Cuando la realidad se lee de forma desigual

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Al encontrarse desde hace tiempo en circunstancias de injusticia y desigualdad, es posible que los desvalidos lleguen a ver su destino como inevitable y los sobrelleven con despreocupación y serenidad. En consecuencia, aprenden a ajustar sus deseos y placeres, pues no tiene sentido sufrir por lo que no parece ser factible y sobre cuyas posibilidades, por lo general, no reflexionan. En el caso de los perpetuamente desposeídos carentes del valor para desear mucho más de lo que tienen y conformes antes las pequeñas limosnas, el cálculo utilitario es profundamente tendencioso, pues sus privaciones parecen menos graves si se las mide con el parámetro de los placeres y los deseos. El criterio de la utilidad puede servir como disfraz para que la ética social no advierta la intensidad en la privación del asalariado precariamente ubicado, del desempleado crónico, del sirviente exhausto o de la esposa totalmente sometida. Cada uno de ellos ha aprendido a mantener a raya sus deseos y a sacar provecho de cualquier experiencia de alivio que les toque en suerte vivir… por más insignificante que sea.

DESIGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES

Si bien este tema se introduce en la raíz misma del cálculo utilitario, el problema no es nada más teórico: acarrea serias consecuencias prácticas. Para ilustrarlo, me referiré a dos de los principales fracasos sociales de mi país, la India. Uno de ellos es la desigualdad entre los sexos, la disparidad entre mujeres y hombres. Claro que las desventajas que padecen las mujeres no son algo exclusivo de la India; en muchas regiones del mundo (por ejemplo, en la mayoría de los países ubicados en la ancha franja extendida desde el oeste de Asia hasta China), existen pruebas de esta enorme desigualdad hasta en los más elementales asuntos de salud pública y alimentación. Pero en la India se han hecho comparaciones bastante detalladas de las tasas de mortalidad y enfermedad, atención médica hospitalaria, nutrición, etcétera, y a pesar de existir diferencias entre regiones de la India, las comparaciones confirman claramente la imagen, bastante contundente, de que las mujeres se ven desfavorecidas sistemáticamente respecto a los varones en gran parte del país, sobre todo en la India rural.
Con todo, se ha cuestionado enérgicamente este diagnóstico y se percibe la necesidad de un cambio. Se afirma, y es por lo común verosímil, que las mujeres no envidian la posición de los hombres, no piensan que su situación sea de una dolorosa desigualdad y no anhelan una reforma. Si bien la politización de la población rural va alterando poco a poco este cuadro inerte (cambio en el cual los nuevos movimientos femeninos en desarrollo comienzan a desempeñar un papel importante), aquella observación empírica es, pese a ello, muy acertada como descripción de lo ocurrido hoy en la India rural. Entre las hindúes rurales sería difícil, en este momento, sostener que hay una extendida insatisfacción por la desigualdad entre los sexos o un ardiente deseo de cambio radical. El verdadero problema se refiere a la interpretación y el significado de tal observación empírica.
En un sentido objetivo, las mujeres en la India rural tienen efectivamente menos libertad que los hombres para varias cosas, y no hay nada en la historia del mundo que indique que las mujeres no valorarán más la libertad cuando realmente la lleguen a experimentar (en lugar de tomarla como algo « inviable» o « antinatural» ). La inexistencia de un descontento actual o de un intenso deseo de cambio no borra el significado moral de esa desigualdad, si la libertad individual incluyendo la libertad de valorar la propia situación y las posibilidades de cambiarla se acepta como valor fundamental. De hecho, a pesar de que los defensores de la situación pueden encontrar consuelo y respaldo de, por lo menos, algunas versiones del cálculo utilitarista, tal justificación no puede sostenerse si la libertad individual es efectivamente un compromiso social. Dado que la desigualdad y la explotación persistentes a menudo aumentan, convirtiendo a los maltratados y explotados en aliados pasivos, puede ser aguda y trascendental al mismo tiempo la divergencia entre el razonamiento utilitarista y el razonamiento libertario.

LOS DESPOSEÍDOS DE LA INDIA

El segundo ejemplo se refiere al analfabetismo en la India. Desde la Independencia en 1947, la India ha realizado progresos considerables en la educación superior, pero sorprendentemente pocos en la elemental. El último censo, de 1981, reveló que sólo el 41% de la población adulta sabía leer y escribir, en tanto que la proporción de mujeres con esa capacidad era únicamente de 28%. La educación elemental nunca ha recibido la misma importancia que otros objetivos sociales en las políticas públicas. Muchos factores explican este fracaso. A menudo se aduce que el analfabeta hindú no se siente frustrado por no saber leer ni escribir, y que educarse no es uno de los deseos más vehementes de los desposeídos de la India.
Lo anterior puede ser cierto como descripción del estado mental del analfabeta hindú. Pero el analfabetismo también es ausencia de libertad, y no sólo falta de libertad para leer, sino también restricción de todas las otras libertades condicionadas a la comunicación que exigen leer y escribir. Aquí, una vez más, una libertad centrada en la ética social nos llevará en una dirección muy diferente a la del cálculo social basado en placeres o deseos.
La tradición utilitarista ha sido atacada recientemente también desde otros muchos puntos de vista. Por ejemplo, John Rawls y Bernard Williams, entre otros, dirigen profundas críticas al fundamento del razonamiento utilitarista, además de que muchos sistemas alternativos de filosofía política han recibido atención (incluyendo penetrantes análisis de diferentes aspectos de procedimientos liberales y libertarios a cargo de James Buchanan, Ronald Dworkin y Robert Nozick, entre otros).

UN MEDIO PARA LA LIBERTAD

Podría ser provechoso comparar el planteamiento que presento aquí con algunos aspectos de la trascendental teoría de la justicia de John Rawls, que contribuye ampliamente a una regeneración de la filosofía política y la ética modernas. La teoría de Rawls acerca de la justicia ha hecho mucho, en verdad, para llamar la atención sobre la importancia política y ética de la libertad individual. Sus « principios de la justicia» defienden la « prioridad» de la libertad individual, sujeta a una libertad similar para todos. Su tratamiento de la desigualdad no se centra en la distribución de la utilidad, sino en la de los « bienes primarios» (ingreso, riqueza, libertad, etcétera) que permiten a la gente perseguir con libertad sus respectivos objetivos.
Pero comparar los bienes primarios de diversas personas no es lo mismo que equiparar las libertades que disfrutan efectivamente diferentes personas, a pesar de que ambas puedan estar estrechamente relacionadas. Los bienes primarios son medios para la libertad, pero no representan la amplitud de la libertad, dada la diversidad de formas en que los seres humanos convierten los bienes primarios en la libertad de perseguir sus respectivos objetivos. En virtud de las diferencias (sexo, edad, características heredadas, diferencias ambientales…) que pueden prevalecer entre y dentro de grupos de personas, una igual distribución de bienes primarios puede entrañar niveles de libertad desiguales. Por ejemplo: la posesión del mismo número de bienes primarios podrá hacer de la gente con discapacidades físicas menos libre para perseguir su propio bienestar. Más aún, los discapacitados podrían estar en desventaja no sólo para perseguir bienestar, sino también para participar en la elección de instituciones sociales comunes a menos de que consigan instalaciones y servicios especiales y para influir en las decisiones políticas de carácter general que no necesariamente tienen que ver con sus propias discapacidades.
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*(Tomado del Times of India. Nueva Delhi, 1998).

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