Gustav Mahler el filósofo sinfónico

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Dicen que Mahler comentó, en una ocasión, que su música sería conocida 50 años después de su muerte ¡y tuvo razón!
Ya en vida fue presa del antisemitismo por su origen judío y en la primera mitad del siglo XX, con el dominio nazi se prohibió su música en la zona de influencia alemana, por ser «música degenerada». Tras la Segunda Guerra Mundial, tal como él profetizara se empieza a apreciar su música. Sus sinfonías aunque de corte germano, tienen mucho de eslavas, incluso con toques provenientes del Medio Oriente. Gran innovador en la composición, lo propio sería catalogarlo como postromántico.
UN PIANO MARCÓ SU VIDA
Gustav Mahler nació en el imperio austro-húngaro el 7 de julio de 1860, en la población bohemia de Kalischt, hoy República Checa.
En casa de su abuelo había un piano, hecho que marcó su vida para siempre. Desde los cinco años se interesó por la música y a los siete compuso una canción y una polka. Aunque con su familia acudía a la sinagoga, formó parte del coro de una iglesia católica.
Los músicos de la localidad fueron sus primeros profesores. Su padre, hombre rudo y déspota, reconoció, sin embargo, el talento de su hijo y lo envió a estudiar a Praga y por propios méritos fue enviado al Conservatorio de Viena, donde destacó como un excelente alumno. Solamente se conservan de esta etapa fragmentos del Cuarteto para piano. Con La canción del lamento (Das Klagende Lied), esperaba ganar un concurso para sostenerse, pero al no obtener el primer lugar tuvo que abandonar los estudios y dedicarse a trabajar.

LA TRAGEDIA INTERIOR
Inició su trabajo como director de orquesta en pequeñas localidades, después como asistente de prestigiados directores y finalmente fue contratado en 1888 como director de la Ópera de Budapest y en 1891 como director de la Ópera de Hamburgo. Pocos directores de ópera había en aquel entonces y menos aún que se atrevieran a dirigir la novena de Beethoven y las obras de Wagner. Así llegó un día el principio del éxito: en 1897 fue nombrado director de la Ópera de Viena. Los diez años siguientes, en medio de ataques antisemitas, vivió la popularidad, dirigió las obras que él quiso, impuso un estilo y se dedicó a componer.
Como una segunda versión del «París bien vale una misa»1, aceptó convertirse al catolicismo porque no tenía opción. Esto nos hace pensar que no era un judío practicante y  lo comprueba su empeño en dirigir obras de Wagner, tan marcadamente antisemita. Pero ser judío y aparentar no serlo, tener que componer para católicos sin realmente profesar el catolicismo, marcó su enorme tragedia interior.
En pleno éxito, tras presentar su renuncia en Viena, emigró a los Estados Unidos, donde dirigió, de 1908 a 1910, el Metropolitan Opera House de Nueva York y después, al llegar Arturo Toscanini, pasó a dirigir la Filarmónica de Nueva York de 1910 a 1911. En Viena recibía unos tres mil dólares anuales, mucho dinero para aquel entonces y en Nueva York le ofrecieron ¡quince mil dólares por trabajar tres meses al año! Muestra de su enorme prestigio. Fue un gran director pero, como lamentablemente aún no se grababa la música, sólo contamos con los relatos de la época.
Poco antes de ir a Nueva York, le detectaron insuficiencia cardiaca, lo que lo obligó a renunciar a sus múltiples actividades al aire libre: equitación, alpinismo, remo… pero la sobrellevó tres años. Tras dirigir un concierto se sintió muy mal, el médico confirmó su gravedad y aún así, pidió que lo llevaran a morir a Viena. Tras un tranquilo viaje marítimo falleció en Viena en el hospital el 18 de mayo de 1911 sin haber cumplido 51 años.

UN DIRECTOR EXIGENTE
El deporte y actividades al aire libre compensaban las largas horas sentado al piano componiendo o preparando obras para dirigir. No convivía mucho socialmente, prefería la tranquilidad de su casa y el aire libre.
Aunque se ha escrito poco de su vida personal, llama la atención lo siguiente: el 24 febrero de 1901, sintiéndose mal, dirigió la Orquesta Filarmónica de Viena con la Quinta Sinfonía de Bruckner, y en la noche, dirigió la ópera con La flauta mágica. Al salir lo condujeron al hospital y lo intervinieron por una severa hemorragia intestinal que lo obligó a una larga convalecencia ¿Cómo logró dirigir dos obras en esa tarde-noche con hemorragia interna? Sólo lo explica un alto sentido de responsabilidad. Empleó el «descanso» en componer canciones, terminar la cuarta sinfonía e iniciar la quinta.
Durante su época de triunfo en Viena, se casó en 1902 con Alma Marie Schindler, hija del pintor. Las novelas decimonónicas la hubieran descrito como «mujer de cascos ligeros». Fue un matrimonio desafortunado y de hecho, se separaron. Ella destacó después como compositora. Con Alma, tuvo dos hijas: María, quien murió de escarlatina a los 5 años y Anna que lo sobrevivió y conservó todas sus obras y luchó por darlas a conocer, para lo que debió enfrentar a su madre que todo lo vetaba. Hay que agradecer a Leonard Bernstein2 que impulsara la interpretación de toda la obra y lograra su grabación.
Como director de orquesta fue particularmente exigente. Despedía a todo músico que no considerara con suficiente capacidad. Exigía silencio total en la sala durante la ejecución y no permitía que nadie ingresara una vez iniciada. Hoy es lo normal en la mayor parte de teatros del mundo, pero en la Viena de principios del siglo XX, los asistentes se sentían con derecho a llegar a la hora que querían y a platicar durante el concierto. Todo esto le valía críticas de la prensa. Hoy se le celebra esa exigencia.
EL MISTERIO DE SUS COMPOSICIONES

No falta crítico que lo considere un filósofo sinfónico, místico, que rodea sus sinfonías de un halo de misterio. Ciertamente se percibe en el trasfondo una peculiar cosmovisión, problemas existenciales, metafísico-religiosos, que en realidad, si analizamos completa su obra, no concluyen, no aterrizan. Quizá se llevó a la tumba la angustia interna de ideas religiosas no concluyentes.
Sobresalen su manejo de los instrumentos de viento, alientos y de percusión por su variedad y por su peculiar uso del contrapunto. Varios de esos instrumentos de viento son poco comunes, además, utiliza el recurso de que provienen de un incierto lugar tras el escenario, efecto que, obviamente, no se aprecia en una grabación, aunque algo en DVD. Entusiasta admirador de Beethoven, particularmente de la Novena Sinfonía, introduce voces y coros en cuatro de sus sinfonías (2, 3, 4 y 8 ) y en la no numerada que llamó Poema sinfónico y tituló La canción de la Tierra.
En su momento, como él predijo, no fue comprendido, quizá por las armonías disonantes, tan comunes en los compositores del siglo XX. Aunque sus sinfonías terminan aparentemente con alegría, todas tienen de fondo un dejo de tristeza. En toda su obra, pletórica de marchas fúnebres, se plasma su obsesión por la muerte. Compone con dramatismo operístico y trasmite su particular forma de ver el mundo, de vivir las narraciones que lo inspiraron, aunque yo, en numerosas ocasiones, cometiendo una herejía musical, opto por dejar que mi imaginación vuele y me deje vivir mis propias emociones.
Escucha a Mahler: Gustav Mahler – Symphony No. 4 – 1 (1/2) – Leonard Bernstein
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1 Frase atribuida a Enrique IV: Paris vaut bien une messe, que se hizo católico para acceder al trono de Francia en 1593.
2 (1918-1990) Norteamericano descendiente de ucranianos judíos. Largos años director de la Filarmónica de Nueva York y mundialmente famoso como autor de la obra de Broadway West Side Story (1961).

Bibliografía
Adorno, Theodore, Mahler. Una fisonomía musical. Editorial Akal. Madrid, 2008
Pérez de Arteaga, José Luis, Mahler. Editorial Antonio Machado. Madrid, 2007
Sopeña Ibañez, Federico, Estudios sobre Mahler. Editorial Rialp. Madrid, 1983
ALEGRÍA Y TRAGEDIA EN SUS CANCIONES
Las canciones de un camarada errante (Lieder eines fahrenden Gesellen). Basadas en poemas anónimos alemanes, con letra y música de Mahler, narran primero la desolación de un joven y después su alegría ante un bonito día y termina trágicamente con su muerte. La Primera Sinfonía transcribe melodías de estas canciones. Un barítono interpreta lamentos como éste: Cuando mi amada tenga su alegre día de bodas ¡yo tendré mi día de pesares!
El muchacho del cuerno mágico (Des Knaben Wunderhorn). Colección de doce cuentos anónimos alemanes, recopilados a principios del siglo XIX, a los que pone música. Incluye fragmentos en la Segunda, Tercera y Cuarta Sinfonías.
Canciones sobre poemas de Rückert (Lieder nach Gedichten von Friedrich Rückert). Son cinco canciones inspiradas en composiciones del poeta. Particularmente interesante es: A medianoche (Um Mitternacht).
Canciones de los niños muertos (Kindertotenlieder). Canciones sobre poemas de Rückert1, interpretadas por barítono. Al parecer en memoria de sus hermanos fallecidos. Mahler fue el segundo de quince hijos, pero nueve de sus hermanos murieron siendo niños. Al fallecer su hija modificó la tercera canción para dedicársela. Poéticas y tristes, cito un texto: Protegidos de la mano de Dios descansan como si estuvieran en casa. Cuando tu madre entra giro para verla, pero no veo su rostro, sino el umbral donde estaría tu amada carita si hubieras entrado como solías hacer, hijita.
NUEVE SINFONÍAS Y UN POEMA INCONCLUSO
Escribió nueve sinfonías y el poema sinfónico. Con dos movimientos y composiciones inconclusas, Deryck Cooke armó la décima sinfonía pero nunca logró la aceptación de los admiradores de Mahler.
Primera Sinfonía. Conocida como Titán, la estrenó siendo director de la opera en Budapest. Utiliza algunos acordes de las Canciones de un camarada errante. Generó opiniones encontradas, es difícil entender el tercer movimiento que combina una marcha fúnebre con una popular canción de niños Frère Jacques (conocida en castellano como Martinillo). Mahler lo justifica diciendo que en el mundo se yuxtaponen la crueldad, la jovialidad y la trivialidad.
Segunda Sinfonía. Se conoce como Resurrección, estrenada en 1895 en Berlín, sufrió varias modificaciones hasta su versión final. La llaman Sinfonía-oratorio, porque en ella plasma su angustia cósmico-religiosa. Gira en torno al sentido de la vida y la muerte. El cuarto movimiento presenta una canción de Des Knaben Wunderhorn interpretada por contralto; en el quinto (con textos inspirados en el poema Resurrección de Klopstock), participan soprano, contralto y coro. Casi al final, contralto y coro cantan: cesa de temblar, prepárate a vivir, haciendo referencia a la resurrección y el coro con un gong (quizá debería haber utilizado un shofar)2, fuera del escenario, concluirá: moriré para vivir, resucitar, sí mi corazón, vas a resucitar, en un instante, lo que has vencido te llevará a Dios.
Tercera Sinfonía. Una pastoral. Requiere un coro femenino y otro de niños y como solista una contralto. En el cuarto movimiento incluye ¡Oh hombre! (O Mensch!), un pequeño fragmento de Así hablaba Zarathustra de Friedrich Nietzsche. El quinto movimiento requiere a la solista y a los dos coros para cantar un fragmento de Des Knaben Wunderhorn. Podría titularse: Sobre la naturaleza, al parecer él pensó titularla: Sueño de una mañana de verano.
Cuarta Sinfonía. Podría titularse Pastoral. Incluye en el cuarto movimiento una de las canciones de Des Knaben Wunderhorn, interpretada por mezzosoprano. Es quizá la más tranquila y poco rebuscada. Poco entendida en su tiempo, poco apreciada hoy, ¡qué cosas de la vida!
Quinta Sinfonía. Es muy conocido el Adagietto, utilizado por Luchino Visconti en la película Muerte en Venecia (1971), e incluido por Karajan en su primera colección de Adagios.
Sexta Sinfonía. Se ha dicho que la Trágica, estrenada en Essen en 1906, es la menos postromántica, que es casi romántica por su estructura aunque curiosamente, la menos conocida. Clásica dicotomía mahleriana alegría-tristeza, la lucha entre el amor y la muerte en la que triunfa la última. Cabe señalar que no deja sensación de tristeza.
Séptima Sinfonía. Canto o Música de la noche (Nachtmusik) se estrenó en Praga en 1908. Poco conocida, elegante, sobria, nos lleva a través de bosques y sonidos nocturnos hacia el exterior en un día soleado. De la oscuridad a la luz en final festivo, no muy usual en Mahler.
Octava Sinfonía. Se titula De los mil porque la interpretan 858 cantantes y 171 instrumentistas. La estrenó en Munich en 1910 y constituyó su máximo triunfo en vida. En la primera puso música al canto medieval propio de Pentecostés: Veni, Creator Spiritus. La segunda es la escena final del Fausto II de Goethe. Requiere tres coros, uno infantil y la participación de tres sopranos, dos contraltos, un tenor, un barítono y un bajo, lo que la hace muy difícil de presentar. Constituye su gran éxito: la perfecta mezcla de coros, voces e instrumentos. Aunque aparentemente la temática es cristiana, es una religión muy estilo Goethe y Mahler, que distan mucho de ser cristianos convencidos. Eso sí, es una gran sinfonía coral.
Novena Sinfonía. Última que escribió antes de morir y no pudo estrenar. Personalmente me parece una despedida. Inicia en un andante melancólico y culmina en un hermoso adagio, que nunca perdonaré a Karajan no haber incluido en sus colecciones de adagios. Al final se percibe, casi apagada, la música de la canción A veces pienso que nos abandonaron, en clara alusión a la muerte, pero tranquila, sin angustia. Una serena despedida.
El Poema Sinfónico. La canción de la Tierra es un ciclo de seis canciones escritas sobre textos chinos, cuatro de Li Tai Po y dos de Mong Kao-Yen y Wang Wei,3 de exquisita belleza, cada una constituye un movimiento. La sexta canción, La despedida, deja tranquilidad: Mi corazón está tranquilo y espera su hora. ¡La querida tierra florece por todas partes en primavera y se llena de verdor nuevamente! ¡Por todas partes y eternamente resplandece de azul la lejanía eternamente… ¿Encontraría al final la paz que buscaba?
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1 Poeta alemán (1788-1866) Kindertotenlieder es una colección de 425 poemas inspirados en la muerte de siete de sus diez hijos. Al parecer Mahler convirtió cinco de ellos en canciones en recuerdo de sus hermanos fallecidos.
2 Shofar es el cuerno utilizado en el Medio Oriente y presente en ciertas ceremonias judías.
3 Famosos poetas del siglo VIII, durante la dinastía Tang

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