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De la realidad misma de las cosas brotan muchas paradojas y la sociedad suele ser, sobre todo en ciertas épocas, un verdadero muestrario de ellas.

¿Quién no tiene un amigo pariente o compañero que crea o practique al mismo tiempo cosas contradictorias en sí mismas? Haciendo un poco de memoria puedo citar ejemplos de personas concretas: una amiga que por la mañana reza a san Judas Tadeo y esa misma tarde consulta a una adivina; un primo que rechaza la enseñanza y el papel de la iglesia y ahora cree firmemente en la dianética, una amiga que enciende todos los días primero de mes una veladora a la Divina Providencia y luego invierte dos semanas en un retiro con monjes budistas

La palabra paradoja se usa para describir un hecho, un discurso o simple afirmación penetrada por algún tipo de contradicción. Es difícil ver de otro modo el fenómeno de la religiosidad actual y el boom de muchas creencias, temas de los que hablamos en este ejemplar.

Ya pasaron varios siglos desde que el hombre entronizó la razón y decidió arrumbar la fe como consuelo para los ignorantes y dependientes. Más adelante, cuando se empezó a ver que la diosa razón no colmaba las aspiraciones ni respondía muchas preguntas se habló de un resurgimiento religioso; se aceptó con reticencia que el ser humano se encuentra continuamente con misterios inexplicables y anhelos del corazón que piden creer en algo.

Sin embargo, el orgullo o la confusión le ha impedido en muchos casos regresar a la religión establecida, que cree superada y, paradójicamente, empieza a hurgar respuestas, primero con desconfianza y después con fruición, en la astrología, la brujería, el esoterismo, en sectas con poco fundamento lógico o, confiando nuevamente en exceso en la propia razón, decide fabricarse su propia religión, como ocurre con el New Age, con una idea personal de la imagen de Dios y su propia verdad.

Las fórmulas son variadísimas y acogen a todos los que necesitan un trago de consuelo, desgranar una queja, contar una angustia o simplemente montar un decorado para la cotidiana función de la existencia. Es muy respetable ese anhelo de los hombres, ojalá la razón recupere su lógica y encuentre el camino apropiado.