¿Dar empleo o cuidar el medio ambiente?

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Desde hace año y medio soy subdirector de Finanzas en una empresa y me acabo de enterar de varias medidas ilícitas que allí se efectúan; unas con relación al pago de impuestos y otra con relación a las prestaciones de los empleados. Yo no soy directamente responsable de ello, excepto cuando mi jefe está de viaje de trabajo o de vacaciones en que tengo que firmar documentos.
Me preocupa mucho. Sé que es muy difícil que la ley lo descubra porque está todo bien camuflado, pero me molesta sobremanera convertirme en copartícipe de un delito. Sé que la solución sería renunciar, pero antes de obtener este empleo estuve casi un año sin trabajo. Mi familia y yo pasamos serias dificultades.
He consultado el asunto con dos amigos y me insisten en que lo olvide, que aunque yo no estuviera, la empresa seguiría haciendo trampas y si llegara a descubrirse, es difícil que me involucren directamente, puesto que no soy el responsable directo.
Los asesores sugieren
El caso presenta múltiples aristas. Hay un antiguo principio mencionado, por ejemplo en Antígona, sobre la existencia de leyes injustas que, por serlo, no obligan éticamente. Determinar la moralidad de una ley es un asunto arduo. Si suponemos que las cargas fiscales que obligan a la empresa no admiten esta disquisición o no hay elementos graves para determinar su injusticia, como me parece que sucede en la mayor parte de los casos, entonces el problema de la ilicitud es también un problema de falta de ética. Evidentemente, el motivo para remediar o no un hecho inmoral no puede evaluarse por la facilidad o dificultad que tendría su desvelamiento y por ello, a este punto concreto del caso no le dedicaría más tiempo.
Antes de pensar en una situación tan extrema como abandonar un empleo habría que intentar dialogar el tema con el jefe directo. La manera más propicia que se me ocurre es no emitir un juicio absoluto sobre el asunto, sino ponerlo en la mesa. El creciente interés por la transparencia en las organizaciones puede favorecer esta posibilidad, y esto ayudaría a reflexionar más a fondo sobre el análisis que ha llevado a tomar tal decisión y tener elementos más completos para poder emitir un juicio sobre la moralidad de las prácticas adoptadas en dicha empresa.
Finalmente, en el caso de que se concluyese que aquello no es lícito y que no hay voluntad de cambio, sería conveniente buscar un nuevo empleo. Pero, a mi juicio, sin precipitaciones salvo que el nivel de injusticia y la colaboración que correspondiera prestar no eximiera de responsabilidad y convirtiera la colaboración en una práctica inmoral.

Felipe Jiménez

Filósofo dedicado a la docencia

El asunto planteado es bastante más común de lo que pueda pensarse. En ocasiones el director general no sabe a ciencia cierta lo que hace su director de Finanzas. Sólo quiere resultados. Una persona puede querer hacer lo correcto en todo momento, pero no puede aislarse de otras que están dispuestas a actuar de manera inmoral. Es frecuente que otros traten de usar el resultado de nuestro trabajo con fines inmorales o intentan que cooperemos con acciones éticamente incorrectas. Lo más sencillo es negarse a cooperar siempre. Pero sería muy simplista pensar que siempre se está en condiciones de no involucrarse en este tipo de situaciones. Es imposible en muchos casos, a menos que uno quiera olvidarse de todos los demás, perder la fuente de sus ingresos y vivir aislado. Imposible.
Se trata de un asunto que se conoce como cooperación al mal. ¿Es lícito cooperar al mal? Puede tenerse en cuenta el siguiente principio: bajo ciertas circunstancias, podría ser razonable cooperar en las acciones inmorales de otra persona o de una empresa. ¿Cuáles son esas condiciones?
Una primera condición es que se trate de una cooperación material y no formal; es decir, se hace algo materialmente pero no se quiere formalmente la acción que no es ética. Una segunda condición es que la acción que se realiza no sea inmoral en sí misma. Una tercera es que el primer efecto sea el bueno. Como cuarta condición está en que haya motivos razonables para actuar así.
Por tanto, antes de pensar en renunciar, analiza si puedes actuar de acuerdo con estas cuatro condiciones. Luego, deberás pensar si te es posible influir para ir revertiendo esas situaciones poco éticas de la empresa.

Pablo Riba Gargollo

Abogado y consultor de empresas

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