Narradores de la Noche

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Narradores de la Noche
Rafik Schami
Cuentos
Siruela, Madrid. 1990, 234 págs

La trama del narrador sirio en esta obra (publicada originalmente en alemán, merecedora del premio «El flautista de Hamelin») pertenece ella misma a un cuento de hadas. El protagonista es un cochero viudo llamado Salim, especialista en narrar historias que hacen la delicia de propios y extraños en el antiguo barrio de Damasco. Un día, el hada que le inspira todas las narraciones se le aparece para notificarle que está a punto de jubilarse. Al suceder esto, Salim perderá la voz y nunca volverá a contar historias. Pero por una concesión especial del rey de las hadas, el hada de Salim será sustituida por una más joven con la condición de que, en menos de tres meses, Salim deberá recibir siete regalos especiales de manos de sus siete mejores amigos: Alí, Mehdi, Musa, Faris, Tuma, Junis e Isam.
Entretanto, dispone de veintiún palabras para comunicarles el secreto antes de perder el habla. El resto del libro pende de este sencillo planteamiento, que no es sino un pretexto para que Schami entreteja cerca de veinticinco narraciones breves (sin contar los chistes), que incluyen desde la vida de los íntimos de Salim hasta descripciones políticas y de costumbres de la Siria de Nasser y el mercado de Damasco.
Schami conoce su oficio. La superposición de cuentos, anécdotas, descripciones y gracejos nunca deja sensación de caos. A pesar de carecer de un desarrollo poderoso o un argumento sólido, la técnica del cuentista permite dar unidad a elementos dispares. Algunas páginas tienen la fuerza del proverbial lirismo árabe, como la narración del demonio que robaba las voces, o el realismo ingenuo de las autobiografías de Tuma, el emigrante, y Junis, propietario del café.
Schami también recoge, como de paso, algunas reflexiones sobre el lenguaje y la profesión de narrador: «la lengua es como las manos del alfarero, que convierten el barrio en recipientes útiles y bellos» (p.92); «las palabras son capaces de hacer más cosquillas que los dedos» (p.172); «las palabras son flores mágicas y delicadas que sólo encuentran un suelo propicio en el oído de otra persona» (p.206); «no se puede contar una historia divertida sobre alguien que no quiere escuchar. Tampoco se puede dar siempre vuelta a las historias y hablar elogiosamente de alguien que sabe escuchar para que resulte atractivo a los de oído duro. Eso sólo lo hace un narrador que piensa que sus oyentes son débiles mentales. No, hay que hablar sin miramientos de la gente que no quiere escuchar aunque haya llegado al mundo provista de dos oídos…» (pp.203-204); «Sólo los malos narradores recuerdan de memoria las historias con todo lo que forma parte de ellas» (p.207); «Dios sólo debe regalar una vida larga y feliz al que sabe escuchar» (p.216).
El libro, en resumen, rebosa calidad, frescura y buen humor. Schami está llamado a ser uno de los nuevos clásicos de la literatura oriental.
El volumen sólo tiene un defecto: no es fácil de encontrar.

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