Tras la creatividad: genialidad o locura

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Vida y acción, vida y creación artística se unen en la persona. ¿Cómo intervienen en el proceso creativo la percepción sensible y la imaginación? ¿Bajo qué condiciones aflora la genialidad artística? ¿Cómo logra representar la realidad con una nueva visión?
La calidad, belleza y magnitud de las creaciones de muchos artistas han trascendido las fronteras de su espacio y tiempo, suscitando interés y curiosidad sobre el tipo de persona que pudo realizar semejante obra y sobre su capacidad para expresar algo que la mayoría no hemos hecho.
Dejando a un lado el carácter enigmático del don recibido, centrarse en la genialidad del artista obliga a considerar cómo conoce el ser humano, cómo enfrenta su entorno a través de la percepción sensible, cómo retiene e inventa imágenes hasta lograr que sean semejantes a lo inteligible y así representar la vida del espíritu en un quehacer material.
Por el carácter excepcional de sus aportaciones, algunos artistas no cuentan simplemente con unas dotes especiales. A menudo se les presenta como «tipos raros», bohemios, soñadores o románticos, peculiaridades del carácter posiblemente afectadas por patologías psiquiátricas que influyen tanto en el nivel afectivo como cognoscitivo. ¿Perciben el mundo condicionados por su enfermedad y eso repercute en sus obras?, ¿genialidad y «locura» van unidas en ellos?

LA MIRADA GENIAL

Existe una estrecha relación entre el artífice y su creación, fruto de una actitud contemplativa ante la realidad. En todas las cosas hay un mensaje interno. El artista capta que el mundo rebasa el valor de las palabras, los colores, los sonidos y plasma esa nueva realidad en la obra de arte que manifiesta la plenitud esbozada en la naturaleza y que el hombre advierte gracias a una conjugación de inspiración y facultades cognoscitivas.
Quien crea no busca reproducir, a modo de copia, lo que ha visto en la naturaleza, sino prolongarla en nuevas posibilidades de actualización. Lo dado no es un límite, ya que más allá de su presencia sugiere otras realidades que el artista intuye de un modo misterioso; la inspiración le hace dueño de un don para darle vida a esa forma germinal.
Para determinar si genialidad y locura se identifican, conviene observar cómo funcionan bajo condiciones normales las facultades que intervienen en el proceso creativo, y después analizar cuál es su patología y si puede identificarse o no a través de la obra de un autor.

EL ARTE ENTRA POR LOS SENTIDOS

Los primeros datos del conocimiento se obtienen a través de los sentidos externos, cuyos órganos son alterados por la presencia de objetos. La excitación se debe a un agente físico o químico llamado estímulo. La inmutación en los receptores capacidad para reaccionar o captar el estímulo es comunicada a través de los nervios desde el órgano sensorial hasta la corteza cerebral, que recibe el estímulo y entonces el individuo toma conciencia de ese fenómeno, denominado sensación.
Si la sensación no llegara al cerebro, los órganos de los sentidos podrían ser estimulados normalmente, pero la persona no sabría qué está sintiendo. El cerebro percibe las sensaciones, la intensidad con que las capta depende de varios factores:
® la atención puesta al estímulo
® la capacidad para mantener la atención durante un tiempo adecuado
® el interés hacia determinados estímulos
® la tonalidad afectiva del sujeto al recibir el estímulo
Ante una tonalidad afectiva positiva, crece el interés. Ante un estado de ánimo bajo, disminuyen atención e interés y, por lo tanto, aunque el estímulo es percibido, puede llegar a ser indiferente para el individuo.
La percepción es un fenómeno ordinario en todas las personas. Si ésta es normal (sin patologías) y completa (percibe el objeto completo), tendrá las siguientes características: corporeidad, objetividad, frescura sensorial, constancia y autonomía.
Es decir, debe ser percibida como real o existente fuera de uno mismo, referida o proyectada al espacio objetivo exterior y tener un diseño determinado, ya que sus elementos sensoriales se encuentran completos ante nosotros. Los objetos percibidos por medio de los sentidos poseen frescura sensorial, su forma permanece intransformable y son independientes de la voluntad. Significa que las percepciones no pueden ser suscitadas de modo arbitrario ni ser alteradas, el sujeto las admite con un sentimiento de pasividad.
Lo captado a través de la percepción puede reproducirse voluntariamente en la imaginación, se habla entonces de una representación: imagen de una impresión sensorial percibida antes.
Hay dos clases de representaciones: las que sólo copian, evocan o reproducen los recuerdos de la experiencia sensorial; y las transformadoras o productoras, que dan una nueva configuración a lo percibido con anterioridad. Esta segunda capacidad nos abre el horizonte del mundo y proporciona libertad de acción en él; gracias a ella podemos incluso proyectar el futuro. Paradójicamente, una reobjetivación imaginaria es mejor cuanto menor sea su afinidad con el objeto de la sensibilidad externa, de tal manera que no es indispensable la presencia de la cosa, de la que sólo se tiene un simple esquema. Por ello permite mayor libertad al utilizar la representación.
Las representaciones dependen de la voluntad, pueden ser provocadas y modificadas y, al contrario de las percepciones, conllevan un sentimiento de actividad: el sujeto reconoce que él las produce.

ILUSIONES Y ALUCINACIONES

La actividad creativa puede modificarse si existe una alteración de la percepción a cualquier nivel: a nivel del órgano sensorial si está dañado, no se transmite ninguna señal al cerebro. Por ejemplo, un ciego no transmite imagen alguna a la corteza visual, por tanto no puede representarla posteriormente. Lo mismo sucede con cualquier otro órgano de los sentidos.
A nivel cerebral el órgano sensorial está sano, pero el cerebro no, el resultado es la supresión de la percepción se capta el estímulo pero no se percibe a nivel cerebral o se lleva a cabo de manera patológica.
También alteran el proceso las enfermedades mentales o el uso de drogas o fármacos.
Desde un punto de vista psicopatológico , las alteraciones perceptivas son de dos tipos:
l. Distorsiones sensoriales. Se percibe el objeto externo y real, aunque distorsionado en sus propiedades (intensidad, cualidad, forma, componente afectivo) .
2. Errores sensoriales. Se perciben, erróneamente y de modo anormal, objetos irreales. Entre estos errores se encuentran las ilusiones y alucinaciones. En las primeras sí existe un objeto exterior y real, pero al captarlo se combina con una imagen mental y da lugar a una falsa percepción, como percibir una manguera y tomarla por una víbora. Las alucinaciones, sin embargo, son siempre una percepción sin objeto. Se distinguen de los sueños y cumplen las características de frescura sensorial, corporeidad, objetividad, constancia y autonomía; el sujeto las percibe pasivamente como algo no producido por él.
Las alteraciones perceptivas son los fenómenos psicopatológicos que con mayor frecuencia se encuentran en los artistas. Pero ni todos tienen por qué sufrirlas, ni todo enfermo mental es un artista. Sufrir o haber sufrido este tipo de patologías no es condición para ser artista. Genialidad y locura no van siempre unidas.
Las alteraciones en la percepción no son las únicas que modifican el proceso creador. La alteración en el contenido del pensamiento y la psicopatología de la afectividad también pueden reflejarse en la obra o influir para que el proceso se lleve a cabo velozmente y con gran profusión productiva (como cuando la persona siente que todo su pensamiento y actividad están acelerados, es capaz de hacer muchas cosas sin sentir fatiga y, si es creativa, durante esas fases maníacas llega a producir mucho).
Es posible que el resultado final de la obra refleje el tono emocional y afectivo del artista al momento de llevar a cabo su creación. En el caso de la pintura es especialmente fácil detectar melancolía y tristeza en los colores utilizados o el tema representado, y en el caso de la literatura, en el qué y cómo es descrito.
Suelen ser frecuentes entre artistas otras enfermedades como la epilepsia. Las experiencias sufridas por el enfermo mental pueden interferir en su modo de captar la realidad, que origina respuestas patológicas, inadecuadas o sorprendentes. Al realizar una obra de arte, sobre todo en la pintura, estos fenómenos llegan a manifestarse de diferentes maneras.

SIMBOLISMO O ALTERACIÓN

En pinturas realizadas por enfermos mentales, sin importar sus cualidades artísticas, es posible observar que relacionan elementos que no cabe asociar; por ejemplo, un cuerpo humano con cabeza de animal o un objeto inanimado dotado de cualidades humanas.
En caso de que se haya alterado la percepción por cualquier razón, los colores que se utilizan tal vez no concuerden con el tono afectivo, por ejemplo, cuando los elementos presentan un color que no les corresponde en la realidad: un rostro humano pintado de azul o morado. Aquí surgen al menos tres posibilidades: que el artista lo haya hecho así a propósito para expresar una idea específica; que haya sufrido una alteración en la percepción por alguna enfermedad mental; o que haya utilizado alguna droga para modificarla voluntariamente y expresar una realidad adulterada.
Cuando la pintura en general carece de lógica, sugiere qué tan grave es el proceso patológico sufrido por el enfermo, quien también se puede expresar a través de símbolos; por ejemplo, dibujarse a sí mismo dentro de un túnel sin salida o un pozo muy profundo si se siente atrapado por sus circunstancias. Al analizar la pintura de enfermos o pintores famosos hay que atender con detenimiento la iconografía antes de llegar a alguna conclusión global.
Así mismo, en la literatura se manifiestan algunas alteraciones psicopatológicas. Si un texto es descrito con mucha frescura, probablemente plasma una experiencia vivida por el autor o, como en el caso de la pintura, el tipo de símbolos, asociaciones y contenido de lo descrito hace pensar que el autor ha vivido tales situaciones y recurre a ciertos símbolos para darse a entender mejor.
En ocasiones, el relato se encuentra falto de lógica, es incoherente, contiene palabras inventadas neologismos que intentan describir fenómenos inexplicables con el vocabulario del propio lenguaje, o describe experiencias claramente patológicas no utilizadas en sentido metafórico, como en La metamorfosis de Franz Kafka.

ENTENDER AL GENIO EN SU TIEMPO

Es un hecho que la creatividad no siempre va unida a la locura ni la locura conlleva la creatividad. «Loco» es un término a menudo utilizado con un tinte despectivo, que no describe ni da cuenta de la amplia variedad de enfermedades mentales que existen.
Pero todos los artistas tienen una cualidad en común: su delicada sensibilidad para captar la belleza, detalles, matices y significados ocultos para los demás. ¿Es acaso éste el verdadero significado de las cosas?
Es muy difícil diagnosticarlos a posteriori sólo a través de su obra. En algunos casos es posible intentarlo por su inmensa producción, pero aun así es complicado «meterlos» dentro de un diagnóstico. Gracias a biografías más o menos acertadas, además de sus creaciones, conocemos su vida, manera de ser y pensar, de sufrir y amar, de conocer y crear. Sin embargo, la época, circunstancias y marco de referencia sociocultural en el que vivieron matizan lo que ellos y su entorno consideraron como «normal».
Entorno y cultura influyen también en cómo interpretamos a personajes que vivieron en un tiempo y circunstancias distintas a las nuestras. Antes de evaluar su obra, sobre todo de los considerados «genios», es importante tratar de entenderlos en su propio tiempo, época y contexto.

ARTISTAS SOSPECHOSOS

La magnitud y trascendencia de la obra de algunos artistas ilustran lo que hemos dicho hasta aquí.
En la literatura, tenemos a Dostoievski. Es fácil reconocer en sus personajes la descripción de fenómenos psicopatológicos que sufren los epilépticos, o vivencias propias que le afectaron de modo extraordinario reflejadas en la temática que maneja: contradicciones del alma humana, intenso espíritu religioso, rebeldía ante la injusticia y el sufrimiento, y un profundo sentimiento de culpa con una tonalidad depresiva. Al leer sus novelas uno tiene la impresión de estar ante un personaje no ficticio que sufre realmente esas experiencias. Como psiquiatra, incluso he tenido la sensación de estar frente a un paciente, en especial con los personajes principales de Crimen y castigo o El príncipe idiota.
También es significativa su obra tan profusa. En algunos epilépticos es posible observar una tendencia a escribir en demasía, fenómeno conocido como hipergrafia o hipergrafismo.
La pintura ofrece varios ejemplos. Dejando de lado el arte abstracto y surrealista, podemos seguir la trayectoria de algunos pintores e identificar ciertos fenómenos patológicos que se manifiestan sobre todo cuando se asocia una enfermedad que afecta al estado de ánimo, haciéndolo oscilar entre la tristeza y la exaltación o manía.
El carácter depresivo se observa fácilmente en Goya, quien plasmó el mundo del absurdo y lo irracional en su época negra. Le afectó mucho la brutalidad de la guerra, situación agravada por una sordera que lo condujo al aislamiento y la soledad. Al perder el sentido del oído, muchas personas acaban en tal incomunicación que llegan a presentar rasgos paranoides y sentir que los demás están en su contra. Pero en otras épocas de su vida, Goya también utilizó colores cálidos y vivos, con una temática alegre y agradable.
En Van Gogh es imposible hablar con certeza de una enfermedad específica y se ha especulado con muchas posibilidades. Es innegable, sin embargo, la irregularidad de su conducta y estado de ánimo, que desemboca en suicidio. Una hipótesis señala que pudo haber sufrido psicosis maníaco-depresiva, pues en algunas épocas pinta mucho, su producción es impresionante y utiliza colores muy vivos, principalmente en algunos cuadros. Otra hipótesis sugiere que sufría una epilepsia y que algunos fenómenos que relata en sus cartas podrían explicarse como parte del «aura» epiléptica que en muchos casos precede a un ataque.
Otros artistas se han definido a sí mismos como seres excepcionales o diferentes del resto de los mortales. Dalí, que se autodefinía como paranoico, fue un excelente dibujante que manejó los elementos de la figura con suma precisión y a voluntad, destreza difícil de conseguir aun entre los mejores pintores. Su obra posee a la vez un toque real y fantástico. Muchos de sus críticos han utilizado conceptos psicoanalíticos para definir a este personaje. No hay que olvidar que el mismo Dalí se burló en muchas ocasiones de este sistema e incluso jugaba con los conceptos psicoanalíticos involucrándolos en su pintura en mi opinión a propósito.
También entre los músicos se manifiestan posibles patologías mentales. Un caso impresionante es Mozart. Se descubre en él un toque de genialidad, y a la vez una posible enfermedad psiquiátrica o patología afectiva, sobre todo si consideramos la magnitud de sus obras a pesar de su muerte prematura. Por otro lado, se ha especulado sobre la influencia que pudo ejercer la figura de su padre, particularmente en su ópera Don Giovanni.
En muchos músicos ha influido un carácter melancólico. Su suicidio confirma en cierta medida la presencia de patología psiquiátrica. El suicido, desde un punto de vista psicopatológico, es la expresión más severa de la patología depresiva, y aunque puede darse una conducta suicida en personas no depresivas, en la mayoría de los casos es consecuencia de la enfermedad.
Pero como he dicho, es complejo juzgar con nuestras categorías y de modo retrospectivo una época lejana.

LOS OTROS «LOCOS»

Al margen de la creación artística propiamente dicha, el proceso creador se lleva a cabo en todos los ámbitos de la actividad humana. Podríamos analizar también acciones de otros personajes cuya trascendencia histórica es innegable.
Cuando la idea que rige los actos de una persona es patológica, se altera la interpretación de la realidad y el contenido del pensamiento. En este caso, si no se produce un deterioro en la personalidad y no hay dificultad en las relaciones interpersonales, la patología puede pasar inadvertida al espectador no experimentado y provocar sucesos de graves consecuencias, como en el caso de Hitler. Analizando su «obra», se podría afirmar que sufría un delirio paranoide (probablemente querulante), en el que la idea principal es reivindicar, a través de sí mismo o la acción que produce en otros, alguna «ofensa» o «causa justa» que nadie ha reivindicado aún. El sujeto puede estar convencido de que su modo de proceder es el único válido, aunque conlleve el sufrimiento de otros, involucrándose en todo tipo de problemas y justificando incluso una guerra injusta.
Hitler es un ejemplo de una alteración en el contenido del pensamiento exento de psicopatología a nivel de la sensopercepción y, al menos al principio, sin deterioro de la personalidad, de modo que pudo transmitir su idea patológica con una fuerza difícilmente explicable de otro modo.
En resumen, es evidente que la experiencia de los fenómenos psicopatológicos expuestos incide de forma directa en la interpretación de la realidad que tiene el paciente y, por ende, en su modo de expresarla. Aun así, su creatividad no es un efecto inmediato de esta patología, es decir, su genialidad no se debe a su «locura», sino que la posibilidad de crear está presente a pesar de la enfermedad.
La capacidad creativa es un don al alcance de cualquier persona cuyo talento artístico no se ve interferido negativamente de un modo unívoco por tales afecciones psiquiátricas. Es más, sus cualidades pueden ser enriquecidas dando como resultado obras de arte en verdad excepcionales.

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