Salud laboral en situaciones de emergencia

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La conflictividad laboral en sus distintos grados y manifestaciones siempre será una realidad posible debido a que su origen está, en última instancia, en las diferencias entre personas y grupos. Esta diversidad de la que se alimenta el conflicto no es, sin embargo, una situación siempre adversa para las organizaciones y grupos humanos; puede representar el nutriente fundamental para el desarrollo y la creatividad a condición de que sea constructivamente manejada. Uno de los efectos de las crisis es evidenciar y profundizar las diferencias ya existentes pero, por otro lado, representan también la oportunidad para encontrar los puntos de acuerdo y comunión que, con frecuencia, no son observados.
La crisis actual ¾ en todos los órdenes (económico, político, axiológico…)¾ pone a prueba la solidez de las organizaciones, los liderazgos al interior de las mismas y los valores comunitarios de sus integrantes. Para el caso de las empresas, resulta indispensable redefinir sus estrategias laborales ante las nuevas circunstancias y expectativas socioeconómicas. Antes de la devaluación, ya experimentaban una situación adversa, pues el mercado estaba deprimido y el marco de competencia planteaba retos difíciles de enfrentar, pero la actitud de fondo de empresarios y trabajadores seguía siendo de confianza. Hoy, ocurrida ya la devaluación, una nube de pesimismo cubre el país. Es preciso reconocer, para poder remontarlo, que también constatamos el carácter tolerante y laborioso de nuestro pueblo y trabajadores.

6 estrategias contra el conflicto

Las empresas deberán realizar un esfuerzo especial por hacer coincidir sus planes productivos ¾ en muchos casos de sobrevivencia¾ con un programa integral de salud y estabilidad laboral que logre un ambiente de trabajo e integración para soportar los conflictos que surgen como resultado de las expectativas frustradas y de las inconformidades por un ingreso lastimado.
Desde nuestro punto de vista, estas estrategias deberán contar con:
* Información amplia y consistente sobre la marcha de la economía y la situación de las empresas. Hoy, más que nunca, los mexicanos requieren información veraz y oportuna y, al interior de las empresas, esta necesidad es una verdadera exigencia de salud organizacional. La ausencia de información siempre se suplanta por suposiciones.
* Propiciar o mantener la integración de grupos de trabajo, con la consecuente identificación de empleados y trabajadores con la empresa. Es indispensable promover el sentido de pertenencia que, aunque siempre es una aspiración de los trabajadores, hoy tiene carácter de urgencia.
* Consolidar liderazgos y el sano ejercicio de la jefatura. La práctica del mando debe mantener en equilibrio firmeza y cercanía. Firmeza en relación al logro de las metas, productividad, no desperdicio y calidad. Cercanía para el apoyo socio-emocional a grupos de trabajo y reconocimiento a los esfuerzos.
* Impulsar la participación y consulta a todos los niveles. Es fundamental propiciar la creatividad en todas las áreas y departamentos. Los trabajadores y directivos tienen mucho que aportar; en una situación de emergencia, como la que hoy vivimos, siempre contribuyen si se crean las condiciones para ello.
* Intensificar planes de capacitación y entrenamiento en el lugar de trabajo. Realizar un esfuerzo continuado por capitalizar la experiencia acumulada. Una medida útil en este sentido es habilitar al buen trabajador como entrenador de nuevos empleados y de quienes requieran apoyo para mejorar su desempeño. Con mucha frecuencia, la capacitación verdaderamente útil es la que se da al pie de la máquina y en relación a problemas específicos.
* Involucrar a la representación sindical, a través de programas de desarrollo laboral, a participar y comprometerse en la estrategia general de la empresa. En este sentido, las administraciones de las empresas deberán impulsar y apoyar los proyectos de formación y concientización laborales, pues desgraciadamente muchas de las centrales sindicales aún permanecen alejadas de los comités y delegados de las empresas. Evidentemente esta labor subsidiaria se realizará con decisión pero también con delicadeza para no lastimar susceptibilidades.
Los anteriores son solo algunos elementos indispensables para constituir una estrategia que mantenga o promueva la salud laboral en las organizaciones en una situación crítica como la que estamos enfrentando.

De la sorpresa a la reestructuración

La crisis económica afecta gravemente a empresas y empleo en México. Todos tendremos nuevamente ¾ realidad dolorosa e inevitable¾ que vivir con menos. Haciendo a un lado consideraciones macroeconómicas que varios analistas han evidenciado, lo cierto es que, al interior de muchas empresas, se está pasando de la sorpresa a los programas de reestructuración acompañados de las tensiones y conflictos en las relaciones de trabajo. Esto deja a las organizaciones sindicales y a los representantes de los trabajadores con una muy escasa posibilidad de maniobra. Por otro lado, las primeras acciones de la administración y de los cuadros directivos, muestran una visión típicamente reduccionista de corto plazo (“vamos a salvar del negocio lo que se pueda”) y muy pocos están siendo creativos y tomando en cuenta las nuevas áreas de oportunidad que hoy se abren tanto en la administración interna como en el mercado.
No faltan en la prensa nacional las voces del pasado que, como es su costumbre en situaciones críticas, lanzan la vieja consigna inspirada en la lucha de clases, llamando a las organizaciones sindicales a empuñar las armas de la confrontación y de las ciegas exigencias reivindicadoras, como si la sola presión política fuera capaz de mejorar la situación. Desde luego que ambas respuestas a la crisis actual (el reduccionismo y la confrontación) surgen como reacción inmediata y aprendida porque dio “buenos resultados”, en su momento y en otras circunstancias, a alguna de las partes en conflicto.
Pero hoy el país vive situaciones nuevas en esquemas nuevos. El estatismo está siendo superado; la apertura comercial y la competencia son un hecho; los aires democráticos, a pesar de las deficiencias, ventean a la sociedad mexicana; e iniciamos una nueva relación entre autoridad pública y sociedad civil. Lo anterior tiene una repercusión inevitable en la vida de las empresas e impacta también a las relaciones laborales; por ello las invitaciones confrontadoras (políticas y sindicales) no han tenido eco en el ánimo de la población y los trabajadores. Nuestra experiencia en el trato continuo con los trabajadores y sus representantes afirma que están dispuestos a comprometerse y colaborar con sus empresas; son realmente pocos los que consideran la actual situación como insuperable. También hemos constatado en muchos empresarios y directivos una nueva visión de la empresa y de la forma de hacer negocios. Los aires democráticos se han ido traduciendo en esquemas de participación y de desarrollo compartido; tal vez por ello, la gran mayoría de los empresarios, grandes y pequeños, conservan la esperanza y mantienen el esfuerzo. Pero también es cierto que hace falta dar pasos hacia una consistente reconversión y modernización de las relaciones industriales.

Visión fresca y creativa

No hay mal que por bien no venga, dice un sabio adagio popular que bien podría acomodarse a nuestra situación. La crisis actual es una invitación para que la administración y el sindicato de las empresas se reencuentren en el marco de una relación constructiva, diseñando en forma conjunta estrategias laborales que, en el corto y largo plazo, deban implantarse no solo para sortear la crisis sino también para impulsar la actualización de la empresa en todas sus áreas y, finalmente, colocarla en una mejor situación de competitividad.
El planteamiento anterior exige una visión fresca y creativa que implica varios elementos:
* Constituir un nuevo marco laboral en el que administración, sindicato y trabajadores pacten una relación comprometida de colaboración, soportándola con un consistente programa de información y comunicación a todos niveles.
* Establecer un diagnóstico integral de la situación de la empresa como punto de partida para impulsar un programa emergente como resorte hacia el largo plazo.
* La estrategia laboral que se implemente a partir del diagnóstico deberá conjugar: productividad y calidad, capacitación y desarrollo, comunicación y relaciones constructivas de trabajo y, finalmente, comercialización y mercadeo.
La economía mexicana requiere de empresarios y directivos más sensibles a las exigencias de las relaciones laborales, y de trabajadores y representantes sindicales más involucrados con las exigencias de los negocios.

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