Humildad y liderazgo

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Carlos Llano reivindica el verdadero sentido de la humildad para forjar líderes que, con su ejemplo y congruencia, generen confianza en la organización.
Amistad, misión, delegación, educación, exigencia, libertad, paciencia, confianza, magnanimidad, templanza, simpatía… ¡humildad! Fundamentos para diseñar y mantener vivos, cohesionados y consistentes, a nuestros equipos de trabajo.
Algunos no entienden su significado e importancia. No identifican a la humildad como el ingrediente más importante del liderazgo. La perciben como consuelo de incompetentes para disimular sus fallos. Como atributo de conformistas o de fracasados; pero no de triunfadores.
Carlos Llano reivindica el verdadero sentido de esta virtud para forjar líderes. Lo ilustra con la vida de Jim Burke, de Johnson & Johnson; Andrew Grove, de Intel y Charles Walgreens, fundador de Walgreens, convencidos de que en su organización hay personas que podrían sustituirlos con ventaja. Son firmes y decididos. Con ejemplaridad y congruencia, propician una confrontación creativa.
Hemos encontrado –explica Carlos– que en la humildad está la base de las decisiones radicales y firmes. El afán de dominar es obsesión de los débiles. Su efímero afán de superioridad no es más que el anverso de un complejo de inferioridad. Olvidan que el dominio de sí es el mejor de los imperios. Humildad, serenidad y firmeza van de la mano.
Como contraejemplo señala el daño que la soberbia genera. Enron –la quiebra más estrepitosa de la historia– muestra la fragilidad humana engendrada por la vanidad de ocultar los errores y no rectificar con reciedumbre y a tiempo.
Señala lecciones importantes que las escuelas de negocios deberían enseñar: responsabilizarse de sí mismos como el mejor modo de servir a otros. Al hablar de humildad en el liderazgo, la importancia recae no en hablar, sino en escuchar; en un líder, el acto de escuchar y la disposición de ser humilde se identifican. Escuchar es un arte. Una sonrisa es la distancia más corta entre dos personas.
Los falsos líderes se apoyan más en la estadística que en los principios. Más en el populismo que en la recta razón. Olvidan que el interés general es cuestión de estadísticas, el bien común es cuestión de principios.
Analiza tres funciones medulares de toda acción directiva: diagnóstico, decisión y mando.
El diagnóstico exige objetividad, circunspección y desprendimiento del propio yo para ver las cosas como son. Cuestionar nuestra subjetividad para contemplar la realidad con respeto y en silencio dejando que se manifieste a sí misma con fidelidad y claridad. La decisión exige el desarrollo de otras virtudes como la magnanimidad y la audacia. Ambas requieren ejercitar la humildad. Con su don de mando, el director logra que toda la organización camine hacia la meta.
Parafraseando a Balmes, Carlos enfatiza: «conviene tener cabeza de hielo para definir el objetivo; corazón de fuego para aspirar a metas magnánimas y brazos de hierro para ejecutar lo decidido. No sólo saber mandar, sino mandarse. Desarrollar nuestro propio señorío».
La gestión de la empresa d ebe basarse en estructuras de gobierno íntegras y comprometidas. En directivos que, al tomar decisiones, tengan en cuenta su impacto en el aprendizaje organizacional «para no rebajar los niveles de confianza […] Hacer empresa requiere confianza. Sin ésta, no habrá empresa sino negocio […] Sólo viviendo con integridad, y generando confianza, se podrá desarrollar talento independiente y leal». Todo ello ha de vivirse de la mano de la humildad: primero los demás que yo.
Sintetizar este libro es como pretender «meter el mar en un jarrito». Para asimilarlo, conviene leerlo varias veces. Después, tendremos toda la vida para realizar la majestuosa tarea de implementarlo.
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*Sugerimos la lectura del libro El fracaso del éxito del profesor Miguel Ochoa, de venta en la librería del IPADE.

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