El provocador

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La savia popular da cuenta de la conveniencia de trabajar en equipo: «la unión hace la fuerza», «es fácil quebrar una varita de madera pero no cien», «dos cabezas piensan más que una» Para quienes dirigen el mundo de los negocios, esa verdad no es menos cierta. A veces, sin embargo, no se lleva a la práctica.
Muchos directores olvidan que las personas son la pieza fundamental de su empresa, alejan su mirada de la comunicación frecuente con sus empleados y clientes, para dirigirla al producto y a la indiferencia respecto de los demás.
Para Larry Weber, profesor del Tecnológico de Massachusetts, la actualidad de los negocios exige nuevos líderes, capaces de reconvertir el estilo de mando en la empresa. Su propuesta, reunida en el presente libro, se basa en oponer dos tipos de director general vs. provocador y desempolvar la primacía de la persona en todo negocio.
«Los provocadores dice les dan poder a sus empleados; los generales establecen jerarquías mediante el mando y el control». Para los primeros, el centro de la compañía es el cliente, para los segundos, el producto.
No se trata de un libro más sobre liderazgo. El provocador rescata la dimensión personal de quienes forman la empresa Weber las llama «comunidades» y la función de la tecnología en servicio de la comunicación entre los miembros que las componen.
A lo largo del libro, el autor va delineando las características del provocador, mediante casos reales de directores que han sabido consolidar una comunidad a partir de sus empresas.
Weber resalta la importancia de que el director mantenga una relación estrecha con el entorno de la empresa, la misión del provocador será crear comunidades «a través de múltiples canales, de esta manera proporcionan a sus constituyentes un medio para comunicarse con la compañía y entre ellos».
En este sentido, la mercadotecnia es fuente y receptora de innovaciones. Al mantener canales abiertos de información con clientes, la empresa cumple dos objetivos fundamentales: crecimiento innovador al escuchar sugerencias externas y la comunicación constante con los clientes.
«Cuando un negocio presenta sus ideas clara y sopesadamente a través de todos los medios de contacto que tiene con sus clientes, permite que los clientes mismos sean innovadores y formen parte del proceso innovador de la empresa. Este proceso puede, de hecho, encaminar a la compañía hacia nuevos negocios».
La apuesta final del libro es por las personas, sean clientes o empleados, porque todos forman una comunidad: «para que los líderes puedan hacer crecer sus compañías tendrán que enfrentarse al reto quizá el más difícil de todos de encontrar a las mejores personas. Los líderes pueden tener todas las ideas del mundo, pueden crear los entornos innovadores, estimulantes y exitosos, pueden ser educadores, animadores y guías, pero si no logran reclutar y conservar a los buenos elementos, no podrán hacer crecer sus negocios».


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