El plan infinito

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Isabel Allende
Diana. México. 1992.
348 págs.
Después del éxito de ventas y traducciones que Isabel Allende ha cosechado con novelas sociales de ambientación hispanoamericana, cambia ahora el escenario de acción y también algo de sus planteamientos de fondo. En este caso el personaje central es un norteamericano y la acción se sitúa en California. Se trata de un gringo pobre, hijo de un predicador ambulante y de una mujer poco equilibrada de origen ruso. Los acompaña en su vida nómada una echadora de cartas, cuya relación con el jefe de la familia parece más que amistosa.
El predicador anuncia al mundo un nuevo credo, El plan infinito. Y cuando la salud no le permite seguir rodando por las carreteras del país, toda su pintoresca tribu se establece en California, en un barrio humilde poblado por emigrantes mexicanos. A pesar de no hablar español, son acogidos con cariño por los chicanos, y el niño, junto con su hermana, crecen como si ellos también lo fueran. Así, la historia permite a la autora describir con acierto también a esta minoría, entrada en los Estados Unidos de manera ilegal, pero firmemente establecida en el territorio californiano.
Lo que no cambia en El plan infinito respecto, por ejemplo a Eva Luna, es la tendencia al melodrama y a complicar el argumento con múltiples líneas paralelas de acción. Infinidad de personajes de todas las etnias y características, y múltiples cambios de escenario, que van desde Roma a Vietnam, sirven para desarrollar una trama que dura varios años y que oscila entre el realismo crítico y el sentimentalismo efusivo. El estilo coloquial poco elegante y bastante localista en el léxico, es el típico de un producto destinado a un público muy pensado. Los personajes principales, caracterizados como los clásicos jóvenes de los años sesenta -primero hippies, luego yuppies- muestran en su perfil psicológico y en su conducta unos rasgos convencionales: inconformismo inicial, éxito profesional y económico después, y perpetuo desconcierto vital entre divorcios, drogas, adulterios…
La obra -que tiene más de infinitud que de planificación- es una especie de canto nostálgico al progresismo decadente, condenado a languidecer a medida que sus entusiastas encanecen, engordan o empiezan a tener problemas de salud. Defensa de lo hispano Frente a lo anglosajón, prejuicios religiosos y permisivismo a toda costa es lo que el lector puede encontrar después de esforzarse por seguir los baches y desniveles de esta novela.

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