Familia, naturaleza, derechos y responsabilidades

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La cultura contemporánea busca ensombrecer al hombre empezando por la familia, «el lugar específico de la persona».


Cualquiera que haya tenido la oportunidad de acercarse de manera somera a Carlos Llano, reconocerá en su pensamiento una preocupación fundamental: el ser humano. No es de extrañar que encontremos su reflexión sobre la familia desde el aspecto de las organizaciones contemporáneas, en un libro que intenta delimitar el término «familia» a través de las voces de un grupo multidisciplinario de especialistas, donde se busca una especulación profunda y sólida del tema.
La familia es lo más originario de un ser humano y, aunque es verdad que su formación responde a lo más íntimo de cada persona al hacer uso de su libertad, también posee una entidad en sí misma imposible de romper. Es elemental preguntarse si es un ente sujeto a cambios culturales, sociales y políticos. No olvidemos que se encuentra en el ámbito vivencial, acompaña nuestro acontecer diario y es inseparable de nuestra existencia.
El tratamiento del tema comienza por la naturaleza de la familia, para después esclarecer sus derechos y responsabilidades, son más de 18 autores reunidos en esta compilación. Miguel León Portilla reconstruye el entrono familiar náhuatl; Luis Xavier López Farjeat presenta la familia musulmana, diferente a los ojos occidentales pero igualmente actual y válida; Héctor Zagal enfoca sus estudios del mundo clásico griego hacia el papel de la educación familiar en el ciudadano de la polis; Rodrigo Guerra mira la familia desde el México de hoy. El aspecto legal es tratado desde diferentes perspectivas por reconocidos abogados como Jaime del Arenal y Dora María Sierra, entre otros.
EL PROYECTO DEL ESPÍRITU
En su ensayo «La familia en el desarrollo de las organizaciones contemporáneas», Carlos Llano conjunta sus dos preocupaciones fundamentales: el hombre; y un tema central de su pensamiento: la empresa.
Comienza abordando el mercado, sistema que privatiza mas no personifica. Hemos preferido un proyecto de vida que se centra en la materia, representado por el mercado, en vez de concentrarnos en el espíritu, que nos hace comunitarios y nos adentra en los demás. ¿Por qué preferir el proyecto de un hombre de espíritu? Porque nos sumerge en el espacio del amor «aquello que no se cobra. Sólo el necio –dice Antonio Machado– confunde valor con precio». El dinero (mercado), el poder (Estado) y la influencia (medios de comunicación) despersonaliza, homogeniza a la personas.
Al respecto, Llano esboza modos variados de sociedad (amistad, familia, grupos sociales): «El mundo de la vida corriente», todo lugar en donde las personas están por encima de las cosas. Este espacio es propicio para la consolidación de la familia, donde lo originario es la relación directa de las personas como tales. Lo propio de estas sociedades originarias es estar fundadas en el amor, «querer el bien para alguien».
La tesis es clara: aquel capaz de amar, compartir, comunicarse en su familia, será competente en otros ámbitos, «la disolución de la familia arrastra consigo el colapso de todo el armazón de la sociedad». La conclusión va encaminada a advertir que quien lleva bien su hogar, suele conducir de la misma manera su empresa.
Llano enfatiza otro aspecto: «la empresa se ha olvidado de que la familia es la forjadora primaria e insustituible del carácter de los individuos que después habrán de trabajar en la compañía». La familia está incrustada en la empresa mediante el carácter de los individuos que la forman. Si caen los valores en los integrantes de las familias, caen en aquellos que forman las empresas, he aquí el peligro.
¿Por qué la familia se encuentra hoy en otras circunstancias? Hoy, no nos enfrentamos a un concepto determinado del ser humano, más aún, nos embestimos con la posible carencia del mismo. La cultura contemporánea busca ensombrecer al hombre empezando por la familia, «el lugar específico de la persona».

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