De la sonrisa a la sabiduría

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La raza humana tiene un arma verdaderamente eficaz: la risa.

Mark Twain

«Yo quisiera tener sentido del humor, saberme reír con gozo» Pero, ¿qué es el humor? ¿en qué consiste el sentido del humor? ¿Se puede adquirir, enseñar, aprender, acrecentar? ¿físicamente es un bienestar o quizá un bien-sentir momentáneo? ¿es mejor el que se traduce en una sonrisa, en risa franca o en carcajada?
Parece que el humor, por su misma naturaleza (¿tiene acaso una naturaleza?) es esquivo, no se deja encerrar en definiciones ni sujetar con límites, porque él mismo es un rompimiento, un desfase de la lógica mental. Esa es precisamente la razón de que se escabulla por los resquicios de los análisis lingüísticos, antropológicos, sociológicos

LA RISA, PRIVILEGIO HUMANO

A lo largo de la historia, más de un personaje ha tratado de definir qué son la risa, el sentido del humor y la relación de ambos con la comicidad y el chiste. Ni Schopenhauer, Bergson, Freud, o los pensadores y filósofos que les antecedieron o sucedieron, han podido crear una teoría de la risa propiamente dicha.
Schopenhauer, intentó dar «al fin» una definición determinante de la risa: «la risa no tiene otra causa que la incongruencia repentinamente percibida entre un concepto y el objeto real que por él es pensado en algún respecto, y es sólo expresión de tal incongruencia». Con ello cayó en un error que él mismo reprocha a otros al tratar de dar una definición causal de la risa.
Tomar posturas radicales en este terreno y en muchos otros, acerca al peligroso camino de la generalización; muchas veces cierra el camino a la realidad y otras nos lleva a una sutil contradicción del propio discurso. Ya de por sí, las ciencias sociales cargan con el peso de un porcentaje de subjetividad. Intentar apresar la risa y el sentido del humor es ilusorio.
Por supuesto son valiosas las aportaciones teóricas, sin embargo, siempre queda la idea de que el humor es mucho más esquivo y etéreo. Bergson hizo aproximaciones y Freud no abarcó las realidades humanas en toda su amplitud porque se avocó a definirlas desde el punto de vista meramente psicoanalítico.
Ningún teórico ha encontrado el eslabón perdido y con certeza aquí tampoco lo encontraremos, pero vale la pena explorar la risa como fenómeno humano susceptible de perfección y como elemento que, bien desarrollado, nos acerca a la sabiduría.

YA SE HA DICHO, ES UN ASUNTO SERIO

Existen varias teorías sobre el sentido del humor, casi todas parten de la risa para explicarlo:
1. Teoría de la superioridad: se basa en el pensamiento de Thomas Hobbes quien aseguró que la risa es la «representación de nuestro espíritu ante nuestra propia crítica», es decir, somos capaces de reírnos de nosotros mismos y de los otros, porque el conocimiento propio se traduce en poder que nos permite reconocer nuestra superioridad frente a las debilidades y absurdos de los demás.
2. Teoría de la incongruencia: responde al pensamiento de Schopenhauer. La risa nace de la incongruencia entre abstracción e intuición, estalla cuando notamos la incongruencia y es directamente proporcional a lo ilógico de la situación risible. Es decir, de acuerdo con esta idea, una incongruencia puede llevarnos también a la carcajada.
3. Teoría de la sorpresa: funde las dos anteriores. Según Darwin, el humor mezcla incongruencia con sentimiento de superioridad sobre aquello que es objeto de risa. Es clave el factor sorpresa al momento de presenciar el hecho que provoca hilaridad.
4. Teorías de la liberación o el alivio: de acuerdo al neurocientífico Pedro C. Marijuán, el alivio de una tensión provoca la risa. Explica que el cerebro humano es un órgano esencialmente lógico. Todas las situaciones risibles tienen en común una serie de características opuestas a aquéllas con las que el cerebro se siente cómodo: son absurdas, faltas de sentido, incongruentes… Cuando el cerebro las enfrenta, quiere entender y no puede; intenta ordenar, clasificar, simplificar, y por unos instantes, le resulta imposible. Ha sido engañado momentáneamente por ese sutil juego de diferencias y semejanzas.
Se produce entonces tensión o acumulación de energía, que la risa (ahora como actividad puramente muscular) alivia. Así, el captar semejanzas y diferencias que, sin serlo, por un momento y contra toda lógica, parecen esenciales, sería la clave de lo risible, y la risa, una emoción cuya funcionalidad adaptativa reside en que alivia la tensión que comporta lo risible.
El médico Osvaldo Castilla Contreras, en su artículo «Psiquiatría y humor», publicado en la Revista colombiana de Psiquiatría (septiembre 1997), se centra en el humor como fenómeno generador de placer y asegura que las respuestas que produce el humor, sonrisa y risa (no incluye la carcajada), son manifestaciones exclusivamente humanas.
Para explicar la sensación placentera que provoca el humor se basa en tres de las teorías mencionadas:
a) De la superioridad ante la torpeza, la debilidad o deformidad de los otros, o de sí mismo, en otro tiempo.
b) De la incongruencia, por la súbita intrusión de algo incongruente.
c) Del alivio de tensiones o del efecto terapéutico del triunfo sobre la ansiedad.

HASTA NO VER, NO CREER

Hablar de las bondades del humor y la risa, hasta hace poco parecía poesía, pero ahora ya hay evidencias médicas. Según Diane E. Papalia, la sonrisa del bebé es una de las primeras manifestaciones de comportamiento social.
La sonrisa aparece a partir de la sexta semana de vida después del nacimiento, con frecuencia durante el sueño y los médicos la relacionan con la actividad del sistema nervioso central. Dicen que a partir de la segunda semana, el bebé ofrece alguna sonrisa espontánea al escuchar alguna voz, pero a partir de la sexta semana es cuando se le considera como un acto social, y a los seis meses como una respuesta positiva de socialización.
La risa se considera una extensión o prolongación de la sonrisa, aunque una expresión emocional diferente por su forma y por los estímulos que la provocan, el bebé se comunica a través de ambas.
El doctor Daldo Hernández Mesa explica la fisiología de la risa y sus beneficios y agrega que en muchas instituciones se están adoptando programas formales o informales de terapias del humor. Por ejemplo, en la India, existen clubes que celebran reuniones específicamente para reír. En Australia ciertos grupos de médicos y enfermeras hacen reír a sus pacientes para facilitar su tratamiento y en Estados Unidos, desde 1987, existe la American Association for Therapeutic Humor.
En su libro Expression of the Emotions in Man and Animals, Charles Darwin señala que la base evolutiva de la risa tiene como función la expresión social de felicidad y que esto otorga una ventaja de supervivencia cohesiva para el grupo.
La sonrisa que se produce como respuesta al humor implica una configuración facial concreta. El neurólogo G.B. Duchenne describió un patrón para distinguir las sonrisas de placer de las que tienen otro origen. La Duchenne display se caracteriza por la contracción simultánea de los músculos cigomático mayor y orbicular de los párpados, que traccionan los costados de los labios hacia atrás y hacia arriba y estrechan los ojos provocando arrugas. Durante la risa se activan otros músculos faciales, respiratorios y laríngeos.
Los actos de reír o sonreír pueden ser espontáneos (como respuesta al buen humor o a estímulos emocionales o sociológicos adecuados), pero también producirse bajo el comando de la voluntad, el artificio y la falsedad.
Otras investigaciones confirman que cinco minutos de risa al día, equivalen a 45 minutos de ejercicio ligero, lo que ayuda al organismo a liberar proteínas y endorfinas, fortalece el sistema inmunológico y combate el estrés y la ansiedad.
Bajo el estímulo de la risa se liberan sustancias que ayudan a la digestión y otras que favorecen la circulación de la sangre. Reír proporciona un masaje a todo el cuerpo, aleja temores, elimina toxinas, mejora la respiración, fortalece al corazón, disminuye la hipertensión al incrementar el riego sanguíneo, fortalece los músculos y eleva la producción de células T, que combaten infecciones y tumores.
Además, la risa eleva la autoestima y confianza en personas con depresión; la creatividad y productividad. Elimina los pensamientos negativos, la sensación de miedo y combate el insomnio.
Sin embargo, aprovechamos poco todos esos beneficios. Tristemente, también está comprobado que, a mayor edad, menos risa. La mayoría de los niños, ríe en promedio entre 300 y 400 veces por día, mientras que los adultos sólo 10 en promedio.

CARGA GENÉTICA Y APRENDIZAJE

Durante la primera mitad del siglo XX, se creía que el sentido del humor era solo aprendido. Pero según el neurólogo e investigador William F. Fry, se ha comprobado que ninguna persona o grupo de personas carece de él, excepto en ocasiones transitorias a causa de alguna tragedia que lo inhibe, y provoca lo que llaman un eclipse de humor.
El sentido del humor se considera algo genético o característico de los humanos. Varios estudios sobre el desarrollo del niño concluyen que todos los seres humanos nacemos con una carga de humor en nuestro material genético. Desarrollarlo tiene que ver con el entorno en que nos desenvolvemos y los valores que nos enseñan.
Parece ser que el origen del sentido del humor es bipolar: el carácter genético organiza los fundamentos básicos y su aprendizaje puede modificar, bien sea moderando, adornando o sofisticando esa carga genética.
La fisiología del organismo cambia en muchos aspectos cuando se produce la risa:

  • Sistema muscular: los músculos se aflojan y pueden perder fuerza hasta para sujetar un objeto, lo que demuestra que se libera tensión. En la cara, ojos y boca, se mueve la mandíbula, se elevan los labios, se contraen los pómulos y se tensiona la tráquea, aliviando la tensión muscular de la frente y nuca. También se estimulan los músculos del cuello y cuero cabelludo y activan los del pecho, hombros y abdomen. Según el doctor William F. Fry, 20 segundos de risa producen una gimnasia interior que equivale a 3 minutos remando, o a un ejercicio aeróbico cualquiera.
  • Sistema inmune y endocrino: el hipotálamo libera endorfinas y produce un efecto analgésico sobre el organismo. La adrenalina, que también segrega el cerebro, provoca un estado de alerta continuado, pero como el sistema nervioso y nuestro sistema inmunitario se interrelacionan de modo bidireccional, los cambios en uno influyen y modifican al otro.

El neurólogo Lee Berk, explica que la risa disminuye la concentración de cortisol en el organismo, una de las hormonas causantes del estrés, lo que a su vez potencia una mayor actividad entre los linfocitos, responsables de una buena respuesta inmunológica.
Otro estudio dirigido por el psico-neuro-inmunólogo Arthur Stone, observa un aumento de inmunoglobulina A (factor importante frente a las infecciones) en las mucosas y saliva de los individuos con buen humor y propensión a reír. Los optimistas tienen mayor cantidad de inmunoglobulina A y menor cantidad de cortisol, catecolaminas y adrenalina, hormonas relacionadas con el estrés.
En conclusión, hasta el humor, que solemos considerar algo psicológico y emocional, tiene una estrecha relación con los estados fisiológicos. La gente triste y demasiado seria es mucho más susceptible a las enfermedades, que la gente alegre.
El sentido del humor y la risa son realmente una medicina para el organismo, por ello algunos hospitales implementan, como parte de sus terapias, grupos de payasos que actúan para los enfermos como medida para una recuperación más rápida.
También podría ser un tratamiento efectivo para los alcohólicos y para adictos a otras sustancias a través, por ejemplo, de representaciones en las que se hace de borracho cuando se está sobrio. Se conseguiría matizar el dramatismo de una situación o conducta negativa para la persona que la padece o realiza y ayudarle a comprenderla mejor.
En el caso de la artritis, el humor puede ayudar a prevenir el anquilosamiento y el avance de la enfermedad. Al eliminar la causa de la tensión, tirantez o estrés, el humor permite que los tejidos conjuntivos sean más resistentes a la inflamación y previene que se extienda a las articulaciones.

HUMORES Y SENTIDO DEL HUMOR

El humor detenta una larga prehistoria y una corta historia. Seis siglos antes de Cristo, Hipócrates acuñó la palabra oumores para describir los temperamentos sanguíneo, flemático, melancólico y bilioso, que correspondían, respectivamente, a humores relacionados con los climas terrestres: sangre (caliente), flema o atrabilis (seco), bilis negra o melancolía (frío) y bilis amarilla o pituitaria (húmedo).
Los malhumorados, con frecuencia irritables, suspicaces, sombríos, pesimistas, carecen de salud espiritual, por eso sufren, están tristes y en ocasiones hasta huelen mal. Por el contrario, quienes tienen buen humor transmiten alegría, fruto de su buena salud espiritual y se manifiestan pacientes, abiertos, radiantes, optimistas y acogedores. Pero estos estados de ánimo, aunque pueden ser frecuentes y constantes, no son permanentes ni estables sino siempre susceptibles de cambio.
Según Leonardo Polo los humores son transitorios y no definen a la persona, la realidad vista a través de un humor, tampoco es la verdadera. Quien entiende esto y lo incorpora a su vida, adquiere el sentido del humor. Tenerlo supone entender el sentido de la apariencia y de la realidad, de lo mutable y lo permanente, de lo accesorio y lo esencial. Es saber percibir el humor, el estado de ánimo de las personas; y, bajo de ese humor transitorio y mutable percibir lo esencial, radical y permanente.
Tener sentido del humor es percibir los humores justamente como tales, como apariencia accidental. Pero, cuidado, sólo se percibe la apariencia como tal cuando se percibe antes la realidad; se detecta lo mutable si uno conoce lo permanente; se considera lo accesorio como tal si se ha contemplado lo esencial. Se entiende el humor de las personas como estado mutable de ánimo, cuando se les entiende en su ser real.

LA RISA COMO MANIFESTACIÓN DE BUEN HUMOR

Decía Henry Ward Beecher que «una persona sin sentido del humor es como una carreta sin amortiguadores: se ve sacudida por todas las piedras del camino». La risa es expresión de madurez, indica que la persona tiene sentido del humor.
Cuando somos adultos, además de la genética intervienen las potencias superiores. Los humanos sólo reímos cuando percibimos un motivo, interviene la voluntad y, en muchos casos, también la razón. Una persona con sano juicio posee sin duda sentido del humor.
Decía Octavio Paz, que el humor no nace con el ser humano, es una adquisición de la cultura de la era moderna. Sin embargo la historia no dice lo mismo.
Numerosas tribus americanas, incluyendo los «hopi», «pueblo», «zuni» y «cree», tienen payasos ceremoniales encargados de provocar alegría entre los miembros de su tribu. Entretienen con su conducta y sus vestidos extraños. Los doctores-payasos de los «ojibway» reciben el nombre de «wondigokan». Su hilaridad es tan completa que se extiende a su conducta incluso para curar a un enfermo.
Los maestros espirituales de culturas orientales gozan de un fino sentido del humor. De ello dan fe historietas sufíes, fábulas taoístas o enseñanzas zen.
Por otro lado, parece que a mayor grado de civilización, el sentido del humor que se aplica a las situaciones se hace más fino. Por ejemplo, un inglés difícilmente estalla en una carcajada, sin embargo manifiesta ecuanimidad y madurez frente a los conflictos, y es capaz incluso de afrontarlos con humor. Invierte su humor más en reír, que en carcajearse. La carcajada es más escandalosa y se la relaciona más con el chiste; en cambio a la risa y la sonrisa, con el sentido del humor. Es fácil distinguir el valor que implica, si una persona sonríe, es muy probable que su inteligencia esté interviniendo.
Cada comunidad humana o sociedad se comporta de manera diferente. Es interesante comprobar esto incluso en condiciones muy semejantes en materia cultural o de desarrollo, un inglés responde de diferente manera que un francés, un chino o un alemán.
Algunas personas alegan que la risa responde a cierto instinto animal que compartimos solamente con las hienas, el punto es que no parece que esta especie tenga motivos para reírse.
La risa puede ser producto de un chiste, de una incongruencia que escuchamos o vemos, de un sarcasmo o ironía; también puede provenir de un estado de profunda alegría. A veces reímos porque nos sentimos felices; otras, porque nos burlamos de alguien incluso de nosotros mismos; existe la risa nerviosa y la de dolor así como las lágrimas de alegría.
La educación actual muchas veces enseña a no reír. Lo bueno se relaciona con la seriedad, y la risa con lo banal o malo. En ciertos lugares está prohibido reír (iglesia, funeral), en otros se recomienda no reír (situaciones laborales). Sólo se permite o se recomienda sin que esté mal visto, ni desacredite, en espectáculos de humor, películas cómicas
El miedo a parecer poco formales o ridículos, a no tener credibilidad, que nos consideren personas inmaduras o responsables es un poderoso freno a la hora de reír.
Lin Yutang, pensador oriental explica el desarrollo del humor en la humanidad con un esquema clarificador:

  • Realidad – Sueños = Un ser animal
  • Realidad + Sueños = Un dolor de corazón (comúnmente llamado idealismo)
  • Realidad + Humor = Realismo
  • Sueños – Humor = Fanatismo
  • Sueños + Humor = Fantasía
  • Realidad + Sueños + Humor = Sabiduría

Es difícil explicar con argumentos científicos, las diferencias y causas entre los tipos de risa. Sin embargo, es indiscutible que somos capaces de percibir cuándo una persona se ríe de nosotros, ríe con nosotros o ríe porque está feliz internamente, experimentando gozo espiritual.
En este último caso, quien ríe comunica sentimientos positivos que revelan estados de esperanza, alegría, felicidad, optimismo y deseos de vivir.

EL HUMOR Y LA SABIDURÍA

«Conocer es poder». Querer encerrar los asuntos humanos en fórmulas exactas demuestra falta de sentido del humor y, por ende, de sabiduría. «La risa es de sabios» (Marcial, Antigua Roma). Cuando un psicólogo cree poder medir la inteligencia o la percepción de un hombre es un indicativo de que estamos en un mundo bastante pobre.
El sentido del humor se concibe como una actitud derivada del autoconocimiento y la autoaceptación. Implica una actitud hacia la vida, básicamente una visión o percepción realista del mundo que nos rodea; significa percibir ambos polos de una situación tal como son.
Un sentido del humor suficientemente agudo como para mostrar al hombre tanto sus propios absurdos como los ajenos, es un elemento importante en las relaciones interpersonales, ayuda a crear vínculos no hostiles, una agradable atmósfera, saludable, de intimidad y camaradería, algo muy importante para nuestra especie, nacida para vivir en comunidad. Es el único modo que tenemos para escapar de una vida dominada por los temores y los sufrimientos de la mente.
El sentido del humor es el estado óptimo para el aprendizaje, propicia que aprendamos de nuestros errores, de la experiencia y del fracaso. El buen o mal humor son disposiciones fluctuantes, inestables de suyo, aunque haya personas en las que predomina más uno u otro.
Quien posee sentido del humor es un rastreador constante de la alegría y se esfuerza por encontrar en cada situación el aspecto más cercano a la felicidad y lo manifiesta. De ahí que tener y desarrollar el sentido del humor sea una manifestación inmediata de la inteligencia del ser humano.
Las personas que dan mucha importancia a la seriedad tienen miedo al humor porque creen que hace peligrar ese estatus social o económico que tanto les ha costado crear. Pero lo que en realidad peligra es la postura de seriedad rígida, no el estatus.
La realidad es que una persona con buen sentido del humor es mucho más capaz que otras de enfrentarse a situaciones conflictivas, con la necesaria tranquilidad para que la tensión no le impida tomar la decisión adecuada, ya que donde hay lugar para el sentido del humor no lo hay para el estrés, son incompatibles.
Ya sea de forma continua o casual, a todos nos gusta relacionarnos con personas agradables, con una sonrisa en el rostro; especialmente en las grandes urbes, donde es tan común toparse con personas amargadas, de rostro oscuro, gestos rígidos y coléricos.
El sentido del humor como actitud cultivada con la que enfrentamos la vida es señal de madurez y salud mental.
Margaret Thatcher decía «Lo de tener poder es como lo de ser señora. Si tienes que recordárselo a la gente, malo»: tener sentido del humor es como lo de ser señora, si tenemos que recordarlo a la gente, malo.
Jesús Garanto Alós señala que el sentido del humor auténtico, fruto y origen del equilibrio, proviene de quienes poseen las siguientes características:

  • Conocimiento de sí mismo, de lo que uno es realmente, sólo a través del conocimiento ecuánime se pueden descubrir los puntos vulnerables y enfrentar la vida en forma equilibrada.
  • Conformidad consigo mismo, es decir, aceptar lo que se es, positivo y negativo, fruto de la objetividad y serenidad reflexivas.
  • Control de sí mismo ante los estímulos provenientes del interior o del exterior, lo que implica capacidad de reflexión y la posibilidad de forjar un carácter fuerte que no se deje dominar por los hechos existenciales.
  • Realismo en el percibir y en el actuar, es decir, una percepción realista del mundo interno y externo.
  • Afirmación de la realidad con una presencia equilibrada, lo que significa adhesión al mundo circundante, aunque no sea el mejor, dado que en él es posible descubrir elementos rebosantes de sentido.
  • Seguridad emocional o interior, fundamento del ajuste personal y condición para alcanzar la madurez.

El criterio del auténtico humor es el amor y sus elementos insustituibles son: la relación emocional transparente y constructiva con otros y la preocupación activa por la vida y el crecimiento de quienes amamos (los otros y nosotros mismos). Donde no hay bondad no cabe el buen humor genuino pues la bondad sonríe ante las tonterías, olvida las miserias, desconoce las enemistades y contempla las equivocaciones humanas sin perseguir al que yerra. Afronta las contradicciones y encuentra el lado amable de las situaciones difíciles.
La sabiduría, consiste en atenuar nuestras percepciones más dramáticas, con sentido del humor, apoyados por la realidad misma.

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