Estados Unidos la época del terror

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Ilustra este tema un compositor rockero del grupo Grateful Dead llamado John Peny Barlow, que observa el miedo a la libertad, a la vida que padece su patria: cada vez más, un estado de ánimo nacional (1). Nacido en Wyoming, este cantante tiene algo de vaquero y desciende de pioneros. Se dedica actualmente a las redes de comunicación por micro-computadoras cómo solución para recuperar una vida comunitaria que se ha perdido. Sus raíces se remontan a un pequeño pueblo donde una estrecha comunidad no echaba en falta los candados en las puertas. Nació respirando una libertad básica, con respeto a cada quien en su persona, pensamiento y bienes. ¿Abogados? ¿Para qué? La libertad no era asunto legal; simplemente se practicaba.
Había, desde luego, como en todo pueblo vaquero que se respete. Asesinatos y robos, pero a pesar de las muertes, no había miedo. Todos se conocían y si a alguien le disparaban o era difícil saber por qué. El homicidio no era abstracto. Era una amenaza militar, igual que los caballos salvajes el invierno.
Cuando la confianza es tontería y el miedo necesidad
Este hombre experimentó allí, en sus propios huesos, una libertad que no era teoría o derecho escrito, a diferencia de lo que pasa hoy en su país. La libertad era, como la vida, una experiencia diaria. Sean cuales fueren las garantías, creo que la libertad reside en su ejercicio. Es la capacidad de decidir y actuar conforme a ello. Uno es tan libre como son sus actos.
El ejercicio de la libertad requiere que la gente confíe entre sí y en las instituciones que forma. Tiene que sentirse a gusto en su sociedad. Pero los norteamericanos no parecen confiar mucho en sí mismos en estos días. ¿Para qué podríamos usar tres veces más abogados per cápita que en 1970? ¿Para qué más estarían tan decididas nuestras universidades en imponer tolerancia si te expulsan por decir lo que piensas, sin darse cuenta de la ironía? ¿Por qué otra cosa habríamos de enseñar a nuestros hijos a temer a los extraños? ¿Por qué estamos tan temerosos de miramos a los ojos?
Hemos llegado a ver la confianza como tontería y el miedo como necesidad. Vivimos en terror de que la gente alrededor nuestro pueda darse cuenta de lo que estamos pensando… ¿Qué ha pasado con nuestra libertad?.
Arremete este pensador contra la televisión como única forma de mirar al mundo. Con su modelo de dar información sobre las cosas se convierte en la forma, a veces única, de conocimiento, mucho más que la experiencia.
Antes, cualquiera sabía que un oponente de hoy podría salvarme de una nevada mañana, de manera que la tolerancia y la confianza eran necesidades prácticas. Viviendo en un mundo que podíamos comprender, encontrábamos que la libertad era fácil de sobrellevar… Hoy los medios, en una forma irracional, abierta, han enseñado a nuestros conciudadanos que el mundo es peligroso Nos dicen que la naturaleza está contra nosotros Que los demás humanos son unos embusteros vestidos de traje, truhanes, fanáticos, psicópatas, y ante todo víctimas que se aparecen mucho a ti.
La televisión, continúa Jonh Barlow, amplifica las tropelías del mundo sin darnos oportunidad de responder ni argumentar en contrario; prefiere las imágenes terribles porque vive de nuestra atención y eso es precisamente lo que vende. Asustar es, como el sexo, una forma eficiente de mantenernos enfocados, de golpear tus glándulas del miedo como una electricidad.

Miedo de vivir

Saco de lo anterior una reflexión adicional. A nuestros vecinos les gusta tanto estar high y excited con sensaciones fuertes que les hagan pensar que sólo así vale la pena vivir la vida, que han conformado el mayor mercado de drogas del mundo. En el fondo de la drogadicción, en definitiva, está el miedo de vivir.
Hemos erigido un luminoso altar en el centro de nuestras vidas, que se alimenta de nuestro terror: el Miedo se ha convertido en nuestra religión nacional…
Pero no se puede edificar una sociedad de abierta confianza en una atmósfera de abierto miedo. Los temerosos nunca son libres. Si hemos de responder el golpe – si hemos de tener el coraje necesario para practicar la libertad- necesitamos otra clase de revolución. Necesitamos una nueva forma de entendimiento del mundo que no se aproveche de nuestro miedo.
Termina este rockero su cri de coeur, de dolor por su país, citando a Jefferson, un hombre extraordinario y uno de sus fundadores: Me imagino un mundo, que muy pronto habrá de venir, en el que las ideas puedan esparcirse como fuego, que se expandan por todo el espacio, sin perder su densidad como el aire que respiramos… incapaces de ser confinadas o apropiadas por nadie. Si las ideas se pueden esparcir como el aire, entonces la libertad, como el agua, fluirá alrededor de los que se le pongan enfrente.
Hay mentes lúcidas como la de John Peny Barlow en esa sociedad tan educada, pero tienen poca mella ante una mayoría miedosa de no parecer politically correct. Por ejemplo, el no defender a los homosexuales aparece como luna inexcusable transgresión. En ciertas universidades es reaccionario preferir la cultura europea sobre la africana. ¡Pobre del profesor intolerante que exprese su opinión libremente! Toda minoría va configurando nuevos derechos y los gana en los tribunales. Es el caso de los activistas pro-derechos de los animales, capaces de convencer a un juez de cerrar un laboratorio que se dedica a producir fármacos para producir vidas humanas, porque realiza sus pruebas experimentando con animales. Pobre país, tan lejos de su gloriosa historia aventurera y tan sumido en el miedo ante el atemorizante y desconocido futuro. (1) Estas líneas son parte de un reportaje sobre la libertad para Public Television System (PBS) al que también fue invitado Salman Rushdie. Obtengo este escrito gracias a mi amigo Peter Denning, residente en Washington.

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