¿Es oportuna una nueva constitución?

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LA IGNORANCIA CLAMA POR UNA NUEVA CONSTITUCIÓN

Ignacio Burgoa Orihuela
A nuestra constitución de 1917 se le ha calumniado, se ha dicho que es obsoleta, que ya no responde a los reclamos actuales de la sociedad, que es contradictoria, incongruente, vieja quienes así opinan son unos ignorantes de la constitución, que es una de las mejores del mundo y ofrece grandes ventajas, signos de continuidad y permanencia.
No puede ser obsoleta porque sigue rigiendo la vida del país, ni anticuada porque a través de tantas reformas se le ha actualizado. Sus principios fundamentales reflejan, en sus preceptos, nada menos que la historia, la vida del pueblo de México, lo que ha sido y por lo que ha luchado.
Propugnar una nueva constitución es apuñalar la historia de México y destruir lo que el pueblo mexicano ha querido ser a través de toda su vida, sólo los ignorantes pueden considerarla obsoleta o inadecuada. Es cierto, ha sufrido 400 reformas, pero muchas para actualizarla, de hecho, está actualizada. Yo pregunto a sus impugnadores cuáles son los preceptos, los capítulos que se oponen al progreso económico, político, social y cultural del país y no me contestan, porque no los hay.
Una cosa es decir que la constitución se opone al progreso, y otra demostrarlo con inteligencia y con la sindéresis, el arte del buen pensamiento. Esos impugnadores me dan lástima porque no son sino esnobistas, quienes aman lo nuevo por lo nuevo sin capacidad de evaluar si es mejor que lo antiguo o no.
PIONERA EN MUCHOS ASPECTOS
Soy un defensor de nuestra constitución, aunque a través de tantas reformas se ha deteriorado preceptivamente. Lo que propongo es una renovación, jamás una nueva, porque no soy traidor de la patria y quienes propugnan eso pretenden romper la estructura fundamental de nuestro país. ¿Esa nueva constitución sería totalmente distinta de la actual? Si la respuesta es afirmativa, estamos perdidos.
Nuestra constitución es humanista, porque proclama al hombre como fin de sí mismo y lo tutela frente a las arbitrariedades del Estado por medio de las garantías individuales; la constitución actual así como la constitución federal de 1857 proclama los derechos humanos que muchos documentos internacionales después han proclamado. Fue la primera del mundo que consagró las garantías sociales en favor de los trabajadores y de los campesinos. ¿La nueva constitución aboliría las garantías individuales o el juicio de amparo, el gobierno republicano, el federalismo? Claro que no. ¿Suprimiría el principio de división de poderes?
Nuestra constitución actual garantiza a través de principios fundamentales, contenidos en diversos preceptos 25, 26, 28, entre otros, la intervención del Estado en beneficio de los grandes grupos desheredados. Establece la separación de la Iglesia y el Estado, tiene una serie de ventajas de las que gozan muy pocas constituciones del mundo.
Por supuesto que la constitución actual necesita mejorarse, hay que renovarla, lo he dicho desde hace más de seis años. Tengo un pequeño libro, Renovación de la constitución de 1917, que publiqué bajo el gobierno de Salinas en 1994. Mi tesis y la de la mayoría de los maestros de Derecho Constitucional es ésa, no la de los políticos, que en general son ignorantes del derecho; el origen de muchos problemas es que quienes legislan en el país desconocen la constitución. El mejor homenaje que se le puede tributar a la constitución es que la cumplamos, no sólo los gobernantes, también los gobernados.
Mucha gente habla y se inclina a favor o en contra, pero con muy poco conocimiento de la realidad, la prueba es que cuando se pregunta a las personas el porqué de algo, no saben qué contestar. Y no me refiero sólo a la gente del pueblo, en una ocasión me invitaron a San Lázaro a una mesa redonda a propósito de la iniciativa del presidente Zedillo de reformar el artículo 27 en relación con la energía eléctrica; se hablaba de privatización de la energía eléctrica y de afectación a la soberanía.
Había cerca de 50 diputados de todos los partidos y yo interrogué a uno de ellos: usted dice que la iniciativa presidencial para que se puedan concesionar a particulares determinadas actividades de esa industria afecta a la soberanía, ¿qué es la soberanía? No pudo contestar nada claro. Entonces ¿cómo hablan de ello sin saber lo que es? No contestan o lo hacen con vaguedades. Esto no es correcto, estamos ante un tema serio, jurídico, de filosofía, de alta política: ¿cuáles son las capacidades de la soberanía?, ¿qué significa autodeterminación y autolimitación?
En estos asuntos y en todos hay que hablar con precisión, conocer los conceptos y los términos que expresan. ¿Qué se entiende por privatización y por concesibilidad? La privatización es entregar toda una actividad a los particulares y la iniciativa de Zedillo no hablaba de entregar toda la industria eléctrica, sino mediante concesiones en documentos y bajo la égida del Estado. Se pueden concesionar actividades, como establece, por ejemplo, el artículo 27 en relación con las minas que son propiedad o del dominio directo del Estado. ¿Qué diferencia hay entre dominio eminente y dominio directo?
SÍ A UNA REVISIÓN INTEGRAL
Algo similar ocurre con el tema de la nueva constitución. El presidente Fox propone lo que le aconsejan sus asesores. Porfirio Muñoz Ledo, quien fue mi alumno, me invitó a comentar este tema en enero pasado y yo le dije mi opinión: nada de nueva constitución, necesitamos una revisión integral para perfeccionarla. Fox ha utilizado esa expresión en alguna ocasión, pero en otras habla de crear una nueva.
Se ha dicho incluso: «vamos a reformar de raíz la constitución, pero sin desarraigarla de los principios básicos», ¿cómo se puede quitar y dejar la raíz? Es una contradicción.
En el texto mencionado de 1994, reviso toda la constitución y sugiero modificaciones a importantes preceptos. Renovar quiere decir revivirla, perfeccionarla, limpiarla de tantas manchas y reformas que se le han introducido. De las 400 reformas que ha sufrido, no todas son malas o innecesarias. No nos debe asustar el número sino el contenido; muchas reformas que se le han introducido a lo largo de su luenga vida han sido para actualizarla de acuerdo a los cambios culturales, sociales y políticos del país. Que tiene defectos, sí, pero qué obra humana no los tiene.
El verdadero problema es que todos han querido introducir en la constitución preceptos y disposiciones legales que conciernen a materias secundarias de la vida de México, la constitución sólo debe albergar principios fundamentales, es la ley suprema de derecho en nuestro país. Sobran preceptos, como uno del artículo 4º que dice que el varón y la mujer tienen el derecho a espaciar los hijos Es como si la constitución nos dijera que tenemos derecho a comer lo que se nos antoje, eso es materia de ley ordinaria.
Algo similar ocurre en lo que se refiere a los pueblos indígenas. Si ya el artículo 4º reconoce su cultura, sus hábitos, su lenguaje, sus costumbres y hasta sus autoridades, entonces, para qué reformarla más, ¿para favorecer a los pueblos indígenas?, que se expida una ley reglamentaria del artículo 4º.
La constitución es la base, la estructura de todo un conjunto de leyes que forman el derecho positivo, pero no debe llevar disposiciones que conciernen al Derecho penal, mercantil, civil, agrario eso corresponde a la legislación ordinaria.
¿CÓMO SE DA EL PUEBLO UNA NUEVA CONSTITUCIÓN?
Si se desea renovar la constitución, en primer lugar hay que integrar una asamblea constituyente, pero ¿quién convocaría? El Presidente no tiene facultades, el Congreso de la Unión tampoco, mucho menos los partidos políticos. La soberanía radica en el pueblo, pero ¿cómo puede éste darse una nueva constitución? Sus representantes en el Congreso pueden reformar la actual pero, ¿darse una nueva?
Apunto una manera: que el Congreso de la Unión convoque a un plebiscito para determinar cuáles serían las reformas y después de aprobadas por la mayoría calificada del Congreso y de la Legislatura, se someterían a la consideración del pueblo. Pero no tengo fe en ello, mentira que «la voz del pueblo es la voz de Dios», el pueblo se equivoca porque es ignorante, sobre todo el nuestro que desgraciadamente vive en una incultura cívica pavorosa.
Ése es un error de muchos gobiernos, no se puede gobernar pidiendo permiso a la ciudadanía, como ocurrió en el sexenio pasado en el caso de la Universidad Nacional. Se puede pedir opinión a la gente en cuestiones secundarias pero no en las que requieren conocimientos, estudios, como una reforma constitucional. Tampoco se puede hacer con prisas, no se trata de brevedad ni de urgencia, es algo muy serio que hay que preparar con detenimiento.
En nuestra constitución hay muchas reformas fallidas y nada más, fuera de eso tenemos constitución para todo el siglo XXI. Que me demuestren que es un obstáculo para resolver los problemas sociales y nacionales; nadie lo dice porque no lo es, es un modelo de vida, no un simple conjunto de preceptos fríos.
La ignorancia es la que clama por una nueva constitución, la idea deslumbra a la gente del pueblo que no sabe, no conoce la historia de México ni historia constitucional. Es cuestión de depurarla, como un traje histórico que debe desbrozarse, pero que representa la historia de una nación.

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