfuerzo personal como motor de la nueva estructura. La iniciativa personal se inserta en el objetivo del grupo para conseguir de manera más cabal, equilibrada y segura, las metas personales. El individuo adquiere seguridad en una sociedad bien integrada, y ésta, la armonización del trabajo individual con las exigencias del conjunto, es decir, una labor de equipo.
Trabajar en equipo supone la participación en las decisiones, evitar la marginación, movilizar las fuerzas ociosas y comprometer el esfuerzo. Para mantenerse, requiere distribuir los recursos, para producir, y los resultados, para perpetuarse.
Cuando los problemas de un país se enfocan desde la perspectiva del equipo y del compromiso asociativo, las iniciativas se multiplican, los anhelos crecen, la flexibilidad se vuelve norma, los recursos se asignan más eficientemente y las rivalidades se transforman en cooperación; se pasa a un juego cuyo objetivo es que todos ganen.
Si no se trabaja en equipo, la tentación de imponer el interés particular es casi inevitable.
Unidades de «conciencia social»
Este tipo de trabajo es aplicable a las relaciones globales de la sociedad, cuyos diversos segmentos dependen del todo como éste depende de ellos. Se logra a través de instituciones, grupos o comunidades en lo que se llama desarrollo de unidades de conciencia social. Estas unidades son corporaciones, instituciones y organismos que participan en la vida social tomando en cuenta, además de sus propios intereses, el desarrollo del conjunto, lo que supone un proyecto de sociedad articulada y solidaria. Las instituciones promueven el sentido cívico, el de comunidad, responsabilidad, justicia y además, son posibles unidades de memoria social. Para tener presentes nuestros objetivos inmediatos y qué sectores hay que promover para asegurar el alcance de prioridades, requerimos la capacidad de recordar. Como unidades de memoria social, las instituciones evitan el olvido de quienes se sacrificaron por darnos un futuro mejor y que la comunidad se desaliente y vuelva a parámetros individualistas.
Estas unidades deben reforzarse por una red de organizaciones empresariales, cívicas y gubernamentales capaces de asegurar la cooperación de grupos de interés que sean merecedores de ello.
Política industrial, ¿entre la comodidad y la desorientación?
Alentar el desarrollo de empresas en una economía se asemeja a fomentar el desarrollo de los hijos en una familia: sin marginar a ninguno; escogiendo medios, tiempos y oportunidades para que cada uno pueda conseguir su desarrollo, seleccionando objetivos y metas. Quien desee sobresalir debe tener un marco general de referencia, pero luego necesita buscar la especialización. A nivel de grupos o individuos es necesaria la concentración.
La política industrial en lugar de intentar reglamentar o apoyar a cada industria debe concentrar los recursos legislativos, financieros y educativos en unas cuantas áreas de desarrollo a la vez.
Entendida como selección de metas prioritarias o el impulso básico a determinadas áreas necesita realizarse en una sociedad democrática y plural con el apoyo de organizaciones cuyos intereses no sean su opción social principal.
La concurrencia de todos en el trabajo social supone la determinación de sectores, medios, recursos y objetivos a conseguir con base en la ventaja comparativa, sin que ello signifique un nuevo programa «omni-comprensivo» del gobierno que resuelva los problemas de todos. Debe desecharse una vuelta a la planificación centralizada e implantar en su lugar un sistema cooperativo que permita a empresarios, trabajadores y gobierno integrar un plan nacional con prioridades y una asignación responsable y comprometida de recursos, tanto en aportaciones como en resultados.
La política industrial puede significar en muchos casos:
1) Comodidad: suponer que es responsabilidad del gobierno sacar la economía adelante. Pero hay que recordar que no existe una mano invisible que resuelva los problemas si cada quien no mete las suyas en el asunto.
2) Desorientación: concebirla dependiente de un departamento del gobierno, con un programa totalizador, o de una instancia de diálogo y negociación, como un consejo de empresarios, sindicatos y gobierno. De esta manera los temas a tratar son reducidos y sólo se refieren a aspectos de la realidad. Por tanto, no resulta viable que un solo organismo fije acertadamente, por sí mismo, los derroteros futuros del país.
Más que el resultado de una acción burocrática o política, debe instaurar un proceso de desarrollo social que lleve a negociaciones y acuerdos cada vez más públicos y abiertos.
Supone integración armónica de las partes sociales, disposición de todos a aportar lo que saben (transparencia), derecho de información y discusión de opciones para finalizar en estrategias de acción que acentúen determinadas metas, sectores o grupos para que impulsen nuevos desarrollos e incorporen más personas al proceso. Serán éstas quienes, por tanto, adquieran las responsabilidades que hacen practicables las decisiones.
Por parte del gobierno debe involucrar aspectos legales sobre las estructuras a reemplazar, adecuar o implantar para dar bases jurídicas al desarrollo. Además requiere de legitimidad, competencia y capacidad de mando para tomar decisiones en función de las necesidades del bien común y no de intereses particulares; mantener su distancia de las empresas y no inmiscuirse en la competencia propia del sector privado.
Entre gobierno, sindicatos y empresas se necesita un equilibrio integral de modo que consolide un necesario sistema de ayuda recíproca respetando las autonomías correspondientes de cada sector. Para no recurrir a una forma de organización burocrática o un mercado libre atomizado requieren de un diálogo sostenido y el reconocimiento público del legítimo entendimiento entre ellos.
Por último, aunque la competencia perfecta no se da en la realidad económica ni en la ley de oferta y demanda, es clave del devenir social; cualquier intento de crecimiento ha de realizarse en la línea de las fuerzas del mercado que hay que preservar y no en su contra.
El fracaso es la incapacidad de la sociedad para generar riqueza y medios que permitan un desarrollo humano digno.
Creación de riqueza: un acto moral
La política de desarrollo se puede definir en última instancia como la capacidad de un sistema para crear riqueza. Necesita recursos, tecnología y capital. Además, una base social que la sustente de manera que ideas, hábitos y medios del proceder social apunten hacia la mejora, el crecimiento y el progreso.
En proyectos a largo plazo son los valores de la sociedad los que permiten un crecimiento sustentable o la recuperación. La creación de la riqueza es esencialmente un acto moral, incorpora a las cosas virtualidades inéditas para que satisfagan necesidades en orden a la realización personal. En cualquier cultura, la estructura de valores y creencias regula finalmente la actividad económica, da identidad a la nación y explica la fortaleza o debilidad de las estructuras políticas y económicas. La sociedad genera los valores que rigen la actuación, es protagonista de su propio desarrollo.
El desarrollo no sólo se debe a un conjunto de factores como tierra, mano de obra, capital, materias primas, equipo e información, sino a la integración armónica de componentes que generan una entidad superior a la mera reunión de éstos.
Los insumos y factores materiales necesarios para generar un nuevo valor se realizan a través de relaciones humanas de trabajo. Detrás de cada actividad hay gente tomando decisiones, practicando valores, dando prioridad a unas cosas sobre otras. Cuando las actividades de producción y economía tienen un comportamiento ético se gasta menos en los procesos de control.
Las organizaciones exitosas llevan al mercado productos y servicios valiosos de manera eficiente. El valor de los productos depende de los valores de la organización. En la determinación de esos valores se establecen las siguientes categorías:
1) Regla general y excepciones. Existe una forma de hacer las cosas que distingue entre lo que está bien y está mal, pero en casos aislados, debido a determinadas circunstancias, es prudente hacer una excepción. No obstante, vivir en estado de excepción hace imprevisible cualquier desarrollo ulterior racionalmente proyectado.
2) Institucionalizar e innovar. Un proceso de desarrollo que intenta construir estructuras, procesos y sistemas que permitan producir con mayor facilidad mejores cosas, necesita estar abierto a la innovación. Esta paradoja de institucionalización y cambio supone la descomposición analítica de una entidad en fragmentos para entender su constitución, pero también requiere sintetizarlos en una visión integradora que es justo la tarea del director; debe saber analizar los fenómenos de modo que enfrente hechos, cifras, datos, unidades, puntos concretos y ser capaz de ver los patrones de comportamiento y los problemas en contextos amplios y de largo alcance.
3) Sentido de comunidad. Cualquier organización debe atender las necesidades de los individuos que la integran, indagar qué tanto cuidado, atención, información y ayuda se les proporciona, asegurándose que cada uno cumpla su papel dentro de la comunidad. Si el fin de instituciones sociales, empresas, sindicatos y sociedad son los individuos que la componen, es posible que la persona esté constantemente motivada para usar sus capacidades de manera creativa, hacer más y mejor.
4) Toma de decisiones. La dirección, decisiones y propósitos pueden originarse interna o externamente. Los intereses de los miembros del grupo son el objetivo fundamental de toda la organización y al mismo tiempo ésta se justifica si brinda un servicio al público y se adecua a sus necesidades. En un mundo competitivo la tarea de la empresa es adecuarse al medio cambiante, suministrar productos con la calidad y el tiempo demandados por el mercado. Por esto, la dirección no puede depender exclusivamente de motivos externos o internos.
5) Aprovechamiento. El aprovechamiento del tiempo depende de los valores del individuo y la organización. Incrementar solamente la velocidad no produce mejores cosas, es más importante la sincronización; planear el tiempo a fin de armonizar las diferentes capacidades, requerimientos y seguridad integrando un proceso que no se detiene y evita desperdicios, demoras y fracasos. Intenta combinar el uso secuencial del tiempo, su integración en los procesos institucionales e individuales.
6) Contribución, recompensas y movilización de recursos. Quienes dirigen deben estar en el vértice de la organización por los méritos obtenidos y constituir un ejemplo a imitar. Si las recompensas son proporcionales a las contribuciones generan iniciativa y deseos de superación. La movilización máxima de recursos para lograr la máxima realización se realiza ayudando al mismo tiempo a quienes necesitan de auxilio para vencer resistencias, mejorar habilidades o superar deficiencias. Cualquier organización requiere mantener un sistema doble de recompensa y ayuda: una en proporción directa y otra en proporción inversa.
7) Legitimidad del mando. El futuro de la organización no sólo depende de lo ya generado y las metas alcanzadas, necesita ir hacia adelante. La persona que manda ha de estar continuamente legitimando su posición por las nuevas metas que alcanza la organización bajo su dirección; cuando ésta vive de sus rentas, hay que reemplazarla.
8) Excelencia con igualdad de oportunidades. Al no tener en cuenta a los subordinados, éstos caen fácilmente en la decepción. Proporcionarles la oportunidad de condiciones iguales para hacer contribuciones a la comunidad, permite el flujo de ideas y sugerencias. Llevarlo a la práctica implica el derecho a la libertad de expresión y el derecho a participar. La participación ha de estar integrada en el sistema funcional jerárquico de la empresa para no caer en una crónica posposición de decisiones.
Estos valores son como las columnas del sistema que quiera avanzar consolidado. Aseguran la posibilidad de corregir siempre, pero no garantizan que en una determinada situación se produzca la máxima riqueza ni pretenden crear sistemas perfectos sino sólo perfectibles.
Hacia una cultura del esfuerzo
La reforma social y la posibilidad de una comunidad dinámica frente a los poderes económico y político depende del paso de una nación dividida por los privilegios a una nación unida bajo el derecho. Sin igualdad de oportunidades no es posible la construcción de un desarrollo sustentable; la marginación supone que esfuerzos y ganancias permanezcan en vía muerta.
Las oportunidades dependen de un sistema previsible, cuando la ley rige el comportamiento. Sólo es posible el trabajo profesional si existe un sistema de normas que garanticen los frutos de ese trabajo. Para que la sociedad protagonice su propio desarrollo es necesario asegurar que los derechos serán respetados.
Los derechos fundamentales están en la raíz de lo que ha posibilitado la cultura y la civilización y garantizan que los individuos usen su libertad para construir y crear un valor, producir riqueza. Éstos son:
1. Derecho a participar de los bienes de la naturaleza: al mismo tiempo nos obliga a perfeccionarlos y acrecentarlos, a participar racionalmente de la naturaleza haciendo uso de ella de acuerdo a sus propias leyes y a no depredar.
2. Derecho a participar en el crédito de la nación: incluye equidad en las posibilidades de obtener recursos y que éstos, y el crédito del país, se utilicen en actividades orientadas a la creación de riqueza.
3. Derecho a participar en los frutos del propio trabajo: sin éste no hay desarrollo posible. Requiere la aceptación teórica y práctica de que todos somos trabajadores.
4. Derecho de propiedad: sin él no existe posibilidad de crecimiento sustentable en las bases que permiten el crecimiento del mercado.
No respetarlos ocasiona desculturización e individualismo. En este punto debemos poner nuestros mayores esfuerzos como sociedad. Intentar detener la violencia asegurando los derechos, no con represión. Respetar lo que es debido a todo hombre por el hecho de ser hombre nos brinda la oportunidad de establecer una nación unida por la justicia, el reconocimiento mutuo y la solidaridad.
Cooperación: un mundo inédito
La llamada a la acción es muy clara, la sociedad como protagonista del cambio requiere la colaboración de trabajadores y empleados, medianos y pequeños empresarios, grandes corporaciones, universidades, gobierno federal y gobiernos locales. Desde el punto de vista de la cooperación se abre ante nosotros un mundo inédito que nunca hemos tenido, su reclamo constituye nuestra más fundada esperanza en un futuro mejor. Insisto, los privilegios dividen, los derechos unen a todos.

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