No está en mí impedirlo

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Hace varios años creamos, en el norte del país, una empresa de artes gráficas digitales que, afortunadamente, ha prosperado gracias, sobre todo, a dos clientes en Estados Unidos para quienes maquilamos muchos trabajos. Sin embargo, parece que están creciendo más los jugadores que el sector, cada día competimos por la maquila con más empresas de India, Tailandia, China, Corea del Sur e incluso Argentina y Brasil.
Acabamos de recibir un trabajo que es todo un reto y que requiere muchas horas y una jugosa facturación, pero se trata de una serie de juegos con un contenido claramente violento y de discriminación hacia personas de diversos orígenes, provenientes de países pobres e ignorantes. Si rechazamos ese trabajo es muy probable que perdamos al cliente; además sé que si nosotros no lo hacemos, lo hará cualquier otro, no podemos impedirlo. ¿Qué puedo hacer?
 
LOS ASESORES SUGIEREN
1 Este dilema plantea disyuntivamente optar entre resultados de índole económica y material, y valores de orden superior que entrañan bienes intrínsecos, como lo son el respeto a la dignidad de la persona y evitar el fomento de la violencia.
La decisión que se tome sentará un precedente ante el mercado potencial de clientes y al interior de la propia organización, lo que en situaciones posteriores, en caso de acceder, puede implicar no saber cómo rehusarse a aceptar otros trabajos que comprometen esos mismos valores u otros incluso más importantes.

Tomás Viracocha

Consultor de ética empresarial



2. Si algo es objetivamente malo no puede hacerse. Ni con el fin de obtener algo bueno ni con la excusa de que si yo no lo hago otro lo hará. El mal moral no es algo exterior, sino que afecta al sujeto que lo realiza y lo transforma. Es aquello de que el que miente se convierte en mentiroso y el que roba, en ladrón. Ese deterioro es justamente el que tenemos obligación de evitar. Por esto, si el contenido de estos juegos es «claramente violento» y discriminatorio, y además induce a estas actitudes, creo que no debería participarse en ese proyecto.
Por otro lado, casi todos los juegos de mesa tienen contenidos de esa índole, pensemos por ejemplo en el ajedrez o en las damas. Hay piezas más valiosas que otras, y el juego consiste en acorralar y derrotar al enemigo y obligarlo a rendirse. Creo que debería intentarse una revisión de los contenidos objetivos de esos juegos y de la posibilidad de influir en ellos de alguna manera, poniendo algunos valores positivos o resaltando que «el que la hace, la paga», y que «el hacer el mal no produce dividendos», etcétera, que compensaran los otros efectos negativos.
Pero insisto, si el mal es claro y objetivo, y no hay manera de evitarlo o contrarrestarlo, lo mejor es evitar participar en esos proyectos. Pensemos por ejemplo, cómo vería que mis hijos o hermanos menores jugaran a esos juegos…

Armando Reygadas

Abogado especialista en ética de empresa

 

3 Estimado empresario, partes de una premisa de la cual ya estás convencido y «no podemos impedirlo». Ello plantea diversos escenarios.

Déjame ir un paso para atrás y luego volvemos a los escenarios. La operación que realizas en tus proyectos no es moralmente indistinta, me explico, tu empresa tiene ciertos valores (que aunque no sean explícitos) siempre están presentes. Las empresas son lo que los hábitos y valores de la Alta dirección tienen.
Los colaboradores de tu empresa saben lo que es importante para ti y para la Alta dirección, conocen los valores que son relevantes. Por ejemplo, si para ti es muy importante la no discriminación, lo has dicho y has actuado en este sentido, todos en la empresa se alinean a este valor. Si ahora aceptas este trabajo, se percibirá en seguida una incongruencia y sabrán que lo que has dicho no es tan importante como el dinero que obtendrás. Si no es un valor que hayas predicado el proyecto no tendrá tanto impacto en la cultura organizacional.
Mi sugerencia es: revisa si este proyecto va a favor o en contra de los valores que son importantes para la empresa. Si van en contra, rechaza el proyecto, pues habrá una afectación a la cultura laboral que te saldrá más caro en el futuro.
Si «no puedes evitar» aceptar este proyecto, mi recomendación sería tratar de disminuir los efectos nocivos de este producto en la medida de lo posible. Y un último apunte, el que tu conciencia te esté planteando este dilema indica algo de los valores que tienes y de lo que es importante para ti, y por tanto, para tu empresa.
 

Rodrigo Villaurrutia

Profesor de ética de la empresa

 

 
 
 

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