Cómo frenar el cáncer financiero

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La crisis de credibilidad que viven empresas como Enron, Xerox y WorldCom, producto de falsa información contable y del lucro indebido que algunos ejecutivos realizaron con información privilegiada, no es sólo un problema en los sistemas y controles. Estamos hablando, en todo caso, de la punta del iceberg. Tras esas conductas fraudulentas hay muchos aspectos que deben revisarse.
Desde principios de los ochenta prácticamente en todo el mundo se dio una gran apertura de mercados al tiempo que surgieron enormes innovaciones tecnológicas, sobre todo en sistemas de información. Todo ello ha quitado relevancia a las economías de escala. Hoy, los productos que satisfacen las necesidades de cada cliente en específico son aquellos con mayor valor agregado.
La producción de una gama reducida de artículos a gran escala los ha convertido en commodities con márgenes muy pequeños y ha provocado que las empresas se desintegren verticalmente y se conviertan en una compleja maraña de redes cliente-proveedor, con amplias ventajas para la sociedad, porque cada cliente recibe un «traje a la medida» que satisface de mejor forma sus necesidades.

LA RESACA DE LOS OCHENTA

Esa revolución económica-tecnológica ha generado también efectos secundarios negativos:

  1. La contabilidad tradicional aun sin estar falseada ya no es suficiente para diagnosticar la situación financiera de una empresa. Existe una gran asimetría de información; es decir, lo que saben los directivos de una empresa respecto a la situación de la misma es mucho más de lo que sabe el mercado y, en muchos casos, los accionistas.
  2. Cada vez resulta más difícil medir la actuación y decisiones de directivos y empleados y, por lo tanto, diseñar un sistema de incentivos adecuados se ha vuelto muy complejo.
  3. La necesidad creciente de contar con personal calificado ha creado un mercado muy competido y con alta rotación.

1. Contabilidad: tangibles vs. intangibles
Los activos físicos han perdido relevancia en favor de los intangibles: capital humano, marcas, investigación y desarrollo, etcétera. La mayoría de las inversiones en intangibles se asientan como gasto en la contabilidad tradicional, sin embargo hay propuestas que abogan por considerarlas activos, aunque resulte complejo encontrar una metodología conveniente para valuarlas.
Uno de los principales objetivos de la contabilidad es registrar y mostrar, de forma razonable y conservadora, la situación económica de la empresa. Por ejemplo, cuando se habla de un activo tan tangible como una máquina de la que se puede estimar su vida útil, la cantidad de unidades que puede producir y para la que normalmente hay un mercado secundario su valor en libros y su valor de mercado son diferentes.
Cuando se trata de activos intangibles, «activar» [1] los gastos puede generar muchos conflictos. Si se decide registrar como activo lo que se va gastando en ellos, se puede dejar como tal algo que no vale nada o que vale muchísimo más; sin contar lo complicado que resulta estimar su vida útil y los flujos futuros que generará.
Por otro lado, si al registrar como activo un intangible se le estima un valor independiente a lo que se ha gastado en él, como no existe un valor de mercado de referencia se pueden cometer aún más errores y abusos con consecuencias igualmente peligrosas.
Hemos visto los problemas que representa el tratamiento contable de ciertas erogaciones. Pero, aunque esto se lograra superar, la información puramente contable es insuficiente para el correcto diagnóstico de una empresa. Tal vez sería más conveniente obligar a reportar otro tipo de información que, junto con la contable, ayude a diagnosticar mejor la situación de la empresa; por ejemplo: rotación de personal, participación de mercado, fidelidad de los clientes, éxitos económicos respecto a la inversión realizada en investigación y desarrollo, calidad del producto o servicio Ello daría mayor transparencia al estado global de la firma no sólo a sus estados financieros tradicionales, facilitaría su diagnóstico y aumentaría la confianza entre el público inversionista.
2. Información asimétrica: como en los autos usados
Al ser tan complicadas las organizaciones de hoy y tener tanta preponderancia los activos intangibles [2] , no bastan los reportes bursátiles para diagnosticar adecuadamente su situación. Los directivos conocen mucho mejor el estado de la empresa que el mercado y el resto de los stakeholders [3] .
Esta gran asimetría de información produce dos efectos en el público inversionista: percibe más riesgo en sus inversiones y, por lo tanto, exige un rendimiento mayor al que pediría con información más certera.
George Akerlof [4]-Nobel de Economía 2001- recoge perfectamente esta situación en su famoso trabajo sobre el mercado de autos usados. Muestra que los precios de los coches usados están muy castigados porque los compradores tienen muy poca información respecto a las condiciones del producto. El resultado es el peor precio posible; es decir, todos los coches se venden al que sería un precio justo para un auto en mal estado. Con ello sufren principalmente los vendedores; quienes tienen un coche en buenas condiciones deben aceptar ese precio o intentar venderlo con algún conocido que pague su verdadero valor, lo que supone pérdida de tiempo y esfuerzo.
En el mercado de valores, el castigo en precio por falta de información adecuada se traduce en exigir mayor rendimiento. De nuevo, se deduce la necesidad de generar información adicional a la contable.
Si esa información fuera obligatoria como proponemos, disminuiría la asimetría. De hecho, algunos estudios [5] muestran que las acciones de empresas que entregan voluntariamente información adicional a la exigida cotizan con un premio sobre las que reportan lo mínimo indispensable.
3. Sistemas de control e incentivos, ¿operación mercantil?
Medir el desempeño de la gente resulta cada vez más difícil; antes era más o menos sencillo mediante controles de acción o de resultados. Hoy resulta complicado medir a los ejecutivos en lo individual [6] y por eso existen tantos sistemas de compensación relacionados al desempeño de la acción en el mercado.
Desgraciadamente, las variaciones en el precio de la acción muchas veces responden a factores externos a la empresa y, por tanto, a la propia actuación de sus ejecutivos. Por ejemplo, cambios en las tasas de interés, lo que ocurre en las Bolsas de otras partes del mundo, lo que dijo ayer el presidente, etcétera; son factores ajenos a la gestión de sus directivos. Lo anterior se presta a generar conductas y decisiones que maximicen el valor de la acción en el corto plazo (aunque después caiga mucho), falsear la información, vender las acciones propias antes de dar a conocer las malas noticias y un largo etcétera.
4. Rotación de personal: al mejor postor Dada la complejidad actual de las organizaciones, se ha vuelto esencial contar con ejecutivos talentosos. Para conseguirlos se ha generado un mercado competitivo que provoca que, en general, estos se «vendan» al mejor postor. Lógicamente, el sentido de pertenencia a la empresa sufre un enorme deterioro y se suscita esa constante rotación con horizontes de corto plazo cuyo único valor es el dinero.

OTROS DETONADORES DE CONDUCTAS FRAUDULENTAS

Existen otros factores que, si bien no se generaron a partir de la revolución económico-tecnológica de los ochenta, también fueron pieza fundamental en los escándalos financieros recientes.
1. Control accionario disperso: el dueño etéreo
Hoy, el capital de las grandes empresas está sumamente pulverizado. No es raro que la persona o institución con mayor cantidad de acciones de esas empresas controle sólo 4 ó 5%. En pocas palabras, las empresas tienen un dueño etéreo y, en realidad, no hay nadie que se encuentre por encima de la dirección.
En muchos casos los directivos manipulan a los Consejos de Administración y es frecuente que la mayoría de los consejeros tenga intereses propios en la empresa. Ello genera que tanto directivos como consejeros adopten una visión cortoplacista en la que únicamente busquen ganar todo lo que puedan en el menor tiempo.
Para ayudar a solventar este problema hay varias propuestas, en el sentido de que obligatoriamente los Consejos tengan que estar integrados por un buen número de consejeros independientes, totalmente ajenos a la dirección y sin participación accionaria de la empresa en cuestión [7] .
Otra solución que a priori parece obvia sería obligar a que existiera una verdadera mayoría en la tenencia accionaria de las empresas; pero esto limitaría considerablemente la capacidad de las empresas para hacerse de recursos, uno de los beneficios más importantes que los mercados de valores brindan a la sociedad.
2. La codicia del mercado: entre tulipanes e inversiones ridículas
Desgraciadamente, este factor ha sido una constante a lo largo de la historia. En su libro Random Walk Down Wall Street, Burton Malkiel hace un excelente recuento de todas las crisis financieras que se han dado, desde los precios que se llegaron a pagar en Holanda por unos tulipanes en el siglo XVII, hasta la burbuja del Nasdaq.
Siempre ocurre que los grandes perdedores son los últimos en entrar al mercado, aquellos que, deslumbrados por la rentabilidad que obtienen otros, hipotecan su casa para entrar a la Bolsa, o lo hacen con el dinero para los gastos del próximo mes.
También hay empresas que reducen considerablemente su negocio para liberar fondos e invertir en el mercado bursátil, porque allí obtienen mayor rentabilidad. Estas personas son quienes pagan los precios más elevados por las acciones o el bien en cuestión y, luego, quienes deben vender con pérdidas enormes cuando cae la Bolsa.
A pesar de que este fenómeno se ha repetido en innumerables ocasiones y de que, tanto en las escuelas de negocios como en los textos especializados e incluso en las casas bursátiles serias, siempre se recomienda que el dinero para invertir en Bolsa no sea el del día a día y que debe haber un horizonte de largo plazo, dudamos que la lección se haya aprendido.
Hasta hace poco, las Bolsas estadounidenses presentaron sus rachas de alzas más largas de la historia y, por lo tanto, la presión que el mercado ha puesto sobre los rendimientos de las empresas ha sido brutal, lo que ha generado dos grandes problemas:
Las empresas se han preocupado más porque sus reportes trimestrales satisfagan las expectativas de los analistas, que por dirigir la empresa. Cuando las expectativas de los analistas no se van a cumplir y dado que gran parte de la remuneración de los directivos está ligada al precio de la acción se pueden generar conductas inmorales como: falsear información y lucrar con información privilegiada a la baja, es decir, que el directivo venda sus acciones antes de la caída, cuando se dé a conocer el reporte.
3. Marco jurídico: laxo y cómodo
El marco jurídico en el que se «mueven» esos fraudes es bastante más laxo que para otro tipo de delitos. Quien roba un coche recibe un castigo proporcionalmente mayor al de alguien que abusa de información privilegiada, aunque el costo de este último para la sociedad sea muy superior.
Pensamos que, de no existir castigos de verdad ejemplares para estos delitos, será difícil que disminuyan conductas como lucrar con información privilegiada o falsear información. Afortunadamente, el Congreso en Estados Unidos ha incluido ya sanciones muy severas, esperemos que esa medida se extienda a otros países.

ASPIRINAS PARA UN CÁNCER

Como hemos visto, el problema de falsear estados financieros y lucrar con información privilegiada es complejo y debe atacarse desde varios frentes. Pero si las empresas no son conscientes de su enorme responsabilidad social, muchas de estas recomendaciones pueden resultar como aspirinas para un enfermo de cáncer, para que funcionen es indispensable que las personas actúen con un profundo sentido ético.
La solución de fondo a estos grandes problemas econométicos (económicos y éticos), no son sólo mejores sistemas de información y control o un incremento en las penas, sino, sobre todo, una educación más profunda que realmente transforme al individuo en un ser humano íntegro y honesto.
El trabajo educativo no es un proceso sencillo; exige muchos años en los que se da una cadena educativa integrada por la familia, la escuela, la universidad y finalmente la empresa.
La empresa no puede ya excluirse de la enorme responsabilidad que la empuja a mantener un continuo aprendizaje de su gente, no sólo en los aspectos técnicos, como la comercialización o las finanzas, sino también en su comportamiento. Sin duda, se trata de un enorme filón operativo que dará mucho de qué hablar en el futuro y mucho por hacer en las organizaciones que deseen conservar el prestigio de empresa honesta y confiable.

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[1] «Activar» hace referencia a considerar los gastos como activos diferidos o intangibles.

[2] Por ejemplo, el valor de mercado de Microsoft en 1999 llegó a ser 20 veces superior a su valor en libros. Y lo anterior, se debe fundamentalmente al valor que el mercado estimaba para sus activos intangibles.
[3] Para profundizar en el tema recomendamos: S.A. DiPiazza y R.G. Eccles. Building Public Trust. Editorial Wiley. 2002.
[4] George Akerlof. «The Market for Lemons: Quality Uncertainty and the Market Mechanism» en Quarterly Journal of Economics n. 84. 1970. pp. 485-500.
[5] Un excelente tratamiento sobre el valor de la información, se puede encontrar en J. Hirshleifer. y J. Riley. «The Analytics of Uncertainty and Information-An Expository Survey» en Journal of Economic Literature. Diciembre 1979. pp. 1375-1421.
[6] Esto es por la gran interdependencia que existe en los departamentos de una empresa, además de la complejidad en las relaciones cliente-proveedor.
[7] En Estados Unidos ya se ha legislado al respecto. Esta ley se conoce como Sarbanes & Oxley y se puede encontrar un buen resumen de la misma en: www.aicpa.org/info/sarbanes_oxley_summary.htm.

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