Análisis de la acción directiva

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Quien posee la virtud de la prudencia –que implica informarse, evaluar y actuar, según las circunstancias específicas que enfrentamos–
será capaz de dirigir mejor.
Es el primer libro sobre temas de dirección que escribió Carlos Llano y seguramente uno de los más leídos, citado en numerosas publicaciones y utilizado como libro de texto en escuelas de negocios. Combinar el rigor filosófico de quien busca la verdad con la cambiante realidad de la empresa fue el difícil reto que enfrentó el autor. El resultado es una obra profunda e interesante que nos hace reflexionar sobre la naturaleza de la empresa y el papel de quien la forja y dirige.
De acuerdo con el autor, la dirección es resultado de combinar elementos las habilidades y virtudes de quien dirige. No solamente se trata de conjuntar actividades, sino también de armonizar roles. Si bien muchos piensan en un director como la persona que «hace lo importante», habrá que reflexionar en torno a la afirmación de Bonat: la dificultad no estriba en hacer lo que hay que hacer, sino en saber qué es lo que hay que hacer.
El arte de combinar actividades
Carlos Llano es claro cuando sugiere que la dirección combina tres elementos1: realizar un diagnóstico de la situación (saber con la mayor exactitud posible dónde estoy); tomar una decisión (elegir un proyecto) para determinar a dónde quiero dirigirme; cómo pienso llegar y con qué recursos cuento para hacerlo; y finalmente, mando y ejecución, es decir, ordenarme primero antes que a los demás para realizar lo que me propuse.
Cada uno de los tres elementos referidos por Llano requiere asumir un rol específico que ayudará a realizar mejor cada actividad. Esos tres roles no son contrapuestos, sino yuxtapuestos y son2: estratega, para el diagnóstico, la decisión y el proyecto; constructor de la organización y operador (en inglés doer), para ejecutar y realizar.
No se trata sólo de que estén los elementos presentes, sino también de combinarlos armónicamente, de manejar adecuadamente el proceso. Aquí es donde la prudencia hace su aparición. Quien posee la virtud de la prudencia –que implica informarse, evaluar y actuar, según las circunstancias específicas que estemos enfrentando– será capaz de dirigir mejor. Si bien la prudencia a veces se confunde erróneamente con poquedad o exceso de precaución, es Carlos Llano quien define la dirección como un saber prudencial.
Al combinar las actividades asumiendo distintos roles, el director va transformando la empresa, pero también, y sobre todo, se transforma a sí mismo en un curioso proceso de metamorfosis que es una combinación de aprendizaje y crecimiento. El aprendizaje lo vuelve más hábil, más capaz y le hace crecer.
Con estas tres ideas en mente, el autor logra dibujarnos un cuadro armonioso de la empresa y destaca distintos aspectos de ella, de quien la dirige y de la propia función de dirección.
Se trata de un libro interesante que provoca y hace pensar, que nos lleva a la reflexión y a la acción. Es admirable que casi 30 años después de haber sido publicado no pierde ni actualidad ni frescura, prueba de que nos encontramos ante un clásico.
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1 Ampliamente comentados en el nuevo prólogo de la obra.
2 Algunos autores del management han identificado hasta seis roles. Para Francis Joseph Aguilar, profesor de la Harvard Business School son seis: 1. Crear y mantener las normas y valores organizacionales, 2. Establecer la dirección de la empresa, así como los objetivos estratégicos, 3. Negociar con los involucrados (stakeholders), 4. Localizar, obtener, ordenar y asignar recursos, 5. Organizar el trabajo y 6. Cuidar las operaciones actuales.

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