Educación y posmodernidad

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A punto ya de llegar al siglo XXI, nosotros, la gente del siglo pasado, tenemos miedo al futuro pero también afán de conocerlo. El temor y la esperanza atraviesan nuestras vidas. Una realidad emergente se avecina. Son las contradicciones incontroladas de un mundo en gestación.
La educación universitaria es uno de los pilares de este inquietante desarrollo social. Ante los cambios históricos, el profesional de la educación no debe encerrarse en el pasado sino reflexionar asiduamente sobre los problemas de su tiempo.
Nuestra época ha sido nombrada “posmoderna”. El posmodernismo es un movimiento intelectual que imprime un nuevo orden a nuestra civilización y cuyos alcances apenas advertimos.
De la crisis moderna surge el posmodernismo, no sólo como reacción, sino como intento de superación. Aclaremos que tanto en lo moderno como en lo posmoderno existen aspectos positivos y negativos.
Éstos son algunos elementos de la modernidad:
1. Fe absoluta en el hombre y su razón.
2. Esfuerzo por purificar al mundo de lo mítico, mágico o ilusorio (el hombre moderno se preocupa por constatar empírica y racionalmente los hechos).
3. Confianza en la idea de un progreso histórico abierto al infinito.
4. Relatividad del conocimiento (la idea de la verdad estable y necesaria es cada vez menos clara).
5. Nuevo valor a las fuerzas instintivas subconscientes.
6. Individualismo posesivo.
7. Pragmatismo.
8. Influencia de los medios de comunicación.
9. Intento de homogeneizar y normar todo de manera precisa.

Matices posmodernos

La posmodernidad, por su parte, es un enjambre de realidades sociales, políticas, culturales y educativas. Estos matices dificultan su definición. Aun así, es posible encontrar algún denominador común. Sus características:
* Falacia del progreso continuo o de una supuesta racionalización del futuro. No sólo las catástrofes y accidentes provocan cambios, la misma técnica no siempre es bien utilizada (es el caso del armamento: a cualquiera le parecería grotesco afirmar que éste ¾ cada vez más sofisticado¾ es muestra de progreso humano). Ello no significa que la técnica sea mala sino que necesita acompañarse de otros valores: estar al servicio del hombre para perfeccionarlo y no éste al servicio de la técnica.
* Énfasis en la grave despersonalización en diversos ámbitos, especialmente dentro del Estado, la empresa y la educación. Max Weber, sociólogo alemán, señaló el mercantilismo en la educación: “el muchacho norteamericano piensa que el profesor que tiene delante le ofrece sus conocimientos y métodos a cambio del dinero de su padre, exactamente del mismo modo que la verdulera vende a la madre del muchacho una col”. Otra muestra de despersonalización en la universidad es la matriculación: el alumno se siente un número más que conforma el mercado de la empresa universitaria.
* Resurgimiento de lo mágico y mítico. Se manifiesta en el éxito, por ejemplo, de talismanes que se cree superarán la adversidad y preverán el futuro.
* Saturamiento de información provocado por el desarrollo de los medios de comunicación. Guilles Lipovetsky expresa en “La era del vacío”, que todos estamos informados pero nadie parece entender nada. Esto podría denominarse “crisis de significados”: se busca la expresión y la forma sin contenidos.
* Búsqueda de solución a los problemas a través del fortalecimiento de vínculos personales y comunitarios.
* Permisivismo provocado por la corriente relativista moderna que desdibuja la verdad acerca de la naturaleza humana.
Todas estas características comparten una cierta visión acerca de la persona. Se acentúa cada vez más su espontaneidad, pluralidad y complejidad; es decir, la primacía del hombre sobre las cosas.
La posmodernidad hace estallar los grandes sistemas, pero no para crear nuevas estructuras, sino para desencadenar fuerzas que el proyecto moderno contuvo. Verdad, razón, progreso y lenguaje ceden ante las verdades parciales, las razones diversas y los lenguajes múltiples. En resumen, se trata de un cambio de racionalidad.
En el terreno de la educación, significa la muerte del estudiante pasivo y únicamente receptor. A su vez, el docente ya no puede ser unidimensional o unidisciplinario. Es el fin de los programas de estudio cerrados, acumulativos y sistemáticos. Surge un tipo de enseñanza distinta a la tradicional.
La docencia universitaria moderna, hasta los años 60, seguía la línea de una pedagogía homogeneizadora. Más tarde, con la posmodernidad de los 70, se genera una educación que busca la particularidad y las diferencias que caracterizan a cada persona.
Es la época de la educación activa y personalizada, se educa produciendo. La antigua jerarquía docente-discente se vuelve relativa: la individualidad de ambos es soberana. Se concluye, así, en una relación de colaboradores.
Educación virtual, ¿es posible?
Es innegable que la realidad posmoderna significa un avance en algunos aspectos educativos. Sin embargo, no podemos cerrar los ojos a sus excesos cuando se pierde el control sobre ella: desaparición del docente y del discente, de los contenidos educativos y los programas de estudio; explosión ilimitada de recursos didácticos; el fin de la escuela y de las instituciones son posibilidades abiertas de lo que pretende ser la posmodernidad.
Por su parte, el avance científico y tecnológico ha reforzado estas tendencias reales de la educación de nuestro tiempo. Muestra de ello son la virtualización de las clases y la globalización de la educación a través de Internet y multimedia.
Es preciso recuperar el control de estas tendencias sustentándolas filosófica y didácticamente. Para ello hay que entender esta virtualización del mundo como parte del mismo proceso de humanización, es decir, como medio de perfeccionamiento: ir más allá de lo que ya es, acceder a mundos nuevos traspasando coordenadas espacio-temporales. La educación debería conducir a un mejor conocimiento de la realidad y no a un escape de ella: entender lo virtual como medio para contemplar el mundo, no como única posibilidad de acceso a él.
Los docentes no dejarán de ser lo que son por la existencia de una realidad virtual. La formulación de problemas, la conceptualización y transmisión del conocimiento deben persistir, apoyados por la metodología actual. Así lo apunta Philippe Quéau en su libro “Lo virtual”, donde alude a una pedagogía tridimensional donde el carácter abstracto de los modelos y su simulación concreta, ofrecen nuevas perspectivas didácticas.
Lo fundamental es realizar proyectos educativos en los que, mediante un esfuerzo de inventica (ciencia que une la máquina y la imaginación), conjuntemos contenidos que perfeccionen al ser humano con la variedad de formas que la posmodernidad aporta.
Otro factor a tener en cuenta es la educación interdisciplinaria. Ello no significa anular la especialización, sino poner de relieve la necesidad de formar integralmente.
Ante una realidad compleja, el docente universitario debe saber situar lo particular con respecto a lo general. El profesional de la educación no sólo necesita conocer su especialidad, sino saber sobre otras ciencias o disciplinas que lo enriquezcan aún más. Así se generará mayor conocimiento en el cruce de diversas disciplinas.
Tarea profundamente humana
Es necesario que el hombre del siglo XXI sea capaz de responder a las exigencias de su tiempo. Promover una tolerancia en la heterogeneidad que no desemboque en relativismo o permisivismo moral. El especialista en docencia Guillés Ferry, en su libro “Le trajet de la formation”, señala cómo un docente debe contar con formación académica y pedagógica, promover la interdisciplinariedad y comprometerse en la tarea de llegar a lo radical de la educación: la formación de una conciencia capaz de ofrecer las mejores alternativas a los estudiantes.
Mejorar la educación es, por tanto, adaptarla a las necesidades de hoy mediante los fundamentos del nuevo paradigma para la docencia universitaria:
* Educación pluridimensional para el estudiante.
* Fin del docente y del discente unidimensionales.
* Formación más integral e interdisciplinaria para el docente y el discente.
* Educación relacionada cada vez más con los problemas concretos de la sociedad.
* Mayor integración de los contenidos educativos.
* Aumentar la articulación entre la educación curricular y extracurricular.
* Dar más tiempo para el trabajo e iniciativa personal del estudiante.
* Mayor integración de los procesos de enseñanza-aprendizaje y animación.
* Restablecer el equilibrio entre la formación humanista y científica; entre la intelectual y afectiva; entre la artística y la tecnológica.
* Adaptar los avances científicos y tecnológicos a la tarea profundamente humana de la docencia universitaria.
* Mayor profesionalización del docente universitario y de la formación universitaria de los estudiantes.
El antiguo orden educativo declina ante nuestros ojos, al tiempo que un mundo nuevo nace de manera eruptiva; si ofrecemos respuestas en nuestra docencia universitaria, nuestros miedos coincidentes, con la llegada del año dos mil, se desvanecerán por añadidura.
Se respiran ya aires, tiempos de alteridad, que exigen un perfeccionamiento íntimo de la persona humana.

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