El pensamiento parasitario

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Leonardo Da Vinci (1452-1519), reconocido genio del Renacimiento, revolucionó y sentó las bases de múltiples disciplinas. Pero además de todos sus logros científicos, artísticos y literarios, es ejemplo histórico en la protección de las ideas propias.
En el mundo actual, ese valor y voluntad de defender las ideas propias se ha disuelto en la mentalidad de una sociedad conformista, poseedora de un cerebro colectivo que apaga por sistema las llamaradas de nuevos pensamientos que podrían cambiar la vida.
Hemos olvidado que un hombre no puede remedar el alma de otro, ni un profesionista adjudicarse el trabajo de otro y presentarlo como suyo. Ante el riesgo de plagio de sus ideas, Da Vinci comenzó a escribir en contrasentido y bosquejó sus diseños de artefactos con errores, para que sus competidores no pudieran reproducir sus proyectos y adueñárselos.
Esto parece poco menos que imposible en un mundo en el que la globalización hace presa de su inercia. El parasitismo del trabajo ajeno y el plagio produce que día con día se «re-inventen» las ideas, pero coarta el nacimiento de las nuevas. ¿Honor a quien honor merece?
El acceso a cantidades inconmensurables de información por medios electrónicos facilita la investigación y recolección de datos, pero aparentemente ha disminuido la capacidad de análisis, síntesis y razonamiento propio, con el famoso copy-paste. Parece que el pensamiento de cualquier hombre es ya propiedad pública.
Es incontable la cantidad de jóvenes que para sus trabajos escolares ingresan a internet y con un click resuelven sus tareas en segundos, haciendo uso de trabajos elaborados por otras personas. Quizá peco de individualista, pero la gran mayoría navega impulsada por los vientos que soplan y pocos deciden ir contra corriente y buscar nuevos horizontes. ¿Acaso la opresión del sistema de razonamiento actual nos ha configurado para suponer y presentir en lugar de estudiar y discurrir?
En la vida profesional, los fines lucrativos con que se valoran las ideas convirtieron al hombre en un ser cuya prioridad es el provecho económico y no el desarrollo de sus capacidades.
El hombre nace único e irrepetible, pero con la educación y la inmersión en la comunidad parece que sólo está destinado a repetir un modelo en lugar de definir el propio.
Da Vinci luchó en su tiempo para defender su pensamiento y aportar nuevos conocimientos a la sociedad; creo que la actitud del ser humano ante el desdén a sus ideas y principios debe ser humildemente estoica.
Estamos obligados a cultivar los valores necesarios para resguardar nuestra posición y entender que nuestra vida no es el trabajo, sino amar el trabajo; además no basta sólo con amarlo, sino hay que hacerlo a modo propio. Es la única forma en que estaremos satisfechos con nuestro proceder. Respetar y ser respetados, admirar y ser admirados en nuestra originalidad.
El hombre es el fin de la sociedad, no su medio; una maquinaria completa, no mera herramienta.  Cada quien es individual en su forma de pensar y de realizar. No hay obras insignificantes ni trabajos insignificantes, sólo originalidad y el sello personal en cada uno.
El escritor Ayn Rand, en su libro El manantial, a través del personaje Howard Roark, un arquitecto individualista dice lo siguiente: «A través de los siglos, hubo hombres que dieron los primeros pasos por nuevos caminos apoyados solamente en su visión. Los grandes creadores, los pensadores, los artistas, los científicos, los inventores lucharon contra sus contemporáneos. Se oponían a todos los nuevos pensamientos, todos los nuevos inventos eran denunciados y recusados, pero los hombres con visión de futuro salieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron por ello, pero vencieron».
Cada quien tiene derecho a sus propias ideas y a sus sueños. Nuestra aspiración es ser el cambio, vencer, no ser vencidos, ser nosotros mismos, definirnos, entendernos y entender que la condición humana es en esencia complicada, pero a fin de cuentas única en cada individuo. Estamos obligados a honrar los proyectos ajenos, valorar las ideas diferentes y atesorar la heterogeneidad que enriquece nuestro proceso de evolución personal.
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*Médico cirujano por la UP. Investigador en el Instituto de Bionanotecnología de la Northwestern University en Chicago, Illinois.

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