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Memoria, soporte de la personalidad

¿Hasta qué punto podemos afirmar que sólo somos las experiencias almacenadas en nuestra memoria? ¿Qué pasaría si perdiéramos elementos fundamentales de nuestra memoria? Dejaríamos de reconocernos, como ocurre en la demencia pronunciada o en momentos temporales de locura.
Esa capacidad de autoscopía, de vernos a nosotros mismos, es vital. Al mirarse al espejo, algunos pacientes de Alzheimer ven a otra persona, no se reconocen. En nosotros conviven rasgos hereditarios y algunos aspectos generales de talante y humor, pero las diferencias más profundas del ser humano están fundadas en la memoria.
No hace falta recurrir a complicadas demostraciones científicas para percatarse de la constante presencia de la memoria en nuestra vida, como elemento determinante del ser y condición esencial de funcionamiento.
Ella nos permite hilar una conversación, reconocer algún familiar, ir y volver de la casa al trabajo. Sin ella, sería imposible llevar una vida normal, perderíamos incluso lo radical de cada uno, nuestra historia personal. ¿Seremos de verdad un cúmulo de recuerdos almacenados en alguna parte del cerebro?

RECORRIDO MEMORIAL

La memoria puede definirse como la capacidad de almacenar, procesar y traer a la consciencia información de eventos internos y externos a nosotros. Sin embargo, no es acertado referirse a ella como un solo archivo en el cerebro.
La investigación neuropsicológica encargada de estudiar la relación entre las áreas cerebrales y las funciones cognitivas complejas sugiere que la corteza cerebral es un mosaico de varias áreas, especializadas en el tratamiento y almacenamiento de distintas experiencias (visuales, táctiles, lingüísticas, motoras, etcétera).
Se cree que las huellas mnésicas de memoria se localizan en la región de la corteza cerebral, relacionada con las modalidades sensoriales de entrada de información. Así, la corteza temporal izquierda contendría información sobre palabras, la parietal derecha de memorias espaciales, la temporal derecha identificaría rostros, etcétera.
Probablemente, esas huellas suponen la existencia de redes que unen los diferentes elementos de los recuerdos aislados en la corteza. Es decir, se asocian partes de este recuerdo parcialmente ligado por activación simultánea de diversas áreas del cerebro que contienen parte de la información.
Un centro en la corteza cerebral coordina las distintas memorias y unifica los diferentes aspectos que contienen. Por ejemplo, al ver una barra de gis, de inmediato nos refiere al archivo visual de «gis», incluso en ese momento sabríamos el sonido que haría al chocar con el piso, su textura y demás características. Hemos ido guardando «partes» de un solo evento en diferentes zonas de nuestro tejido cerebral, directamente relacionados con matices de ese mismo elemento.
Esto sucede en la corteza temporal medial, compuesta por el hipocampo y la corteza parahipocámpica, el asiento más importante de la memoria. Los ganglios basales juegan, probablemente, un papel indispensable para almacenar nueva información en la corteza.
Además, desde el punto de vista temporal, los psicólogos establecen cuatro tipos de memoria: reciente, ultra reciente, a corto y a largo plazo, que se refieren simplemente al tiempo y al lugar en que determinado evento ha permanecido almacenado en la persona. Por su funcionamiento podríamos llamarlas «de trabajo».
Cuando escuchamos un número telefónico, por ejemplo, lo retenemos en una especie de amortiguador o buffer, entre el oído y el cerebro auditivo, de donde lo podremos reproducir casi de inmediato sin necesidad de guardarlo permanentemente. En cambio, otros archivos como nuestro nombre están bien afianzados en estructuras cerebrales profundas.
Los fisiólogos también hablan de este tipo de memoria no permanente, ubicada en algo parecido a los circuitos reverberantes, donde los eventos más recientes se guardan en una circuitería neuronal sin haberse fijado física o estructuralmente, sino fluyendo a la espera de ser guardados o desechados.
A las 12 de la tarde es posible que aún recordemos las noticias de la mañana, pero en tres días esa información desaparecerá, pues se conservó en una memoria transitoria que deberá ser desalojada para guardar, en términos de espacio y energía, eventos más importantes.

DESECHAR Y CONSERVAR

Un principio de economía rige a toda la naturaleza: no desperdiciar nada que sea útil ni guardar nada que sea inútil. El cerebro no escapa a esa ley, por eso, en algún momento elige qué eventos deberán conservarse.
La decisión se toma en función del marcador emocional que haya acompañado al evento. Por ejemplo, si entrara un león a una oficina, quienes sobrevivan lo recordarán siempre, pero seguramente en dos días olvidarán lo que desayunaron esa mañana. No importa tanto el contenido del evento sino el contexto emocional en que se dé.
En la etapa de sueño REM de movimiento rápido de ojos el cerebro repasa lo almacenado durante el día y decide qué desechar o conservar, siempre con un criterio emocional y económico.
Los eventos cuyo significado es vital o relevante están determinados por cuatro aspectos: la supervivencia de la especie, la salvaguarda de la integridad, la búsqueda de alimento y el instinto sexual.
La información intrascendente lo que desayuné hoy será desechada, pero habrá otra cuyo significado resulte emocionalmente relevante desayuné con el presidente de la república. Por eso, puede haber conocimientos muy áridos que no registremos y quizá sean muy importantes para la ciencia o la sociedad, pero no en términos vitales. Sin embargo, si están acompañados de alguno de estos estímulos emocionales serán recordados.
Otro elemento que ayuda a la fijación de eventos en la memoria es la repetición. Si hacemos algo a diario, por ejemplo manejar un auto, luego de muchos días muchas veces al día, ya no emplearemos los mismos elementos fisiológicos para completar el proceso, pues el cerebro lo habrá automatizado para ahorrar energía.
En caso de que haya una pausa prolongada en las repeticiones, el principio de economía actuará y los procesos se extinguirán poco a poco. Si dejamos de conducir un auto por meses, al momento de intentarlo de nuevo veremos que no será tan fácil.

MAQUINANDO RECUERDOS

La literatura ha propagado la confusión entre memoria y recuerdo. No es usual referirse a los recuerdos de tal personaje, sino a sus memorias. Pero en estricto sentido son distintos. La memoria incluye todas las estructuras y mecanismos para recordar los eventos archivados, pero no tiene nada que ver con los contenidos.
El recuerdo, en cambio, no es más que la traducción cerebral de ese evento a partir de sus contenidos emocional y sensorial. Es una serie de factores fisiológicos impresos estructuralmente en la corteza cerebral, traídos al contexto actual a base de descargas químicas, eléctricas y conexiones entre neuronas determinadas.
En otras palabras, el recuerdo es una interpretación fisiológica de descargas almacenadas como eventos del pasado, en un sentido espacio-temporal, y actuales en el sentido de que se encuentran en archivos presentes de la memoria. Son como los archivos de una computadora y el disco duro que los contiene.
Para actualizar recuerdos entran en juego requerimientos cerebrales y una cadena de elementos. Así pasa en varias técnicas psicológicas, como la asociación libre: alguien dice una palabra, la asocia a otra según su terminación y así sucesivamente. Las palabras van apareciendo en la mente porque encontramos un hilo de unión entre ellas.
Ese hilo rector puede ser cualquiera según sea nuestro requerimiento. El proceso es similar al de una computadora cuando le pedimos buscar algo, se activa un mecanismo para tomar sólo los archivos que contengan tal factor.
Los recuerdos ocupan un espacio en la memoria como materia química y eléctrica. Hay mecanismos químicos neurotransmisores que ciernen y buscan. Toda una red fisiológica donde se conectan diferentes núcleos entre sí, según las necesidades. El lenguaje, por ejemplo, puede ser fluido gracias a un cúmulo de archivos que funcionan al mismo tiempo, de acuerdo a los requisitos de una conversación. Mientras más masa crítica de conocimientos y formación de temas poseamos, ese fluido de lenguaje será más ligero.
¿EMOCIONES CEREBRALES?
Es común referirse a las emociones como desvinculadas del cerebro. Nada más equivocado, no se trata de sensaciones alejadas del trabajo cerebral. La libertad emocional es un factor estrechamente relacionado con la capacidad de traer recuerdos a la consciencia. Todos hemos intentado recordar algún nombre sin éxito, solemos decir que lo tenemos en la punta de la lengua mientras exigimos a la memoria traer ese dato a la conciencia.
La ansiedad que despierta esa impotencia bloquea el funcionamiento del mecanismo. Lo mismo pasa en los exámenes orales, el nerviosismo impide incluso que los alumnos entiendan la pregunta. Al relajarnos el recuerdo emerge, pues la ansiedad interpretada por el cerebro como amenaza a nuestra integridad ha desaparecido.
A lo largo del día, el cerebro pasa por diferentes estados emocionales. No funciona igual cuando nos levantamos por la mañana, que a las 12 de la noche, que después de haber comido o si nos atrae una clase Esos estados determinan su funcionamiento.
Un arquitecto no está preparado todos los días ni a toda hora para diseñar una casa. Se podrá esforzar, preparar el ambiente que mejor convenga para hacerlo, pero si está triste o eufórico le será más difícil. El cerebro determina prioridades según los estados emocionales, que a su vez están definidos por jerarquías vitales.
Cuando las actividades que realizamos reportan una gratificación y nos motiva hacerlas, el cerebro también hace un patrón, como un camino que se recorriera muchas veces, para que esa actividad sea más fácil y se ahorre energía; surge así un mecanismo que facilita las cosas. La motivación, entonces, está determinada por el éxito y la gratificación que se obtenga en todos los niveles.

CUANDO LA MEMORIA FALLA

El término amnesia se refiere a un trastorno en el que la memoria está proporcionalmente más afectada que otros componentes de la conducta o de la función intelectual.
En la amnesia pueden diferenciarse dos tipos de trastornos de memoria, que varían en gravedad y extensión, pero que generalmente se dan de forma conjunta: la amnesia anterógrada o afectación de la capacidad de adquirir nueva información de cualquier modalidad sensorial, y la amnesia retrógrada o afectación de la capacidad de evocar información y sucesos bien establecidos antes del inicio de la enfermedad.
La amnesia retrógrada afecta hechos y episodios, particularmente aquellos que están cerca del momento en el que se produjo la causa de la pérdida de memoria. Puede abarcar incluso períodos de 15 años antes del episodio.
El síndrome amnésico suele acompañarse de apatía o falta de interés por el entorno, falta de iniciativa y espontaneidad. La inteligencia, las capacidades para reconocer personas y objetos, para manejarse en la vida cotidiana, el lenguaje oral, la lectura, la escritura, el cálculo y la capacidad de abstracción están, por el contrario, conservados.
Algunas amnesias van acompañadas de fabulaciones, o sea, falsos recuerdos. La persona afirma estar en un lugar distinto al que está, se inventa viajes, da falsas noticias, prepara la mesa para un familiar fallecido, etcétera.
En la fabulación se mezclan ideas emergidas en la mente por asociación de recuerdos y situaciones actuales. Los pacientes no pueden diferenciar si la información es real o imaginaria ni ubicar los hechos vividos en un orden temporal.
Aunque es poco frecuente, es posible la pérdida total e irreversible de la capacidad de aprender amnesia definitiva; para que se produzca hacen falta extensas lesiones bilaterales de determinadas estructuras cerebrales como el hipocampo o la región basal anterior.
La combinación del abuso crónico de alcohol y el déficit de vitaminas tiamina o vitamina B4 como consecuencia de una mala nutrición continuada pueden producir el llamado síndrome de Korsakoff, que consiste en la incapacidad para volver a almacenar otra información en la memoria.
Ocasionalmente se producen amnesias transitorias debidas a enfermedades de tipo vascular cerebral, como las amnesias producidas por oclusión o hemorragia de determinadas arterias cerebrales

MEMORIA: UNA FUNCIÓN MUY VULNERABLE

Una situación muy distinta a la amnesia es la disminución de la capacidad de aprender nuevas cosas o evocar la información que conocemos perfectamente. Esta pérdida de memoria puede ser muy leve y difícilmente objetivable. La memoria es, quizá, una de las funciones mentales más vulnerables, que puede alterarse como consecuencia de la mayoría de las lesiones o disfunciones del sistema nervioso central.
Además, experimenta de forma marcada el efecto de la pérdida de plasticidad cerebral producida por el paso de los años, de forma que su involución puede hacerse notoria a partir de los 30 años, tal y como ocurre con el resto de las funciones corporales.
Los pacientes con diversos trastornos neurológicos o psiquiátricos y personas de edad avanzada a menudo se quejan de dificultades de memorización. En estos casos, la pérdida de memoria puede deberse a la degeneración parcial de las estructuras involucradas en la memoria.
Las quejas más frecuentes de pérdida de memoria asociadas al envejecimiento se caracterizan por la dificultad de evocar datos concretos (en general poco importantes para el individuo) y también en rememorar fragmentos de la propia experiencia vivida.
A menudo, en la pérdida de memoria por envejecimiento, no se puede evocar un determinado tipo de información, pero sí proporcionar detalles y elementos relacionados con ella. Se trata de un déficit de memoria del tipo «ser olvidadizo y despistado».
Esta disfunción tan frecuente de la memoria fue denominada benigna, en contraste con la maligna, asociada a la demencia. La forma maligna de la alteración de la memoria afecta tanto a los hechos importantes como a los irrelevantes y se acompaña de ausencia de conciencia o, en su mínima expresión, de despreocupación por el déficit de memoria. El trastorno maligno presente en la demencia suele ir asociado a la desorientación temporal, espacial y personal, así como a fabulaciones.

AUTOBIOGRAFÍA E IDENTIDAD

Como hemos visto, la memoria es el respaldo de la propia identidad, en ella se conservan nuestros rasgos más característicos, es una especie de autobiografía gracias a la que podemos decir: «soy el mismo».
Todos los recuerdos almacenados en la memoria constituyen, finalmente, la referencia consciente la autoconsciencia de cada persona. Por eso podemos afirmar que somos en la medida que nos reconocemos en esos archivos guardados en la memoria.
Aunque se hayan gestado en nosotros cambios significativos el crecimiento corporal, trastornos por enfermedades, aprendizaje, etcétera, sabemos que somos los mismos desde que nacimos.
Porque, en estricto sentido, somos otros según el paso del tiempo, las fotos de nuestra niñez ilustran ese cambio. Incluso matemáticamente somos otros, ni siquiera las moléculas son las mismas; gracias a ese concepto de identidad basado en la memoria podemos re-conocernos, saber que somos el mismo.
La memoria nos da la sensación la firme certeza de que nuestra vida es un continuo, desde el nacimiento hasta el momento presente, y que seguirá siéndolo mientras conservemos esas facultades mentales.

istmo review
No. 386 
Junio – Julio 2023

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