¿Convicciones responsables vs frío sentido común?

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Mi padre fue siempre muy insistente: «Jamás despidas a alguien que no lo merezca. Haz cuanto esté en tus manos para conservar el trabajo de tu gente pues gracias a ella existe nuestra empresa. Si es necesario no cobres tu sueldo, ellos sabrán agradecerlo».
Habíamos logrado mantener estable económicamente esta fábrica de autopartes por más de 30 años, pero ahora estamos en una situación muy complicada: baja generalizada en las ventas, presión aplastante de la competencia, un ambiente de trabajo complicado con presiones y exigencias, etcétera. Otras veces encontrábamos cómo salir de las malas rachas, sin embargo, este momento parece insostenible.
Asesores y amigos empresarios me apremian a implementar una reestructura que implica entre otras cosas un fuerte recorte de personal. Eso nos daría un respiro económico, mayor productividad y reducción de costos pero va contra la filosofía de mi padre que hace años hice también mía.
Hace tres años murió mi padre, estoy seguro que se negaría rotundamente a esta medida pero si no lo hago, la quiebra es muy factible. Me resulta un dilema ético que me quita la paz decidir si debo apegarme a esa filosofía de responsabilidad social con los empleados o aplicar un frío y eficiente criterio empresarial.
 
 
Los asesores sugieren
 
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El principio aducido debe cumplirse. Hay que hacer cuanto esté en tus manos para evitar despedir a tu gente. Incluso con algunos sacrificios propios y ajenos, es decir de los mismos trabajadores que en situaciones de emergencia o grave complicación se pueden implementar. Los romanos decían: Pacta sunt servanda (los pactos se han de cumplir) y esto es válido para ese tipo de compromisos no escritos o contratos privados que están presentes en el estilo o mística de una empresa.
Por eso, lo primero será revisar a fondo si en efecto se ha hecho ya todo lo humanamente posible para aliviar la crisis. Pero también hay que recordar que a ese principio general el mismo derecho añade otro: Clausula rebus sic stantibus, (Mientras las cosas permanezcan como están).

Armando Reygadas

Abogado especialista en Ética de empresa

 
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El recurso del despido de personal no es sólo legítimo, sino incluso conveniente o necesario, desde un punto de vista ético, cuando lo que está en juego es el bien común de la organización. Pero para ello es necesario que se cumplan ciertas condiciones, pues lamentablemente se suele abusar de esta medida, sobre todo por el importante impacto que suele tener en los costos la reducción de la nómina.
Entre lo que es preciso examinar antes de proceder a recortar personal está el análisis concienzudo de las demás opciones que la empresa pudiera tener para sortear la situación económica complicada. No es lícito recurrir al fácil expediente de despedir personas cuando existen otras opciones, entre ellas incluso la reducción de utilidades para los dueños o accionistas, pues además de constituir una falta grave desde el punto de vista de la justicia distributiva (aquí aplicaría aquello de que «más tiene el rico que empobrece que el pobre que enriquece»), suele ser una decisión que se revierte en contra de la empresa de muchas maneras: la afectación de la moral de quienes se salvan de esos despidos, la pérdida de talento y de los años invertidos en formar al personal recortado, etcétera.
En la época en que se puso de moda el downsizing (en algunos casos una expresión eufemística para referirse a despidos masivos injustificados), una gran lección que se llevaron las empresas que lo practicaron fue que después resultó más costoso para las mismas tener que recontratar o conseguir talento nuevo, para suplir al que ya tenían antes de haber procedido a esa medida.
 

Tomás Viracocha

Consultor de Ética empresarial

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Estimado empresario, el consejo de tu padre es de lo más relevante en nuestro tiempo. Las personas son la empresa, y deben ser el centro de todas las decisiones que se hagan. Sin embargo, «nadie está obligado a lo imposible». Es muy común confundir responsabilidad social con filantropía o beneficencia, pero el corazón de la responsabilidad social es: «la capacidad de la empresa para satisfacer integralmente los compromisos que derivan de su estrategia y operación».
Si para satisfacer esa operación es necesario tomar la difícil decisión de despedir personas hay que hacerlo para que la empresa subsista y se conserven la mayoría de los empleos. Las decisiones éticas no son siempre entre bien y mal, sino entre el bien mayor y el bien menor o el mal menor y el mal mayor. Hoy te toca decidir entre el menor de los males.
La confusión en nuestro tiempo es que muchas empresas toman la decisión del despido o la reingeniería como primera opción, sin pensar en el impacto en la vida de sus empleados. Si tú hiciste todo lo posible por no llegar al despido y es tu última opción, no es una decisión contraria a la ética. Como sugerencia para disminuir el golpe negativo en tus empleados, toma en cuenta a las personas que sería más difícil que las contraten en el mercado; sobre todo las mayores que lleven mucho tiempo en tu empresa. A quienes se queden, es importante comunicarles la razón de la difícil decisión y pedirles un compromiso renovado con la empresa. Tú deberás dar el ejemplo de esfuerzo y moderación en tus gastos.
 

Rodrigo Villaurrutia

Profesor de Ética de la empresa

 

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