Visión Global reto del comercio internacional

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El cambio atemoriza y maravilla. Es el signo que marca nuestro tiempo. Implica analizar, planear, medir alcances y riesgos, corregir errores, lograr mejores continuas y no perder el rumbo. Debemos procurar que asegure beneficios, disminuya inseguridades y multiplique alternativas ciertas de desarrollo, para remar coordinadamente sin desperdiciar esfuerzos y recursos. Vamos todos en la misma barca.
Desde el fin de la Segunda guerra mundial se incrementó más que en cualquier otro periodo equivalente en la historia: de 57 billones de dólares en 1947 a 3,700 billones en 1992. En este lapso, el volumen de comercio internacional creció a un ritmo todavía mayor que el aumento de la producción.
En los últimos nueve lustros se ha configurado un esquema económico caracterizado por dos cambios importantes en el comercio internacional. El primero, el notable crecimiento de productos manufacturados; el segundo, el fuerte desarrollo del comercio intra-in-dustrial.
Este avance se facilitó por la reducción de impuestos a las importaciones y la disminución de barreras arancelarias. Los negocios han respondido: diversifican la cobertura geográfica de sus instalaciones, al establecer fábricas en lugares donde su funcionamiento es más eficiente; muchas, cada vez más lejos de sus mercados. Por otro lado, los recursos naturales son cada vez menos relevantes (Japón carece de energéticos y hierro, y exporta acero).
Tiempo, tecnología y especialización de operaciones
¿Resultado? Especialización de operaciones de los negocios a través de las fronteras. Sin embargo, el cambio no sólo consistió en un aumento de volumen, sino en la estructura de las transacciones internacionales. Antes, los países intercambiaban productos de diferentes industrias (México exportaba petróleo e importaba aluminio;hoy, el intercambio ocurre con productos de la misma industria. En el caso mexicano, las principales exportaciones e importaciones manufactureras son los automóviles. De un comercio inter-in-dustrial pasamos al intra-industrial.
La posesión de recursos financieros ha disminuido su importancia como factor de competitividad, debido a la mayor movilidad de capital. En la actualidad, la transferencia de capitales se realiza electrónicamente, lo que facilita los créditos a través de las fronteras.
Las determinantes tradicionales de competencia internacional (recursos naturales y disponibilidad de recursos financieros) se reemplazan por tecnologías de proceso; uso adecuado y aprovechable de tecnología; automatización de funciones – financieras y administrativas, mediante el uso de sistemas electrónicos -; métodos de control de inventarlos; uso efectivo de informática y conocimiento del mercado (necesidades y probable evolución).
Otro cambio importante, que hace difícil mantener el liderazgo, es el referente a la tecnología. Debido a que el progreso tecnológico es cada día más rápido y se divulga aceleradamente, el éxito de los negocios dependerá de la rapidez y efectividad en este renglón. Las compañías ya no son propietarias exclusivas de su tecnología y, cada vez más, estos conocimientos están al alcance de un mayor número de competidores.
El tiempo es también, variable fundamental en la estrategia competitiva para instrumentar avances tecnológicos de manera rápida y efectiva: surtir a los clientes bajo el sistema de justo a tiempo; manejar inventarios de manera óptima; reducir tiempos de entrega y responder velozmente a los cambios del mercado y el entorno.
Una de las mayores revoluciones económicas de los noventa será la aparición, en el escenario internacional, de países que anteriormente tenían economías planificadas y que, ahora, se han convertido en economías de mercado, pues representan un grupo de 1.4 billones de personas. Ciertas regiones, como Europa Central y China se integrarán a este proceso con mayor rapidez que otros. A la larga, esta revolución ha de cambiar la faz de la economía mundial.
La internacionalización acelera el proceso de competencia y eleva aun poder superior la relación entre competitividad de los activos (infraestructura, dinero, tecnología y gente) y los procesos (calidad, velocidad, servicio y producto adecuado al momento). A este nivel existen dos dimensiones: agresividad y atractivo. Ellas definen cómo un país o empresa negocia su proceso internacional. Por ejemplo, Japón, con una elevada agresividad internacional, posee un atractivo pequeño para su mercado doméstico. Irlanda, por otra parte, basa su estrategia de internacionalización con un mercado interno muy atractivo para la inversión extranjera. Los Estados Unidos, en cambio, activan ambos factores: agresividad y atracción.
El resultado de la fórmula de competitividad mundial puede describirse como:
* Participación de mercado.
* Capacidad de obtener ganancias.
* Crecimiento
* Permanencia
Las empresas norteamericanas enfatizan la búsqueda de la competencia para obtener ganancias. Los japoneses prefieren la participación de mercado. Las nuevas economías industrializadas se apoyarán más en el crecimiento y las europeas en el concepto de permanencia. La fórmula de la competencia mundial se aplica por igual a países y empresas. Para unir la competitividad de activos con la de procesos y la internacionalización, se destacan las fuerzas y debilidades de la competencia (tanto de empresas como naciones)
Alianzas estratégicas, la clave
Un elemento importante son las alianzas o asociaciones estratégicas. El mayor grado de interdependencia enseña que es mejor contar con aliados, en un mundo que se hace cada vez más complejo e incierto. Las alianzas estratégicas son herramientas indispensables en el arsenal de todo empresario; se utilizan para obtener avances importantes en participación de mercado, productividad tecnológica y para saber cómo y con quién hacer las cosas. Para que funcionen se requiere de esfuerzo, compromiso y entusiasmo.
En este mercado compartido del siglo XXI, las corporaciones gigantes forjarán alianzas de estrategias creativas con empresas más pequeñas e innovadoras que elaboren productos con sello de alta calidad. Para prevenir conflictos entre ellas, deberá surgir una corporación diplomática que tienda un puente sobre el gran abismo cultural que existe frecuentemente entre compañías grandes y pequeñas.
La clave de una alianza exitosa es el conocimiento de las fuerzas y debilidades – propias y de los socios- para llegar a un acuerdo transparente sobre el papel de cada una en este concierto y en la estafeta de autoridad. De otro modo se mataría a la gallina de los huevos de oro.
Competitividad exitosa y humana
Las corporaciones deberán concentrarse en hacer mejor lo que hacen y formar sociedad con compañías extranjeras que aseguren el acceso a los mercados de ultramar.
Los bloques comerciales pronto empezarán a tomar forma en América del Norte, Europa y Asía. El problema más común, es el creciente descontento entre socios que descubren sus diferentes visiones sobre el mundo. Pero no importa la incomodidad, conflictos o riesgos, los beneficios que logran las alianzas globales, hacen que los riesgos valgan la pena.
Posiblemente la línea divisoria que marcará el futuro de las recién nacidas alianzas globales de esta década pueda resumirse con la frase con la que Winston Churchill definió el papel de la democracia actual: Es la peor forma de estrategia, excepto por el resto de todas las otras alternativas.
La pequeña empresa continuará como el mayor generador de empleos, podría decirse que la manufactura básica y la tecnología gestan la mayoría de los nuevos empleos en el mundo con buenos ingresos, siempre y cuando se mantengan bajas las tasas de interés, disminuya el déficit y se entrene mejor la fuerza de trabajo en mercados abiertos.
Las empresas que sobrevivan serán quienes traten a sus trabajadores como socios y les hagan participes de la empresa, pues hay que recordar que la gente es el mayor de los activos.
La competencia no se da nivel nacional, debe buscarse la competitividad en un ámbito mundial; es más, este concepto es también diverso: no se trata de hundir al competidor para que el negocio sobresalga; se trata de trabajar juntos, porque si el otro fracasa, yo también fracasaré.
Lograrán el éxito las corporaciones que reconozcan los patrones de crecimiento para el próximo siglo y hagan realidad mejores productos, a la medida, y al menor costo.
Cooperación, alianza, participación, servicio e innovación, serán las palabras mágicas que caractericen el nuevo aspecto de las empresas globalizadas en nuestra década y el próximo siglo.

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