La gerencia en la sociedad futura

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Reseña de Felipe Casas Martínez
Peter Drucker entrega un libro cuyas coordenadas permitirán entender la realidad y el rumbo de la economía en el contexto de una nueva sociedad anclada en el conocimiento.
Salpicado de análisis históricos, La gerencia en la sociedad futura recoge entrevistas y artículos publicados anteriormente en revistas especializadas, y ofrece acertadas referencias al pasado y sus efectos en la empresa moderna, pistas valiosas para comprender hacia dónde se dirige la organización.
Hay que advertir que todos los capítulos se escribieron antes del ataque terrorista de septiembre de 2001, lo que hace de él un libro aun más pertinente y oportuno pues, como destaca Drucker en el prólogo, «permitirá al lector juzgar si las previsiones del autor resultaron acertadas o no a la luz de los hechos».
«Administrar una institución tiene que basarse en las tendencias previsibles que perduran a pesar de los titulares del día. [El ejecutivo] Tiene que explotar esas tendencias como oportunidades. […]
»En épocas de gran incertidumbre y sorpresas imprevisibles y básicas, la estrategia en esas tendencias inalterables y básicas no significa éxito automático. Pero no hacerlo así garantiza el fracaso».

MÁS ALLÁ DE LA INNOVACIÓN TECNOLÓGICA

El libro arranca con un recuento histórico de la economía a partir de los cambios que suscitó la revolución industrial, una espiral vertiginosa de miles de innovaciones que han modificado la forma de abordar nuestros problemas y de adaptarnos al mundo.
La invención de la máquina de vapor, la producción en serie, las plantas productivas, los ferrocarriles, han permitido una evolución sin precedentes, no tanto por los avances tecnológicos que representaron per se, sino por el cambio fundamental de pensamiento en la humanidad.
Para Drucker, la era de la informática representa la segunda gran revolución en cuanto a reducción de costos y aumento en la velocidad de procesar información. Sin embargo, también ha dejado importantes huecos en las expectativas de hace 40 años.
Aun así, la actual situación política, social y económica nos hace reflexionar sobre la posibilidad de los fuertes cambios que se están cocinando a la espera de algún elemento detonador. ¿Qué cambios guiarán el comportamiento de nuestras sociedades en un futuro? ¿Continuaremos luchando por reducir aún más los costos de producción y aumentar la calidad de los productos? ¿Cómo se espera que se modifiquen las empresas actuales? ¿Quiénes serán los colaboradores más valiosos para ellas? ¿Qué papel jugarán los directores de grandes compañías?

DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL A LA INFORMÁTICA

Drucker afirma que la revolución informática está hoy en el mismo punto en que estaba la revolución industrial a principios de 1820, casi medio siglo después de la invención de la máquina de vapor.
En 1829 vino el ferrocarril, un avance sin precedentes que cambió para siempre la economía, la sociedad y la política. Fue el elemento verdaderamente revolucionario de este periodo, ya que no sólo creó una nueva dimensión económica, sino que rápidamente transformó lo que Drucker llama la geografía mental. Por primera vez en la historia, el hombre gozó de verdadera movilidad, se dilató su horizonte.
Consecuencia inevitable de la revolución industrial fue el nacimiento, desarrollo y crecimiento de un nuevo grupo social que sustituyó la importancia que por siglos perteneció a mercaderes y comerciantes: el tecnólogo. Ejemplos claros fueron Eli Whitney, Samuel Morse y Thomas Edison.
El fin de la Segunda Guerra Mundial marcó el inicio de un nuevo crecimiento económico. Fue el auge de las industrias metal-mecánicas. La manufactura cobró un papel fundamental en las décadas de los cincuenta, sesenta e incluso setenta. Ingenieros y técnicos salen de las universidades para satisfacer la creciente demanda de profesionales que ayudarán a no perder el control de las nuevas empresas ante tan vertiginosos crecimientos.
El comercio electrónico fue para la revolución informática lo que el ferrocarril para la industrial. Y como los ferrocarriles hace 170 años, está creando una nueva bonanza, modificando rápidamente la economía la sociedad y la política. Si en la geografía mental creada por el ferrocarril el hombre dominó la distancia, con el comercio electrónico las distancias han desaparecido.
Hoy se requieren conocimientos especializados, que se han vuelto muy costosos al igual que la gente innovadora. Este es otro salto evolutivo en el tipo de trabajador que las economías requieren, ahora es el trabajador del conocimiento (knowledge worker), no el tecnólogo, quien traerá consigo una nueva forma de entender las organizaciones. Así, la educación profesional continua de adultos será la industria número uno de crecimiento para los próximos 30 años.
Paradójicamente, Drucker piensa que el efecto real de la revolución informática no ha sido en absoluto la información. No ha habido ningún cambio en la manera como se toman decisiones en los negocios o en el gobierno. Lo que sí ha hecho es volver rutinarios los procesos tradicionales en incontables áreas, con una inmensa economía de tiempo y, a menudo, de costo.

LA CIUDAD CIVILIZADA

La tercera parte del libro es un análisis de la evolución de la economía mundial desde distintas perspectivas. Quizá el capítulo más importante sea el último: «De la ciudad civilizada», en el que se apuntan las necesidades de los nuevos conglomerados urbanos.
A principios del siglo XX en Europa, menos de 5% de la población vivía en ciudades. El campo era la forma de vida común, se consideraba con mayor calidad de vida y las comunidades de personas estaban bien conformadas. La demografía actual muestra un cambio radical. ¿Qué lo ha originado?
Si bien las ciudades eran consideradas focos de infección en donde las epidemias y la delincuencia causaban estragos, también brindaba a sus habitantes la posibilidad de crecimiento económico, social y cultural. El anonimato y la ausencia de comunidades coercitivas permitió al hombre de campo que emigraba a la ciudad convertirse en ser libre: en ciudadano.
En Estados Unidos el tiempo que un profesionista dedica al trabajo social con organizaciones no gubernamentales y otras asociaciones es cada vez mayor. Sólo las asociaciones sin ánimo de lucro son capaces de proveer la inmensa diversidad de comunidades que necesitamos (desde iglesias hasta asociaciones profesionales, desde entidades para ayudar a quienes no tienen vivienda hasta clubes de salud).
Civilizar la ciudad será pronto la más alta prioridad en todos los países, especialmente en los más desarrollados. Será la tarea de las asociaciones profesionales sin ánimo de lucro.

10 CLAVES PARA ENTENDER LA SOCIEDAD FUTURA

Drucker destina la última parte del libro a examinar esta nueva sociedad de manera más profunda, lo que da sentido a los artículos recogidos en el texto.
«La nueva economía puede materializarse o no, pero no hay duda de que la sociedad futura la tendremos pronto con nosotros. En el mundo desarrollado, y probablemente también en los países emergentes, esta sociedad será mucho más importante que la nueva economía (si es que esta existe)».
Destacan 10 características de la sociedad venidera:
1. Conocimiento
El recurso clave será el conocimiento y los trabajadores del conocimiento serán el grupo dominante de la población activa. Derivados de esta realidad habrá tres distintivos:

  • Ausencia de fronteras, porque el conocimiento viaja con menos esfuerzo que el dinero.
  • Movilidad ascendente, disponible para todos en virtud de educación formal más fácil de adquirir.
  • Potencial de fracaso y éxito. Cualquiera puede conseguir los «medios de producción», es decir, el conocimiento que se requiere para el oficio, pero no todos triunfan. Estas notas hacen una sociedad vigorosamente competitiva, lo mismo para la organización que para el individuo. Además, la informática permite la difusión instantánea del conocimiento y lo pone al alcance de todos.

2. Nuevo proteccionismo
La decadencia de la agricultura como productora de riqueza ha hecho que el proteccionismo agrario se extienda en grados inimaginables antes de la Segunda Guerra Mundial. Así, a la decadencia de la manufactura seguirá una explosión de proteccionismo industrial, aunque «de labios para afuera sigamos ensalzando la libertad de comercio».
3. Futuro de la sociedad anónima
Hoy, aunque las multinacionales se organizan globalmente según líneas de productos o servicios, se mantienen unidas y controladas por la firma propietaria, como en 1913. Para 2025, las multinacionales se mantendrán unidas y serán controladas por la estrategia. Habrá propiedad, claro, pero las alianzas, operaciones, participaciones, acuerdos, etcétera, serán cada vez más los componentes básicos de una confederación. Esta nueva forma de organizarse necesitará un tipo distinto de gerencia.
4. Nueva demografía
Los próximos años verán un aumento considerable en la población mayor a 65 años. Alemania y Japón, los ejemplos más recurrentes, no son excepcionales. Italia, Francia, Portugal, Holanda, Suecia y países emergentes como China reportan tasas de natalidad muy bajas. Por eso son preocupantes los actuales sistemas de pensiones. «Ya las personas jóvenes y de mediana edad que trabajan advierte el libro sospechan que no habrá suficiente dinero de pensiones para ellas».
5. Inmigración
Según el instituto DIW de Berlín, para 2020 Alemania deberá importar anualmente un millón de inmigrantes para mantener su población trabajadora. Las diferencias políticas en torno a la inmigración, agrega, son factor de división interna en varios países europeos. Para Drucker, Estados Unidos es el país que mejor enfrentará la inmigración, lo que le dará una ventaja competitiva ante Europa y Japón.
6. Fin del mercado único
Los cambios demográficos han devenido en la fractura del mercado. En el futuro habrá dos clases distintas de trabajadores, divididas por la barrera de los 60 años. En Estados Unidos, «segunda carrera» y «segunda mitad de vida» son expresiones comunes. Luego de la jubilación, los pensionados no dejan de trabajar; así, surgen nuevas oportunidades de mercado.
7. La nueva clase trabajadora
El conocimiento generará una nueva clase laboral, de hecho, Drucker asegura que los trabajadores del conocimiento serán los nuevos capitalistas. En este contexto, en la sociedad futura la jerarquía jefe-subalterno dará paso a una organización colectiva del tipo proveedor-consumidor.
8. Siempre en ascenso
A diferencia de los demás medios de producción, el conocimiento no se puede heredar ni legar: debe ser adquirido de nuevo por cada individuo. Esta posibilidad le imprime a la sociedad un aprecio por la movilidad ascendente: como el conocimiento implica un carácter ilimitado, el trabajo será igual. En la sociedad del conocimiento «se espera que todos tengan éxito, idea que a las generaciones anteriores les habría parecido ridícula», porque hoy «un gran número de individuos, tal vez la mayoría, goza de algo más importante aún [que el dinero]: posición social o “riqueza social”».
9. El precio del éxito
Como se ha podido advertir, la movilidad ascendente supone un costo: tensiones psicológicas y traumas emocionales. Algunos ejemplos son países como Japón, donde la alta competencia está desquiciando a muchos jóvenes.
Esta lucha estanca a los trabajadores hacia los 40 años de edad; por tanto, será conveniente que desarrollen una vida no competitiva que les dé la oportunidad de seguir aportando a la comunidad y a su realización personal.
10. La paradoja de la manufactura
La mayoría piensa que al disminuir los empleos en las fábricas, la base manufacturera del país corre peligro y debe ser protegida. Cuesta trabajo aceptar que, por primera vez en la historia, la sociedad y la economía no están dominadas por el trabajo manual y que, incluso, un país puede sobrevivir con sólo una minoría de la población dedicada a ese trabajo. El riesgo, como se dijo antes, es el proteccionismo.
Todo lo anterior significa que «el líder del mañana no podrá dirigir por carisma; tendrá que pensar a fondo las cosas fundamentales, de manera que los demás puedan trabajar de manera productiva».

DEL SUPERHOMBRE A LAS SUPERIDEAS

Drucker deja claro que a medida que la empresa sea una confederación o una agrupación, se hará más necesaria una alta gerencia separada, poderosa y cuyas responsabilidades abarquen desde la dirección hasta los valores y principios de la organización.
Una tarea igualmente importante será balancear las tres dimensiones de la empresa: organización económica, organización humana y organización social. Ninguno de los modelos de empresa desarrollados en el pasado medio siglo hace hincapié en una de estas dimensiones y subordina las otras dos. Ante la preponderancia del conocimiento en la nueva sociedad, la empresa exitosa deberá ser deseable, en primer lugar, por sus posibles empleados.
«En el curso de los últimos 10 ó 20 años, manejar una gran empresa ha cambiado al punto de que ya no se reconoce. Así se explica la aparición del “director ejecutivo superhombre”, como Jack Welch de la General Electric, Andy Grove de Intel, o Sanford Weill de Citigroup; pero las organizaciones no se pueden fiar de encontrar superhombres que las manejen. El hecho de que hoy se necesite ser un genio para ser jefe de una gran organización indica claramente que la alta gerencia está en crisis».
La conclusión de Drucker es clara: para sobrevivir y prosperar toda organización deberá ser un agente de cambio. Y la manera más eficaz de manejar el cambio es crearlo. En lugar de verlo como amenaza, considerarlo una oportunidad. «Todo esto sugiere que los cambios más grandes no los hemos visto todavía».
La tecnología informática no dará forma ni dominará la sociedad futura, las grandes ideas serán el factor determinante. «La característica central de la sociedad futura, como ha sido la de las anteriores, será sus nuevas instituciones y nuevas teorías, ideologías y problemas».

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