Coco: diversos matices, un solo México

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Marisa Canales y Benjamín Juárez Echenique tienen más de 20 años de matrimonio. Ambos son músicos de profesión pero cada uno ha construido su propia trayectoria artística.
Marisa inició sus estudios de flauta en México y cursó la licenciatura en Philadelphia College of Performing Arts (hoy Universidad de las Artes). Más adelante realizó sus estudios de postgrado en Francia, en el Conservatorio de Versalles, donde obtuvo los primeros premios tanto en flauta como en música de cámara. Su perfil es peculiar, pues también es empresaria, fundó el sello discográfico Urtext Digital Classics, empresa mexicana que reúne el trabajo de distinguidos intérpretes y compositores del ámbito musical mexicano e internacional. De hecho recibió una nominación al Grammy Latino para mejor álbum clásico en la categoría de productora musical.
Benjamín es director de orquesta y académico con más de cuatro décadas de experiencia. En nuestro país ha dirigido orquestas como la Sinfónica del Estado de México o la Filarmónica de la Ciudad de México; también fue director general del Centro Nacional de las Artes (CENART). Su trabajo como director de orquesta se ha distinguido por explorar la música barroca mexicana que guardan las catedrales de Puebla y México, por medio de grabaciones y conciertos en toda la República Mexicana. Ha dirigido el repertorio sinfónico tradicional con orquestas en Estados Unidos, Europa y en China fue condecorado como el primer latinoamericano en dirigir una orquesta de dicho país.  De 2010 a 2015 fungió como dean en Boston University College of Fine Arts.
Marisa y Benjamín están convencidos de que la cultura mexicana y en específico su música poseen una riqueza inigualable que vale la pena impulsar. Esta manera de pensar hizo que Pixar acudiera a ellos como asesores culturales durante la realización de la película Coco. En entrevista para istmo, los músicos narran su primera experiencia cinematográfica.
 


«La identidad se crea de forma natural en la música»
Marisa Canales
Pixar se caracteriza por cuidar cada aspecto de sus películas. En tu experiencia, ¿cómo es el cuidado de los detalles para esta empresa?
Está en su ADN. Por ejemplo, en una de sus películas, aparece el estudio de alguien que tiene una gran colección de discos, más o menos mil, todos ordenados perfectamente. El animador les añadió un número de serie y los ordenó alfabéticamente. Ese tipo de obsesión por el detalle es lo que hace que, al ver la película, aunque la mirada sea fugaz, te percates de que existe una verdadera vocación y devoción por ir más allá de la excelencia.
En mi opinión esa es la misión del artista pues, si éste no aspira a la excelencia, su trabajo carece de sentido. Por ejemplo, yo no aspiraría a tocar una sonata de Beethoven de forma mediocre. Debo aspirar y asumir que el resultado de lo que haga será excelente. Si no la alcanzo es una pena para mí, pero mi aspiración no puede ser menor. En Pixar, esa aspiración por la excelencia siempre se logra.
En el caso de Coco puedo hablar de mis detalles favoritos:

  1. Cuando Miguel, el protagonista, se mete a una covacha y estudia las pisadas en la guitarra con un video de Ernesto de la Cruz, su gran héroe. Las pisadas en la guitarra y las notas son las correctas. En esa covacha está rodeado de veladoras, discos y fotografías de Ernesto de la Cruz; si has visto con atención la película, los retratos son perfectos, las veladoras también, hay una lata que tiene una etiqueta arrancada a la mitad y se ve perfectamente rota, pero se entiende que tenía jitomate. Ese tipo de cuidado de los detalles es conmovedor.
  2.  Otro momento absolutamente maravilloso es la primera vez que aparece el mundo de los muertos. Cuando Miguel admira el puente de cempasúchil y se topa con ese enorme paisaje de la ciudad del pasado (porque es de los muertos), pero al mismo tiempo es la ciudad más futurista de la película. Sólo si tomas conciencia del nivel de detalle, hay miles de cosas qué ver y en todas encuentras algo perfecto: los detalles de los barandales; las flores tienen tallos y hojas; las casas tienen sus ventanas y cortinas con alguien asomándose. Es un momento espectacular que quita el aliento.
  3. Por último algo que me parece increíblemente conmovedor, es cuando se ven los bordados del vestido de mamá Coco: es un bordado oaxaqueño tradicional perfecto, casi se puede tocar.

 
¿Qué te llamó la atención de la historia de Coco?
Es una historia entrañable que plasma las tradiciones que no cambiaron a pesar de la conquista, pues estaban tan arraigadas en la población que era más práctico permitir que permanecieran con ellas. La película retrata la esperanza de, al menos un día al año, poder reunirnos con nuestros antepasados y recordar los momentos que compartimos. Si no los conocimos en vida, tener la oportunidad de descubrir las historias con las que crecimos, porque a nuestros antepasados sólo los conocemos por referencias o a través de fotografías. Es, de cualquier modo, reconectarte con tu árbol genealógico, con esas raíces que se alejan en el tiempo, pero que continúan conectadas en tu memoria familiar.
 
¿Cómo se gestó la trama?
El director de cine Lee Unkrich quería una historia con la que todo el mundo pudiera conectarse. Tenemos un héroe que se enfrenta a su familia para poder cumplir su sueño, y que, al final del día prefiere abandonar sus anhelos para permanecer al lado de los suyos. En esencia la historia trata sobre la familia, es accidental que suceda en México, pero es una coincidencia maravillosa.
 
¿Cómo es trabajar con Lee Unkrich?
Es una persona muy simpática y sencilla. Se sienta contigo a comer un sándwich con la misma naturalidad con la que va a un gran restaurante a tomar un vino costoso, porque se lo puede permitir, pero es alguien como cualquiera. Es empático, eficiente, sabe ser líder, pero al mismo tiempo es parte del grupo que está trabajando por lo mismo que todos.
 
¿Cuál es la riqueza del México que retrata Coco y cuál fue tu compromiso como asesor cultural de la película?
El México de Coco es el de las tradiciones. El México cuyo valor central es la familia. Éste es uno de los valores más importantes en nuestro país, también retrata al mexicano trabajador. Yo estoy 100% convencida de que el mexicano es increíblemente trabajador, su dedicación, compromiso y devoción por el trabajo me resultan más que evidentes, sobre todo desde que vivo en el extranjero. Lo veo en mexicanos que trabajan fuera del país, porque lo hacen con más ahínco y por menos dinero y con más lealtad que cualquiera.
Otra cosa importante es el amor por la celebración de nuestros valores, de nuestras tradiciones; el amor familiar es algo también muy mexicano. Si se pudiera señalar algo típicamente mexicano, es nuestro amor por la fiesta y nuestra manera de saber celebrar casi cualquier acontecimiento de la vida e incluso la muerte, porque lo que celebras el Día de Muertos es la muerte y es la vida.
Nuestro compromiso como asesores fue simplemente hablar con la verdad, exactamente como lo hemos vivido a lo largo de los años y no permitir que se desviara, por ningún motivo, la línea que describe con veracidad y autenticidad lo que para nosotros son las tradiciones mexicanas.
 
¿Cuál es el papel de la música en la construcción de identidad?
A treinta años de la llegada de los españoles a nuestro país, ya había indígenas que podían escribir polifonía europea. Sin embargo, había algo que diferenciaba la música que se hacía en Europa de la que se componía aquí, aunque se siguieran las mismas reglas. Ese «algo» es la identidad; esa pequeña diferencia en el ritmo y en el manejo de la melodía es lo que la hace mexicana.
La música tiene un gran componente emocional y con toda seguridad cada uno de nosotros recuerda qué canción o qué cantante escuchaba en algún periodo concreto de su vida y, al escucharlos nuevamente, evoca esa etapa. Esto aplica para todas las épocas y todos los géneros musicales. Se comienza a gestar una música nuestra y es lo que llamaríamos la banda sonora de nuestras vidas; es lo que te regresa a tu lugar de origen, a las personas cercanas, a tu familia, a los recuerdos personales…
Por otro lado, basta con que vayas una tarde a cualquier lugar a tomarte una cerveza y alguien comience a cantar El rey. Sin duda, todo el restaurante cantará. Si eso sucede aquí, imagina cómo se escucha y percibe si vives en Boston, vas a un restaurante y alguien comienza a tocar música mexicana. Instantáneamente te percatas si hay mexicanos ahí, porque todos cantan al unísono.
La identidad, entonces, se crea de forma natural en la música, porque es capaz de conectarnos con nuestras emociones.
 
¿Crees que la globalización afecta a la cultura mexicana?
Es imposible pensar que no exista una polinización cruzada entre todas las culturas del mundo. Creo que por más mexicanos que queramos ser, todos los días y a todas horas tenemos una gran cantidad de influencias. Por más que quisiéramos mantenernos «puros», no lo lograríamos, pero si hubiera algo estrictamente mexicano diría que, en la música, es el manejo de los ritmos, y en las artes visuales, el manejo del color.
 
¿Por qué los mexicanos actuales nos seguimos identificando con personajes iconos de nuestro país? Pensemos en Frida Kahlo, Diego Rivera, Sor Juana, Octavio Paz…
Porque son ejemplos de la excelencia a la que aspiramos, de nuestro grupo, de nuestra identidad nacional, personas que sí consiguieron llegar a altos niveles. Son ejemplos que, a pesar de llegar a ser internacionales, siguen teniendo un componente de lo que nosotros identificamos como mexicano. Saber que a través de esos iconos te conectas como individuo con tu identidad nacional, a una universalidad de excelencia, es algo increíblemente satisfactorio. Es exactamente el mismo sentimiento que tiene un fanático del fútbol cuando el Chicharito mete un gol: siente que en el fondo la hazaña fue suya. Es esa misma sensación de orgullo. Es alguien que tiene que ver conmigo, que es mi compatriota y yo me identifico con él.
 


«En la música sí ganamos medallas de oro»
Benjamín Juárez Echenique
¿Cuál es la riqueza del México que se retrata en la película Coco y cuál fue tu compromiso como asesor cultural?
Considero que el éxito de Coco es precisamente que representa los distintos Méxicos: el progresista, el dinámico, el fiestero, el que vive los extremos de pobreza como en la ciudad de Los olvidados, pero una parte muy interesante y que poca gente ha subrayado es que en Coco también aparece ese México donde surgen mujeres líderes que saben llevar solas el negocio pues los hombres no están, quizá se fueron a trabajar del otro lado del río Bravo. Un México donde nacen muchas identidades y donde hay gente que tiene un amor por el trabajo y por la calidad haciendo zapatos, o un amor por la música y quiere triunfar a través de la excelencia… refleja el México plural en el que vivimos y el México que anhelamos ser.
Nuestro compromiso como asesores culturales era observar con atención que ningún detalle se convirtiera en ese tipo de visión homogenizada que tenemos del otro. Por ejemplo, cuando vemos una película de pingüinos, no sabemos cuál pertenece a qué familia, pero una mamá pingüino nunca confundirá a su hijo con el de otra. De la misma manera, desde fuera puede verse a «los mexicanos» con ciertas etiquetas o prejuicios, volviéndolos una caricatura que dista de la realidad. Sin embargo los mexicanos comprendemos lo que es «ser mexicano».
Pixar buscaba algo muy respetuoso, y para conseguirlo debían quitarse esas etiquetas y observar a cada uno como individuo.
 
Dada tu formación artística, ¿dirías que la música impulsa la construcción de identidad personal y para una nación?
Decía San Agustín que el que reza cantando, reza dos veces, porque al hacerlo evoca otro tipo de emoción. La música nos acompaña en los momentos más emotivos de nuestra vida, por ello se arraiga en nuestra memoria. También la empleamos para componer himnos que nos ayudan a tener una identidad nacional, la usamos en la iglesia para rezar. La música nos ayuda también a recordar nuestra tierra, a arrullar a nuestros bebés y es esencial en nuestra identidad.
Nuestro cerebro posee miles de conexiones, parece que está hecho para hacernos animales musicales, no solamente racionales. Esto se retrata muy buen en la película Coco. Los estudiosos del Alzheimer y los científicos de la neurociencia han observado que en ocasiones la gente que ha tenido esa enfermedad o problemas vasculares, pueden olvidar hablar pero recuerdan una melodía y hasta la letra de una canción. Considero que, si la memoria es la identidad, en el centro de esa memoria está la música.
 
¿Identidad y nacionalismo son sinónimos?
Desde luego existe una relación pero hay que recordar que «nacionalismo» es un concepto nuevo. Las naciones y las fronteras cambian. Por ejemplo, Italia no existió como nación hasta finales del siglo XIX. Antes no había sino distintos reinos y los territorios papales gobernados desde el Vaticano; una parte fue austriaca, después española, después de los Borbones… Italia como país nace en la época de Verdi. Lo mismo la idea de España como nación, no como reinos, era distinta.
En Grecia hablamos de las Ciudades Estado, no de la idea de Grecia como país. Lo mismo sucede en Alemania. Parte de la política nazi era un nacionalismo que se oponía a los demás y que vociferaba sobre la imposición de una supremacía.
De tal modo que, para que exista nacionalismo, se presupone una unidad y una identidad comunes. Los teóricos hablan de tres partes: autonomía, identidad y definición del territorio de la nación, pero la identidad es únicamente una parte de la idea de nación.
Cuando hablamos con un amigo en Estados Unidos, nadie nos dice «soy latino» o «soy hispano», responden «soy colombiano» o «soy mexicano», etcétera; muchas veces la idea de identidad es aún más específica al decir «soy poblano» o «soy chilango» porque tenemos un sentido de identidad que parte de la familia, de nuestra ciudad, de nuestra comunidad… aún más específica que la identidad de la nación, que siempre será parte de un discurso político.
 
¿El arte nos permite descubrir quiénes somos, a qué pertenecemos y cómo nos diferenciamos de los otros?
El arte no nos proporciona todas las respuestas, pero sí nos sugiere muchas preguntas importantes. Las preguntas fundamentales que plantea el artista, tratan sobre quiénes somos y a dónde vamos. Su obra es una especie de espejo y reflexión donde contemplamos nuestra realidad, nuestros sueños y un poco de nuestra historia. Vemos en qué creemos.
De diversas maneras, el arte está comprometido con su tiempo. En el caso del arte mexicano lo observamos como un péndulo que enfatiza ahora lo mexicano, ahora lo foráneo, pero siempre va reflexionando en ese vaivén sobre cómo nos sentimos los mexicanos en distintos momentos de nuestra historia, cómo necesitamos tener una identidad conjunta que nos diferencie; sobre todo teniendo cerca a los Estados Unidos, una potencia no solamente económica, sino cultural que plantea de muchas formas a niños y jóvenes, productos a los cuales ellos quieran adherirse y consumir, porque les enseña a estar siempre insatisfechos.
El arte, en cambio, nos habla de cosas que permanecen; es un espejo en el cual podemos estar satisfechos con la forma en que nos percibimos, para no tener que buscar la satisfacción en objetos materiales, sino en esa amalgama de obras maestras que nos representan, sean las pinturas de Frida Kahlo, los murales de Diego Rivera o las obras de arte contemporáneo de artistas como Gabriel Orozco que realiza fotografías y videos que hablan, de otra forma, de lo que somos.
 
¿Cómo se retrata la riqueza de la cultura mexicana en la música?
El arte no puede abarcarlo todo, por ejemplo, la música nos señala aspectos específicos que vivió el compositor o que éste desea reflejar.
En el gran repertorio de obras maestras mexicanas, observamos distintos momentos y épocas de nuestra identidad. En el periodo novohispano, parecía que debíamos pertenecer al imperio español, aunque muchos compositores mexicanos tenían la misma calidad o eran superiores a compositores peninsulares, que trabajaban en la corte de Madrid.
En otros momentos –ya con el Nacionalismo– aparecen Revueltas, Chávez, Blas Galindo, que proponen hablar de un México embebido en el movimiento revolucionario. Revueltas retrata lo urbano de la Ciudad de México, no todo con sonrisas, también con drama, tristeza de las promesas no cumplidas de la Revolución, la frustración del artista que no logra recibir los apoyos que merece…
Por otro lado, los compositores contemporáneos expresan toda la interacción de la cultura tradicional y ancestral de México con las culturas internacionales. De esa manera, contamos con un verdadero abanico de obras maestras que nos hablan de un México con gran riqueza, precisamente porque tiene muchas conexiones con distintos lugares de la geografía mexicana, pero también con tradiciones y escuelas europeas, americanas y prácticamente de todo el mundo. Hoy en día existen músicos mexicanos impartiendo clases en las principales universidades de Estados Unidos, pero también en Australia o en Europa. Podemos asegurar que estamos viendo una época de oro de la cultura mexicana porque, a diferencia del futbol, aquí sí ganamos medallas de oro.

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