Nuestro Carlos. Amigo, profesor, líder, consejero, filósofo

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Su labor como empresario y filósofo, su amistad, enseñanza, liderazgo y sencillez alentaron a quienes lo conocieron a abrir su corazón y compartir lo que sembró con palabras y acciones. Estas narraciones, pinceladas sueltas, dejan traslucir el cariño, elemento que les da unidad.
ASÍ SE COMPORTA UN AMIGO
Reconocer un amigo en el otro

Su calidad humana fue muy destacada por todas las personas con quienes tuvo trato, independientemente del nivel jerárquico o socioeconómico. Con todos tuvo detalles de atención, hacía preguntas personales que mostraban su interés.
Recuerdo como característica fundamental su cautivadora capacidad para reconocer un amigo en el otro, su generosidad para compartir lo mucho que sabía con pasión, sentido del humor y genuino desinterés por sí mismo.
Sus extraordinarias dotes humanas se vertieron en la construcción de varias instituciones, pero sobre todo, en formar a quienes tuvimos el honor de trabajar a su lado y calamos su ejemplar actuación, su profundo sentido humano, su carácter generoso. (Jorge Gutiérrez Villarreal, rector UP-IPADE)

En las buenas y en las difíciles
En mayo de 1997, Carlos Llano sufrió un accidente: iba a una consulta médica y al cruzar la avenida Ejército Nacional lo atropelló un automóvil. Fui uno de los primeros que acudió a verlo, por aviso de Antonio Zárate Patlán, su chofer, que estaba emocionalmente muy afectado.
Cuando pasé a la sala de urgencias ya estaba consciente, pero preocupado, porque en ese momento no recordaba lo qué le había sucedido y me preguntaba cómo estaba Antonio, que me ocupara de que los médicos lo vieran y de las cuestiones de tránsito para que su chofer no tuviera problemas con las autoridades por el impacto que habían sufrido con otro automóvil. Obviamente en ese momento estaba confundido pero muy preocupado por su chofer.
En septiembre del mismo año, a Antonio le detectaron cáncer y tuvo que dejar su trabajo. Durante el periodo de operaciones y tratamientos para el cáncer el doctor Llano se encargó de que a Toño no le faltara nada y lo visitaba en su casa para darle ánimo y rezar con él, encomendarlo y llevarlo en su corazón como un gran amigo que fue para él. Antonio falleció en julio de este año.
Esto habla de su gran generosidad y el cuidado que tuvo para las personas que trabajamos con él por muchos años. Fue como un padre que me ayudó en situaciones familiares, personales y en mi formación profesional doy gracias a Dios por haberlo conocido. (Arturo Herrera Roque, colaborador de Carlos Llano)
Agradecer agradecimientos
Si hacías algo que él consideraba como una atención especial o fuera de lo común, era normal que recibieras una carta agradeciendo el detalle. En 2000, logré contratar para el IPADE, un programa especial con una importante empresa mexicana, de la cual era director un buen amigo mío. Cuando cerramos el trato, el director me solicitó que Carlos diera una conferencia, lo conocía por haber sido participante de uno de nuestros programas. Le pedí al director de programas especiales que viera esta posibilidad directamente con Carlos, para que no se sintiera presionado por mí ya que participaba muy poco en este tipo de programas. Carlos aceptó y dio la sesión de cierre, le mandé una carta para darle las gracias, como ya señalé él no sabía que yo estaba involucrado, y me contestó (anoto el párrafo inicial):
«Aunque la regla del libro dice que no hay que agradecer agradecimientos porque así se remite uno al infinito, quiero agradecer especialmente la carta que me escribiste con motivo de mi participación en el programa de…». (Álvaro Pinto, director administrativo del IPADE).
Tiempo compartido
Como editor de temas empresariales, me acerqué en repetidas ocasiones a Carlos para charlar y entre otras cosas para ofrecerle mis servicios editoriales. Se interesó mucho y me dijo que me daría el próximo libro.
Pasaba el tiempo y el libro no aparecía, hasta que recibí una llamada suya:
—Heberto, ¿sigues interesado en publicar mi libro?
—Por supuesto que sí
—¿Estás seguro de que te quieres arriesgar?
—Absolutamente seguro
—Te invito a comer para explicarte su composición y entregarte el borrador
Nos encontramos y me dijo que si después de leerlo decidía no publicarlo, él lo comprendería.
Podría pensarse que Carlos lo decía por mero formulismo, pero creía con profunda y verdadera humildad que sus obras no eran dignas.
Ese primer libro que edité resultó una de sus obras más vendidas: Humildad y liderazgo. Después vinieron Viaje al centro del hombre, Reflexio, Demonstratio, Separatio y el último, que tuve oportunidad de poner en sus manos tres días antes de su partida, Ser del hombre y hacer de la organización.
A lo largo de nuestra relación, se abrieron caminos de entendimiento insospechados. Llegué a abrirle mi corazón con la más amplia confianza y siempre recibí un buen consejo; tocamos temas de todos los niveles: profesionales, personales, familiares.
Viajamos juntos a las presentaciones de los libros, eso abrió una amistad que rayaba en hermandad.
Recuerdo con mucho cariño una ocasión en que me urgía hablar con él; sabía que preparaba un viaje a Roma tras llegar de viaje de otro sitio. Lo encontré de prisa en el IPADE y me atreví a preguntarle si tendría cinco minutos para mí.
Con su sonrisa «de lado» que siempre le caracterizó me dijo: «Claro que tengo tiempo para ti, pero perdona, no serán cinco minutos, eso no nos sirve ni para saludarnos, ¿te parece media hora?» sacó su agenda llena de anotaciones y citas y anotó la reunión para el día siguiente en su casa.
Le agradecí que en medio de su tiempo me hiciera este espacio y me respondió: «¿Cómo no voy a recibirte? ¡Eres mi hermano!».
Hoy recuerdo esto y aún se me forma un nudo en la garganta. (Heberto Ruz, director general de Ediciones Ruz)
Primero tú y luego yo
Siempre me causó admiración la refinada capacidad de Carlos Llano para escuchar al interlocutor. De igual forma admiraba su facilidad para detectar cada problema y su singular prudencia para exponer las posibles vías de solución, respetando en todo momento la libertad de las personas para que adoptaran la decisión que consideraran más adecuada al caso.
Recuerdo un día que nos cruzamos en uno de los accesos a la UP. Notó enseguida que no me encontraba bien de salud. Tras preguntarme los motivos de mi malestar y acompañarme al primer lugar donde pudiera sentarme, no dejó que me regresara solo a la casa, sino que dispuso que su chofer me llevara a mi domicilio y se fue en taxi al lugar donde tenía un compromiso.
Muchas gracias doctor Llano, por el ejemplo constante que nos brindó a todos a través de su esfuerzo por ser santo en medio del mundo, en las cosas concretas de todos los días. (Jacinto Valdés, vicerrector de UP México).
Recuerdos de un periodista
Conocí al doctor Carlos Llano, humanista por excelencia, hace más de una década en la presentación de Viaje al centro del hombre. En ese entonces yo era un reportero «todoterreno» del periódico Excélsior.
Al final de la presentación, como buen reportero, me acerqué para solicitarle que respondiera unas preguntas y me autografiara su libro, que debía reseñar para la «Sección B» del periódico.
Respondió las preguntas con un lenguaje sencillo, pero enfático. Firmó el libro, que le pedí dedicara también a quien ahora es mi esposa. Escribió: «Para Rosario y José Luis López, con mi gratitud por su interés en mi trabajo».
Cuando me retiraba del estrado donde seguía firmando libros, me tomó del brazo y me exhortó con una sonrisa: «el periodismo debe hacer mejores a las personas». Asentí sin comprender el desafío que me había planteado.
La obra Viaje al centro del hombre me pareció una brújula que nos orienta para no perder el camino hacia el sentido de la vida. A la fecha, recurro al libro cuando me siento perdido y necesito recuperar el sendero. Una frase de ese texto ha marcado mi proceder en la vida: «vale más proponerse la meta de la excelencia y no lograrla, que la de la mediocridad y conseguirla».
Por azares del destino y la recomendación de un buen amigo, llegué a la UP. Me gusta pensar que la brújula de Carlos Llano me trajo a las aulas de esta universidad, primero como alumno de posgrado y actualmente como profesor investigador.
Ahora que ha partido quiero manifestar desde este espacio toda mi gratitud por su interés en mi persona y refrendar mi compromiso de hacer del periodismo un servicio a la sociedad y a la persona mediante la búsqueda de la excelencia en mi actuar profesional y personal. (José Luis López Aguirre, profesor investigador de Comunicación en la UP)
Conocerlo fue un privilegio
Cuando falleció mi papá, Agustín Agüero, mi mamá pidió que se velara en casa. Nos sorprendió ver entrar al doctor Llano para darnos el pésame y rezar con la familia. Desde ese momento me quedó clara su grandeza como ser humano y no tengo duda del ejemplo que nos dejó, se santificó con su trabajo diario. Como fue una persona que en vida trabajó mucho, ahora me encomendaré a él.
Gracias doctor Llano, fue un privilegio haberlo conocido. (Amelia Agüero Hernández, fue secretaria de Carlos LLano por 13 años)

En 1999, Carlos Llano fue atropellado al cruzar la avenida Ejército Nacional. Cuando volvió en sí, la policia le informó que habían detenido al conductor que lo atropelló. Carlos dijo: «al que tendrían que detener es a mí, porque quien cometió el error fui yo». Pidió perdón al conductor por haberle hecho pasar tal susto.
Fui a visitarlo al hospital Español, lo saludé y vi que, en medio de todo, no perdía su sentido del humor. Más interesante fue la visita de Bernardino Montaño a quien agradeció mucho su visita.
Finalmente fue dado de alta y adaptaron un cuarto en la planta baja de su casa. Le prohibieron todo trabajo, pero se hizo de un celular –por medio de Antonio Zárate, el chofer– para hablar con quienes lo buscaban para saber cómo estaba y –por supuesto– trabajar. Acudí a despachar asuntos de trabajo. Tratábamos temas diversos un par de horas y después me pedía que me retirara para poder descansar, pues aún se sentía muy mal.
Un día me pidió buscar una tarjeta entre sus cosas personales.
–¿Qué son estas cosas?, le pregunté.
–Mis pertenencias del día en que fui atropellado. La gente de la Cruz Roja hizo  el favor de guardármelas.
Encontré una tarjeta personal suya, muy manchada de sangre, donde escribió algo así como «Mariana, chocolates; Federico, tequila almendrado, etcétera». Me dijo entonces:
–Dile a Antonio –su chofer– que vaya a comprar esos regalos y que se los lleve.
–¿Quiénes son?
–Los camilleros de la Cruz Roja que me recogieron.
Con dos fracturas de cráneo, el rostro desfiguardo, cuatro costillas y la clavícula rotas tuvo la fortaleza y la caridad para perdonar a quien lo atropelló; sacar una tarjeta, pluma y preguntar a los camilleros cómo podía recompensarlos por lo que estaban haciendo por él. Cuando estuvo bien, escribió a mucha gente agradeciendo sus oraciones. Entre esas cartas, escribió a Bernardino Montaño, como a muchos otros: «los verdaderos amigos son los que te visitan cuando estás enfermo».
Antonio, su chofer, enfermó de cáncer. Durante años, Carlos lo visitaba con regularidad, pedía permiso a su esposa Juanita para no importunar. En 2007, Antonio recayó y tenía mucho miedo a la muerte. Carlos lo visitó en el hospital el 7 de agosto y por su intervención, tuvo asistencia sacerdotal cada semana. Ya no quería comer, pero cuando Carlos le hablaba, se animaba.
Al morir Carlos, el 5 de mayo de 2010, tenía proyectada una visita. Su antiguo chofer fielmente acudió al sepelio. Al concluir el entierro, Antonio dijo: «no le tocaba a él, me tocaba a mí». Levantó su mano derecha con el puño cerrado, diciendo «yo lo voy a alcanzar». Antonio murió el 15 de julio del mismo año. Juanita entonces comentó que «el deceso de Carlos Llano lo ayudó a aceptar la muerte con paz». (Miguel Alejandro García Jaramillo, colega y colaborador del doctor Llano; Adriana Pérez Vázquez, secretaria del doctor Llano de 1984 a 2010)


UN CARÁCTER IMPETUOSO Y CONTROLADO
Regaños y disculpas
En una ocasión, estando el doctor Llano con el doctor Roberto Ibáñez, me llamó fuertemente la atención por no haberle entregado el documento de una reunión previa, fuera de la UP.
Me había regañado antes, pero nunca frente a otra persona y, cuando era sin razón, por supuesto que yo protestaba. A la semana siguiente, en despacho con el mismo doctor Ibáñez, me llamó y dijo: «Josefina, la semana pasada la regañé delante del señor Ibáñez, y hoy, frente a él, le pido una disculpa porque estando él presente, no debí hacerlo». (Josefina Agüero Hernández, fue secretaria del doctor Llano por 13 años)

El efecto de una sonrisa
Una vez platiqué con él porque tenía un problema directivo. Enfrentaba falta de entusiasmo por un proyecto y no sabía cómo ilusionar a mi gente. Me hizo una broma, me reí y me dijo algo como: «Así. Sonríe. Esa será la manera en que harás que las cosas sucedan». (Pablo Pallares, Empresario)

Disciplina cotidiana
Era una persona con un carácter fuerte pero muy controlado, cuando por algún motivo te tenía que llamar la atención, siempre trataba de hacerlo en privado y después, ya calmado, te pedía una disculpa y te hacía ver el error o el problema ocasionado. Si por algún motivo excepcional la llamada de atención era delante de otra persona, la disculpa era inevitable y lo más rápida posible.
También demostraba su carácter en su disciplina personal, todos los días lo veías cumplir con sus responsabilidades de manera ejemplar. (Álvaro Pinto, director administrativo del IPADE)

Simpático e inteligente como pocos
Trabajé varios años en el departamento de Relaciones Públicas de la UP México, cuando el doctor Llano era rector y yo estudiaba Pedagogía.
Con la sencillez que lo caracterizaba, el día de mi graduación se acercó a felicitarme y me preguntó por mi familia. Le comenté que estaban sentados muy lejos, en el último rincón del jardín del IPADE. «Vayamos de inmediato a saludarlos» dijo e hizo.
Fue un ser humano excepcional. Su atractivo consistía en la congruencia de vida, entre lo que pensaba, decía y hacía, su envidiable sentido del humor y la agilidad y profundidad de pensamiento difíciles de encontrar.
Líder natural a quien se podía acudir en busca de consejo en cualquier momento, sabiendo que recibiríamos la mejor orientación porque era un hombre sabio, humilde simpático e inteligente como pocos. (José María Fernández Palacio, profesor de asignatura en la UP)
CUALIDADES DE UN EMPRESARIO
Un valiente guia
Tuve el privilegio de colaborar con Carlos en los primeros pasos del IPADE y la Universidad Panamericana. Era un hombre con gran visión de perspectivas y metas, del alcance de los proyectos que tenía entre manos; y a la vez con un sentido práctico extraordinario. No se amedrentaba ante las dificultades y los obstáculos, ni cedía ante presiones que pretendían desviar el debido transcurso de los acontecimientos.
Era valiente. Nunca olvidaré cómo lo presionó en cierta ocasión un empresario muy poderoso junto con un alto funcionario del gobierno para que cediera unos derechos y, siendo aún muy joven, se arriesgó, se mantuvo firme y ganó la justa partida.
Cuando los plazos para iniciar las primeras actividades del IPADE se nos venían encima y parecía imposible atar todos los cabos sueltos que aquello comportaba, elaboró una ruta crítica que nos dejó sorprendidos a todos y, él a la cabeza, nos infundió aliento y serenidad y nos puso a trabajar con diligencia. (José Inés Peiro Urriolagoitia, directivo de la UP e IPADE)
Filosofía de vida aplicada a la empresa
Carlos fue un empresario –de empresas lucrativas y no lucrativas– y un destacadísimo formador de empresarios.
Afirmaba que para ser buen dirigente se requiere objetividad y humildad, ser magnánimo y audaz, fuerte, constante y confiado. Todo ello se reflejaba en Carlos quien veía las cosas como eran y no como querría que fueran.
La estructura del análisis de Carlos Llano sobre la acción directiva y de las empresas ha sido tan simple como efectiva: se realiza desde el individuo, el director, el empresario y sus problemas, sin dejar de lado la relevancia de las relaciones interpersonales dentro de la organización, hasta abarcar su responsabilidad social como un todo. Llano abordaba tanto los problemas del directivo como los de la empresa.
Su filosofía empresarial era más una filosofía de vida aplicada a la empresa, se resume en que la columna vertebral de la vida no es ni el Estado, ni la ciencia, ni el mercado, su reforma debe partir de la modificación de actitudes, hábitos y creencias individuales; es decir, desde la ética sustentada en un concepto del hombre que permita desarrollar las capacidades de compromiso, renuncia y don de sí. (Jorge Gutiérrez Villarreal, rector UP-IPADE)


GRITOS Y SILENCIOS
Un tono de voz vivo
Le escuché en sesiones con el método del caso en el IPADE de México. Estuve en algunas conferencias suyas ante quinientas o más personas. Y también conversé con él, personalmente, en unas pocas ocasiones. En tan distintos escenarios –de muchos o de pocos– tenía la capacidad de hacerse al auditorio, y a todos lograba cautivar. Su tono de voz era vivo y manejaba varios registros vocales. Daba gusto oírlo, pues su estilo elegante, combinaba la elocuencia y la belleza expresiva, a la que no faltaba la frase redonda, el adjetivo sugestivo y el nombre exacto. Ciertamente, poseía lo que añora un profesor universitario y que, en tantas ocasiones, nos es esquivo. (Francisco Bobadilla Rodríguez, profesor de la Universidad de Piura, Perú)

Elocuente y divertido
Conocí a Carlos Llano antes de inscribirme al programa AD-2 del IPADE, ya allí lo vi actuar en diferentes perspectivas. Nunca olvidaré la primera clase del programa que tuve la fortuna de que abriera Carlos con la clase más elocuente y divertida que jamás había tenido en mi vida. Me reí mucho, aprendí mucho de lo humano, pero empecé a aprender del hombre que trataba a cada uno como si fuera el único en el aula.
Con mis compañeros comentaba lo elocuente y divertido que era, pero algo que no alcanzábamos a describir en aquel momento era ese «algo» que lo hacía especial. Hoy a la distancia puedo decir categóricamente que ese «algo» se llama «santidad». (Heberto Ruz, director general de Ediciones Ruz)

Exposiciones personalizadas
Sus exposiciones eran claras y profundas; iba al grano y al fondo de los asuntos. Hablaba con don de lenguas, con ejemplos familiares a su auditorio. Recuerdo una conferencia que dictó en Monterrey cuando yo vivía allá, cómo se refería a tópicos y lugares comunes regiomontanos, como si los conociera por vivir ahí, siendo que residía en México. (José Inés Peiro Urriolagoitia, directivo de la UP e IPADE)

Audiencia cautiva
Como maestro siempre cautivaba a su audiencia, no sólo por sus profundos conceptos llenos de humanismo sino por su forma de mantener la atención. Hacía énfasis en algunos puntos cuando levantaba la voz y provocaba el silencio de la audiencia cuando la bajaba. Como director, nunca dejaba que se le escapara lo más importante a lo que daba un seguimiento muy estrecho, no le gustaban los chismes, pedía «los hechos», como hacía como profesor cuando dirigía la discusión de los casos. (Jorge Gutiérrez Villarreal, rector UP-IPADE)
TRABAJADOR ENÉRGICO Y EXIGENTE
Su pequeña agenda
Carlos vivía el orden de forma ejemplar. Tengo en la memoria su imagen sacando una pequeña libreta que utilizaba como agenda, en la que también anotaba pendientes o tareas a realizar. Cuando surgía un asunto que requería su intervención inmediatamente tomaba nota. He de decir que durante los casi treinta años que lo traté, no recuerdo una sola ocasión en que haya dejado de atender a los asuntos anotados. Esa exigencia consigo mismo para vivir el orden y muchas otras virtudes le brindaba la autoridad personal para exigir –en ocasiones en forma enérgica– a todos sus colaboradores el cumplimiento de las responsabilidades, pero siempre con una intencionalidad formativa. (Sergio Villanueva Varela, ex rector de la UP Guadalajara)


El valor del tiempo
El doctor Llano tenía un carácter muy enérgico y exigente, pero al mismo tiempo muy comprensivo. Siempre me impresionó su modo de trabajar, no sólo por la forma tan profesional en que desarrollaba todas sus actividades, sino porque sin importar el lugar donde estuviera, siempre se las arreglaba para trabajar, ya fuera en el coche, el avión, su oficina o cualquier lugar. Si se encontraba en un sitio público junto a algún conocido, se disculpaba amablemente y se ponía a trabajar.
A todos quería y de todos exigía lo que él sabía que podían aportar. Podrán atestiguarlo lo mismo un jardinero que el dueño de un corporativo. No distinguía niveles porque había aprendido bien a valorar a cada persona. (Jorge Gutiérrez Villarreal, rector UP-IPADE)
Primero me exijó luego exijo
Nunca dejaba las cosas inconclusas; lo que emprendía lo terminaba. Tampoco posponía innecesariamente los asuntos; era asombroso cómo estaba en los detalles y respondía con precisión y prontitud a los requerimientos que recaían sobre él, algunos aparentemente de poca entidad.
Era muy exigente con sus colaboradores, pero antes lo era consigo mismo. (José Inés Peiro Urriolagoitia, directivo de la UP e IPADE)
¿Cómo logras publicar tanto?
Recuerdo que un día subimos el cerro del «Chinaco», por el rumbo del Desierto de los Leones. Al llegar a la cumbre nos sentamos a la sombra de unos árboles, comimos y en la plática aproveché para preguntarle algo que me llamaba mucho la atención:
—Carlos, publicas un promedio de un libro por año, ¿cómo logras hacer eso en medio de tantos asuntos que tienes entre manos?
Su respuesta que me desarmó por su sencillez:
—Los domingos me gusta mucho caminar por el campo y salir de excursión por el monte. En esas ocasiones, me pongo como meta ir pensando en el contenido del libro, en cómo argumentarlo bien, analizar cada uno de sus posibles capítulos, afinar algunas conclusiones. Así que todo va quedando guardado en mi mente, como en el ‘disco duro’ de una computadora y, cuando tengo tiempo, poco a poco voy redactando.
Pensé para mis adentros: «¡Pues ya me gustaría tener siquiera un poco de su ‘disco duro’!»
Después, con toda naturalidad, cambió de tema porque no le gustaba hablar de sí mismo ni de nada que sonara a autoalabanza. (Raúl Espinoza Aguilera, miembro del Consejo editorial de Editorial Minos)
Derecho de picaporte
A cualquier asunto le daba formalidad, de preferencia en una reunión o por escrito. Para él era importante dejar todo escrito y aconsejaba tener un buen sistema de archivo, para poder referirse a asuntos del pasado con documentos que lo avalaran.
Sus citas siempre tenían una frecuencia previamente acordada, aunque estaba abierto a tratar cualquier emergencia. Cuando tenías asuntos con él, te daba lo que llamaba «derecho de picaporte», que te permitía tratar urgencias en el momento en que se presentaban, pero realmente tenían que ser urgencias, de lo contrario podías perder ese derecho. Siempre te atendía sin distracciones, no recibía llamadas ni a otras personas, era tiempo de calidad.
Si tenías que ver distintas cosas con él, había que ser cuidadoso; no podías tratarle otros temas a menos que le hubieras avisado antes o que fuera una emergencia. También le molestaban las consultas «aprovechando el momento» en el comedor o en el pasillo, ya que no tenían formalidad.
Hubo un momento en que se decidió que era importante que tuviera un chofer, tanto por su seguridad –era bastante atrabancado para manejar– como por los múltiples viajes que hacía entre el IPADE y la UP. Sólo aceptó cuando vio que tendría tiempo para trabajar en lugar de perderlo manejando; de hecho era frecuente que despachara con las personas de confianza aprovechando sus viajes en el automóvil, después te enviaba de regreso con el chofer. (Álvaro Pinto, director administrativo del IPADE)


El ejemplo, su herencia más importante
En 1986 escribí mi primer libro: Libertad, esencia y existencia. Lo llevé a la editorial, se aceptó su publicación y, de pasada, me solicitaron el prólogo. Me sugirieron pedírselo a Carlos Llano. En ese momento pensé: «¡Qué más quisiera yo!» y, como no hay peor lucha que la que no se hace, solicité una cita con él, que me dieron un viernes por la tarde. Me presenté en su despacho, le platiqué de qué se trataba el asunto y ¡aceptó escribir mi prólogo! señalándome que tan pronto lo tuviera me lo haría llegar.
Le dejé una copia de mi texto y me dispuse a esperar lo que fuera necesario para contar con sus palabras. Nunca imaginé que la espera sería tan corta. A sólo tres días de solicitarle el prólogo, me lo hizo llegar, con mi original corregido y aumentado de su puño y letra, mismo que guardo en lugar especial en mi biblioteca. Así era Carlos Llano, a quien muchos le debemos, sobre todo, el ejemplo, su herencia más importante. ¡Gracias doctor Llano! (Arturo Damm Arnal, profesor de la Escuela de Economía de la UP)

Si no sabes, aprende
Carlos me contrató para convertirme en profesor del IPADE en el área de Comercialización.
Confieso que dentro de mí no estaba tranquilo, pues no me consideraba experto en el campo. Carlos lo sabía, pero confiaba en que sería capaz de prepararme para serlo.
Poco tiempo después, en Barcelona y a punto de iniciar nuestra preparación, me llamó a su oficina y me dijo:
—Contraté a una persona que sabe mucho más de comercialización que tú. Así que pasarás al área de Finanzas.
—Pero, yo no sé finanzas, intenté argumentar.
—Bueno. Pues ése es tu problema, respondió. Y no dijo nada más.
Ya conocía esa manera directa de hablar en Carlos. Más a la «española» que a la «mexicana»: sin excusas ni disculpas, pero sin ofender ni humillar. Entonces reflexioné sobre qué alternativas tenía y encontré dos: a) renunciar y volver a México, «con el rabo entre las patas» o b) aceptar y aprender finanzas. «De acuerdo», le dije a Carlos. Y aquí estoy, 44 años después. (Carlos Rossell Álvarez, profesor fundador del IPADE)


Dentro y fuera del aula
Los filósofos andan en las nubes
Lo escuché por primera vez en 2006, cuando entré al primer semestre de Filosofía en la UP. Nos quitó de la cabeza tantos mitos, nos hizo reír y rió con nosotros. Recuerdo perfectamente una frase: «A nosotros los filósofos nos critican mucho porque siempre andamos en las nubes, y es cierto, desde ahí se ve mejor».
Cada viernes, al final de su seminario, los alumnos de los últimos semestres le aplaudían enérgicamente. En una ocasión, me acerqué y le dije: «Hola, soy Eduardo Rivadeneyra y espero que cuando llegue a octavo usted aún esté dando el seminario». Sólo se rió y con una sonrisa me dijo: «pues ya veremos, yo también espero seguir dándolo». Una semana después me buscó y me regaló el libro Separatio que acababa de publicar.
Volvimos a tener contacto hasta mi quinto semestre, en su seminario. Nos hacía una seña con el bastón para que entráramos, se ponía el micrófono y pasaba lista, que incluía la foto de cada alumno. Yo salía con el pelo largo, como lo traje tanto tiempo y unos días antes me lo había cortado; cuando dijo mi nombre, miró mi foto, me miró a mí, se quedó observándome un rato y dijo fuertemente: «Pero tú no eres Eduardo». Yo algo divertido le dije: «sí soy, pero creo que en la foto que tiene me veo diferente». Entonces sonrió y me dijo un poco en burla y con cariño: «tú eres Eduardo, pero no eres este Eduardo, eres un Eduardo diferente, has cambiado» y todos reímos. Después, se tomó unos segundos más viendo mi foto y dijo: «Claro, ¡es que hoy no traes bufanda!» (Jesús Eduardo Rivadeneyra, egresado de Filosofía)


Más que una habilidad retórica
Una virtud que se hacía evidente en las conferencias o sesiones que impartió en distintos foros era su capacidad de transmitir conceptos intelectuales profundos, revestidos de una sencillez que los hacía accesibles a cualquier auditorio; iba más allá de una mera habilidad retórica. Se trataba de una capacidad poco frecuente, en la que sabía lograr una empatía extraordinaria con los oyentes, ya se tratara de empresarios experimentados, intelectuales de altos vuelos o personas comunes y corrientes. En buena medida, los conceptos que transmitía resultaban convincentes porque además del valor que tenían por sí mismos, estaban avalados con la ejemplaridad de su congruencia personal. (Sergio Villanueva Varela, ex rector de la UP Guadlajara)
Cada persona, un proyecto
Un hermoso recuerdo que llevo en mi quehacer profesional cotidiano fue la frase que dijo ante quienes concluíamos la maestría en Pedagogía: «la profesión de la amistad, esa es la pedagogía».Y no olvido la frase que me hizo sentir especial como estudiante de la UP, la dijo en un coloquio, respondiendo a uno de sus colegas que le había preguntado cuáles eran los próximos proyectos que como rector tenía para la UP, Carlos Llano dijo: «en nuestra universidad, cada estudiante es un proyecto». (Roberto Celestino Solís Santamaría, egresado de Pedagogía)


Sin importar el tiempo ni las veces
En los primeros años que lo traté se preocupó por enseñarme, sé que también lo hacía con otras personas, sin importar el tiempo que le tuviera que dedicar ni las veces que hubiera de hacerlo.
En los documentos por escrito, yo hacía muchos números y me costaba trabajo explicarlos, me decía que para explicarlo mejor, pensara que los demás no sabían del tema. También en los temas de redacción ponía mucho cuidado en la ortografía, cosa que te hacía revisar varias veces; en esto tenía tanta habilidad que, sin modificar tus textos, cambiaba unos cuantos detalles y el resultado era un buen escrito con tus palabras.
En mis primeros años hacíamos recorridos por las instalaciones, me iba señalando los detalles que estaban mal o bien para que aprendiera a revisar y lograra que todo estuviera digno y limpio. (Álvaro Pinto, director administrativo del IPADE)
Profesor y amigo

Carlos tenía gran capacidad para hacer amigos. En muchas ocasiones me tocó recibir este tipo de comentarios de antiguos alumnos del IPADE:
—¿Ves a Carlos con frecuencia? Por favor, salúdamelo. ¡Qué buen maestro es y cómo aprendí de sus sesiones! Pero sobre todo, ¡qué gran amigo!, ¡no sabes cuánto me ayudó en la dirección de mi empresa y en mi vida personal para acercarme más a Dios y, a la vez, ser mejor esposo y padre de familia!
Carlos nunca olvidaba felicitar a sus amigos en sus cumpleaños, acompañarles en su enfermedad, en el hospital o, ante la pérdida de un ser querido, en la funeraria. Tenía esa  talla humana de los grandes hombres que saben estar pendientes de los pequeños detalles de la vida de los demás. (Raúl Espinoza Aguilera, miembro del Consejo editorial de Editorial Minos)
Dirigía Carlos una sesión de Factor Humano en el programa AD-2, cuando un participante dijo en voz alta:
—Yo, a ese gerente, lo corría
Carlos, sin inmutarse, pero con el rostro serio, le dijo:
—¡Sal del aula!
—¿Cómo?
—¡Que salgas inmediatamente de esta clase!
—Pero…
—¡Fuera! ¡Fuera de aquí!
La clase estaba en un silencio total. El participante tomó sus cosas y se dirigió desconcertado hacia la puerta. Entonces Carlos cambió a una expresión cordial y con voz amable le dijo:
—Vuelve, vuelve a tu asiento. ¿No es verdad que se siente muy feo, cuando lo corren a uno?
A la vez, Carlos se acercó al participante y le tendió la mano. A esa persona no le quedó más remedio que estrecharla, en medio de un caluroso aplauso de sus compañeros. (Carlos Rossell Álvarez, profesor fundador del IPADE)
Sigan sus sueños
La impactante habilidad que el doctor Llano tenía para irrumpir en el corazón ajeno con una atinada palabra de ánimo, una delicada reconvención o una genuina preocupación por el desarrollo personal de cuanta persona se topaba en su camino, fue una de sus armas más eficaces para enseñarnos cómo hacer de todo lo humano nuestro entorno, y de toda persona siempre un tú. Gratitud y nostalgia nos queda por ahora; y como legado, la certeza de que ningún límite es suficiente cuando los sueños nos llevan a remar aún más adentro y a seguir con fidelidad el duc in altum, del Señor. (Héctor Velázquez Fernández, profesor investigador de la Facultad de Filosofía)



Corrijamos la frase
Un día, en una clase dijo: «quien dirige su empresa mirando la contabilidad, es como quien conduce su auto mirando el espejo retrovisor». Levanté la mano y de forma respetuosa le comenté:
«Doctor, eso no se vale, usted llegó aquí con chofer». Sonrió, se acercó a mí y me preguntó: «¿qué intentas decir?», a lo que respondí: «su frase está incompleta. Quien dirige su empresa mirando solamente la contabilidad, es como quien conduce su auto mirando solamente el espejo retrovisor. Además, sólo mira el espejo retrovisor, quien conduce el automóvil».
Él sonrió, me dio una palmada en la espalda y dijo: «efectivamente, corrijamos la frase». Días después me lo topé en la calle, se acercó y me dijo: «Jorge, ¿y cómo va la contabilidad? ¿Se la estás enseñando a tus alumnos con ese enfoque directivo? Genera entre ellos ese gusto y orgullo por su profesión. Me quedé pensando tanto en tu frase, que me permití escribirte este artículo ‘La importancia de la contabilidad’, espero te guste».
Para mí, ese detalle lo dijo todo. No sólo se preocupó por mí, se interesó y me entregó algo que sabía que valoraría. Me sorprendió como lo hacen las personas que se comprometen. Los amigos. (Jorge Huerta Bleck, director de Contaduría y de Administración y dirección)
MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS
Invertir tiempo en el futuro
En las pocas ocasiones que pude convivir con él me sorprendió con qué delicadeza escuchaba a los jóvenes, como si viera en ellos el futuro del la sociedad. (César Maggiani Aguilera)


Para  ser un directivo eficaz
Desde su libro inicial, Análisis de la acción directiva (1979) hasta el último, Ser del hombre y hacer de la organización (2010), hay una reflexión serena y profunda del quehacer directivo, tan alejada de muchos recetarios que ofrecen, ingenuamente, llegar a ser un directivo eficaz en diez minutos. (Francisco Bobadilla Rodríguez, profesor de la Universidad de Piura, Perú)
Una vida entregada a la formación
La huella de Carlos Llano quedará impresa no sólo en aquellas personas a quienes formó con su ejemplo en las aulas, sino también en las diversas instituciones que ayudó a crear: la Universidad Panamericana, el IPADE, el ICAMI y la revista ISTMO.
El doctor Llano, como Rector fundador, dejó un gran legado de disciplina y trabajo centrado en el hombre.
Ese ideal, inspirado desde la ética del cristianismo, fue el eje central del trabajo promotor de instituciones formadoras de hombres de negocios y de una vasta obra intelectual que le dio el reconocimiento como notable exponente de la filosofía empresarial que se propone impulsar la formación de empresarios y directivos con sentido de justicia y responsabilidad. (Jorge Gutiérrez Villarreal, rector UP-IPADE)

Influencia en Guatemala
Nos ha impactado mucho la noticia de la marcha del doctor Carlos Llano. Cuando la Universidad del Istmo, en Guatemala, iniciaba su andadura, lo invitó a impartir la «Lección inaugural» en 1998. Su intervención ha servido de antorcha que ilumina el andar de la UNIS en estos años de vida académica. Desde su nacimiento, la UNIS gozó del aliento continuo del profesor Llano; ahora desde el cielo podrá, sin duda, seguir ayudándonos.
Comparto un párrafo de la conferencia en el que se comprueba la calidad intelectual y humana de una persona que dedicó su vida a servir a la universidad y a la empresa. La conferencia llevó el título de: «La universidad y la empresa, un modelo de solidaridad».
«Sostenemos que la universidad y la empresa serán modelos de solidaridad y servicio si se insertan en el mundo de las comunidades personales. Es decir, si se proponen como meta la configuración de un estilo de hombre en el que prevalezcan esas virtudes civiles que no son propias de nada, que no son específicas de determinadas tareas o profesiones, pero que redundan en el beneficio absoluto de la sociedad, y entre las que se encuentran la solidaridad y el servicio. La universidad y la empresa deben concebirse como instituciones en cuyo ámbito se esponjan estas dos longánimas cualidades del hombre. Se trata de virtudes morales que suponen sacrificio y esfuerzo personal, sí, pero que suscitan al unísono pasión, deseo y estímulo: el hombre no solo tiene una tendencia compulsiva para alcanzar aquello de lo que carece, sino también un irrefrenable impulso de compartir lo que posee». (Linda Paz Quezada, vicerrectora Académica de la Universidad del Istmo, Guatemala)

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