Universidades, protagonistas de la investigación

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La situación de la investigación nacional no es alentadora. Es increíble, por ejemplo, que en 1998 dos de las instituciones de mayor productividad científica del país publicaron en promedio menos de dos trabajos de calidad por equipo de investigación. En 2000, el Instituto de Fisiología Celular de la UNAM generó apenas 64 artículos internacionales con un equipo formado por 40 investigadores, el doble de técnicos académicos, el cuádruple de alumnos y cerca de 15 años de historia.
De hecho, la dependencia económica de los países del tercer mundo es consecuencia del atraso tecnológico, imperdonable en un milenio donde el conocimiento se convertirá en el recurso más valioso de los pueblos. Hoy la ciencia es la meta, la investigación el camino y las universidades las protagonistas.
Parto de esta reflexión sin ánimo de discutir otros puntos de vista; mi finalidad es analizar datos sobre el desarrollo de la investigación en el ámbito nacional universitario.
¿Cómo se evalúa la investigación científica? ¿Quién investiga? ¿Cómo se sabe si se realiza con calidad? ¿Cuánto cuesta? ¿Quién invierte? ¿Se puede hacer en México? En el intento de generar respuestas no pude más que replantear las preguntas.

CALIDAD A MERCED DE LAS REVISTAS

La forma tradicional de evaluar la investigación como actividad que produce conocimiento es el reporte o artículo científico. Es decir, hacer públicos los resultados obtenidos en los proyectos de investigación ante una comunidad que pueda servirse de ellos. Aunque desde luego existen múltiples formas de publicar y, potencialmente, todo ser humano forma parte de esa comunidad interesada, sólo algunas son consideradas para efectos de evaluación.
Los únicos medios para valorar la calidad de la investigación son producir artículos científicos y presentarlos en congresos, y que antes de publicarse hayan sido avalados por otros investigadores. Dicho de otro modo, la misma comunidad científica, y no la sociedad en general, otorga las calificaciones.
Este método de «autoevaluación» (peer review), aunque no perfecto, es el único que garantiza, primero, que los datos publicados hayan sido obtenidos con el mayor rigor posible; segundo, que estén fundamentados en las corrientes de pensamiento actuales y, por último, que aporten conocimiento nuevo en el área.
Las personas encomendadas para evaluar son reconocidas entre la comunidad por sus aportes a un campo particular del conocimiento y también han sido sujetos de evaluación por parte de otros colegas.
Por eso, una revista prestigiosa ha de reunir en su comité editorial a expertos en su campo de acción y publicará, en consecuencia, sólo aquellos trabajos a la vanguardia del conocimiento, que aporten los datos más relevantes y apoyen las hipótesis más novedosas. Los que quieran mantenerse al tanto de los más recientes avances científicos deberán leerlas, y al mismo tiempo, soñarán con ver su firma en esas páginas. Esto garantiza que un trabajo obtenga el reconocimiento internacional que amerite, pues entre más leída es una revista, su contenido tendrá mayor impacto sobre el transcurrir de la ciencia en el futuro.
Cuando un trabajo aporta conocimientos relevantes, recurrirán a él muchas personas para apoyar sus propios datos, oponer hipótesis alternativas o incluso generar nuevas líneas de investigación. Aquel reporte utilizado por el mayor número de colegas en el mundo es el que aporta más al conocimiento universal, y por tanto, el equipo que lo generó recibirá mejores estímulos y fondos para investigaciones posteriores.
EL «IMPACTO» CIENTÍFICO MEXICANO
En México, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) utiliza este mismo sistema de evaluación. Recurre a estadísticas elaboradas con información de las aproximadamente 7 mil revistas de circulación mundial indexadas revistas citadas por otras publicaciones un mínimo de veces. De aquí emergen datos como el número de citas, índice de impacto y el impacto relativo.
Cita es la referencia que hace un investigador a un artículo previo, propio o de otro autor. La contabilización de citas es un indicador que mide el impacto de una publicación sobre la comunidad científica y sirve como parámetro de calidad.
El índice o factor de impacto es la relación entre el número de citas y el de artículos publicados en un período de tiempo, las veces que otros investigadores refirieron un trabajo entre el número de trabajos publicados.
El impacto relativo por disciplina es el impacto de ese factor en un país entre su impacto en el resto del mundo. Un impacto relativo menor a 1 indica una posición por debajo de la norma internacional.
Esto significa que no cualquier artículo tiene la misma relevancia, ni en términos reales ni para fines de evaluación. No son lo mismo 10 artículos en una revista de circulación local que en una internacional. (No basta que la revista esté escrita en otro idioma o lleve en su nombre los títulos de «internacional», «latinoamericana», etcétera; es necesario que tenga un impacto mundial, y la única forma de saberlo es cuando la revista está indexada).
Tampoco importa el número de artículos publicados, sino cuántas veces se citan posteriormente, de preferencia en trabajos de otros. Además de las veces que se cita, interesa que se aproxime el promedio de referencias al de artículos similares. Por último, se pueden citar y publicar muchos artículos, pero en una disciplina que ha dejado de estar en la mira de los investigadores, es decir, que ya no aporta ideas relevantes.
Nuestro país nunca ha generado más de 0.5% de la producción científica mundial y sólo existen seis revistas mexicanas indexadas.
En México, 48.8% de los trabajos publicados entre 1980 y 1996 nunca han sido citados y sólo 0.1% supera las 100 citas, lo que refleja el bajo nivel de la producción científica nacional y la nula aportación de casi la mitad de los trabajos mexicanos; apenas uno de cada mil puede considerarse un logro importante de la ciencia nacional.
Un análisis del impacto relativo de las diferentes áreas de investigación en México puede ser un parámetro para definir el rumbo a tomar. El impacto relativo de áreas como la Medicina Clínica va en descenso (factor de impacto: 0.1): cada vez se publica más y de menor calidad. Lo contrario sucede con áreas como la Inmunología, la Biología Molecular o las Neurociencias que se encuentran en ascenso. Podemos mencionar que la única área de investigación nacional que alcanza estándares internacionales de impacto (0.8) es la Astrofísica.
Con este panorama, ¿qué se espera de una institución que intenta generar investigación original propia? Entre muchas otras cosas, debe aspirar a que sus trabajos:
a) aporten conocimientos relevantes en su área,
b) tengan un impacto internacional favorable,
c) sean publicados en las mejores revistas de investigación nacionales y extranjeras
¿Qué pueden hacer las universidades particulares?
¿CÓMO FINANCIAR UN PROYECTO?
Si las universidades privadas esperan alcanzar un nivel de competitividad igual o superior al del promedio de las instituciones mexicanas que realizan investigación, requieren los recursos materiales y humanos indispensables para conseguirlo.
Aunque es deber del estado aportar el capital necesario para desarrollar sus centros de educación superior, en México las universidades privadas deben costear su investigación mediante otras vías; el sector privado se presenta como fuente de financiamiento.
Para darnos una idea, en 1999 el total de los fondos que el estado dedicó a actividades científicas y tecnológicas fue de más de 19 mil millones de pesos, de los que casi tres cuartas partes se destinaron a la educación pública, sector energético, Pemex, agricultura y desarrollo rural. El resto se repartió entre las universidades públicas seguidas de los institutos dependientes de la Secretaría de Salud y el Instituto Politécnico Nacional (IPN).
En muchos países es práctica común que la iniciativa privada aporte capital para desarrollar proyectos de investigación universitarios, pero en la mayoría el principal subsidiario del aparato científico es el Estado. Sin embargo, el apoyo de las empresas privadas en nuestro país es tan incipiente que ni siquiera aparece en las estadísticas del Conacyt.
El modo como se distribuye el dinero para la investigación refleja el nivel en que participan distintas instituciones mexicanas en la generación de conocimiento. Del total de la producción científica nacional entre 1981 y 1999, sólo la UNAM produjo más de 40% (19 mil 217 artículos con un índice de impacto mayor a 3.7%;únicamente dos instituciones generaron más de 4 mil artículos: la Secretaría de Salud y el Cinvestav (Centro de Investigación y Estudios Avanzados del IPN), y cuatro más de mil 500. ¿En qué lugar queda el conjunto de universidades privadas? ¿Merecen realmente el apelativo de universidades?
Una razón por la que no realizan investigación puede ser el costo tan elevado de la ciencia. Imitando un modelo extranjero, podrían obtener fondos privados al vender patentes, pero el problema va más allá del mero hecho de establecer convenios. Canadá, por ejemplo, enfrenta un conflicto al conceder patentes al sector privado: la mayor parte se vende a compañías extranjeras (estadounidenses), aun cuando hubo financiamiento estatal en la investigación.
Por otro lado, el subsidio suele condicionar la libertad de los investigadores para generar ideas y promueve que las universidades se conviertan en «cajas de herramienta para la industria».
Un vistazo a la lista de proyectos aprobados por el Conacyt permite observar que se requieren entre 250 mil y un millón de pesos para un proyecto que durará de dos a tres años, puede ser más o menos en casos excepcionales. Estas aportaciones no contemplan recuperación alguna, sólo exigen el compromiso de alcanzar las metas planteadas y producir recursos humanos de alto nivel que incrementen la capacidad generadora de conocimiento de la institución donde se realizará el proyecto. En muy pocos casos hay préstamos blandos.
GENERAR CONOCIMIENTOS Y TECNOLOGÍA
Ahora bien, antes de lanzarse a buscar financiamiento, es importante preguntar qué tipo de investigación quiere realizar una institución que nace con este propósito; reflexión de suma importancia para definir qué tipo de apoyo buscará en el sector público o en el privado. Hay tres tipos principales de proyectos:
Investigación básica. Trabajo creativo o teórico realizado principalmente con el objeto de generar nuevos conocimientos sobre los fundamentos de los fenómenos y hechos observables, sin prever ninguna aplicación específica inmediata.
Investigación aplicada. Investigación original realizada para adquirir nuevos conocimientos, dirigida sobre todo hacia un fin u objetivo práctico, determinado y específico.
Desarrollo tecnológico. Trabajo sistemático llevado a cabo sobre el conocimiento ya existente, adquirido de la investigación y la experiencia práctica, dirigido a producir nuevos materiales, productos y servicios; a instalar nuevos procesos, sistemas y servicios, y a mejorar sustancialmente los ya producidos e instalados.
Evidentemente, la industria querrá proyectos de desarrollo tecnológico, aunque una universidad estará más inclinada a generar conocimientos. Todo depende de los principios que rigen la razón de ser de las instituciones. No obstante, debe considerarse que un tipo de proyecto no se opone a otro y se pueden desarrollar distintos enfoques de forma paralela.
Si la investigación básica y aplicada es fundamento del desarrollo tecnológico, ¿será posible generar tecnología sin atravesar las fases iniciales? ¿En manos de quién debe recaer la responsabilidad de los proyectos de investigación?
PERFIL DEL INVESTIGADOR
La investigación es una labor de equipo, donde cada integrante participa activamente generando ideas y recopilando resultados. El jefe de laboratorio (lo ideal, pero en México dista mucho de la realidad) dirige el rumbo de los proyectos, resuelve los problemas metodológicos y administra los recursos, posee mayor experiencia en el área y define las líneas de investigación. También es el responsable del proyecto ante las fuentes de financiamiento y avala (se compromete con) la veracidad de los resultados recabados.
Cada institución define el perfil de los candidatos a ocupar el puesto más alto del equipo de investigación, aunque en general se acepta que debe ser un investigador reconocido internacionalmente por su labor científica, a quien la comunidad identifique con una idea o una propuesta determinada y que cumpla con los requisitos más altos del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Conacyt define tres niveles:
Nivel I. Para investigadores que cuenten con el doctorado y hayan participado activamente en trabajos de investigación original de alta calidad.
Nivel II. Para quienes, además de cumplir con los requisitos del nivel I, hayan realizado investigación original, reconocida, apreciable y consistente, en forma individual o en grupo.
Nivel III. Para aquellos que, además de cumplir los requisitos del nivel II, hayan realizado contribuciones científicas o tecnológicas importantes, tengan reconocimiento académico nacional e internacional y hayan efectuado una destacada labor de formación de recursos humanos, como dirigir tesis de doctorado.
Si fuera posible clasificar a todo profesional de la ciencia con las categorías del SNI y analizar con este criterio cómo se distribuyen los cargos que asignan las instituciones nacionales, se podría observar lo siguiente: la responsabilidad del manejo de un laboratorio recae sobre personas del nivel II o III, en tanto que los del nivel I, son investigadores asociados. El estudiante de posdoctorado posee, por lo general, el perfil ideal para investigador asociado que pronto, al demostrar su capacidad para dirigir proyectos de forma completamente autónoma, estará listo para ingresar a la planta definitiva de investigadores.
INFRAESTRUCTURA, PERSONAS E IDEAS
Formar recursos humanos es parte fundamental de la actividad científica, porque garantiza la continuidad de las líneas de investigación y porque es el sustrato mismo del trabajo. Los estudiantes de licenciatura o posgrado integrados al equipo de investigación aportan lo que se podría llamar «mano de obra especializada». Para apreciar su importancia en el apoyo a la investigación científica puedo señalar que 40.1% del gasto del Conacyt en 1997 fue erogado en becas crédito.
La situación económica y social del país hace que el sistema de becas sea la única forma de atraer estudiantes a los laboratorios. El Conacyt reconoce la falta de garantías que afronta el estudiante de posgrado para integrarse al sector productivo. Fuera del ambiente académico, las oportunidades para continuar una carrera científica son casi nulas. Estamos en un país que vive del sobreprecio, donde las empresas ponen a los científicos a vender, no a inventar, con claras desventajas frente a los profesionales de la administración y el comercio.
Se calcula que en 1997 casi un millón de personas educadas en el tercer nivel en ciencia y tecnología, se ocupó en actividades ajenas; el equivalente a 16.9% de los recursos humanos en ciencia y tecnología del país. Esto indica la falta de correspondencia entre la formación profesional y la capacidad de absorción del mercado laboral.
Lo contradictorio es que actualmente el programa de repatriación del Conacyt busca atraer a los investigadores mexicanos, formados aquí y que desempeñan su labor profesional en el extranjero generalmente en posiciones posdoctorales, para que regresen a su país a retribuir lo que la sociedad invirtió en ellos.
Cualquier institución que aspire a solidificar sus grupos de investigación debe implementar estudios de posgrado de alta calidad; al adecuar los planes de estudio a las demandas de instituciones que brindan apoyo financiero, como el Conacyt, podrá ofrecer becas atractivas a los estudiantes interesados y fortalecer así la planta académica.
¿Qué criterios deben conformar un equipo de investigación? ¿Qué es más importante, nacer con infraestructura o con ideas? ¿Se justifica un programa de posgrado en investigación, en una institución privada, si no se puede cobrar por ello?
CÓMO DAR LOS PRIMEROS PASOS
Para convertirse en un centro de investigación reconocido nacional e internacionalmente es imperativo:
definir el perfil de la investigación de la propia institución básico, aplicado o tecnológico,
recalcar la importancia de consolidar al grupo de trabajo en un ambiente de libertad académica que se respalda en la trayectoria científica del investigador que dirigirá al equipo,
y por último, considerar que el estudiante es el motor que asegura la marcha continua de los proyectos, por lo que se le debe facilitar un ambiente académico y económico que garantice su permanencia en el grupo. No se puede pensar en alumnos que paguen por sus estudios de posgrado si no hay garantía de que podrán colocarse en la planta académica o empresarial. Japón, por ejemplo, contempla crear un programa de super-posdoctorados para absorber el excedente de científicos recién formados, que no caben en las plazas ya existentes y promover su permanencia en el país.

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