No me gusta esta realidad

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Todos estamos en riesgo de caer en una subcultura de la evasión, este mundo nos agrede: supertecnificado, racionalista, violento, consumista y además, montado sobre coordenadas puramente económicas. Con frecuencia dan ganas de ser como Mafalda y decir: «aquí me bajo».
Especialmente los jóvenes sienten la tentación de crearse un micromundo a su gusto donde puedan conectar con esos elementos instintivos, exóticos, que por oposición a la sociedad antes descrita, resultan sumamente atractivos. No sólo buscan la liberación externa, también la interna, pero esa pasión por lo instintivo con frecuencia lleva a exaltar muchos excesos que sólo contribuyen a crear más ataduras.
Pero, repito, el riesgo es para todos; las drogas no son el único camino, basta cerrar los ojos ante lo que no nos gusta, de nosotros mismos o del mundo circundante y viviremos cada uno en su universo interior de emociones, sentimientos, aspiraciones mezquinas o grandes sin conexión con la vida.
Mucho se habla hoy de ser sinceros, auténticos y sin embargo, también se cuela la tendencia a ocultarse en el anonimato y a disfrazar los verdaderos móviles de los propios actos, ante uno mismo y ante los demás; la tentación a fabricarnos la verdad, a que sea verdad lo que nos conviene. Otro modo frecuente de engañarnos es no querer sacar las consecuencias de la verdad para no enfrentarlas.
Aun con actitudes de ese corte, no podríamos evitar escuchar ese zumbido inquietante, un rumor continuo y sordo, como olla de presión que amenaza, impide permanecer indiferente y provoca la reflexión. La realidad se encuentra en peligro de disolución, falta el sentido de la prioridad de la vida, urge reencontrar el perfil de la realidad a la que pertenecemos.
Al abordar estos problemas, istmo no busca incrementar el coro de lamentos, sino ayudar a interpretar y dar pie a que todos tomemos las riendas de nosotros mismos y de nuestra época y veamos en qué sentido podemos cooperar. No se trata de plantear estrategias para atacar a los contrarios, sino de descubrir intereses comunes a todos los hombres y reencontrar la armonía.

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