La amistad en la empresa

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La amistad en la empresa
Carlos LlanoFCE. México, 2000

 

Las empresas no requieren acumular horas y horas de trabajo, precisan de gente sana, equilibrada y feliz que se sabe amada por las personas cercanas y se preocupa por el bien de ellas.

Ante un panorama en el que se han infiltrado en la empresa relaciones ajenas a su ámbito, trasladadas sin traducción de la esfera familiar, se entiende -hasta cierto punto- su racionalización, que la ha vaciado de esos valores amistosos y familiares que paradójicamente echamos de menos. La creciente desconexión entre familia y negocios, ha llevado a ambos pilares de la sociedad a ocupar posiciones de insalvable antagonismo.
A pesar de los esfuerzos por salvar las diferencias, seguimos viendo un abismo entre ambos. La empresa echa en saco roto la imprescindible aportación educativa de la familia y se preocupa sólo por la educación formal. Peor aun, ha llegado a constituirse en enemigo destructor de la familia como ámbito educativo primero e insustituible, sin el cual las demás instituciones de enseñanza construyen sobre arena.
El portentoso poder actual de la técnica ha abierto una zanja y delimita el campo de la educación en dos áreas muchas veces irreconciliables: el acopio de conocimientos y la formación del carácter. No se trata de un problema menor, hay quien dice que el drama de nuestro tiempo consiste en haber separado el conocimiento científico (ideológico) de la vida personal.
VALORES QUE
PARTEN DE LA FAMILIA

La intervención poco acertada de la familia en el ámbito de los negocios provocó una naturaleza desvirtuada en la empresa. No menos equivocada es la reacción racionalizadora aplicada sobre la empresa para corregir dicha desviación, que con un efecto radical eliminó valiosos aspectos familiares que deberían haberse mantenido y acentuado.
Llama la atención que los ámbitos empresariales hayan olvidado el decisivo papel de la familia en la formación del carácter de las personas que después trabajarán en ese mismo ambiente. No se puede contratar a un profesional genéticamente puro, de laboratorio. Toda persona llega a la empresa con una estructura de carácter y personalidad definida por su genealogía familiar. Allí adquiere la primera y más importante experiencia de ser parte de una sociedad.
En la familia nace la confianza y de allí se puede exportar a otros ambientes, incluida la empresa. Cuando se precisa un comportamiento generoso, se requiere forzosamente de un sentido de pertenencia. Con esta tesis Carlos Llano no pretende que para constituir una empresa donde rige la confianza, deba ser familiar. Busca dejar muy claro que sólo un individuo proveniente de una familia con valores será digno elemento del tipo de empresas a las que aspiramos. Sin duda algo más grave: a quien ha sido egoísta en el entorno familiar no se le puede pedir generosidad en el ambiente empresarial, siendo que el mercantilismo que subsiste en la empresa constituye su más importante fuente de aliento.
Distintos autores argumentan que extender los valores familiares a otros ámbitos, incluida la empresa, es perjudicial en gran medida. A raíz de su estudio y análisis, Llano sostiene exactamente lo contrario: quien practica la verdadera amistad, el sentido genuino de pertenencia y la generosidad familiar, estará habilitado para ejercer este mismo comportamiento fuera del ambiente familiar.
Ante la complejidad que han adquirido las organizaciones se considera el retorno a lo básico (una conjunción ecléctica de sofisticados conceptos académicos). Los conceptos empresariales y conocimientos gerenciales esenciales, están muy lejos de ser lo básico.
Lo realmente básico es el hombre y sus características como tal, de las que emanarán los modos de ser y hacer de la empresa. Palies Boera acertadamente argumenta: «la empresa no puede tener personalidad si su gente no tiene carácter».1 Y señala también que no es extraño ver empresas carentes de todo espíritu, actitud, compromiso, pasión y en general cualquier virtud humana? salvo en lo que afecta directamente a los estados de resultados.
Hasta hace pocos años la sociedad se veía afectada desde la familia, su punto de partida, de acuerdo a los diversos conceptos sobre el hombre. Ahora, el problema es que no hay concepto del hombre.
Volver a lo básico es valorar al individuo por encima de las cosas, ver florecer los valores familiares y las relaciones de verdadera amistad.
CON LA FUERZA DE UN CHURRO
¿Quién podría sentir admiración o atracción por algo parecido a una amiba o a su «estilo» de vida? Lo verdaderamente atractivo es poseer un carácter y una personalidad definida, firme. ¿No es esto lo básico en el hombre?
Las personas sin carácter no toman decisiones, se dejan llevar y manipular por el entorno: tienen la fuerza de un churro. En contraste, quienes se asemejan a los robles son estables, idénticos bajo cualquier circunstancia. Si estas cambian, no se desfiguran, al contrario, ellos configuran las circunstancias.
Quizá el lector se pregunta la forma de llegar a esta firmeza de carácter. Llano concluye que el carácter se forma en la medida en que adquirimos las siguientes capacidades: compromiso, renuncia y don de sí.
LA AMISTAD VIVIFICA LA EMPRESA
«La virtud hace que los bienes sean comunes entre los amigos».2 La familia puede propiciar la comunidad de bienes, aunque esto no es automático y se da sólo cuando sus miembros son virtuosos. Por otro lado, el gobierno deberá ser un promotor de estas virtudes a través de una buena legislación; promoviendo, no ordenando. Las leyes solas no bastan, se necesita de la virtud, y no es el Estado quien forma en virtudes, sólo los padres.
La virtud familiar por antonomasia es la magnanimidad, que se manifiesta en una triple faceta: entusiasmo para empezar, tenacidad para seguir y desprendimiento para buscar el bien de los hijos.
Es fácil imaginar el efecto que causa que, desde la familia, estos rasgos se vuelquen en una empresa. No es el caso de las empresas familiares, que en ocasiones copian el comportamiento familiar sin traducción. Gracias a estas virtudes que dan vida a la empresa se crea en ella el clima de amistad que resume y aglutina esa vivificación.
Leonardo Polo señala que el futuro de la sociedad se fundamenta en la familia, la empresa y la universidad. La sociedad funcionará en la medida en que estas entidades intensifiquen sus relaciones y no confundan las características que las diferencian.
UNIVERSIDAD:
¿SOBRE QUÉ TERRENO CONSTRUYE?

Habiendo detectado el deterioro ciudadano en Estados Unidos y considerando que se da mayor importancia a la formación intelectual que a la del carácter, un grupo de universidades se reunió en Aspen para determinar el tipo caracterológico que desearían formar en sus ciudadanos para abocarse a ello como tarea principal.
Buscaron definir seis rasgos del carácter básico de una persona capaz de formar una sociedad en donde valga la pena vivir y que reemplace a la actual. Presentaron el resultado con la siguiente tabla de seis virtudes básicas, junto con otras ocho implícitas:
DECLARACIÓN DE ASPEN
Virtudes básicas
– Integridad
– Respeto
– Responsabilidad
– Equidad
– Aceptación
– Ciudadanía
Virtudes implícitas
– Sinceridad
– Lealtad
– Autodisiplina
– Compasión
– Obediencia a las leyes
– Obligacieon de estar enterados
– Deber de votar
Es evidente que una empresa formada por gente con estas cualidades tendría sin duda un destacado diferencial competitivo y cooperativo. Y no sólo eso, el mercado se vería positivamente reanimado. Sin embargo, el autor destaca a propósito del estudio que:
 

  • La integridad, respeto, equidad, atención y ciudadanía, mencionadas en las virtudes básicas, y la sinceridad, lealtad y compasión, enumeradas en las implícitas, son a todas luces constituyentes básicos de las relaciones amistosas.
  • Si estos beneficiosos rasgos no se viven primero en la familia, no habrá universidad en el mundo que pueda conseguirlos. Las comunidades vitales, donde la gente tiene el primer sitio, no son sólo el cimiento de las buenas empresas, sino también de las universidades y la sociedad entera.

A modo de conclusión: las empresas no requieren acumular horas y horas de trabajo, precisan de gente sana, equilibrada y feliz. Nadie cuenta con estas características si no se sabe amado sin condiciones por la gente más cercana y si no se preocupa por esa misma gente haciendo de su bien el fin de su vida.
1 PALIES BOERA, JOSÉ RAMÓN. «La gestión en tres dimensiones», en servicio de documentación del instituto de empresa y humanismo. Universidad de navarra. Pamplona, 1998. P. 7.
2 ARISTÓTELES. Política. II, 2, 1263ª 33 .

 

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