Datos curiosos, inútiles y asombrosos sobre las Olimpiadas

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JUEGOS DE LA ANTIGÜEDAD

La primera Olimpíada registrada ocurrió en el año 776 antes de Cristo. Exactamente el mismo en el que, según la leyenda, se fundó el Imperio Romano.
Los historiadores griegos usaban las Olimpíadas como referencia para ubicar acontecimientos en el tiempo. Así, evitaban las confusiones, pues cada ciudad-estado tenía una manera propia de contar los años, el cómputo de las Olimpíadas era el mismo para todos los griegos.
En general, se impedía a las mujeres presenciar las competencias y participar en ellas. Sólo a algunas se les permitía ver las carreras de caballos.
Los atletas competían desnudos porque, además de ser una ceremonia religiosa, los juegos celebraban la belleza del cuerpo humano.
El emperador romano Nerón (37-68 d.C) es quizá el campeón olímpico más ilustre de la historia. Participó en la olimpíada del año 67 de nuestra era y, «curiosamente», ganó la carrera de caballos, no obstante haberse caído del carro.
En el año 393 de nuestra era, el emperador romano Teodosio hizo desaparecer los juegos.

OLIMPIADAS MODERNAS

Los primeros juegos modernos se celebraron en 1850 en Wenlock, un pueblo de Inglaterra y tuvieron un alcance local. Nueve años después renacieron los juegos olímpicos de Grecia. Participaron únicamente atletas griegos y otomanos. En la primera Olimpíada «mundial», Atenas 1896, participaron atletas de catorce naciones, todas europeas excepto EUA y Australia. Chile aseguró haber mandado un atleta, pero no existe registro de él en ningún lugar. Quizá prefirió vacacionar…
El 10 de abril de 1896 tuvo lugar el primer maratón olímpico. Con la prueba se honraba al soldado que en el siglo V a.C., recorrió 40 kilómetros sin descanso para llevar a Atenas la noticia de la victoria griega en la batalla de Maratón. Aunque los griegos obtuvieron más medallas que ninguna otra nación, estaban decepcionados porque ninguno de ellos ganaba un primer lugar en las pruebas de atletismo, las más genuinamente «olímpicas» y por tanto griegas. Tenían la esperanza puesta en el maratón: debía ganarlo un griego o quedarían deshonrados para siempre. Después de tres horas de espera, apareció Spiridon Louis, un aguador griego. Habría podido llegar un poco antes, pero se detuvo en un pueblo a tomar un vaso de vino. Se le recibió como héroe nacional. El Estadio Olímpico de Atenas lleva su nombre.
Fieles a la tradición, las mujeres no compitieron en las primeras Olimpíadas modernas. Melpómene, una joven griega, pidió que la dejaran participar en el maratón. No se lo permitieron. Como signo de protesta, corrió el suyo propio. A nadie le importó. De haberse mantenido en forma, podría haber cumplido su sueño ochenta y ocho años después, porque el primer maratón olímpico femenino tuvo lugar en 1984, en Los Ángeles.
Por extraordinario que parezca, los primeros atletas mexicanos que participaron en los juegos olímpicos sí ganaron. Los hermanos Escandón y Barrón y su primo Manuel Villavieja formaron junto con Guillermo Hayden un equipo de polo representante de Norteamérica. Obtuvieron tercer lugar. En México, preocupado por otros asuntos, a nadie pareció importarle. Es paradójico que mientras menos nos importa mejor nos va y mientras más nos importa, peor resulta.

ALTERNATIVA PARA LOS ARISTÓCRATAS

Desde 2004 se celebran en Londres las «Olimpíadas de las buenas maneras». Tratan de contrarrestar la vulgaridad que impera en el mundo contemporáneo. El atleta mejor equipado lleva un traje victoriano, sombrero, bastón y mayordomo. Una de las pruebas más difíciles consiste en fumar una pipa con absoluta corrección. Están también la preparación de martinis sin ayuda del mayordomo y el concurso de nudos de corbata. Los jueces se fijan en todos los detalles. Otra prueba muy esperada se llama «La bofetada más sonora». Consiste en intercambiar palabras con las damas por espacio de dos minutos y lograr de ellas, a base de impertinencia, la cachetada más escandalosa.

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