Héroes políticamente correctos

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¿Cómo define a un héroe histórico-político?
Es el personaje que ayuda a una determinada ideología o propuesta política a legitimarse, consolidarse o perpetuarse, es un instrumento al servicio de la ideología política. Con esto no me refiero a que sea correcto o incorrecto, simplemente resulta necesario, indispensable, porque la política, y particularmente el Estado, ¿la conformación política más compleja que ahora conocemos? requiere de símbolos, representaciones, figuras, formas que materialicen en personas, y fundamentalmente del pasado, los valores, propósitos, intereses, creencias que sustenta esa ideología en el aparato político.
¿Cómo ha evolucionado en los últimos decenios la concepción del héroe en México?
En los últimos 30 años se ha transformado radicalmente en la medida en que lo han hecho las concepciones acerca del Estado y del poder. El Estado en México ahora es más democrático, más abierto, reconoce sus límites en la pluralidad, y en la apertura democrática.
Los héroes de antaño, construidos para responder a un diseño político pétreo, sólido y eterno, sufren las modificaciones que les obliga hacer una sociedad más crítica, abierta, y más democrática, de forma tal que así se desdibuja y se humaniza el héroe.
Vale la pena recordar lo que decía Eduardo Blanquel, un gran historiador ya fallecido: «¿de qué nos sirven los héroes en sus estatuas de bronce o de mármol, donde ni siquiera los podemos tocar, cuando tanto nos serviría tenerlos a nuestra altura para ayudarnos a transitar de una mejor manera nuestra vida cotidiana?». Eso es lo que ahora busca la sociedad mexicana en general.
¿Cuáles son las ventajas y desventajas de mitificar a nuestros héroes?
Un héroe es por sí mismo un mito, responde a él, alcanza ese calificativo porque le hemos adjudicado una serie virtudes, actitudes, valores, actos excepcionales, respecto a nuestro país, o a nosotros mismos. El héroe, como mito, prolonga su existencia en el tiempo y es común que su figura se vaya cincelando y puliendo para ofrecer una imagen nítida, ajena a cualquier mancha. ¿Ventajas y desventajas de esto?
Una ventaja, sin duda, es que permite al Estado legitimarse, lanzar un modelo de ciudadano, un ejemplo de conducta, un proyecto que se propone a seguir.
Una desventaja es que, como todo los mitos, no siempre se forjan sobre bases sólidas, sino sobre leyendas, sagas, invenciones artificiales? y cuando la ciencia histórica las exhibe, el héroe y su mito empiezan a resquebrajarse. De esto resultan ventajas o desventajas según para quién y en que época. Cuando las circunstancias cambian, aquellas virtudes y valores que sirvieron antaño como ejemplo y hoy no lo son, trabajan en contra del mito-héroe. En cambio, actitudes e ideas que hoy se entienden como valiosas o ejemplares y que no se encuentran en ese mito-héroe ?porque no sería posible- contribuyen a que se éste se petrifique y se cancele como tal en el imaginario colectivo.
¿Qué tan conveniente es desmitificar a nuestros héroes? ¿Corremos el riesgo de que niños y jóvenes se queden sin modelos?

Sin duda, el héroe-mito es necesario en ciertas etapas de la vida. Cuando los padres, el Estado, la escuela o las propias iglesias educan a los niños, requieren ejemplos concretos, específicos, históricos, para transmitir valores y creencias.
El problema es que en muchos países, como en el caso mexicano, se ha fabricado una imagen de los héroes que se pretende que sirva a niños, a adolescentes, a jóvenes, a adultos y hasta los ancianos. No se elabora la figura del héroe-mito en forma paralela al desarrollo personal de un sujeto, y ocurre, en consecuencia, que lo que implica admiración para un niño, no corresponde necesariamente a lo que necesita o aplaude un adulto. Entonces, la figura del héroe se queda en un nivel infantil, inmadura, poco convincente, cuando habría que reconstruir y renovar las imágenes de los héroes según cada etapa de la vida para que respondan a la maduración del hombre y a los cambios en su tiempo.
A lo largo de nuestra vida independiente ha habido figuras políticamente incorrectos que luego se han reivindicado?

Sí, muchas. Cortés es políticamente correcto durante el periodo colonial e incorrecto o antihéroe en el independiente. Sor Juana o Motolinía son correctos en ambos. Iturbide es correcto durante el siglo XIX e incorrecto en el XX. Vicente Guerrero no es un héroe en la primera mitad del siglo XIX y se convierte en uno políticamente muy correcto sobre todo alrededor de los años 70 del siglo pasado. Francisco Villa no es más que un bandolero, sin papel significativo en la historia política hasta después de 1960 cuando se le construyen monumentos y se reivindica su figura revolucionaria.
Personajes antihéroes o políticamente incorrectos han sido siempre Victoriano Huerta, o los supuestos traidores que trajeron a Maximiliano a México, y sin embargo ha habido otros que habiendo nacido como políticamente correctos, devienen en incorrectos, el caso paradigmático es Porfirio Díaz, que de héroe por excelencia, derivó en antihéroe.
La figura de Juárez nos mete en verdaderos problemas porque era «muy correcto» a principios del siglo XX, pero en nuestros días su figura histórica se convierte en ambigua. Para unos es políticamente correcto y para otros comienza a ser incorrecto por su adhesión a los norteamericanos, su defensa del liberalismo económico, su autoritarismo político, su admiración a la libre empresa? ideales que se oponen a proyectos socialistas, populistas o eminentemente nacionalistas. Juega un papel complejo; por lo general al héroe le pasa esto.
¿Qué papel juegan los Niños Héroes o Santa Anna?
Santa Anna es un personaje muy paradigmático: cuando vivió lo hizo como un héroe, pero después de su último exilio en 1855, se convierte en el antihéroe por excelencia de nuestra historia y aunque algunos historiadores y novelistas han pretendido entenderlo, en el imaginario colectivo mexicano sigue representando al prototipo del traidor que antepuso sus intereses personales a los de la patria.
En el caso de los Niños Héroes hay algunos aspectos míticos alrededor de sus biografías, pero su papel siempre ha resultado bastante congruente. El hecho de haber muerto siendo jóvenes ?no niños? por la independencia de su país, los hace dignos de la admiración de todos. Incluso, aunque les quitáramos las adherencias o excesos míticos, son ejemplo para todas las generaciones.
¿Los héroes nacionales se desdibujan en esta sociedad globalizada, que va borrando las fronteras?

Habría que distinguir entre héroes nacionales y estatales, lo que está en crisis en la sociedad globalizada es el Estado, y paralelamente, hay una reivindicación de nacionalidades minoritarias que no conforman Estados. Si por héroes nacionales entendemos héroes estatales, sí creo que se van desdibujando.
En la medida en que el Estado entra en crisis comienzan a cuestionarse la patria, el concepto de soberanía, el romanticismo del siglo pasado, el nacionalismo a ultranza del siglo XIX. Evidentemente, la carga que depositamos en los héroes nos dice cada vez menos, es un hecho incontrovertible, y comienzan a sustituirse por imágenes de artistas, músicos, actores, intelectuales, incluso por personajes de cómics, etcétera, que llenan más las expectativas de un pueblo sediento de ejemplos porque son más acordes con el tiempo y con circunstancias más cercanas que los héroes que fundaron los viejos estados nacionales del siglo XIX.
¿Cómo precisar la diferencia entre el héroe nacional o el estatal?
Un estado soberano, independiente utiliza a los héroes estatales para legitimarse o proponerlos como modelo de vida política a la población. Ejemplos típicos en México son Benito Juárez, Miguel Hidalgo, Venustiano Carranza, Francisco I. Madero. Aquí, como en el resto de América Latina no es válida la división, porque el estado y la nación se han construido prácticamente en paralelo son estados-nación y el héroe estatal equivale al nacional.
La diferencia se aplica en naciones que no se han conformado todavía como estados, o han sido anexionadas a otros, allí surgen héroes nacionales cuyo papel es fortalecer a la población en su lucha contra los estados que no reconocen su libertad o independencia. Este sería el caso de los supuestos «héroes» vascos de ETA.
¿Qué ocurre en el imaginario colectivo cuando tenemos héroes enfrentados por ideologías?
Es muy frecuente que ocurra, particularmente en Estados como el nuestro, donde se ha documentado una historia oficial con la que muchas personas no están de acuerdo. Entonces emerge una doble categoría de héroes, los de la historia oficial y los de esos grupos, en ocasiones mayoritarios, que no reconoce el Estado.
En ocasiones se dan dualidades como Cortés y Cuauhtémoc, Hidalgo frente a Iturbide, Juárez frente a Maximiliano, Madero contra Huerta, encontramos personajes que se contrapuntean y para una facción son héroes y para otra, antihéroes.
El caso mexicano también tiene otra singularidad, la Revolución Mexicana tuvo capacidad para juntar lo más contrario; sumó a aquellos hombres que lideraron grupos o partidos diferentes y que incluso se mataron entre sí. En nuestro panteón cívico de héroes nacionales, en curiosa e ilógica asociación, se reúnen figuras de hombres que en vida lucharon entre sí, como Venustiano Carranza, Zapata, Villa y Obregón. A la historiografía oficial, bastante artificiosa, no le importaba esto, siempre y cuando se rescatara aquello que sirviese al fortalecimiento del Estado.
En otra colaboración de este número, el autor narra cómo los productores de las películas de Superman, cada década han adaptado su personalidad a los valores o cualidades en alza en el momento. ¿Ocurre así con los héroes políticos? Por ejemplo, algunas actitudes, antes muy patrióticas, ahora se pueden considerar xenofóbicas o intolerantes.
Desde luego y el mejor ejemplo es el decreto reciente del Diario Oficial que establece el año 2006 como conmemorativo del bicentenario del natalicio de Benito Juárez y que señala específicamente que con estas celebraciones se pretende rescatar a un Juárez más «humano». Y es que, entre 1905 y 2000, construimos una imagen de Juárez, inmodificable, hierática, seria, impasible; era, incluso, inconcebible hablar de que se enamoró, que tuvo miedo, que sufría o se divertía: Juárez nunca se había reído. Ahora se trata de rescatar los aspectos humanos que lo caracterizaron para proyectar una imagen más cercana y acorde con la realidad.
Esto es natural y seguirá ocurriendo. Este año se promoverá una imagen de Juárez muy diferente a la de un siglo atrás. Y sin duda dentro de cien años, en el año 2106 se formará otra imagen, cada generación tiene el derecho de hacer sus propias preguntas frente a los hechos del pasado y sus personajes. No podemos pretender que lo que se diga ahora permanezca como definitivo en las interpretaciones históricas. Son nuestras imágenes, nuestras preguntas y nuestras respuestas, no las de 1906 ni las de 2106.
¿Cómo se ha considerado la figura de Benito Juárez en las etapas históricas?
En 1905, un año antes de cumplirse el primer centenario, Francisco Bulnes publicó un libro bastante heterodoxo sobre el verdadero Juárez que golpeó la imagen patriótica, impoluta del héroe. Bulnes, senador, ingeniero liberal y positivista levantó revuelo porque no el ataque no provenía de un conservador, de un clerical, sino de un librepensador.
Inmediatamente todos los intelectuales o pseudos intelectuales de la época empezaron a escribir una serie de biografías de Juárez, entre otras la de Justo Sierra, Juárez su obra y su tiempo, la de Frías y Soto, la de Fernando Iglesias Calderón, etcétera, que se encargaron de construir una imagen aún más pétrea, sólida, correcta del personaje. Todo esto culminó con la inauguración del monumento a Juárez que se encuentra, precisamente en la Avenida Juárez de la Alameda Central de la Ciudad de México. Ese es el Juárez del primer centenario, una especie de dios cívico, un padre de la patria.
En 2005 esta imagen todavía resulta algo correcta políticamente pero ya no se sostiene correcta socialmente. La sociedad ya no cree en eso, esos héroes le dicen muy poco. En este caso, el pueblo está modificando la imagen del héroe; también del poder, pero en menor medida.
El héroe seguirá existiendo. Parece ser que las sociedades humanas, necesitamos plasmar en imágenes concretas, aspiraciones, deseos, ideales, expectativas, que nos permitan transitar la vida cotidiana lo mejor posible. Quizás se acaben o se reduzcan los héroes nacionales o estatales, pero en su lugar la sociedad erigirá otros.
¿Cómo inciden los héroes en la sociedad?
Depende del grado de consideración que del héroe tengan la escuela, la familia, y los medios de comunicación,; si estos no transmiten, no divulgan, imágenes de héroes, su papel en la historia y en la sociedad se diluye y se acaba por perder para pasar a ser patrimonio exclusivo del discurso de unos cuantos políticos.
En el siglo XIX Thomas Carlyle escribió Los héroes donde explica que la historia se mueve a través de acciones individuales, sostiene que los héroes empujan y jalan a la historia. Pero después de él, vinieron pensadores marxistas o socialistas que explicaron la historia por la acción de fuerzas impersonales, fundamentalmente las económicas, con lo cual el héroe quedó borrado de la escena social.
Durante casi 70 años de dominio socialista la idea era que no hubiese héroes, los protagonistas de la historia eran el pueblo, la colectividad, el proletariado? Sin embargo, como extraña paradoja o contradicción de este modelo «antihéroes», encontramos en Castro al héroe decisivo de Cuba, en Lenin y Stalin ?durante un tiempo? a los héroes paradigmáticos del comunismo soviético; en China a Mao. Finalmente existe la necesidad de explicar la historia a partir de la acción humana y es que la historia es eso, acción humana, no mero resultado de fuerzas impersonales.

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