SEGUIMOS SIENDO vecinos

Para las empresas que componen la
American Chamber of Commerce, sigue
siendo tiempo de afianzar la sociedad
comercial y productiva entre México
y Estados Unidos, así como de
compartir las mejores prácticas en
Responsabilidad Social.

 

La American Chamber of Commerce se fundó el mismo año que la Constitución Mexicana, en 1917. Es una de las cámaras más antiguas del país y hoy representa a más de 1,500 empresas, tanto estadounidenses como mexicanas. Se estima que de estos socios emanan unos 10 millones de empleos en México. Si su propósito es generar un mejor entorno de negocios para que pueda existir mayor inversión y comercio entre ambos países, hoy la AmCham vive un periodo que pareciera complicado.

El entorno político no parece ser el más favorable a las relaciones comerciales ni políticas en América del Norte, por lo menos en el discurso. Sin embargo, aún hoy México es el principal socio de Estados Unidos, y esto mantiene el optimismo en Pedro Casas Alatriste, vicepresidente ejecutivo y director general de la AmCham. El directivo confía en que el reciente intento de cambiar la estructura productiva del continente por parte del gobierno estadounidense encuentre finalmente su cauce benéfico para ambas partes.

Entretanto, las empresas de AmCham se dan tiempo para compartir sus proyectos de Responsabilidad Social, en busca de las mejores prácticas, en beneficio de ambas sociedades. En charla con Ana Cristina Dahik Loor durante el podcast de Impact Lab, Casas Alatriste comparte su optimismo y voluntad de seguir construyendo en una relación binacional que no va a terminar.

Este es un momento de la relación bilateral especialmente delicado y relevante entre los dos países, no solo a nivel político, sino también por todo el contexto geopolítico global. ¿Cómo describirías que es en este momento la relación entre México y Estados Unidos, específicamente para el sector empresarial?

Hay dos formas de responder esta pregunta. La primera sería dar un paso atrás y no ahogarnos en la coyuntura de hoy, con protestas, tarifas, incertidumbre, etcétera. Si damos ese paso atrás, la relación en lo económico y para las empresas está mejor que nunca. Desde hace 30 años, ambos países, junto con Canadá, apostaron por la integración regional, firmaron un acuerdo comercial que fue en ese momento único en su especie con dos economías desarrolladas y una en vías de desarrollo, una gran promesa para México con el TLCAN.

Hace ocho años, con la primera llegada de Donald Trump y a pesar de que la retórica mostraba algo distinto, se renueva la apuesta por la integración de América del Norte, combinado con una guerra comercial por parte de Estados Unidos con China. Ocho años después, ¿dónde estamos? Hoy somos México y Estados Unidos, respecto del otro, el socio comercial número uno. La relación que tenemos dejó de ser puramente comercial, en el sentido de compra y venta de productos. Se ha transformado en un sistema de coproducción, es decir, somos una economía ya integrada, que coproduce bienes y servicios. Algo que se menciona mucho es el tema de los motores de coches, por ejemplo, que cruzan la frontera siete u ocho veces antes de ser un producto terminado. Esto lo podríamos ver hasta en lugares donde difícilmente nos lo imaginaríamos. De hecho, me enteré hace poco que, si vas a un restaurante en Estados Unidos o en México y consumes una carne que dice US prime, que es un gran orgullo americano, es carne que se produce en México. De modo que va desde las carnes hasta las bayas, los automóviles o los microprocesadores, en donde van y vienen bienes intermedios a través de nuestras fronteras múltiples veces.

Cuando nos damos cuenta de que somos parte de un sistema de coproducción, las empresas mexicanas y americanas invertidas en México están en un espacio en donde, a pesar de la coyuntura, la apuesta lógica es seguir invirtiendo en la integración entre ambos países. Seguir produciendo aquí, con producción allá, generando empleos en ambos lados de la frontera.

¿Qué vemos en la coyuntura del momento? Que hay un presidente en Estados Unidos que está apostando por una reconfiguración mucho más agresiva de las cadenas globales de valor, principalmente a la reindustrialización de Estados Unidos, lo que está generando que se aísle o desvincule de muchos otros países, principalmente de China y los países del sudeste asiático. Esto, a pesar de que parezca contraintuitivo, si Estados Unidos quiere seguir siendo una potencia global y económica, necesita de México y Canadá por distintos factores: energía, capital humano, acceso a recursos naturales estratégicos e infraestructura, entre muchas otras cosas.

A pesar de que estamos en un momento de relativa tensión entre ambos países, me atrevería a decir que en el mediano y largo plazo, México y Estados Unidos, económicamente, estarán mejor que nunca.

Parece que, a pesar de la retórica, al final del día a Estados Unidos le conviene la lógica del bloque de América del Norte. Lo que va a buscar es ese decoupling de China, que podría favorecer a México…

Sí, y un comentario al margen. Seguramente en IPADE, en los últimos meses, habrán hablado mucho del nearshoring. Si bien es un fenómeno que ha pasado desde los noventa, con altas y bajas a lo largo del tiempo, en los últimos dos años ese nearshoring se debió al decoupling de China, que en los últimos seis años ha perdido cerca de ocho puntos porcentuales en su participación de mercado en las exportaciones a Estados Unidos. Es mucho. Cuando vemos a dónde se fueron esas exportaciones, no quiere decir que Estados Unidos simplemente dejó de importar, sino que incrementó en otros países la participación de mercado, y México fue el mayor ganador, con dos puntos porcentuales de esos ocho.

Ojalá pudiéramos y apostáramos a ganar más que eso, pero solo con ese 2 % se generó un fenómeno durante un par de años, donde todos en México hablaban de una gran oportunidad económica. En algún momento podríamos hablar…

La relación que tenemos dejó de ser
puramente comercial; se ha transformado
en un sistema de coproducción.

de si se desperdició o no, pero pudiera ser que llegue otra en unos meses.

Ustedes hacen un papel de puente entre el sector público y el privado, al atraer inversión. ¿Podrías platicarnos de algunas iniciativas al respecto?

Para la parte de atracción de inversión contamos con un área, el Trade and Investment Center, un espacio donde tenemos muchas bases de datos. En caso de que algún socio de AmCham o alguien externo nos tocara a la puerta diciendo que quiere invertir en México, pero necesita proveeduría, un site selection para ver si establece su planta en Aguascalientes o en otro estado, nosotros, a través de nuestra base de datos, nuestros socios y la inteligencia que podemos generar, dirigimos a empresas con potenciales compradores, proveedores o lugares donde se puedan conectar.

Puedo decir que el incremento de inversiones que hemos tenido en los últimos dos o tres años ha sido significativo. Es un crecimiento de más de 10 veces en el número de solicitudes y apoyos que hemos dado a las empresas. En lo que va del año hemos tenido algo más de 400 solicitudes y esperamos terminar el año con más de 800 solicitudes de empresas buscando proveeduría.

Por otro lado está el campo de política pública y regulaciones, del cual hemos sido parte de manera constante. Particularmente para el actual gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum, desde el periodo de campaña publicamos un documento: Ruta 2024-2030, y les preguntamos a nuestras empresas cuál era el México que necesitaban en cuanto a regulación, estructura fiscal, políticas públicas y operación de instituciones gubernamentales para que pudieran seguir creciendo, invirtiendo y generando empleo.

Resultó un documento de 100 cuartillas de recomendaciones que redujimos ejecutivamente a 10. Durante el periodo de campaña fuimos tanto con Claudia Sheinbaum como con Xóchitl Gálvez y el resto de los candidatos a presentar las recomendaciones, a las mesas de trabajo con cada uno de los líderes de los diálogos por la transformación, para entregarles las recomendaciones y que pudieran incorporarlas a sus plataformas. De hecho, vemos coincidencias entre muchas de las cosas que nosotros estuvimos sugiriendo por meses y lo que hoy es el Plan México.

Estuvimos viendo incentivos a industrias estratégicas, fomento a ciertos polos de desarrollo, incrementar nuestra capacidad energética, entre otras cosas. Al tener tantas empresas en AmCham, contamos con 30 comités de trabajo, donde cubrimos absolutamente todos los temas: seguridad, salud, energía, asuntos laborales, asuntos fiscales, comercio exterior, etcétera. En cada uno de ellos hay recomendaciones específicas para cada industria y sector, junto con el gobierno.

En esta relación que tiene AmCham con el sector público y con el privado, ¿cuáles piensan que son los retos que percibe la empresa, sea mexicana o estadounidense, en la cadena de valor de la frontera norte? ¿Qué les preocupa?

Varía en diferentes niveles, en distintas industrias y tamaños de empresas, pero si tuviera que escoger serían cuatro factores que nosotros llamamos «habilitadores de la inversión», si son manejados de la forma correcta. Si no se manejan bien pueden convertirse muy rápidamente en barreras para la inversión. Los menciono sin ningún orden en particular.

Uno sería el tema energético. Hoy tenemos en construcción la planta de Foxconn en Guadalajara, empresa que estará generando los semiconductores para los chips de Nvidia. Esa planta no puede operar porque no hay energía disponible, lo que se replica en muchos otros sectores del país. Nuestra capacidad de generación eléctrica está al tope. Por ejemplo, en el verano probablemente comenzaremos a ver cortes de luz en distintos lugares del país porque habrá gente que prenda sus aires acondicionados. Esto es un gran riesgo para la productividad en México. No podemos seguir atrayendo inversiones y creciendo si no contamos con la energía para que esas plantas puedan producir. Tenemos que generar más energía, diversificar nuestras fuentes y buscar tener una matriz energética mucho más limpia; hay que mejorar la transmisión y la distribución de nuestra red.

Un segundo punto comprende tanto la seguridad como el Estado de Derecho. Es un tema muy amplio. Hemos hecho varios estudios tratando de medir el impacto de la inseguridad en nuestras empresas y nos damos cuenta de que cerca del 40 % de las que encuestamos invierten entre el 4 y el 10 % de sus presupuestos en este tema. Esto lo llamamos un impuesto adicional a la competitividad de México. Imagina que pudieras dar un margen de 4 a 10 % adicional a las empresas, quitarles ese gasto, que el Estado pudiera asumir esa responsabilidad, que es suya, y dárselos para que puedan invertir en investigación, desarrollo y sustentabilidad.

Estado de Derecho implica muchas cosas, desde regulaciones, permisos y lentitud burocrática para generar trámites. Vemos en el Plan México que hay una iniciativa fuerte por parte de Claudia Sheinbaum para generar la Agencia de Transformación Digital que recorte a la mitad el número de procesos. Ojalá se logre.

En este rubro entra la recién aprobada reforma judicial, la votación y la certidumbre —o no— que da a las empresas, las complicaciones que esto genera, porque muchos van a tener que irse a paneles y arbitrajes internacionales. Complica las cosas.

Si no se manejan
bien los
habilitadores de la
inversión, pueden
convertirse muy
rápidamente en
barreras para la
inversión.

En este segundo punto, participantes de IPADE me comentan que en cualquier contrato que están firmando, en cualquier documento legal, ya no se prevé ir a tribunales; ya es arbitraje privado, conciliaciones, juntas internacionales. Es decir, ya es notorio cómo el empresariado no va a confiar en el sistema judicial mexicano.

Habrá que ver cómo sigue evolucionando, pero sí, eso es lo que está pasando. Es una lástima.

En un tercer punto diría que todo lo que toca al sistema de infraestructura. Tenemos años en los que hemos descuidado muchos aspectos como carreteras, puertos, aeropuertos y la infraestructura transfronteriza. El comercio entre México y Estados Unidos ha crecido en el orden de tres dígitos porcentuales en las dos últimas décadas y, sin embargo, nuestra infraestructura no ha crecido ni en 15 %. Si nos imaginamos la infraestructura fronteriza como las arterias por donde están pasando todos los bienes, estos han incrementado su número, pero las arterias siguen del mismo tamaño. Obviamente esto genera congestiones y presiones. Si a esto le sumamos temas de seguridad, se vuelve aún más complejo. Es claro que hay que invertir mucho en nuestra infraestructura.

Lo mismo en la infraestructura crítica: tenemos que hacer un despliegue importante de fibra óptica en el Sur-Sureste, que los ductos de gas natural puedan llegar para llenar de energía esa zona del país y generar más oportunidades.

El cuarto y último punto tiene que ver con el capital humano. Esto es interesante porque tiene un efecto distinto en Estados Unidos y en México. Allá, la mano de obra, la fuerza laboral, está disminuyendo significativamente año con año, por una simple regla aritmética: los baby boomers y la generación X se están retirando de la fuerza laboral, siendo ambas, en su conjunto, las generaciones más grandes en la historia de Estados Unidos. Están siendo sustituidos por la generación Z, que es, a su vez, la más pequeña en la historia de ese país. Esto significa que, si sustituyes un número grande de la población por uno muy pequeño, se provoca un déficit de medio millón de personas al año. Se está contrayendo la fuerza laboral.

En Estados Unidos vemos un fenómeno donde existen cerca de dos vacantes laborales por cada persona que está buscando empleo. Lo que esto genera es que, si tú hoy en día, por arte de magia, pudieras darle empleo al 100 % de la gente en Estados Unidos, todavía habría cientos de miles de vacantes laborales abiertas. Es un punto a considerar cuando se habla de una política de reindustrialización, de «traer a casa» los empleos que fueron robados. Es decir, el concepto no aplica, porque literalmente no hay gente en Estados Unidos para cubrir esas vacantes.

Se hizo una encuesta en Estados Unidos en la que se preguntaba: ¿crees que el país debería reindustrializarse? Un 80 % respondía que sí. La siguiente pregunta era: ¿tomarías un trabajo de manufactura en alguna industria? Solo el 20 % respondía afirmativamente. La idea de la reindustrialización resulta muy romántica, lleva a pensar en un pasado glorioso de oportunidades y familia, pero la fuerza laboral norteamericana no respondería.

En México tenemos un problema distinto con la mano de obra. Nosotros estamos incorporando a cerca de dos millones de jóvenes al año. Así es como está creciendo nuestra fuerza laboral. A mí me toca hablar con muchas empresas y les pregunto qué les preocupa; la respuesta es que no encuentran gente.

El problema aquí es capacitar a esa mano de obra en las necesidades que tiene la industria mexicana. Esto significa que necesitamos contar con muchos más ingenieros egresados de las carreras STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas). Tenemos que apoyar fuertemente para que más mujeres puedan entrar a trabajar en estas industrias donde hay oportunidades.

Además, tenemos que repensar la manera en la que estamos educando y preparando a nuestra gente. Esto puede verse desde el punto de vista del enfoque en la manufactura técnica, pero también en los espacios de liderazgo, ejecutivos y directivos, donde hay habilidades que han cambiado a lo largo del tiempo. Las empresas buscan perfiles mucho más resilientes, con capacidad de adaptación, que tengan una educación constante, que puedan entender nuevas…

Veo un sector
privado mucho más
proactivo, con una
mayor conciencia
social, vinculado
ya a métricas,
resultados y
políticas con
impacto real.

dinámicas tecnológicas; que sean buenos puentes entre generaciones, porque caer en estereotipos y generalidades no ayuda en nada.

Esto resuena mucho con el tipo de conversaciones que tenemos en el Centro de Investigación en Responsabilidad Social (CIRES) de IPADE. De los millones que en México egresan de las carreras de ingeniería, se estima que alrededor de la mitad son los que realmente tienen la capacidad para integrarse a la fuerza laboral que se necesita para un crecimiento económico. Es decir, que el monto total de ingenieros nos dice poco, ya que el rezago de la educación en México es fuerte.

Nos gusta presumir que somos el país de la OCDE con más ingenieros egresados, pero el tipo de ingenieros que necesitamos son aquellos que puedan hacer semiconductores, dispositivos médicos, vehículos eléctricos. Es en que adquieran esas capacidades específicas donde estamos atorados.

¿Cuál es la percepción que en Estados Unidos se tiene de México en este momento? Volvemos con esto al tema político. Sabemos que en ambos países hay liderazgos fuertes, populares, con estilos muy particulares. ¿Esas variables más intangibles, culturales, pueden afectar la relación bilateral?

Pongo énfasis en el concepto «percepción». Voy a tratar de ser lo más objetivo posible en un tema subjetivo, que es la percepción de la gente. Hace algunos meses, Kristen Soltis, de Echelon Insights, nos presentaba el resultado de una encuesta que hizo en Estados Unidos sobre cómo nos perciben nuestros vecinos.

Hay varias cosas interesantes. La primera es que, en términos generales, hay una percepción por parte del ciudadano norteamericano de que México es positivo para la economía de Estados Unidos. Nos ven bien como socio comercial, como parte de un sistema de coproducción. Hay, sin embargo, una percepción muy negativa en cuanto a que somos una fuente de crimen, de tráfico de drogas, un mal socio en el manejo de la frontera.

La encuesta hace esa misma pregunta diferenciando si son afines al partido demócrata, al republicano o son independientes. Es notable la diferencia radical entre esas posturas. Los demócratas tienden a ser mucho más pro México y los republicanos no nos ven con buenos ojos.

Las grandes percepciones son importantes para cuando nuestro gobierno o el sector privado entramos en conversaciones, queremos hacer política pública bilateral y hablamos de ser el socio comercial número uno. Eso ya se sabe y no nos abre espacios para otras cosas. Debemos enfocarnos en aquello donde no se tiene de nosotros una percepción positiva y ver de qué manera podemos encontrar soluciones conjuntas en los temas que le convienen a México.

Claramente no nos conviene tener crimen organizado, tampoco estar vendiendo drogas a Estados Unidos, ni que haya muertes por sobredosis por uso de fentanilo. Tampoco nos conviene que haya movimiento de personas en situación migratoria irregular a lo largo de nuestro territorio, que además están financiando al crimen organizado, además de las violaciones de derechos humanos, entre muchas otras cosas. Creo que en los siguientes años, los temas fentanilo, crimen organizado y migración estarán entre los temas prioritarios de las relaciones entre ambos países.

Sin poder desligarnos del todo del área bilateral, ¿cómo ha evolucionado el liderazgo empresarial en nuestro país? ¿Qué demanda de las nuevas generaciones? ¿Qué crees que deben hacer para fortalecer la confianza de la gente?

No existe tal cosa como el sector privado mexicano monolítico. Hay muchos estilos de sector privado dependiendo del origen del capital y, por ende, de la filosofía de la empresa. Las empresas familiares son muy distintas de las multinacionales y existen empresas distintas según las regiones del país.

Dicho esto, y entendiendo el sesgo de con qué empresas me relaciono y qué percibo de ellas, veo un sector privado mucho más proactivo, con una mayor conciencia social, vinculado ya a métricas, resultados y KPI. No veo tanto el greenwashing o pinkwashing, donde solo se trataba de filantropía, sino políticas y acciones con resultados.

No puedo desvincularme de la parte política y, en su gobierno, López Obrador impulsó que, si el sector privado quería tener cierto tipo de injerencia o colaboración con el gobierno, debían demostrar que estaban haciendo algo por la sociedad. Eso es algo muy positivo: seguir inculcando una conciencia social más profunda. No digo que esta sea la causa, pero sí noto un diferenciador importante en esta área.

Como ya dije, empresas de AmCham tienen ya 108 años en este país, y muchas de ellas estarán otros tantos años o más. Son empresas con grandes plantas e inversiones. Es entonces muy importante que alguien en este país tenga una visión y una agenda de largo plazo que las esté postulando constantemente ante las autoridades. Cuando menos en AmCham sí vemos una comunidad empresarial mucho más comprometida con el largo plazo, con visión de futuro y…

Este es un gran ejemplo de cómo pueden
colaborar academia y sector privado:
combinar ambas visiones genera mayor
impacto y procesos más profundos.

llevando a cabo actividades de forma proactiva para alcanzar resultados.

Hace poco tuvimos en IPADE a Edelman, que presenta cada año su Barómetro de Confianza. En la encuesta se pregunta cuánto se confía en la empresa, cuánto en las organizaciones de la sociedad civil, en los gobiernos y en los medios. De estos cuatro, las empresas son las que mayor confianza generan entre los mexicanos, pero también se ve cómo, entre aquellas personas que se sienten más agraviadas, que perciben que el sistema es injusto, las empresas caen en confianza. ¿Qué características tiene el líder empresarial que pueda resolver esos agravios, esos enojos? ¿Podrías darnos algunos ejemplos de buenas prácticas?

En términos generales, y sin lugar a dudas, la actitud de servicio y de impacto social en una empresa tiene que darse desde arriba. No puede lograrse a través de órdenes, instrucciones o programas aislados en donde no esté, desde el más alto nivel, un compromiso genuino con esas acciones. Cualquier caso de éxito va a incluir un liderazgo que incorpore a todo el equipo directivo, donde todos estén trabajando genuinamente por aquello en lo que están creyendo y promoviendo.

Cito dos casos de AmCham muy interesantes. Desde hace tiempo asumimos el tema de la equidad de género como un pilar fundamental para nuestra organización. Somos la primera cámara empresarial en la historia de México en tener un Consejo Directivo paritario, de lo que estamos muy orgullosos, y tenemos varias iniciativas que van más allá del discurso.

Desde hace diez años existe una iniciativa llamada Executive Woman Development Program, y cada año pedimos a nuestras empresas que incorporen al programa a ejecutivas de rangos medios-altos para ser capacitadas en talleres y conferencias sobre temas de liderazgo, comunicación y factores más soft que se necesitan para llegar a puestos de liderazgo ejecutivo. Al mismo tiempo, pedimos a nuestras empresas que sus directores generales sean parte de los mentores que van a estar asignados a cada una. Este año cerca de cien serán parte del programa.

Veo muchos directores generales que, además de permitir que sus ejecutivas tomen tiempo para capacitarse, mejorar y tener muchas más oportunidades de crecimiento, toman conciencia de que van a capacitar a una mujer de otra empresa para que pueda crecer.

En esta iniciativa tenemos muchos ejemplos. Uno de ellos es el de Ramón Mariscal, presidente de Dupont Latinoamérica y uno de los mentores estrella, porque lleva a su mentee a Dupont, al área de Comunicación, de Recursos Humanos, de temas legales… a las diferentes áreas de su negocio para que puedan ver el impacto profundo que tiene la industria. Como Ramón, hay muchos otros, también grandes mujeres: Mónica Aspe, de AT&T; Fernanda Guarro, de 3M. No puedo mencionar a los cien, pero son todos grandes personas que donan su tiempo para estar capacitando no solo a mujeres de sus empresas, sino de otras. Hay muchas empresas comprometidas con generar espacios para que las mujeres puedan crecer en el mundo corporativo y llegar a puestos de liderazgo.

Hasta hace poco veíamos que cuando un director general se involucraba en este tipo de prácticas y tenía una presencia muy abierta en los medios, podía en ocasiones percibirse como algo falso. La percepción de algunos es que el péndulo, a partir de los cambios políticos en Estados Unidos, se había inclinado demasiado hacia el lado progresista, de la justicia social. Ahora el péndulo va de nuevo hacia un rol más conservador del empresariado.

El ejemplo que pones es un claro compromiso discreto: están haciendo un cambio, formando gente, están comprometidos con la paridad de género y no de una forma que pueda interpretarse como bluff. ¿Notas este movimiento del péndulo en la empresa? ¿Crees que los directivos estén más preocupados por su imagen pública, por lo que van a pensar sus clientes y sus stakeholders en general? En Estados Unidos se dan debates sociales muy intensos y en México se tiene el problema de cómo el empresariado se ha alineado o no con la narrativa del gobierno.

En los últimos años hemos visto gobiernos mucho más activos en penalizar o no a una empresa, según lo que diga y haga, y por distintos motivos, tanto en Estados Unidos como en México. Diría que, en general, en los últimos seis a ocho años las empresas, en lo individual, han bajado un poco el tono de su presencia pública, porque es arriesgarse mucho a que algo sea malinterpretado desde el púlpito del poder en una «mañanera», por ejemplo, o en redes sociales. La virtualidad, las redes sociales y lo digital generan que cualquier cosa que digas públicamente pueda viralizarse, tanto para bien como para mal.

Al mismo tiempo existen otros mecanismos de vocería en el sector privado, como son las cámaras, en donde muchas empresas prefieren que esos organismos sean quienes den la cara por ellas. Ahí estamos nosotros, está Coparmex, Concamin y muchas más. Es ahí donde pueden generarse más debates, se ve qué…

La cooperación
entre México y
Estados Unidos no
solo se mide en
cifras comerciales,
sino en la capacidad
de construir
confianza mutua en
un entorno global
cada vez más
complejo.

estrategia de comunicación es la que conviene, qué decir, etcétera.

Como mencionas, es en ocasiones la manera en que la empresa encuentra la forma de influir en la política pública o en el debate social, cultural. Ustedes, por ejemplo, son un nodo que tiene mucho que hacer, mucho que decir.

Nosotros, a final de cuentas, somos —dicho de una forma muy resumida— conectores de inversionistas, del sector público con el privado, de la academia con la gente que va a contratar a sus egresados, con organizaciones de la sociedad civil que están impulsando ciertos temas donde necesitan apoyo. Tratamos de fomentarlo a través de las acciones.

Aquí sí quiero separarlo de la narrativa, porque salir y decir cosas es la estrategia de incidencia. Dentro de AmCham recibimos a muchos socios que nos sugieren qué decir, pero hemos decidido desde hace algunos años cambiar el orden. Es decir, preferimos primero enviar una carta, un comunicado, pedir una cita, dialogar, antes de meternos en los reflectores. Presentar datos, propuestas, tratar de avanzar con cosas concretas. Es hasta después que comunicamos el sentir o el resultado. Es mucho mejor avanzar así, más que con desplegados públicos.

Eso lo hacemos a través de nuestra red de comités. El Comité de Sustentabilidad y Responsabilidad Social es muy importante en este tema, hablando de vinculación con ONG y academia. Desde hace unos meses iniciamos una campaña que se llama «Adopta un ODS». Cada uno de nuestros comités debe tener, de manera obligatoria, un componente de incidencia pública y social. Con esto convertimos a la sustentabilidad en un eje transversal de todos nuestros temas. Logramos así hacer vinculaciones sectoriales o temáticas con un entendimiento de sustentabilidad, impacto social, etcétera.

En cuanto a iniciativas o proyectos de sostenibilidad y responsabilidad social, ¿cuáles crees que son las tendencias más importantes?

La manera en que se trabajan estos temas es la clave: con KPI, resultados, retornos, una investigación mucho más profunda de la incidencia, que se va alejando de la filantropía y se acerca más al desarrollo productivo. Muchas empresas comienzan a apoyar iniciativas de las que sus propios colaboradores puedan formar parte. Ya no son solo donativos económicos, sino que van acompañados de apoyo en capacitación, el seguimiento de un profesional de la organización, etcétera. Esto va a estar además vinculado a la medición de resultados de ese colaborador en particular.

Veo esto como una manera mucho más estratégica, más empresarial, menos filantrópica. Son las tendencias que percibo, cuando menos entre las empresas de AmCham.

¿Crees que la relación con Estados Unidos ha fortalecido esa tendencia? ¿Que se esté creando un círculo virtuoso?

En las empresas internacionales, por regla general, muchas de estas políticas y parte de la cultura organizacional son decisiones que se toman a nivel corporativo. La conciencia social que se percibe y la manera en que se interactúa con estos temas en otras partes del mundo está mucho más avanzada de lo que lo está en México.

Las empresas internacionales son las que, en general, tienen programas en materia social mucho más adelantados que el resto. No es que sea una condición específica del comercio bilateral, sino que las grandes corporaciones tienen una mentalidad de incidencia social mucho más arraigada, que forma parte de los objetivos globales de las empresas. Eso permea todo lo que mencionaste: la contratación de proveedores, las mil y una métricas para evitar a toda costa que pudiera existir algo como, por ejemplo, empleo forzado. En una empresa con niveles de accountability y compliance, no puede suceder.

Ojalá no solo suceda en empresas internacionales que operan con máximos que cumplen en otros países, sino que permee al resto del empresariado mexicano. Sobre la colaboración entre AmCham y el CIRES, tiene que ver con el Impact LAB, que es un laboratorio de proyectos abierto a toda la comunidad empresarial mexicana. Queremos que se hable de lo mejor que están haciendo por la sociedad y cómo están ayudando. El primer paso es tener un directorio, que la gente se sume, se tome unos minutos para responder a un cuestionario que hemos tratado de hacer muy accesible y sencillo. Queremos que, con mucha generosidad, el empresariado nos diga no solo lo que han hecho bien, sino también lo que han hecho mal, para poder analizar cómo se está llevando a cabo el impacto social de la empresa en México. Lo que hicimos fue acercarnos a AmCham hablando del directorio y de cómo es que queremos que esto se convierta después en una comunidad viva de empresas interesadas en cambiar al país y poder hacer investigación de fondo, desarrollar casos de IPADE, eventos…


Las empresas internacionales son
las que en general tienen programas
en materia social, mucho más
adelantados que el resto.

AmCham cuenta con una red impresionante de empresas en México que están haciendo mucho bien y queríamos ver cómo podemos hacer un ganar-ganar. Nuestra intención es invitar a las empresas de AmCham a que se sumen al Impact LAB. Ya hemos invitado a muchas, hemos tenido eventos. ¿Cómo ves la colaboración con este espacio académico que es IPADE?

Para nosotros es muy importante. Curiosamente, años atrás hicimos un reporte de Responsabilidad Social, donde realizamos básicamente esto: pedíamos a las empresas sus ejemplos; de manera muy artesanal, dentro de la oficina, los reuníamos, hacíamos un diseño muy bonito y lo publicábamos. Por eso, cuando se acercó IPADE, tuvo mucho sentido para nosotros, porque es inyectarle energía a esta idea que tiene mucho de positivo.

Esto va a ayudar a generar el deseo de que las buenas prácticas se contagien sobre el mejor hacer en estos temas, que más empresas lo puedan adoptar. Es importante, porque las empresas que forman AmCham, además de hacer mucho bien en México, también son modelos a seguir, tanto para pequeños como medianos, inclusive grandes empresarios que voltean a verlas, porque tienen décadas, si no es que siglos, de existencia y saben cómo hacer bien muchas cosas. Es una comunidad ejemplar.

Por ello, es necesario primero poder encontrar la manera de meter en un paquetito estas recomendaciones y buenas prácticas, para que la gente y otros empresarios no tengan que pasar por un proceso de aprendizaje y fracaso para poder llegar a esos objetivos.

Segundo, es importante generar tracción y entender que estas cosas son positivas, son buenas y que las grandes empresas lo tienen.

Tercero, que podamos dar una visión académica al proceso y que en las aulas se puedan capacitar los futuros líderes, para que puedan saber, entender y llevar aprendizajes a sus empresas. Que desde sus liderazgos más jóvenes o de mediano o alto rango las puedan comenzar a implementar.

Este es un gran ejemplo de cómo pueden colaborar academia y sector privado. Nosotros, en ocasiones, en la práctica del sector privado generamos cosas, pero desarrollamos cierta ceguera de taller, y la academia, a su vez, está centrada en su ámbito. Sin embargo, cuando podemos combinar ambas, podemos destrabar visiones distintas, procesos, mecanismos, porque al final queremos generar mayor impacto, uno más profundo, y es lo que esta sinergia va a generar.

La invitación es que no solo nuestras empresas, sino todas, puedan compartir esas experiencias y conseguir que la unión haga la fuerza.

Exactamente, esto está abierto a todo el empresariado, la comunidad AmCham, la comunidad IPADE y todas las comunidades que podamos sumar, que se contagie en redes. IPADE tiene la vocación de ir al empresario, de entenderlo mejor allí donde esté. Queremos que nos cuenten lo que está sucediendo, encontrar esos casos interesantes.

Los proyectos son amplios. Pasa en empresas, sobre todo medianas y/o familiares, que tienen a un encargado de responsabilidad social, pero también está en la gestión del talento y metido en mil cosas; pero quizá incluso ahí se está dando un proyecto muy relevante. Queremos ayudar a medirlo, a entenderlo.

Tenemos varios tipos de proyectos y fijamos tres bloques que creemos que abarcan todo. Proyectos temporales: algo concreto que hizo la empresa para incidir en un tema social o medioambiental. Otro, para modelos de negocio que implican en su ADN algo de sostenibilidad, de responsabilidad social o de impacto. Y uno más, para prácticas de gobernanza: qué estás haciendo dentro de la empresa para que sea un mejor lugar para trabajar, que se fomente la responsabilidad social.

Tenemos un caso en Guadalajara de CompuSoluciones, empresa de AmCham, que tenía casos de los tres bloques; pero era interesante porque hablaban de un tema específico: sobre mejorar las condiciones de vida de las casas de sus colaboradores. La misma estructura de donde salió ese proyecto, los comités en CompuSoluciones para definir cómo van a tener impacto social, ya eran una práctica de gobernanza en sí misma. Fue un proyecto interesante para Impact LAB y es solo un ejemplo de muchos que nos pueden compartir.

Me parece que el proyecto va a generar cosas muy positivas, necesitamos que se inscriban. Cuenten con nosotros para que suceda y sea un éxito.

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istmo review
No. 26 
Febrero – Marzo 2025

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