América del Sur, ¿milagro o espejismo?

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América del Sur, conocida hasta hace poco por sus dictaduras e inestabilidad ha cambiado. Hay numerosos regímenes democráticos y una mejor situación gracias a tres factores: estabilidad política, progreso económico-social y resistencia a los choques externos. La Alianza para el Pacífico, de la que México forma parte, puede convertirse en el principal motor económico de la región.
Las cifras de crecimiento de la mayoría de los países de América del Sur, durante los últimos 10 años suscitan la admiración de los analistas, sobre todo cuando se las compara con las de los Estados Unidos y la UE-27.
Según los analistas, la región ha sido capaz de demostrar que es posible mantener políticas macroeconómicas fuertes y continuar creciendo; es uno de los mercados que mejor resistió la crisis mundial gracias a una buena gestión macroeconómica, reducción de la vulnerabilidad financiera y mejor equidad a través de nuevas políticas sociales.
Al contrario de lo que sucede en la UE-27, la flexibilidad de los tipos de cambio en la región debería favorecer un dinamismo relativo de las economías individuales de la región y atraer a los inversores, siempre y cuando haya ortodoxia fiscal. Este mercado es también susceptible de rebotar más rápidamente que otras economías regionales por el bajo nivel del endeudamiento de sus países y sobre todo por sus inmensas reservas naturales.

 
ASPECTOS GENERALES DE AMÉRICA DEL SUR
Un subcontinente en apariencia homogéneo por su cultura, sus dos idiomas (español y portugués) y su religión (católica), un mercado de 400 millones de consumidores, con 78% de su población viviendo en ciudades (la segunda mayor concentración urbana del mundo después de Norteamérica con 81%).
Mosaico de dialectos (aproximadamente 600 lenguas nacidas de 118 familias lingüísticas) que propicia una serie de reivindicaciones históricas hacia mayor autonomía cultural de las comunidades indias (simbolizadas por las elecciones a la presidencia de Evo Morales en Bolivia y de Ollanta Humala en Perú). También las influencias afro-sudamericanas (con Susana Baca, actual ministro de la cultura en Perú fundadora del movimiento musical negrocontinuo) son cada vez más fuertes.
Dos tendencias políticas enfrentándose (revolucionarias y conformistas-oportunistas), una religión católica cuya supremacía empieza a ser cuestionada por el auge de las religiones protestantes (el pentecostismo), particularmente en Brasil donde el catolicismo pasó de 89% en 1989 a 64% en 2007 y se extiende rápidamente en otros países como Perú y Colombia; el subdesarrollo es el factor explicativo de esta recomposición.
Hay que reconocer una sorprendente falta de solidaridad entre países hermanos (obvia durante la guerra de las Malvinas). El escritor mexicano Jorge Volpi en su libro El insomnio de Bolívar destaca la percepción simplificadora y estandarizada de América Latina en el siglo XXI y castiga la retórica «bolivariana» que ignora todo de su vecino. Según él, América Latina se está convirtiendo en una abstracción para las nuevas generaciones.
Entre sus atractivos naturales tenemos la cascada más alta del mundo (el Salto del Ángel), el caudal de agua dulce más importante (el río Amazonas), la cordillera más larga (los Andes), el desierto más árido (Atacama), el ferrocarril más elevado (Ticlio), la capital más alta (La Paz), el lago comercialmente navegable más alto (Titicaca) y la ciudad más austral (Puerto Toro).
Lo integra un número relativamente limitado de 13 países, incluyendo la Guayana Francesa, el más grande territorio continental de la UE-27 en Sudamérica (y también sede de la base espacial europea de Kurú). Las naciones más destacadas son Brasil, Argentina, Colombia, Chile y Perú que representan más de 85% del PIB del subcontinente.
 
AMÉRICA DEL SUR VS EL MUNDO
El impacto en términos macro de América del Sur en el contexto de la economía mundial es muy relativo. Ver tabla 1.
Luego, como se nota en la tabla 2, Brasil es el único país sudamericano en el ranking de los 30 primeros actores del comercio mundial (Fuente: OMC).
América del Sur ya no llama más la atención de la potencia hegemónica de los Estados Unidos que, hasta hace poco, consideraban como su patio trasero.
La verdad es que un mayor número de países asiáticos encabezados por China están muy por delante de América del Sur en la carrera por el crecimiento económico entre países emergentes.
Tampoco es prioritario en la agenda de las grandes potencias, como si una región democrática, pacífica, desnuclearizada (todos los Estados latinoamericanos han ratificado el tratado de Tlatelolco de 1967 y renunciaron al arma nuclear) y ampliamente desarmada (los gastos militares de la región son bajos en relación con los Estados asiáticos o ciertos países europeos) interesa menos y tiene menos influencia que una región o Estados con características diametralmente opuestas.
Si la situación de América del Sur jamás fue mejor desde 1930, los expertos lo atribuyen a la conjunción de tres elementos: estabilidad política, progreso económico-social y resistencia a los choques externos. Progresos considerables se han realizado en América Latina estos últimos años, cabe moderar el entusiasmo de expertos como Hasan Tuluy (VP Banco Mundial para América Latina y Caribe) que, en una entrevista el 14 de mayo pasado con The Associated Press aseguró que «Europa podía tomar algunas lecciones de la experiencia latinoamericana que ha demostrado que es posible tener políticas macroeconómicas fuertes y estrictas y políticas de distribución y continuar creciendo».
Es verdad que la mayoría de los «indicadores macroeconómicos» sudamericanos demuestran vigor, pero no cuantifican la otra noción importante de «Felicidad Interior Bruta (FIB)». En el ranking del primer World Happinness Report 2012 mandato por la ONU, que analiza el estado de felicidad en el mundo, 13 de los 20 primeros países son europeos. Venezuela, primer país sudamericano, aparece en el lugar 19, México en el 24, Brasil en el 25, Argentina en el 39, Colombia en el 41, Chile en el 43 y Perú en el 77.
Como sólo se puede comparar lo que es comparable, nos parece un tanto presuntuoso comparar dos bloques económicos con niveles de desarrollo tan diferentes. Creemos que es esencial aislar los elementos coyunturales y estructurales.
 
¿CRECIMIENTO ESTRUCTURAL O COYUNTURAL?
Hasta finales de la década de 1980, América del Sur era más conocida por sus dictaduras y su inestabilidad crónica que por su respeto de las constituciones. Jamás hubo tantos regímenes democráticos en una región que privilegió tanto tiempo la violencia política para asegurar el cambio o para impedirlo.
Esta estabilidad política se acompañó, al principio del siglo XXI, de progresos excepcionales en el campo económico y social. Entre 2003 y 2009, los Estados de la región gozaron de una fase de prosperidad con tasas de crecimiento con 5% por término medio y hasta el 8-9% en países que sacaron provecho de la demanda asiática y de la subida de precios de las materias primas.
Pero, al mismo tiempo, con más de 33% de la población viviendo bajo del umbral de la pobreza, América del Sur es la región menos igualitaria del mundo, lejos delante de África y Asia. Chile, con  15%, es una excepción, cuya razón esencial puede ser que es el país más abierto al comercio internacional.
América del Sur sigue prisionero de su imagen de exportador de commodities al mantener su modelo de industrialización dirigido a satisfacer su mercado interno dotándose de industrias muy protegidas y poco competitivas. Si bien, desde la década de 1970, el comercio internacional, encabezado por los países asiáticos que implementaron políticas de promoción de exportaciones industriales, se ha convertido en el principal motor del crecimiento mundial, América del Sur jamás puso en duda su modelo de «industrialización substitutiva», cuya productividad sigue retrocediendo inexorablemente y probablemente a mayor velocidad desde las recientes medidas hiper proteccionistas tomadas por Brasil y el Argentina.
La actual prosperidad debida a la demanda china de commodities no ha impulsado la diversificación de su comercio exterior hacia productos de media o alta tecnología. De modo que, 70% de las exportaciones de Brasil a China, su primer mercado de exportación, consiste en productos agrícolas o minerales. No es una preocupación para el gigante brasileño que disfruta de una economía más diversificada pero podría serlo en otros países sudamericanos que corren el riesgo de la mono-exportación y de la extrema volatilidad de los precios internacionales de las materias primas.
Entre 1860 y 1930, América del Sur, que era un paraíso para el dinero y los hombres, atrajo a millones de inmigrantes, sobre todo europeos: Argentina acogió 3.5 millones y Brasil 5.6 millones por citar sólo estos destinos. Sin embargo, desde finales del siglo XX, son millones los sudamericanos que han emigrado a los países industrializados; en algunos componen 10% de la población activa y con transferencias financieras procedentes de esos trabajadores emigrados que representan hasta 15 % del PIB nacional
Si América del Sur (también fue el caso de África), mostró capacidad de resistencia y de reacción frente a un choque externo de tal amplitud como la crisis de los subprimes, es esencialmente por el poco desarrollo de su sistema bancario y los bajos niveles de ahorro e inversión doméstica que hicieron que, tanto los hogares como las empresas sudamericanas, estuviesen menos expuestas que los norteamericanos y europeos a los efectos de una crisis esencialmente financiera.
El sistema bancario sudamericano no está adaptado a las realidades del entorno mundial actual porque el crédito al sector privado ha sido siempre caro y escaso. En 2011 el crédito interior (en porcentaje del PIB, Fuente: Banco Mundial) otorgado al sector privado fue sólo de 16.6% en Argentina, 61.4% en Brasil,  26.4% en Perú, 45.3% en Colombia y 89.3% en Chile contra 127.4% en China, 131.9% en Tailandia, 50.6% en India, 50.1% en Turquía y 68.9% en Sudáfrica.
Las tasas de interés media sobre los préstamos a las empresas eran de 14.1% en Argentina, 43.9 %  en Brasil, 18.7 % en Perú, 11.2 % en Colombia, 9.0% en Chile contra 6.6% en China, 6.9% en Tailandia, 10.2% en India y 9.0% en Sudáfrica.
Por otro lado, el bajo nivel de ahorro e inversión doméstica (que, según el Banco Mundial,  representó en 2010 un escaso 22% del PIB en América Latina contra 52% en China, 34% en India o 31% en Tailandia) es un freno para entrar en una auténtica senda de desarrollo. Lo peor es que esa falta de ahorro interno no se produce por falta de recursos sino que el excedente de dinero se coloca en el extranjero (según la revista Time, en 2011, 21.5 mil millones de USD volaron fuera de Argentina).
Esa falta de confianza de los sudamericanos en sus propios países (particularmente en sus sistemas judiciales) es una de las principales fallas que impiden que las economías de la región encaucen el auténtico camino del desarrollo.
Le falta también a América del Sur resolver la cuádruple paradoja de su agricultura: el crecimiento más alto del mundo desde hace 25 años en su producción de cereales, su SAU (Superficie Agrícola Útil) entre la más vasta en el mundo, su población que no puede sobrevivir sin importaciones y, finalmente, la negación por sus sucesivos gobiernos de los campesinos a favor de grandes complejos agroindustriales privados o públicos (a menudo encuadrados por las grandes multinacionales norteamericanas que continúan desempeñando un papel histórico en el desarrollo de la agricultura sudamericana).
El bajo nivel educativo, las fuertes desigualdades (en vivienda, seguridad y justicia), el bajo nivel en investigación e innovación reduciendo la competitividad y, sobre todo, la falta de sinergias entre países hermanos sudamericanos son otros retos estructurales que la región tendrá que afrontar en un contexto de globalización acelerada.
 
UNIÓN DE NACIONES SURAMERICANAS: UNASUR
Partiendo de la premisa de que el crecimiento sostenible es imposible sin justicia social, creemos que los países emergentes se verán tarde o temprano obligados a adaptar su modelo de desarrollo en favor de consolidar esa justicia social.
Al observar detenidamente los tratados que han marcado la construcción europea, vemos  que el objetivo de cohesión social es prioritario, que las herramientas utilizadas para alcanzarlo son cada vez más perfeccionadas y que se han implementado como resultado de la ampliación de la UE para dar cabida a los intereses de los nuevos países miembros.
En esta perspectiva nació en 2008 el ambicioso proyecto de creación de la Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR cuyos  objetivos fueron: una moneda y una ciudadanía común, una sede basada en Quito (Ecuador), un Parlamento en Cochabamba (Bolivia) y un Banco del Sur en Caracas (Venezuela).
Respecto al debate sobre la imposibilidad de crear una unión económica y monetaria sin una previa unión política creemos que la necesidad no conoce la ley al constatar que la UE, hoy la primera economía mundial, nació en 1950 de la CECA (Comunidad Económica del Carbón y del Acero) entre Francia, Alemania Federal, Italia, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo. La «política tradicional» dejó paso a la Realpolitik donde el verdadero poder político es fiscal.
 
ALIANZA DEL PACÍFICO, POTENCIAL MOTOR ECONÓMICO
Consideramos que México no debería integrarse a la UNASUR, buscando mejor los beneficios de los actuales acuerdos comerciales con cada país. Sus raíces no están ni en América del Sur ni en América del Norte (a pesar de que una buena parte del territorio de EUA fue parte de México hace unos 160 años y que, en 2010, 10.3% de su población es de origen mexicana).
Para Christian Deblocq, profesor en la Universidad de Quebec y especialista en cuestiones de integración económica, el acuerdo de librecambio entre Estados Unidos, México y Canadá (TLCAN) envejeció y decepcionó: 18 años después de su entrada en vigor, el balance es muy desigual.
Cuando entró en vigor, el 1° de enero de 1994, el TLCAN fue presentado como el acuerdo más grande de este tipo en el mundo, pero también como la alternativa al modelo comunitario europeo, recuerda Deblocq, antes de añadir:
Tuvo su tiempo de gloria hasta 2000. Pero después, los problemas se multiplicaron y es claro que no se va hacia más integración. Debía inicialmente ser un escaparate demostrando el desarrollo de la democracia por el librecambio pero fue el inicio de una carrera de acuerdos bilaterales (2500 hasta la fecha), al buscar cada uno su mercado preferente. Esta estrategia de banalización de los acuerdos bilaterales, que pasó de moda el TLCAN, fue iniciada por los Estados Unidos y su «nueva diplomacia comercial». A expensas  del multilateralismo. Es un simple contrato entre países vecinos, no una verdadera integración, no hay voluntad de construir instituciones comunes, tampoco de repartir  soberanías. Un mexicano no puede viajar a Canadá sin visado y Canadá se interroga la utilidad de su relación con México preguntándose si volver a una buena vieja relación bilateral con su viejo amigo americano no sería preferible.
 
Para él, hubo inicialmente un malentendido (o un engaño):
«Vendimos el TLCAN en Canadá y en México como un trampolín hacia el resto del mundo, como una posibilidad de servirse de los Estados Unidos para acceder a otros mercados mundiales».
De hecho, añade, estos dos países quedaron «atrapados» por el mercado americano. Las cifras son elocuentes:
«Aunque la tendencia está en la baja, los Estados Unidos representan todavía entre 75 a 80% de las exportaciones canadienses y mexicanas. Canadá es el primer proveedor de petróleo de USA; México, el segundo. Lo más asombroso, es que Canadá y México solo importan de los Estados Unidos 50% de sus importaciones totales, el resto viene cada vez más del exterior, de China por supuesto, pero no solo de ahí».
En otras palabras, ambos socios de los Estados Unidos permanecen encadenados en término de sus exportaciones pero cuentan cada vez menos con él para sus importaciones.
Christian Deblocq también pone el énfasis en una tendencia de fondo:
Desde los principios de 2000, las empresas americanas se alejaron de las Américas en provecho de Asia. En los años 80, procuraron crear cadenas de valores regionales, en América del Norte y Central. Pero esta construcción era frágil y estas cadenas se desplazaron hacia el continente asiático.
De tal manera que creemos que la vocación de México es ser la potencia regional de Centroamérica (ocho países, 27% de la población y 25% del PIB de América Latina en 2010). Sumando a Cuba y la República Dominicana representaría 31% de la población y 27.3% del PIB) sacando a la vez provecho de la fuerte rivalidad entre Brasil y Argentina y de lo mejor de dos mundos (anglosajón y latino). Esta reflexión coincide con el tratado de libre comercio celebrado a fines de 2011 entre México y las cinco principales economías de Centroamérica (Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua).
La Alianza del Pacífico –constituida el 5 de junio de 2012 por iniciativa de Colombia, México, Perú y Chile cuenta con 215 millones de habitantes, 40% del PIB de América Latina y 55% de las exportaciones de la región al resto del mundo– aspira a convertirse en el mecanismo de integración más dinámico de América Latina y en el principal motor económico de la región en su apertura hacia la cuenca de Asia Pacífico. Ver figura 1.
Si bien este joven bloque comercial es solamente el noveno en el mundo, representa una oportunidad muy grande para México de consolidar la internacionalización real de sus exportaciones y negocios globales, mucho más allá del TLCAN. Sólo para perspectiva, es un mercado de mucho menor escala que el Mercosur (en población y PIB) prácticamente duplica las exportaciones de esa región. Al integrarse por países que comparten muchos intereses económicos, es mucho más probable su éxito que en el asimétrico TLCAN.
Es interesante anotar que una de las primeras decisiones de la Alianza del Pacífico fue de abrir una oficina conjunta de los cuatro países en Turquía.
 
¡HAY QUE ACTUAR, Y RÁPIDO!
¿Será el mercado sudamericano sólo un mercado-nicho, un trampolín para mercados más importantes y sofisticados (USA, UE-27 o los mercados asiáticos) o bien un mercado prioritario? Tantas cuestiones a las cuales no pueden aportar respuestas sencillas. Una sola certeza sin embargo: ¡hay que actuar, y rápido!
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Artículo elaborado por miem-bros fundadores del foro México-IPADE WorldLink en exclusiva para la revista istmo. El Foro es una asociación de egresados del IPADE que promueve la investigación, reflexión y el desarrollo de oportunidades para la expansión internacional, en mercados no convencionales, para las empresas mexicanas.
 
 

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