¿El superman de los negocios?

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Quizá el reto más importante que un profesor de Política de Empresa enfrenta en el desempeño de su actividad, es conocer a profundidad y detalle, con valor científico y práctico, el fenómeno de la Dirección, en toda su extensión y riqueza.
Este fenómeno humano y necesariamente social –pues se produce en grupos de personas tan complejos como resultan las empresas– ofrece un sinnúmero de vetas de trabajo, inagotables en sí mismas.
Sin distinción hay confusión
En nuestra sociedad, en la que jurídicamente no existen esclavos la Dirección no es una acción individual por la que uno o varios sujetos obedecen pasivamente a otro: a quien dirige; es una relación activa por la que uno elige la acción que otros, y él mismo, habrán de realizar, y que éstos, a su vez, eligen realizarla como se les pide.
Los esfuerzos que en el mundo se conjugan por avanzar hacia un conocimiento más completo y preciso de esta relación, han producido un cúmulo de descripciones tipológicas que pretenden explicarla de manera acabada. Naturalmente todas son superables, falibles, inacabadas y perfectibles; pero el principal defecto de muchas nace de la ambición personal de sus creadores, que han pretendido poseer la verdad de un fenómeno inagotable y escurridizo, porque es humano.
La falta de precisión en la formulación de los conceptos fundamentales, ha llenado de ruido inútil y molesto el medio académico de los negocios y, específicamente, los estudios acerca del fenómeno de la Dirección.
Una de las derivaciones más importantes en este desarrollo –por prolíficas y populares– es la que dedica páginas y más páginas al liderazgo. Desde la figura del «líder» se ha pretendido abarcar el fenómeno de la Dirección y, al mismo tiempo, se ha confundido con todas las situaciones que vive quien es «líder». No se trata sólo de una confusión semántica. Hoy, la cultura norteamericana identifica la figura del «líder» con la cabeza de un grupo, el primer lugar de una competencia o el más brillante en alguna disciplina: «líder» significa, en términos prácticos, el primero, como posición relativa.
Al Director se le llama «líder» por su posición relativa: es el primero, va al frente dentro de su empresa y con relación a otros Directores. Utilizando ésta como principal referencia de su condición, se estudia su desempeño así como sus características siguiendo diversas aproximaciones metodológicas. Se mira al «líder» campeón –Director dentro de la figura del «líder»–, como si se tratara de la misma condición en todos los casos.
«La palabra líder –dice Joan Ginebra en su libro– se asocia, en Norteamérica, al concepto de Superman de los negocios»: al hombre exitoso; campeón que ha ascendido hasta la cabeza de la organización; que ha desarrollado un emporio con sus propias manos, o que ha hecho, mejor que nadie, lo suyo. Pero esto no distingue lo que, en su camino, ha sido la Dirección.
Y con este concepto, más o menos dibujado, los autores norteamericanos crean o identifican, en algunos personajes calificables desde sus referencias como «líderes», tipos ideales; describen exhaustivamente sus características, ofreciendo medios, ideas, vías de desarrollo para quienes aspiran llegar o, siendo «líderes», quieren mejorar.
Sobre la relación del líder con su grupo, si se habla de la empresa, estos autores identifican un elemento que completa su explicación: las circunstancias. Siguiendo un tratamiento taxonómico, sintetizan, en unas cuantas, las posibles condiciones frente a las que un tipo ideal, con sus capacidades, puede o no ejercer la Dirección, encabezar el grupo.
Frente a este panorama, Joan Ginebra dedica un considerable esfuerzo al tema del liderazgo en su afán científico por sumergirse más en el fenómeno de la Dirección, y ha sido capaz de distinguir el liderazgo como fenómeno singular aunque comunicado con el primero: «Se puede dirigir bien sin ser líder, pero serlo facilita la buena Dirección».

Seguir espontáneamente

«El liderazgo –indica Ginebra en uno de sus primeros trazos– es un fenómeno psicosocial en virtud del cual un grupo de personas, llamadas seguidores, son arrastradas por otra llamada líder».
Todo un grupo vive alrededor de fines comunes a sus miembros, fines para los que se comparte la acción. Pero cuando el grupo vive alrededor de una persona, de lo que ella quiere y hace, surge el fenómeno que Ginebra identifica como liderazgo.
El liderazgo descubierto en esta obra, trata del hecho que se produce cuando alguien es seguido espontáneamente por otros. Cuando los que se reúnen lo hacen visiblemente por seguir al guía, al líder.
Ya se ve que a partir de esta distinción, a partir del objeto de estudio definido fenomenológicamente desde el propio hecho y no por el sentido ni por el contenido que los actores –los involucrados– reconocen en él, se puede hacer un trabajo aterrizado y consistente, mucho más preciso y, por lo tanto, más útil. El autor de El liderazgo y la acción examina la cuestión como el mejor cirujano y la presenta al lector con toda su riqueza, variando perspectivas y destacando matices.
Sin embargo, Ginebra no se queda en la sola descripción del fenómeno, no exime a los verdaderos líderes de la responsabilidad que, precisamente por su condición, adquieren. Por el contrario, cuanto más avanza en su desarrollo, más insiste en la obligación que tiene el líder de trabajar para los seguidores, pues el que lo sea se explica por lo que aquéllos esperan de él.

Líder, circunstancias y seguidores

A partir del fenómeno claramente delimitado, la elaboración analítica avanza hacia la explicación por sus causas. Y, coincidiendo en esto con otros trabajos sobre el tema, ofrece dos grandes rutas de exploración: «Este seguimiento responde a unas circuntancias, tanto como a unas características personales del líder».
El seguidor va detrás del líder, porque ve en su persona el medio para lograr una mejor situación, a partir de sus circunstancias. Reconoce en él o ella un conjunto de atributos que le hacen abdicar en su favor la búsqueda personal de su felicidad, realización, seguridad.
Los atributos que, bajo diferentes signos, reconoce el seguidor en el líder son, según Ginebra, los siguientes:
– «Ese es capaz».
– «Quiere mi bien».
– «Eso que me plantea (representa o busca), vale la pena».
– «Él mismo se involucra de modo total».
Las circunstancias hacen al líder, más o menos atractivo –y hasta necesario–, para el seguidor. La capacidad personal adquiere relevancia en tanto que es aplicable con eficacia, a la situación. Un líder, según esta línea conceptual, siempre lo es, entre otras cosas, gracias a la capacidad reconocida por sus seguidores: las circunstancias no hacen al líder, pero el líder se hace entre las circunstancias, por sus seguidores.

Liderazgo y acción

«Se puede ser buen Director General sin ser líder (…) Se puede ser líder y acabar dirigiendo mal». Con estas sentencias del autor podría cerrarse este apartado y el comentario a esta obra, trazada magistralmente con pinceladas profundas y sugerentes. Pero conviene hacer una reflexión más.
La Dirección, como fenómeno, contiene la relación de quien elige lo que hay que hacer –y en ello la situación futura, buscada a través de la acción– con quienes eligen hacerlo y lo realizan como grupo. En este objeto se presentan gran cantidad de elementos y factores que, en cada caso, en cada grupo o empresa, producen infinitas variaciones.
Hasta ahora ha sido posible identificar categorías globales, grupos de «cosas» cuya naturaleza operativa se asocia a su efecto sobre el conjunto: fines, objetivos, misiones, visiones, valores, estructuras, funciones, procesos, procedimientos, políticas, reglas, normas, estándares, etcétera. Pero la realización es humana y por lo tanto única. Aunque los Directores cuentan con ésos y otros elementos para hacer su trabajo, cada cual echa mano de lo que puede y le sirve mejor.
Para Joan Ginebra, el liderazgo no es una alternativa a la Dirección, ni un modo de dirigir: es un modo de mover la organización. El liderazgo es un modo alternativo, más no excluyente, de muchos instrumentos, de las «cosas» que, instrumentalizadas, producen movimiento en el grupo.
El líder arrastra la organización por su persona y desde las circunstancias particulares que la enmarcan. Se apoya poco o nada en los fines, políticas, procedimientos para hacer avanzar al grupo. A éste le basta la acción de su líder para caminar con él. En el líder, la elección del futuro es personal y no requiere de apoyos instrumentales para poner en marcha a los seguidores, no hacen falta premios ni castigos por los tramos recorridos, no se precisan instrucciones claras para disparar la acción de cada seguidor: el arranque es inmediato. Pero nada de esto asegura una buena elección ni la acción eficaz del grupo.
La acción del Director, además de la capacidad de mover a la organización con unidad, exige entre muchos atributos, capacidad de elegir fines buenos para la empresa y para sus miembros, eficacia en la realización del negocio, prudencia para el avance frente a la oportunidad, equilibrio de juicio, sentido de responsabilidad y, fundamentalmente, afán de servicio a los colaboradores y a la sociedad a la que sirve.
El líder de Joan Ginebra tiene, en la posición de Director, el movimiento de la organización en sus manos, pero está obligado a atender todo lo que se le exige por su cargo, en su encargo.

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