¿Traicionar al consumidor y a mí mismo?

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Hace seis meses entré a una fábrica como gerente del área de empaque. Al estudiar los procesos de análisis que se hacen al producto antes de empacarlo, noté que la empresa no es del todo honesta con las fechas de caducidad. En ocasiones se recorre la fecha de expiración hasta 45 días. El «plazo extra» no es muy significativo; además cuentan con que el producto se venderá y consumirá antes.
Aún así, me parece arriesgado, sobre todo por dos razones, podría hacerle daño a alguna persona y, si el asunto se llega a saber y a difundir fuera de la empresa, perderíamos mucha credibilidad. Traté de hablarlo con el gerente de división y me pidió que no volviera a hablar del tema, que él lo solucionaría. Han pasado tres meses y el problema sigue igual. No puedo jugarme el puesto y me enoja conmigo mismo actuar en forma deshonesta.
 
 
LOS ASESORES SUGIEREN
1 Hay productos que prácticamente no caducan, y a los que sus fabricantes están obligados a poner fecha de caducidad, por sistema o por regulación general. También hay fabricantes que conocen bien su producto y saben que, de hecho, éste no caduca en la fecha o el plazo que por ley general se les exige publicar.
Recuerdo que un buen amigo me invitó a visitar su planta embotelladora. Ésta reunía tales características de higiene y cuidado que él aseguraba que su agua embotellada no tenía límite alguno de caducidad. Quizá era algo optimista, pero podríamos estar en un caso semejante. Se trata de un producto que es perfectamente seguro dentro del plazo que ellos amplían. Sin embargo, no deberían incurrir en esa práctica, y tú ya lo avisaste.
Procura, si quieres, reunir información sobre el tema y revisar las prácticas habituales en otras compañías semejantes, por ejemplo de otros países. Explica en alguna reunión lo que puedas investigar e intenta convencerlos con argumentos sensatos como los que mencionas. Y ya. Desenójate…
 

Armando Reygadas

Abogado especialista en Ética de Empresa

 

 
2 Recomendaría, en primer lugar, intentar nuevamente convencer al gerente de división de la importancia de corregir la situación, pues es probable que no se haya percatado del todo de las implicaciones que puede tener un posible daño a los consumidores. Esta insistencia sirve para saber si el gerente comparte la preocupación y no ha podido actuar (quizá está limitado para ello por sus superiores) o si simplemente no desea complicarse. No suscita una opinión muy favorable el hecho de que pidiera no tocar más el tema, pues da la impresión de que el asunto le resulta enfadoso y pareciera no estar dispuesto a hacer algo al respecto.
Cabe también la opción de explorar con el nivel más alto si hay disposición para actuar correctamente, pues en caso contrario no está en sus manos ni en las del gerente hacer algo al respecto. De ser esto último, la solución para actuar correctamente implicará que usted consiga una posición en otra empresa, y denunciar la irregularidad del proceder de esta compañía, como un acto de responsabilidad para con el consumidor. Esta última alternativa no obliga, sin embargo, a una renuncia inmediata, pues lo razonable es que proceda a ello una vez que sea segura la opción de trabajo en otra compañía.

 

Tomás Viracocha

Consultor de Ética Empresarial

 

 
3 Estimado gerente, tu inquietud es muy legítima. La empresa se debe a sus clientes, son éstos quienes la mantienen con vida. Si se engaña a los clientes, ¿cómo esperas que ellos reaccionen ante este engaño? Lo que está en juego es la reputación de la empresa, un intangible que hay que cuidar mucho.
Mi sugerencia es escalar el asunto, ya sea al gerente general, a la dirección o a los dueños. Primero hay que conocer por qué no se ponen las fechas correctas y hay que tratar de solucionar el problema de raíz. Lo siguiente es saber por qué, si se sabe, no se ha hecho nada. Esta actitud de tratar de entender el problema para resolverlo es diferente de una actitud de buscar responsables. Lo que está en juego es el buen nombre de la empresa, exponer escenarios donde esto se hace público ayudará a entender la gravedad del problema.
Callarse no es opción, por lo que te invitaría a pensar en la persona adecuada para comentar la situación y el modo de hacerlo. Harás mucho bien a la empresa aunque esto cause incomodidad en algunas personas.

 

Rodrigo Villaurrutia

Profesor de Ética de la Empresa

 

 

 
 
 
 
 
 
 

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