La verdad de las mentiras

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La verdad de las mentiras
Mario Vargas Llosa
Ensayo
Seix Barral. México. 1992, 262 págs.

A pesar de ostentar el subtítulo Ensayos sobre literatura, La verdad de las mentiras está lejos de ser un libro estrictamente literario. El libro reúne reflexiones de Vargas Llosa sobre veinticinco de las más destacadas novelas del siglo XX (Joyce, Hemingway, Camus, Greene, Woolf…) y un ensayo introductorio, que da título a la obra, sobre las relaciones entre novela y vida: «Las novelas mienten –no pueden hacer otra cosa– (…) mintiendo expresan una curiosa verdad, que sólo puede expresarse disimulada y encubierta, disfrazada de lo que no es (…). Los hombres no están contentos con su suerte y casi todos (…) quisieran una vida distinta de la que viven. Para aplacar –tramposamente– ese apetito nacieron las ficciones. Ellas se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a no tener. En el embrión de toda novela bulle una inconformidad, late un deseo»
La verdad de las mentiras, es decir la verdad de las novelas, es la proyección de la vida que no tenemos pero que ambicionamos. Por ello, añade, «cuando la vida parece plena y absoluta y, gracias a una fe que todo lo justifica y absorbe, los hombres se conforman con su destino, las novelas no suelen cumplir servicio alguno. Las culturas religiosas producen poesía, teatro, rara vez grandes novelas». Cuando se descomponen las convicciones de una sociedad, cuando la verdad que tenemos no nos satisface, mentimos: creamos verdades en la novela.
La colección de ensayos sobre la novela, como no es ella misma una novela, no tiene por qué inventar verdades: sencillamente las revela. Por eso este libro es ejemplar para entender al intelectual peruano. En los ensayos no encontramos creación o crítica literaria, sino reflexiones de varios géneros, principalmente políticas y morales, con ocasión o pretexto, de las novelas que comenta. Al asumir este enfoque Vargas Llosa es plenamente sincero: señala lo que le parece malo y aplaude lo que le parece bueno, aunque esto último muy pocas veces. La mayoría del tiempo su exposición es bastante crítica (no hacia los autores, por cierto, puesto que les tiene bastante condescendencia). Estos ensayos sobre literatura revelan al pensador que hay en el fondo. Y podemos hacemos un perfil de él con base en sus fobias y manías, que aparecen reiteradamente en el texto.
En resumen –como declaró públicamente a fines de junio, respondiendo a varios ataques–, Vargas Llosa es liberal. Defiende la democracia moderna, la libertad individual y la libre expresión por encima de todas las cosas, es decir, las ideas totalizadoras de cualquier marca (manifiesta casi la misma aversión a la Iglesia Católica, al redentorismo revolucionario y al comunismo).
Así se comprende la posición del autor. Alrededor de un tercio de los ensayos se relacionan con novelas que en su época causaron revuelo por el retrato de las costumbres sexuales de sus protagonistas, aunque hoy, dice, algunas argumentaciones «harían sonreír a una niña de colegio». «La palabrota dejó de serIo hace buen tiempo, y el sexo y sus ceremonias se han vulgarizado hasta la saciedad». No existen las perversiones, el bien ni el mal. La única moral posible sería, nuevamente, la propuesta por el Individuo porque el valor último, en definitiva, es él.
«Además de amoralidad, en las entrañas de las novelas anida cierto escepticismo». Amoralidad y escepticismo serían, pues, los ingredientes del liberalismo a ultranza de Mario Vargas Llosa.

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