Cuando las faldas invaden la oficina

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En su libro Megatendencias 2000, John Naisbitt y Patricia Aburdene los garús del futuro- hablan de los años noventa como el decenio del liderazgo femenino. Y no es casual, por ejemplo, que en nuestro país, según los datos del XI Censo General de Población y Vivienda, sólo en el Distrito Federal, la población masculina económicamente activa sea de 1’949,697 y la femenina de 1’011.573.
Guste o no, el panorama laboral se irá vistiendo de faldas, y las relaciones entre hombres y mujeres deberán abandonar el acostumbrado terreno de lo meramente personal y acomodarse al incierto ambiente y geografía de los escritorios.
El ARTE DE CREAR UN AMBIENTE AGRADABLE
No importa si es hombre, mujer, secretaria o vicepresidente, la conducta entre los dos sexos en el trabajo se ha convertido en un punto problemático. La clave está en comportarse siempre con buenos modales sin ser acusado de prejuicios. Y aquí sirve un buen consejo: en cuestión de etiqueta. averigüe qué se espera en su empresa y adáptese lo mejor posible a esas reglas, sin perder claro – su modo de ser.
La idea que parece flotar en el ambiente del trabajo es: si las mujeres buscan igualdad laboral y se les juzga y ascienden por sus capacidades, antes que por el mero hecho de ser mujeres, las viejas gentilezas sociales deben irse eliminando. Si bien es cierto que no hay mujer a la que no halague ser objeto de atenciones especiales, la cuestión práctica parece irse imponiendo. Pongamos un ejemplo: que el director abra, todavía, la puerta a la secretaria, es un gesto cortés casi en cualquier ambiente de negocios, pero que al recibir una invitación a comer por parte de una mujer, con el mismo rango, él pague la cuenta, ya resulta algo menos corriente.
En la medida de lo posible, el seguir las reglas de etiqueta en el trabajo crea un ambiente de simpatía y calor humano difícil de igualar. La educación es sencillez y naturalidad, no algo superpuesto que incomoda a los otros. Esto repercute en el objetivo principal de la organización que es realizar bien el trabajo, y aunque a veces se nos olvide, hacer grata la convivencia. Por otra parte, hay que evitar los extremos: la falta de galantería. que es grosería, o su exceso, que no tarda en resultar insoportable. Y esto cubre, desde luego, tanto las actitudes de los hombres como los comportamientos de las mujeres. Es importante resaltar que las normas son necesarias, pero no hacen educada a una persona. Es fácil encontrar gente que desconoce reglas de comportamiento social específico pero son educadas porque saben hacer la vida agradable a los demás y, a fin de cuentas, en esto consiste la auténtica etiqueta.

CUANDO LA MUJER ES EL JEFE

Cada vez resulta menos infrecuente que al tratar de comunicarnos con una mujer que se encuentra en una línea alta de dirección. tengamos que vérnoslas con su secretario. Y esto parece sólo el principio de una situación que se irá haciendo más común.
Cuando un hombre trabaja para una mujer, conviene tener presentes algunas pautas que pueden eliminar un posible conflicto, o por lo menos, un desconcierto.
Estas son las que señala Jan Yager en su libro La buena educación en el trabajo:
– Evite ofrecimientos que tengan connotaciones sexuales (Como usted es mujer, necesitará mi ayuda).
– Permita que la jefa indique si su relación será formal o no.
– No malinterprete su cordialidad dándole matices románticos.
– Deje que ella establezca el momento y ritmo de los deberes relacionados con el trabajo.
– Trátela con el mismo respeto que daría a un ejecutivo del sexo masculino.
Ahora bien, si usted es mujer y trabaja para otra mujer, lo que podría ser un paraíso se puede convertir, fácilmente, en un infierno. Esta relación proporciona un falso sentido de tranquilidad que relaja las normas de etiqueta en los negocios. Recuerde: los detalles íntimos o problemas personales no son temas para platicar en la oficina y de ninguna manera con quienes son sus superiores o subordinados (a menos que se trate de una auténtica amistad). En términos generales esas confusiones podrían hacerle sentir incómoda más tarde o frenar su desarrollo dentro de la empresa.
Una sugerencia saludable, en toda situación laboral, es tratar a cualquier ejecutivo, según la etiqueta adecuada para alguien en ese nivel, no importa si es hombre o mujer. Esto, desde luego, con la flexibilidad que otorga el sentido común.

LA CIGÜEÑA EN LA OFICINA

Cuando una mujer que trabaja queda embarazada, es fundamental tomar en cuenta ciertas normas. Es importante manejar la noticia con tacto y darla en un momento oportuno. Algunas mujeres esperan hasta que su estado sea notorio (generalmente desde el quinto mes), otras prefieren esperar por lo menos los tres primeros meses ya que los abortos espontáneos ocurren generalmente en ese tiempo.
Es claro que si su trabajo presenta algún riesgo para el niño, deberá decirlo a su superior inmediatamente, para no encontrarse en dificultades y ver si es factible trasladarla a otras ocupaciones. En caso de dudas sobre. En caso de dudas sobre la seguridad de sus condiciones. de trabajo para el niño, pregunte a su médico. Se debe tener presente que, aunque a nivel personal, tanto sus superiores como sus compañeros o subordinados, estén contentos con su estado, a nivel empresarial, su embarazo modificará – temporal o radicalmente- el ritmo de la organización.
Si está embarazada, aquí le señalamos algunos consejos que podrían facilitar, para usted y su empresa, este paso:
A. Al notificar su embarazo, dé a conocer sus planes para antes y después del nacimiento del bebé. Puede sugerir quién la sustituirá temporalente o buscar otro medio para ayudar a su compañía. Piense en la empresa.
B. Reflexione hasta qué punto son realistas sus planes de reanudar actividades después del parto: en qué términos, cuándo y con qué horario.
C. Si desea volver a laborar conviene enfatizar lo mucho que lo desea.
D. A lo largo de su embarazo cuide minuciosamente su ropa, maquillaje, zapatos y peinado. Su apariencia debe tener un aspecto profesional.
E. Si después del parto desea cambiar sus planes laborales, avise a su empresa lo más rápidamente posible. Redacte una carta de renuncia adecuada donde especifique que el motivo es dedicarse por completo a su hijo. Si así lo desea, deje abierta la posibilidad de regresar con un horario flexible o completo después de un tiempo.
F. Cuando nazca el bebé, llame personalmente o pida a su esposo que comunique la noticia a su jefe, compañeros y cualquier otra persona con la que tenga una relación cercana.
G. Si desea llevar a su niño a la oficina, recuerde que los demás siguen trabajando normalmente. Esto evitará que la presencia de usted y el bebé los distraiga o que se sientan a disgusto.

¿Y LOS AMIGOS?

El tema de la amistad en el trabajo es siempre delicado.
Si surgen amistades en la empresa, procure que no distorsionen su juicio cuando se realicen evaluaciones o cuando se designen tareas diarias. La verdadera amistad es libertad y amor gratuito, no relación utilitaria.
Según Carl sautter, autor de How to Sell Your Screenplay. La regla , tácita en el mundo de los negocios es hacer amistades en el mismo nivel de uno o correr el riesgo de parecer oportunista. Esto ayuda para que ni los demás, ni uno mismo, se sientan utilizados para lograr posiciones o poder. Este pensamiento puede encontrarse muy enterrado pero eso no le resta importancia.
Muchas relaciones terminan cuando ya no existen intereses comunes o igualdad en el organigrama. Es frecuente oír: éramos grandes amigos hasta que me nombraron gerente, o también: Se le subió el puesto. En general, para evitar desconciertos, siga la regla: sea cordial con aquellos para nenes trabaja, pero reserve la amistad íntima para las personas con las que solía trabajar o para gente que no trabaje en su misma compañía.
Muchas personas se sienten mejor si sus amistades pertenecen no sólo a otra empresa, sino a una profesión distinta a la suya. Para los desconfiados – que no conciben la confianza de una amistad auténtica -, esto reduce la posibilidad de filtraciones de información o los celos profesionales.
Harvey Mackay, escribió un libro que pronto se convirtió en un éxito editorial Swim Wit the Sharks Without Being Eaten Alive (Nade con los tiburones sin que se lo coman vivo), allí sugiere: Haga amistad con los empleados de uno a uno. En mayor medida de lo que piensa, trabajan por y para su aprobación, no por un cheque. Su propio éxito depende de cómo se desempeñen ellos; haga que valga la pena trabajar para usted. Concebir los buenos modales como el modo de hacer agradable la vida a los otros y a uno mismo, desde luego- es la manera, siempre a la mano, de humanizar nuestro entorno y crear un ambiente en donde los demás se sepan personas.
Son pocos los casos, pero sí existen, en que la verdadera amistad y el trabajo hacen magnífica mancuerna. De hecho, el trabajo se vuelve creativo y productivo gracias a esta relación. El riesgo -porque sí lo hay- de que el trabajo dañe la amistad, o viceversa, debe ponerse en una balanza.

NO LE BUSQUE TRES PIES AL GATO

Ahora bien, ¿qué sucede si nace una amistad con el sexo opuesto? Si es casado, para usted existen dos palabras importantes: convicción y transparencia. La primera lleva implícita una frase: lo primero es mi matrimonio; las situaciones no se crean solas – ni las positivas, ni las perjudiciales- y hay que poner verdadero empeño en no arriesgar, ni un milímetro, el matrimonio.
La transparencia admite que para cualquier persona -por muy estable que sea la relación con su cónyuge- existen situaciones que la superan; esto es, dicho de otra manera, conocer los propios límites y entender que hay momentos en que lo prudente es decir y decirse no (trabajar hasta tarde en ciertas circunstancias, aceptar invitaciones, regalos, favores…). La trampa de muchas aventuras extramatrimoniales empieza con intentaba ser un buen amigo, pensaba que podía manejarlo o no creía que llegara tan lejos. No le busque tres pies al gato (tiene patas y son cuatro). El respeto al estado civil de uno mismo y del otro, y la delicadeza en el trato son bastiones fuertes para evitar descalabros.
Jan Yager recoge seis sugerencias para mantener amistades de negocios, de manera adecuada, entre hombres y mujeres:
1. Si la amistad se relaciona principalmente con el trabajo, trate de no llamar a su amistad a su casa para cuestiones laborales (en caso de una extrema urgencia enfatice que se trata de eso: una extrema urgencia). Esta regla es de oro en el caso de que alguno de los dos, o los dos, estén casados.
2. Recuerde que no debe dar a su amistad ningún matiz que sugiera otra cosa que cordialidad: vístase siempre adecuadamente. Para las mujeres, eso significa vestirse con ropas poco seductoras. Para los hombres, lo mismo, incluso traer la camisa abotonada correctamente.
3. Tenga sus encuentros durante el día y durante la semana, a menos que incluyan a sus parejas.
4. Evite hablar de sus problemas sentimentales; eso podría preparar el ambiente para un lazo menos amistoso y, para los casados, poner en peligro el matrimonio de él o ella.
5. Si la relación es entre solteros, tenga claro en su cabeza qué campo es el que pisa. Si hay alguna sospecha de romance en la amistad, ya sea de su parte o de la otra, y usted no desea cultivar ese sentimiento, es probable que sea necesario desaparecer elegantemente.
6. En el mismo caso, si uno de los dos tiene un cambio en sus relaciones sentimentales, esté preparado a que su amistad tenga que ser aceptada por la nueva pareja, puesta en suspenso o terminada.
En conclusión, reflexione sobre su modo de actuar con el sexo opuesto para evitar que algo bueno parezca malo; esto incluye gestos aparentemente inocentes (por ejemplo, apoyar la mano sobre el hombro de alguien o abrazarlo con mucho entusiasmo). Los expertos sugieren evitar el contacto físico en la medida de lo posible, que el otro pudiera interpretar como acoso.
En este renglón, es también preferible encontrarse en público y dentro del horario normal de oficina, y si no es posible, lleve con usted a otro compañero.
Pero lo principal en cualquier relación humana es recordar que todos estos consejos o sugerencias – como casi todo en nuestra vida – deben condicionarse a algunos puntos neurálgicos: rectitud de intención, flexibilidad, sentido común, respeto a los demás, conocimiento propio…

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