El cine, la muerte y el sentido de trascendencia

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cine_yoelraquelYo, él y Raquel (Me & Earl & the Dying Girl)
Dirección: Alfonso Gómez-Rejón
País: Estados Unidos
Año: 2015
Producción: Fox Searchlight Pictures /
Indian Paintbrush
 
Una cosa es lo que descubrimos y entendemos sobre una persona después de su muerte y otra, lo que a partir de ese suceso descubrimos de nosotros mismos y la vida que llevamos.
Esto, a propósito del sentido de trascendencia, entendido no sólo como legado, sino desde el punto de vista shakesperiano, que sostiene que hay mucho más en la realidad objetiva de lo que usualmente pensamos. Se trata de una de las premisas principales de la cinta Yo, él y Raquel y el pretexto para que su director, Alfonso Gómez-Rejón (Argo, Babel), eligiera contarla.
Greg, el «yo» del título, interpretado por Thomas Mann, es un joven que está por terminar la preparatoria y ha sorteado sus últimos años tratando de mantenerse al margen de los dilemas sociales de las relaciones adolescentes. Se refugia siendo «políticamente correcto», a pesar de su agudo sentido crítico, y viendo y haciendo películas con Earl (RJ Cyler), a quien no llama amigo, sino compañero de trabajo (co-worker).
Como en la vida, esperamos que tambalee la vida de Greg, y aquí entra Raquel (Olivia Cooke), compañera de clase a la que acaban de diagnosticar leucemia y a quien Greg tendrá que frecuentar a petición de su madre.
Basada en la novela homónima y con un guion del mismo autor del texto literario (Jesse Andrews), la película, como a Greg, nos confronta ante la muerte y el sentido de eternidad o permanencia que existe en el interior de cada ser humano. No se trata del punto de vista del moribundo(a), sino de quien ha bloqueado toda confrontación con la vida, por miedo o por la ansiedad que le causa dejar de ser niño y convertirse en adulto.
El único espacio en el que Greg se manifiesta libremente es cuando realiza divertidas y absurdas películas; hasta que se enfrenta al reto de hacer una cinta para Raquel. Entonces deberá salir de su territorio y jugar con el arte cinematográfico para crear algo sublime y significativo que haga eco en la relación con su amiga. Termina creando un espacio de autorreconocimiento, exploración, y por supuesto, de transformación.
Cuando Greg se ve en alguien más, da constancia de haber madurado y ampliado su experiencia de vida, de comprender que es en los otros donde resuenan nuestros anhelos de pertenencia y trascendencia. En ese momento descubrimos que algo nos supera en experiencia y expectativa, donde sólo habitan los audaces que se atreven a ver más allá de sí, más allá de lo inevitable como la muerte. Una frase que concuerda con la historia, se lee en el dintel de la puerta de la oficina del maestro favorito de Greg: Life is for service (la vida es para servir).
Digna de un estilo y tradición de cintas que manejan audazmente la tragicomedia como Pequeña Miss Sunshine (2006) o 500 días con ella (2009), Yo, él y Raquel nos hace pasar de la risa al llanto con inteligentes y sofisticadas soluciones narrativas que van, desde un narrador activo, hasta la confección de atmósferas y escenarios que capta una cámara inquieta y elocuente.
Lejos del tono de las teen movies y la típica historia de adolescentes (romántica, cómica o irreverente), ésta atrapa por su personalidad, por lo genuino de sus diálogos, la viveza e inteligencia de sus personajes y lo auténtico de su cosmos narrativo. Con ello conquistó el corazón de la crítica y de la audiencia y ganó el Gran Jury Prize y el Audience Award, en la pasada edición del Festival de Cine de Sundance.
El cine traspasa los límites de espacio y tiempo; en esta obra, Gómez-Rejón tenía claro que deseaba permanecer en la memoria y aspirar a crear una experiencia transformadora.
 

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