Diez barreras para la democracia en México

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La transición democrática del país es una de las preocupaciones fundamentales de los ciudadanos interesados en el destino que debe seguir México. Sin embargo, más allá de las promesas y discursos políticos, en estos momentos parece estancarse el proceso por decisión de quienes ocupan los principales puestos de poder, según lo del muestran los recientes acontecimientos electorales.
Ante esta realidad, es un ejercicio urgente y necesario, señalar brevemente los elementos que frenan el establecimiento de un verdadero sistema democrático para
llamar a la reflexión sobre alternativas que favorezcan la congruencia de carácter público.
Enuncio a continuación diez de las muchas barreras que obstaculizan el camino a la democracia en México: la forma de presentación no indica su orden de importancia, y acepto de antemano que cada una de las partes exige un tratamiento más profundo.
UNO PARA TODOS Y TODOS PARA UNO
Un primer elemento es el excesivo poder presidencial y la ausencia, en la práctica, de una real divisidn de poderes.
Son ampliamente conocidas las facultades constitucionales y metaconstitucionales del Jefe del Ejecutivo. Sobre estas últimas, conviene recoger algunas tesis expuestas
por, Jorge Carpizo en su libro «El presidencialismo mexicano». donde señala que el Presidente cuenta con la jefatura real del PRI, designa a su sucesor, y nombra y remueve a los gobernadores. Entre muchas otras, por supuesto.
Para los mexicanos es evidente el predominio del Ejecutivo sobre los otros poderes y la falta de un mecanismo de pesos y  contrapesos; para algunos autores más que establecer un equilibrio de poderes, resulta imprescindible ponerle límites en el tiempo. Esto es, evitar la reelección.
Al respecto retomemos a Carpizo: «Dentro del contexto político que vivimos, el principio de no reelección es una de las  principales regías de juego del sistema: la limitación al Residente en el tiempo; si esta regla se alterara, se modificaría el equilibio sobre el cual se sustentan las bases constitucionales y extraconstitucionales de nuestro sistema político, siendo muy difícil de precisar cuáles serían las consecuencias».
Predominio del Ejecutivo y subordinación y dependencia de los otros poderes. Se impone, pues, limitar las atribuciones del Presidente. Después de esta pieza clave del sistema, habría que considerar el otro factor del binomio indisoluble: el partido en el poder.
Lo llamaremos PRI, debido a que incluso en ese instituto político parcialmente han abandonado su denominación de “nuevo PRI”. Ya hace varios años, Daniel Cosío Villegas afirmaba que “pocas cosas han desacreditado tanto al Partido como el no haber democratizado sus procedimientos electorales al paso del tiempo”, y aquí es necesario puntualizar la falta de democracia tanto en su interior como en su exterior.
En este apartado sólo insistiré en que se trata de un problema de esencia y no de accidente. Este partido nació desde el poder para conservar el poder y no para disputarlo con otras fuerzas organizadas.
Más allá de la escenografía, la posibilidad de un cambio serio y profundo se observa distante. Para muchos sectores sigue siendo el recipiente antidemocrático que se encuentra atado al pasado, pero que en nuestros días se engancha a la figura presidencial y aprovecha su popularidad y venta al futuro.
Maurice Duverger, a propósito de otra interrogante, escribió hace algunos años que del mismo modo que los hombres conservan durante toda su vida la huella de su infancia, los partidos sufren profundamente la influencia de sus orígenes. La historia y el presente demuestran que el PRI sigue fiel a sí mismo, renuente a aceptar una competencia democrática. Basta ver el reflejo de su espejo diario.
Ya Fidel -el nuestro- señalaba que “el cordón umbilical entre el gobierno y el PRI se amaciza”. Quien tal vez no se encuentre tan amacizado, para continuar a tono, sea el mismo dirigente obrero ante la estrategia de territorialización y reforma sectorial partidistas.
EL OCASO DE LOS DINOSAURIOS
El sindicalismo oficial -que enfrenta una seria crisis de poder, representatividad y convocatoria a pesar de intentar mantenerse como vehículo de control- debe transformase. Aun con la experiencia de pasadas elecciones presidenciales donde se presentó el colapso del voto corporativo, se sigue ofreciendo como prenda de fuerza y negociación.
Sobre este tema es común escuchar opiniones calificadas respecto a que el corporativismo tradicional está ajustándose bajo un esquema de neocorporativismo funcional donde se permiten cierto tipo de prácticas, siempre y cuando no se confundan las lealtades y mucho menos se intenten traiciones o posiciones que pongan en entredicho la disciplina constitucional.
Se requieren representaciones sindicales más genuinas y constructivas; esto significa el cambio de caciques y dinosaurios por líderes qiie superen las inercias del pasado, respeten la libertad sindical y motiven a sus agremiados en la búsqueda de soluciones a los grandes problemas nacionales.
La ausencia de un sistema real, fuerte y dinámico de partidos es otro elemento a considerar. Quién duda de la necesidad de partidos más modernos, propositivos, imaginativos y competitivos en el plano nacional y no sólo regional, estatal y/o municipal. Sobre todo ahora cuando se han prendido los focos rojos de la partidocracia y emergen con fuerza una serie de organizaciones con demandas y propuestas que, además de actuales, cuentan con interesantes posibilidades a mediano
plazo.
Cada vez aumenta más la importancia de los organismos ciudadanos no partidistas de diferente pertenencia, discurso, tamaño e influencia. La falta de un compromiso abierto y sostenido con la  participacidn ciudadana y la demanda democrática por parte de muchos medios de comunicación constituye otro dique.
Estos agentes de cambio deben comprometerse más y mejor con quienes de una u otra forma intentan que se gobierne de acuerdo con la iniciativa de los electores.
Las políticas informativas y editoriales de un medio deben hacer suyo, de manera eficaz, el compromiso con sus receptores al superar círculos viciosos que frenan la participación y favorecen su desmovilización y aislamiento.
En distintos foros y debates se habla de la prensa como el cuarto poder, y a veces se subraya que está constituido como un poder más de quienes han tenido y/o tienen en sus manos las riendas del sistema. Creo que, por muchísimas razones, esta crítica es falsa e injusta, aunque no deja de tener cierta parte de verdad relacionada con casos específicos.
Sin embargo, más que intentar agotar este tema que rebasa con mucho los objetivos del presente escrito, sí quisiera subrayar que el conjunto de hombres de prensa y medios
de comunicación deberían constituirse como un poder audadano que obtendría mejor posicionamiento, independientemente de que gran parte de la sociedad habia de
agradecerlo.
Lo anterior supone, entre otras condicionantes, cavar las tumbas necesarias para las distintas modalidades de censura, control, autocensura y corrupción, de manera que florezcan y se generalicen el respeto a la verdad, el compromiso ético y el ejercicio profesional y honesto de esta noble labor.
PIEDAD POR LA PATRIA
El control electoral y la falta de voluntad politica para que todos los votos se cuenten y valgan lo mismo.
No se trata de caer en esquemas opositores donde, si no gana el partido y/o candidato seleccionado, es sinónimo de que existió fraude, pero sí de recoger las innumerables experiencias que demuestran un amplio catálogo de técnicas para burlarse de la voluntad ciudadana; desde aquellas burdas y tradicionales hasta las más refinadas e imaginativas que emplean adelantos tecnológicos tales como las computadoras. Desde el “famoso carro completo” hasta el novedoso y veloz “carro último modelo”, con distinta presentación pero misma función.
Se ha repetido una y otra vez que el mejor mecanismo para garantizar elecciones libres, transparentes y creíbles no funciona si no existe una real disposición para respetar los resultados, sobre todo cuando éstos no son favorables a los aspirantes del partido del gobierno.
El sufragio efectivo y el respeto al resultado electoral no son siempre una realidad, al igual que la alternancia.
Por otra parte, los derechos humanos constituyen un aspecto controversial dado que, aunque en distinta proporción según se trate, existe una clara y constante violación a los mismos. En este sentido se incluyen abusos e impunidad de funcionarios y autoridades, así como de otros actores. A pesar de los pronunciamientos oficiales, no se puede afirmar rotundamente que se mantenga eficacia con legalidad y se cuente con el consenso social al respecto.
El cuidado de estos derechos se ha constituido en indicador de legitimidad política a tal grado que se afirma que donde no hay democracia no hay respeto a estos derechos y viceversa.
Quede claro que el objetivo debe ser la defensa de todos y cada uno de estos derechos y no sólo de aquellos que no constituyen aspectos incómodos y/o contradictorios para quien aparece como defensor de los mismos, o bien de los intereses que enarbola.
En este caso, hay que impulsar una mayor exigencia de los ciudadanos a través de organismos no gubernamentales, como expresión de una actitud más demandante.
Otro factor ineludible es una formación integral por medio de la educacidn que deberá incluir, de manera clara y decidida, el conocimiento y promoción de principios y valores que nos definen y caracterizan.
Educar con calidad y verdad para la libertad con responsabilidad debe ser tarea permanente que dará como fruto un mayor compromiso con el rumbo del país. Ya Antonio Caso señalaba que “quizás el problema de la Patria, como todas las cuestiones que no se aciertan, sea solamente un sutil, un arcano problema de amor”.
De acuerdo a lo anterior, ha faltado piedad por la patria. Y esto parte del poco conocimiento y compromiso de lo que representa y significa México que, como escribiera Agustín Basave, es el “nombre de una esperanza humana”.
Cuánta manipulación histórica transita por las aulas: mentiras y medias verdades que engañan y confunden, y se incluyen en discursos de políticos acomodaticios que mantienen como única prioridad su interés personal.
SOBREGIROS DE CONFIANZA
Resulta piedra angular en la construcción de un México democrático enfocar los esfuerzos de los distintos actores sociopolíticos culturales a la formación y actualización
de una sociedad organizada, crítica, vigilante y participativa.
No puede pensarse en un horizonte democrático si no se reflexiona sobre el ser y quehacer de la patria y se continúa con actitudes apáticas. Abstenerse de tomar parte es la mejor manera de favorecer la toma de decisiones que criticamos o rechazamos.
Tomar conciencia de la fuerza ciudadana y su eficacia es una de las principales herramientas para la edificación de un mejor futuro. Hoy por hoy, la indiferencia es una forma de complicidad y comodidad culpable.
Evitar decidir es una actitud de la cual la historia y la realidad registran sus altos costos y graves consecuencias. Debemos ser copartícipes y corresponsables de una gran empresa que tiene como nombre México y como destino el fruto de todas las acciones y omisiones de quienes tenemos el orgullo de Ilamamos mexicanos.
Sin duda, impunidad e ineficacia son constantes que producen desánimo en gran parte de la población, pero ello no niega la importancia de la participación.
Lo expuesto líneas arriba debe relacionarse con el actual proyecto gubernamental de modernizacidn parcial y excluyente.
Se ha repetido insistentemente que primero la reforma económica y luego la política: sin embargo, hasta el momento no se observa cómo llegar a una democracia a la altura de las mejores del mundo.
Democracia selectiva, desde arriba y a cuenta gotas de acuerdo con los tiempos. presiones e intereses políticos. El discurso político es envolvente y se menciona como democracia lo que apenas es estabilidad, o bien simulación.
El manejo de las opiniones públicas ha sido espectacular, así como la complacencia e indiferencia de buena parte de la sociedad. Existe lo que acertadamente ha calificado Gabriel Zaid como “sobregiros de confianza”.
Los aciertos y avances que se han registrado en algunos campos no justifican el aire triunfalista que se respira en ciertos sectores oficiales y oficiosos. Más aún cuando se revisan las carencias, insuficiencias y desafíos que prevalecen.
Los obstáculos expuestos en estas líneas no son insalvables siempre y cuando se parta de la convicción de que la democracia no es la panacea, pero sí contribuye a mejorar la conducción del país mediante una prudente relación entre gobernados y gobernantes.
Los retos que se le presentan a todo aquel que asume sus deberes y derechos pasan necesariamente por la superación de la frustración, en la búsqueda de un despertar cívico y político que pueda favorecer un mejor porvenir para México.

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