Coaching y arte: desarrollo personal

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La moda actual del «coaching ejecutivo» implica que una persona experimentada, exitosa y con buen trato acompañe en su proceso de desarrollo a una persona o a un grupo, con el objeto de ayudarlo a desarrollar hábitos de trabajo, competencias y capacidades, para que responda mejor a las tareas directivas actuales o futuras.
Con tres casos concretos, «El coach light», «La trampa de las frases hechas» y «Cambios profundos al instante», Raúl Lagomarsino busca aclarar qué aspectos de la empresa puede resolver esta herramienta –muy generalizada en algunos países–, y qué riesgos lleva implícitos.
Conocer y aceptar las limitaciones propias o de un equipo es un primer paso, esencial sí, aunque ello no implica que sea factible ni fácil superarlas; menos si nuestro apoyo es una guía o ayuda imprecisa o light como narran dos de los casos.
El interés actual por el coaching en cierta forma es consecuencia lógica de la evolución de las teorías del management que tras incursionar en una amplia variedad de sistemas, teorías y métodos centrados en la producción, la organización, el entorno o la competencia, regresan cada vez con más fuerza a lo personal. De poco sirven los programas más novedosos del mundo si la persona adolece de determinadas cualidades o habilidades.
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Nuestro tema de Coloquio, por demás atractivo, habla también del desarrollo personal, pero desde otra perspectiva. Se refiere a cómo la capacidad de crear o de disfrutar con la experiencia artística, otorga siempre la posibilidad de crecer, ayuda a levantar y extender la mirada hacia otras realidades y otros seres, a revivir en mí lo que alguien más vio o comprendió con una mirada personal. Algo por necesidad gratificante y que nuestra época, viciada por la mentalidad económica, nos lleva a arrinconar como un lujo para el tiempo libre.
Lograr, por ejemplo, que un niño aprenda un instrumento musical equivale a dotarlo de un nuevo lenguaje para entrar en contacto con sus semejantes para recibir y transmitir emociones y sentimientos. Gabriel Pliego explica los beneficios que ha encontrado en el método Suzuki.
En su artículo, sobre cómo mejorar nuestro acercamiento a los museos, Julia Rojas, aporta un dato valioso: «Dianne Berry sustenta la importancia del arte como parte de la formación integral de la persona a través de un estudio hecho en Estados Unidos, entre ejecutivos de diferentes disciplinas, jóvenes y brillantes. Su investigación pretendía encontrar qué tenían en común muchas personas exitosas de distintos ámbitos y hallaron que lo que las vinculaba era el acercamiento al arte que habían recibido desde temprana edad.

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