Por un entorno sustentable y accesible

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La responsabilidad social nos obliga, al menos, a reconocer la diversidad humana y a respetar a la naturaleza que posibilita nuestra existencia. Apostar por un entorno sustentable y accesible a todos implica aceptar cambios en nuestro estilo de vida para regenerar los ecosistemas naturales y sociales y transitar a un modelo económico que rompa el mito de que el desarrollo sólo es posible con crecimiento.
Más allá de estridencias de la moda y trucos mercadológicos, merecer el título de sustentable supone aceptar cambios en nuestros estilos de vida al reconocer que no es posible continuar bajo la lógica hedonista del despilfarro y permanecer indiferentes a los evidentes síntomas de deterioro en nuestro, hasta hoy, único hogar y planeta.
También es cierto que aceptar la urgente necesidad de vivir de otra manera no nos libera de la incertidumbre y temor que todo cambio provoca. Algo muy humano, que en parte explica la resistencia con la que suelen topar las iniciativas sustentables; la inercia de arraigados usos y costumbres es una poderosa fuerza de oposición al cambio. Cambio que se percibe como amenaza a nuestra estabilidad y nivel de confort, razón por la que tal vez los jóvenes son más receptivos; empiezan a construir su propio patrimonio y estilo de confort y no perciben mayor amenaza en arriesgar lo que aún no tienen o no se consolida.
Cuando un ser querido enferma y su vida está en riesgo, sin vacilar empeñamos todos nuestros recursos materiales para salvarlo, pero si nuestro entorno agoniza y golpea nuestra salud, paradójicamente escatimamos esfuerzos en su rescate. Suena dramático; desafortunadamente lo es. No tengo nada en contra del bienestar, pero ¿qué significa vivir bien?, ¿tener bienes y dinero en una cuenta, o respirar todos los días aire limpio? ¿Por qué no ambos?
Manejo aquí el término sustentabilidad como sinónimo de sostenibilidad. La sustentabilidad, en sentido amplio, es el modelo con el que pretendemos garantizar la existencia del futuro frente a la amenaza del deterioro ambiental, económico y social.
Supone, entre otras cosas, reducir nuestros consumos energéticos, producir energía limpia, ahorrar en el consumo de agua y reutilizarla, elegir materiales renovables considerando su ciclo de vida completo, reducir la huella en la naturaleza de nuestras construcciones y mercancías, regenerar los ecosistemas naturales y los tejidos sociales y transitar a un modelo económico que rompa el mito de que el desarrollo sólo es posible con crecimiento.
 
CELEBRAR LA DIVERSIDAD
Al ser sustentables, ¿para quién estamos construyendo ese futuro? Corremos el riesgo de hacerlo sólo para algunos privilegiados o para los más aptos en una suerte de darwinismo social, más por omisión que con intención, pero al fin y al cabo con las mismas consecuencias de triste memoria histórica. De ahí que en el nuevo paradigma necesitamos vincular sustentabilidad con accesibilidad, como recurso para que ese futuro sea incluyente, equitativo y celebre la diversidad humana física y cultural.
El concepto accesibilidad remite por lo general a personas con alguna discapacidad y con frecuencia se malinterpreta; bien entendido se refiere simplemente a reconocer que todos somos diferentes y entre esas diferencias existe la discapacidad. La accesibilidad es para todos, con o sin discapacidad. Lo que conviene a un usuario en silla de ruedas para recorrer una calle es lo mismo que conviene a quien lleva una carriola con un bebé o a un adulto mayor; lo que sirve a personas de talla baja sirve también a un niño…
La accesibilidad obliga a terminar con nuestra cómoda fascinación por los estereotipos sociales e individuales. Subrayo cómoda porque es más fácil pensar en las personas a quienes ofrecemos servicios, mercancías o espacios habitables, como un abstracto físicamente uniforme, en el que sólo varía el dinero que tiene en el bolsillo (clase baja, media o alta), que como un amplio rango de características individuales.
El ejemplo es claro en los diseños de urbanistas y arquitectos. Cuando diseñamos espacios, suponemos que la sociedad que se desarrollará allí se estructura como «la familia feliz», de Utopía de Tomás Moro o pensamos en usuarios semejantes al Hombre de Vitrubio o al Modulor de Le Corbusier. Negamos los atributos y variables que no nos complacen como la proclividad a la violencia y olvidamos, entre otras, a las personas con discapacidad.
Persiste en nuestro entorno, el lamentable hecho de que la distancia entre nuestro cuerpo y el estereotipo de perfección, es la medida de nuestra exclusión. Si volvemos al ejemplo de la arquitectura, la distancia entre el estereotipo y un individuo en silla de ruedas es tan grande que le resulta imposible utilizar o siquiera entrar a gran parte de nuestras edificaciones, o recorrer calles y avenidas. La lógica basada en estereotipos no sólo excluye, también provoca insatisfacción con lo que somos y nos expone a patologías como los desórdenes alimenticios o la compulsión por cirugías cosméticas.
Podré matarme de hambre, pero si mi complexión es robusta nunca luciré como los modelos de pasarela. A mis alumnos universitarios les propongo como ejercicio pararse frente al espejo y reflexionar sobre el significado de lo que ven. Vive de manera diferente quien sólo ve una distancia frustrante con los modelos de perfección y belleza, que quien observa a un digno representante de la diversidad. No es una invitación al conformismo ni a descuidar la salud, simplemente es aceptarnos.
El reto de celebrar la diversidad no es menor considerando que somos muchos y que todos somos diferentes. En julio de 2011 la población mundial se estimaba en 6 mil 928 millones, 198 mil 253 personas (Demographics Profile 2011, ONU), y la tendencia es a seguir creciendo.
El dato de la población con discapacidad en el mundo varía según la fuente pero la información aceptada por la Organización Mundial de la Salud es que alrededor del 10% de la población mundial padece, en algún grado, una discapacidad. Afirma que, independientemente de la confiabilidad de los censos en cada país, este porcentaje se modifica muy poco entre uno y otro.
En México los censos de población nunca han arrojado una cifra mayor a 5%, sin embargo muchos especialistas lo adjudican a dos causas:
 
1. Por la metodología del censo. Las preguntas sobre discapacidad no son parte del cuestionario general, únicamente del ampliado.
2. Porque en muchas comunidades mexicanas aún existen prejuicios sobre la discapacidad y por ello se oculta.
Con una tendencia, insisto, al crecimiento; tema delicado que suele evitarse al hablar de responsabilidad social como si únicamente fuera asunto cualitativo e ignorando lo abrumadoramente cuantitativo.
 
BARRERAS FÍSICAS Y SOCIALES
Vaya paradoja: celebramos con entusiasmo la diversidad de ecosistemas y de especies y nos sentimos amenazados por la diversidad de la propia. Me solidarizo con las campañas y esfuerzos por salvar especies en peligro de extinción, pero sin olvidar que existen seres humanos también en peligro de extinción por exclusión.
Podrá sonar idealista o ambiciosa la pretensión de un modelo sustentable y accesible, pero la alternativa es aceptar sin más, que no estamos dispuestos a ello. La responsabilidad social nos debe obligar al menos a reconocer la diversidad humana y respetar a la naturaleza que posibilita nuestra existencia. Debiera romper la espiral perversa de: a mayor población, menor cantidad de recursos y mayor presión social que converge en violencia. Las preguntas deben ser ¿cómo cambiar y a qué costo? Porque todo cambio tiene un costo y no queda claro cuál estamos dispuestos a pagar. Propongo que al menos la equidad y la inclusión no sean moneda de cambio.
Cambio en nuestro estilo de vida que supere las contradicciones entre el discurso social y el comportamiento. Un ejemplo son las barreras sociales que dificultan la inclusión de las personas con discapacidad. Por un lado eliminamos las barreras físicas y aplaudimos la construcción de rampas en las aceras para que transiten los usuarios de sillas de ruedas, pero por otro, las obstruimos al estacionarnos u ocupamos los cajones exclusivos para ellos. Son tan lamentables las barreras físicas como las sociales o del comportamiento.
 
CUANDO LAS CONVICCIONES SON INSUFICIENTES: LEYES
Aunque debiéramos cambiar y ser responsables por conveniencia y convicción, existen compromisos y leyes que nos obligan. Desde marzo de 2007 la Asamblea General de la ONU aprobó la «Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad» y México fue uno de los primeros países en firmarla. El artículo noveno, dedicado a la accesibilidad, plantea que «a fin de que las personas con discapacidad puedan vivir en forma independiente y participar plenamente en todos los aspectos de la vida, los Estados Partes adoptarán medidas pertinentes para asegurar el acceso de las personas con discapacidad, en igualdad de condiciones con las demás, al entorno físico, el transporte, la información y las comunicaciones…».
A partir de este compromiso se han creado normas y leyes como la Norma Mexicana «NMX-R-050-SCFI-2006, Accesibilidad de las personas con discapacidad a espacios construidos de servicio al público. Especificaciones de seguridad», publicada en el Diario Oficial (9/I/2007) que define accesibilidad como la «combinación de elementos constructivos y operativos que permiten a cualquier persona con discapacidad entrar, desplazarse, salir, orientarse y comunicarse con un uso seguro, autónomo y cómodo en los espacios construidos, el mobiliario y equipo». Norma Mexicana (NMX) que a diferencia de las Normas Oficiales Mexicanas (NOM), no es de carácter obligatorio. La experiencia muestra su deficiente aplicación, comenzando por los inmuebles de las distintas instancias de gobierno.
Entre las pocas leyes que obligan a la accesibilidad en México figura la «Norma Técnica Complementaria para el proyecto arquitectónico» publicada en la Gaceta Oficial del Distrito Federal (8/II/2011), cuya aplicación se restringe a la Ciudad de México. En el ámbito nacional, el artículo 132 de la reciente reforma a la Ley Federal del Trabajo (Diario Oficial 30/XI/2012) establece como obligación de los patrones «contar, en los centros de trabajo que tengan más de 50 trabajadores, con instalaciones adecuadas para el acceso y desarrollo de actividades de las personas con discapacidad».
Un caso singular que representa el espíritu de vincular la sustentabilidad con la accesibilidad, es el de la «Norma Mexicana NMX-AA-164-SCFI-2013. Edificación sustentable –criterios y requerimientos ambientales mínimos» (Diario Oficial 4/IX/2013), que determina los parámetros de las edificaciones que se consideran sustentables. Ubica a la responsabilidad social a la par del manejo de agua y energía. En el punto 8.2.5.4.1, a la letra dice que «las edificaciones no deben tener barreras físicas que dificulten la accesibilidad a los usuarios, con particular énfasis en las personas con discapacidad y sectores de población vulnerables». En otras palabras, en México no se puede considerar a una edificación sustentable si no es accesible.
No insisto en materia de leyes pues por desgracia se aplican con laxitud. De mayor relevancia e impacto son los esfuerzos de muchas organizaciones civiles en materia de accesibilidad, y sustentabilidad que confían en que un mejor futuro sí es posible.
Concluyo citando a un alumno: «entonces la accesibilidad se trata de ponérsela más fácil a los que la tienen difícil» .
 
CASO DE ÉXITO: APROVECHAR A UN SECTOR OLVIDADO
Son múltiples los obstáculos que enfrentan las personas con discapacidad, para su inserción en el ámbito laboral; van desde el rechazo, hasta el desconocimiento del proceso para su contratación.
Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2012,1 6.6% de la población en México presenta dificultad (discapacidad) para realizar al menos una actividad, ya sea caminar, ver, escuchar, hablar o comunicarse, poner atención o aprender, entre otras.
Las empresas que integran a personas con discapacidad en su planta laboral, no sólo respetan y hacen valer el derecho al trabajo, también contribuyen a mantener la economía del país gracias al porcentaje de ciudadanos que, debido a su discapacidad, no producen lo que podrían.
 
¿CÓMO LOGRAR UN PROCESO INCLUSIVO?
COLABORE, consultora de la Universidad Panamericana, ofrece a las empresas varios servicios para que entre sus trabajadores figuren personas con discapacidad. Promueve la inclusión laboral en igualdad de condiciones, mediante un reclutamiento al que podría acceder cualquiera, con o sin discapacidad.
Su misión es que las organizaciones no tengan que desarrollar un puesto especial para personas con discapacidad, sino que abran sus puertas para que ocupen una posición gracias a sus conocimientos y experiencia.
COLABORE diagnostica a las empresas a través de un plan de acción con tres ejes:
•          Infraestructura. Conoce las instalaciones y dictamina si cuenta con la accesibilidad necesaria para personas con discapacidad motriz, auditiva o visual. Sobre sus observaciones sugiere mejoras.
•          Ambiente laboral. Analiza cómo se percibe en la empresa a las personas con discapacidad, pues en ocasiones el rechazo para contratarlos se debe al desconocimiento.
•          Análisis de puestos. Realiza un estudio de viabilidad en el que examina el organigrama, muestra algunos puestos en los que se puede contratar a personas con discapacidad y las agrupan con base en su padecimiento.
Al terminar con la fase de análisis, COLABORE trabaja un plan de sensibilización con actividades vivenciales como: una cena sin luz, talleres de pintura utilizando sólo la boca, entre otros. En el caso del área de Recursos Humanos de las empresas, COLABORE no sólo brinda un taller vivencial, sino también uno más técnico en el que aporta consejos para entrevistar a una persona con discapacidad, datos sobre legislaciones, beneficios fiscales, etcétera.
Ofrece también un servicio de bolsa de trabajo, que funciona como cualquier otra fuente de reclutamiento: informarse del perfil que requiere la empresa y buscar  posibles candidatos.
 
Referencias y notas al pie
Más información en www.up.edu.mx
1 http://www.inegi.org.mx/inegi/contenidos/espanol/prensa/Contenidos/estadisticas/2013/discapacidad0.pdf
 
 

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