Cualquier crisis es una oportunidad perfecta para innovar desde la reflexión: entender aquello que necesita reformularse. Nos hace más conscientes y ayuda a priorizar nuestras necesidades, repensarnos como personas y comunidades. De la crisis mundial ocasionada por el COVID-19, lo mejor que podría pasarnos es diseñar un nuevo mundo para habitar.

¿Qué cambios atravesarán los mexicanos durante esta época? Aquí proponemos seis tendencias que ya venían sucediendo, pero que, a partir esta crisis, cobrarán una nueva dimensión. Tomarlas en cuenta nos permitirán conceptualizar ese mejor futuro.

1. De una vida estancada a una vida arraigada. Con anterioridad al COVID, como individuos estábamos inmersos en una cultura del «No perdernos nada» (FOMO: Fear Of Missing Out). En estos meses de pausa no sucederá mucho y la vida líquida que vivíamos corre el riesgo de estancarse. Del estancamiento surgen problemas y enfermedades. Es factible pensar que nuestra salud emocional es lo que se verá más afectado; sin embargo, la solución ante la posible paralización que viviremos es encontrar lugares donde echar raíces, de modo que nuestras familias, sociedades y grupos se solidifiquen. Tendremos que repensar cómo construir arraigo en vez de liquidez.

2. No más colectividad simbólica. Hoy experimentamos un gran deseo por ayudar, demostramos preocupación por las causas sociales y nos interesa participar en iniciativas de apoyo comunitario. Sin embargo, ese apoyo hasta hoy es más simbólico que real. Si bien ese fuego interno nos brinda esperanza, no es necesario para cambiar lo que nos parece injusto. Un nuevo mundo puede surgir de pasar de la intención a la acción, porque si algo es cierto, es que no estaremos libres de este problema hasta que todos estemos completamente sanos.

3. Pugna por lo simple. Anteriormente el marketing hablaba de crear diferenciación y notoriedad, pero en un mundo saturado de creatividad, de imágenes y de soluciones, y con una procuración por el ahorro, las reglas han cambiado. La vieja premisa de «menos es más» se ha transformado en «menos es todo». Ese «menos» debemos entenderlo hoy como ofrecer lo básico, fundamental y necesario.

 

Algo es cierto: no estaremos
libres de este problema
hasta que todos estemos
completamente sanos.

 

4. Experiencias emocionales. Nuestra forma de consumir contenido, de inspirarnos, de motivarnos estaba ya muy dada por lo experiencial. Se dice que hoy el marketing se enfoca en crear experiencias, y eso es cierto. Sin embargo, hoy las experiencias tienen que fortalecer las emociones, porque no se trata solo de entretenernos y divertirnos, sino de acomodar en nuestro ser todo lo negativo que estamos viviendo. Hacerlo a un lado, como sucede con los problemas, no los hace desaparecer. Deberemos, sí, encontrar emociones positivas, pero también integrar toda la ansiedad, enojo y frustración que vivimos. Recordemos que las revoluciones no se han hecho desde la paz, sino desde el malestar, el enojo y la desesperación. Usemos toda esa energía para bien.

5. El silencio como valor central. Las ciudades son ambientes ruidosos por naturaleza, no hay cómo pararlas, más que estando en un espacio confinado. ¿Qué sucede entonces ahora que estamos en casa? El silencio comienza a adquirir de nuevo valor en nuestras vidas. Algo que lo hace todavía más valioso en estos tiempos es que el silencio nos permite alejarnos de la incertidumbre, de todo ese ruido de las redes sociales, de las noticias falsas, de los comentarios que siembran temor en nosotros. Una gran pregunta para responder en estos es cómo silenciar todo aquello que nos resta enfoque. Al final, productividad y satisfacción se verán necesitadas de espacios de silencio.

6. Lugares que aporten. Ya no se trata de adaptarnos a los ambientes, sino que los ambientes se adapten a nosotros. ¿Cómo podemos crear espacios que sean personalizables? ¿Cómo hacer que un mismo espacio se transforme dependiendo necesidades cambiantes?

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