¿Vivimos mejor las mujeres ahora que antes?

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Muchas veces me he hecho esa pregunta, pero sólo al pensar cómo vivían las mujeres hace apenas unas décadas, cuántas restricciones las limitaban, respondo un rotundo sí. Y es que, a pesar de las inmensas dificultades, de la frecuente «doble jornada», nadie que haya alcanzado varios grados de madurez está dispuesto a dar marcha atrás.
El papel de la mujer en la sociedad ha madurado, es evidente, por eso se puede afirmar con sustento, como hacen Mary Carmen Bernal y Alejandra Moreno, que el liderazgo femenino responde mejor a las necesidades de la nueva economía por ser más solidario, participativo y trascender con frecuencia el mero interés económico. Que la mujer es un efectivo agente de cambio social y que «su  fortaleza satisface, en grado sorprendente, las necesidades de liderazgo de la nueva economía».
En otro artículo, Victoria Pino descubre interesantes similitudes y diferencias entre las mujeres que han alcanzado puestos directivos en Monterrey, Guadalajara y México y otro texto menciona las dificultades que subsisten para que las mujeres incrementen su presencia en los consejos de administración.
Todo esto ha generado cambios sociales que no acaban de ajustarse: conciliar vida laboral con vida familiar parece un tema trillado, y lo es, pero sigue sobre la mesa justo porque no está resuelto y porque es vital para una evolución positiva de la humanidad. Sabemos que la armonía en la esfera privada es indispensable para el desarrollo de los padres y para la calidad en la atención y educación de los hijos.
La mujer que trabaja fuera del hogar al sumergirse en nuevas realidades debe explorar caminos con creatividad, esfuerzo y amor para conciliar familia y trabajo y participar en la construcción de su historia. Aún sin quererlo las empresas marcan pautas sociales en la actividad económica y en el mundo que las rodea. Por ello la evolución de la mujer en la empresa es tan determinante, abre brecha y requiere actuar en consecuencia.
De los muchos artículos interesantes de esta edición menciono uno más, el de Héctor Velázquez quien busca aclarar qué es ser pareja en estos tiempos y cómo tres ideas que se consideraban antes: ser espejo, soporte o complemento, no son suficientes si no hay también amistad, compromiso y corporeidad.
Las mujeres en el siglo XXI vivimos mejor que en épocas pasadas, elegimos lo que queremos estudiar, entramos al mercado de trabajo, pero falta mucho en la esfera privada. Sin duda, somos y seremos muy diferentes a las que vivieron en épocas anteriores.

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