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(E.U.) La investigación médica descubrió  que el tejido fetal animal restablecía  la vista y curaba la diabetes, además de ayudar a reparar daños en la médula espinal…, en los animales  de laboratorio.

Pensando en el hombre, existen ya tratamientos  ─con tejido humano─  para la diabetes o el mal de Parkinson: un diabético que no podía ni caminar, ahora la hace, aunque  con bastón, y una mujer dice haber recuperado el ochenta por ciento de las facultades perdidas por la enfermedad de Parkinson.  Las células en desarrollo, dicen, parecen esconder magia.  Y la magia deslumbra, pero también está hecha de ilusión.

A la fecha, más de 600 seres humanos han recibido este tipo de trasplantes, con bastante poca fortuna comparados con los ratones.  Los beneficios  no parecen claros para muchos enfermos: a veces se manifiestan meses después del tratamiento.  Por eso dicen investigadores y enfermos que hace falta más  trabajo: desvelar los secretos del ser humano lo más pronto que sea posible.  Pero la ansiedad puede hacer  perder la perspectiva.

El ex presidente Bush prometió que sólo se usará tejido proveniente de abortos inevitables o de aquellos hechos para salvar la vida de la madre; pero Otis Bowen, uno de los mayores opositores al respaldo oficial del trasplante de tejido, dice que eso no daría la seguridad de que el tejido así obtenido sea utilizable.  Entonces, el dilema está en la defensa de la calidad del producto. 

El debate entre los que están a favor y quienes dicen que tal vez esta práctica aumente los abortos criminales parece interminable.  Los partidarios del trasplante de tejido fetal argumentan, para prevenir confusiones, que si uso de los órganos de una víctima de asesinato no legitima  el asesinato; ellos buscan impulsar la investigación científica.  Pero los donadores no pueden decir si o no.  Mueren para dar sin haber decidido tomar el riesgo.

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Marx  y Engels: agonizan las «Obras completas»

 

(Berlín) La poesía definitivamente es difícil de vender; aunque todos decimos  admirarla, pocos libros hay que acumulen más polvo en los anaqueles.  Y cuando se trata de la ideología, el interés es fundamental.  Si no, pueden preguntar a los colaboradores del proyecto MEGA, encargados de publicar las obras completas de Marx y Engels, tarea que lleva ya 18 años y 45 volúmenes publicados.  Libros, artículos, cartas y hasta borradores manuscritos, todo cabe en este proyecto.  Pero la desaparición de la Unión Soviética les dejó  con sólo mil compradores (de cinco mil que tenían), y el equipo de expertos, que llegó a 200, es de menos de treinta.

La ayuda para este proyecto provenía principalmente de los partidos comunistas soviéticos y alemán oriental, hasta 1989.  Entonces, tras la caída del muro de Berlín, los investigadores tuvieron que acudir al Partido del Socialismo Democrático,  sucesor reformado del partido comunista alemán.  En junio de 1990, este partido les entregó dinero sin informar a una comisión gubernamental que investigaba  las fortunas de los viejos

partidos este-alemanes.  Después, el  donativo  fue descubierto y a la cuenta bancaria de MEGA se congeló.

Los expertos están sorprendidos; uno de ellos dijo que ahora tienen que preocuparse no sólo por el dinero, sino también por la competencia; los investigadores de Alemania Occidental están mejor enterados de las políticas académicas, y podrían llegar a desplazar al equipo  original.  La ayuda recibida ─un equipo de expertos japoneses en Marx y Engels envió, como muestra de solidaridad, un millón de yenes─ no basta para mantener el proyecto como antes, un empeño en el que algunos  de los expertos llevan más de diez años.  La Fundación Internacional  Marx-Engels, creada en 1990,  aportó también algunos fondos para no detener la publicación de esta obra, retrato de cuerpo entero de un modo de pensar que no es precisamente best-seller.

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Larga vida al Latín

 

(Ciudad del Vaticano). Se acabó el olor a polilla.  La lengua muerta se  rejuvenece abrir paso en su seno a la edad de la electrónica y los viajes espaciales.  El latín tiene un nuevo diccionario llamado Lexicon Recantis Latinitas, en el que se recogen términos latinos para designar  cosas que no existen en tiempos de César.  No es un libro de gran éxito, pero seguramente tendrá la aceptación suficiente entre profesores y estudiantes de latín como para convertise en un peculiar «libermaxime divenditus», esto es, best-seller.

Carlo Egger, latinista retirado que encabeza el equipo de expertos tiene ya listo el primer tomo con 15,000 vocablos.  Será curiosos escuchar que los clérigos aficionados al deporte se refieran a Ben Jonson como un triste caso de «usus agonisticus medicamenti stupefactivi» (doping), y al jockey sobre hielo como «alsulegio glaciales». 

También hay términos  más domésticos, para la lavadora de ropa y la de platos, «machina linteorum lavotaria» y «escariorum lavador» respectivamente.

Después del Concilio Vaticano II, en que se autorizó el uso de idiomas distintos al latín para los oficios litúrgicos, y en algunos de ellos también ha desaparecido; Radio Vaticana no tiene programas en latín, pero los sábados Radio Finlandia emite un programa de noticias llamado  Nuntii Latini, que lleva ya dos años de transmisión.

La tecnología ha rebasado al latín y éste no quiere quedarse atrás, aunque los mismos expertos no ven mucho futuro para la lengua de Cicerón.  El desinterés de los jóvenes, y la falta de práctica de los mayores definitivamente parece llevarla a la tumba.  Ave Cesar, morituri te salutant.