Legalizar la eutanasia quebrantaría la confianza entre médico y paciente

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La Academia de Medicina francesa

Algunos casos, sobre todo el del joven tetrapléjico Vincent Humbert muerto, por petición propia, a manos de su madre, avivaron el debate sobre la eutanasia en Francia. Algunos aducen estos sucesos como muestra de que es necesario legalizarla. Ante esa posibilidad, la Academia Nacional de Medicina dio a conocer su postura, «decididamente contraria» por deontología médica.
En un comunicado, de diciembre de 2003, la Academia afirma en primer lugar este principio: «La misión del médico y de un equipo sanitario consiste en curar, y no en dar muerte, cualquiera que sea la motivación». Naturalmente «se opone a todo ensañamiento terapéutico»; pero si resulta imposible curar, el médico debe proporcionar cuidados paliativos y «asegurar la serenidad a la persona, que ha de ser acompañada hasta el final de su vida». Si el tratamiento del dolor tiene por efecto secundario acelerar la muerte del paciente, ese acto médico de ningún modo se puede asimilar a la eutanasia ni tampoco la renuncia a sostener artificialmente las funciones vitales irreparablemente dañadas o a aplicar intervenciones inútiles y desproporcionadas.
La Academia «se declara decididamente contraria a toda disposición para despenalizar la eutanasia y la cooperación al suicidio, su equivalente». Rechaza la vía tomada en Holanda y Bélgica, «que en esto se apartan de la posición europea común» porque «los riesgos derivados serían patentes». De hecho, la tolerancia holandesa de la eutanasia pronto llevó a que se aplicara sin petición del paciente en casi un tercio de los casos registrados.
«Sería inaceptable que la relación de confianza entre el enfermo y el médico, especialmente en los casos de personas mayores en la última etapa de su vida, pudiera ser quebrantada por el poder dado al médico de poner término a la vida de la persona».
Se señala un vacío legal en Francia, porque la eutanasia no está expresamente tipificada en el Código Penal, y no considera justa su equiparación al asesinato. Propone subsanar la omisión, así, «sería claramente reconocida como lo que es: una transgresión y un crimen». Aunque advierte que algunas situaciones límite pueden llevar al médico a responder a una petición de eutanasia claramente expresada y reiterada, después de una detenida reflexión compartida con su equipo. Tales casos no merecen el mismo castigo que un homicidio, aunque insiste la Academia «hay ahí, sin duda, una transgresión que puede dar lugar a acciones judiciales».
Aceprensa (4/04)

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