La Llorona se niega a morir… en el olvido

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¿Narración de una febril imaginación, cuento de terror para las noches oscuras o leyenda basada en algún hecho real? Nadie lo sabe. En todas las culturas la imaginería popular crea y recrea personajes fantasiosos. Quién no conoce en México el amargo relato que da origen el doliente grito «Ayyyyy mis hijos».
La leyenda de La Llorona es una narración profundamente arraigada en la historia y cultura mexicanas. Originada en la época prehispánica se aderezó durante la colonia con diversidad de versiones surgidas en las distintas regiones del país. A pesar de los innumerables cambios, la leyenda más famosa de México conservó como remanente la presencia fantasmal de una mujer doliente que produce temor con sus gemidos prolongados.
La tradición oral del pueblo mexicano es rica en historias que forman parte del imaginario colectivo. Históricamente se intentaba con ellas comprender el mundo circundante y desentrañar sus maravillas y misterios. Con la conquista, llegaron los primeros compiladores de esos relatos, quienes perpetuaron la memoria indígena en libros impresos.
Aquí se dio la primera hibridación de historias, ideas, personajes, y situaciones. Comenzó un proceso de transculturación que trataba de amalgamar costumbres, creencias tradiciones y cultura de dos mundos, lo que confluyó en una inédita imaginería colectiva que fue generando una nueva faceta de identidad a la nación.
En nuestros días, La Llorona se ha amoldado a una nueva fusión cultural en la que folklore y mitología acompañan de la mano a ese espíritu que vaga convertido en leyenda inspiradora de canciones de la lírica popular, obras de teatro y abundante bibliografía. Pero sobre todo, encontró en el lenguaje audiovisual el mejor medio para expresarse por medio de la cinematografía. La Llorona ha dado lugar a incontables interpretaciones como protagonista de dieciséis filmes desde 1933 a la fecha.
 
PARA PONER «PIES EN POLVOROSA»
«Era un 13 de enero de 1559 cuando un viento frio, en medio de la oscuridad obligó a todos los habitantes de la ciudad de México a resguardarse en sus casas. Los guardias que horas antes hacían la ronda por las calles, prefirieron encender una fogata en uno de los patios de las antiguas casas del capitán español Don Hernán Cortés, ahora de su hijo Don Martín. Todo estaba en calma, sólo el viento de vez en vez se hacía sentir con sus filos helados sobre el rostro de algún enamorado ansioso por ver a su amada. Por la calle de La Celada, un bebedor de vino ya embriagado había dejado la taberna hacía un par de horas y no encontraba su casa; deambulaba su infortunio en medio de la oscuridad y de los olores fétidos de las aguas estancas en las acequias.
»Otro español, sin fortuna y sueños convertidos en pesadillas, dormía en el quicio del portón de una casa que se encontraba en la calle que venía del convento de San Francisco y daba a la Plaza Mayor. La oscuridad era casi total ante una luna tímida que sólo asomaba su hamaca meciéndose en el cielo tapizado de estrellas. La calma se veía reflejada en los rostros de los guardias. Hechizados miraban el fuego y los leños que crispaban, y a decir de uno de ellos, hacían saltar demonios pequeños en forma de chispas. El silencio de la noche más bien era una sinfonía entre el fuego crispado, el canto de los grillos y el viento montado entre las tejas de las casas. De pronto el viento cesó su murmullo. Los corazones de los guardias se mantuvieron expectantes al escuchar el tétrico grito: ¡Ayyyyy mis hijos!
»En ese momento el enamorado furtivo se lleno de miedo, sintió como un sudor frío recorría su cuerpo y, sin esperar que su amada abriera el balcón, echó sus piernas a correr rumbo a su casa. A tres calles de distancia, el bebedor de vino, haciéndose el valiente gritó: ¿Quién osa gastar esta maldita broma a don Gastón Somera de Valdivia y Alatriste? Y presto el caballero desenvaino la espada, se puso en guardia y retó a la oscuridad. No espero mucho, cuando frente a él pasó una mujer etérea y fugaz, lanzando una lastimosa queja: ¡Ayyy mis hijos!
»Con los pelos de punta, ya sin su sombrero negro, don Gastón sólo acertó a decir: Por Belcebú es hora de poner pies en polvorosa». (Argueta, 2006: 12-13)
 
FUSIÓN DE DEIDADES PREHISPÁNICAS
En el mágico mundo prehispánico la leyenda se compone de multitud de narraciones híbridas. En algunos pueblos, se le relacionó con la diosa prehispánica Tenpecutli, de quien se decía purgaba una pena por haber asesinado a sus hijos en el río. Además de su belleza se decía que guardaba el misterio de su fealdad por su capacidad –al ser mirada a los ojos– de transfigurar su rostro en cara de animal. Algunos relatos cuentan que su cara se transformaba en la de un burro, mula o un perro. La Llorona poseía cualidades de nagual, que en la tradición prehispánica era un humano con poderes sobrenaturales.
También se le relaciona con otro personaje femenino llamado Mictlancíhuatl, cuya característica predominante era que seducía a los hombres. Esta diosa, llamada también Ixcuina, era considerada defensora de los adúlteros, vinculada a la desvergüenza y a los engaños.
Estas versiones sintetizan la idea de asesinato con las de adulterio y desvergüenza; en la medida en que relacionarse con un extraño, puede tomarse como un acto deshonesto, una traición o vileza. Funde en un sólo relato, el mito del nagual y dos facetas de deidades prehispánicas: Tepencutli (que pierde a sus hijos) y Mictlancíhuatl o Ixcuina (que simboliza el adulterio y la desvergüenza).
Sin embargo, otro investigador, Adams Davis (2001) cree que el espíritu, ente o fantasma de esta mujer era una combinación de tres diferentes diosas aztecas: Cihuacóatl, la mujer serpiente; Teoyaominqui, la vigilante de las almas muertas y Quilatzli, madre de gemelos, pues los nativos aztecas pensaban que este hibrido de diosas, «vagaba todas las noches en un vestido de velos blancos, sus lamentos eran tan altos que enseguida infundían el pánico entre los moradores. Amargamente lloraba en busca de sus hijos extraviados. Los aztecas creían que al escuchar estos lamentos se avecinaba un mal común, un presagio maligno…» (Davis, 2001: 133).
En la época de los primeros colonizadores se escribió la leyenda oral. Fray Bernardino de Sahagún en la Historia general de las cosas de la Nueva España retoma las leyendas de la recién llamada Nueva España y habla de la diosa Cihuacóatl, que «…aparecía como una señora […] con unos atavíos como se usan en Palacio; […] de noche voceaba y bramaba en el aire […] Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos…» (De Sahagún, 1999: 85).
Miguel León Portilla en La visión de los vencidos (1999) refiere que entre los muchos augurios o señales con que se anunció la conquista de los españoles, el sexto pronóstico fue que «… de noche se oyeran voces muchas veces como de una mujer que angustiada y con lloro decía: ¡Oh, hijos míos!, ¿dónde os llevaré para que no os acabeís de perder?» (Portilla, 1999: 58).
 

BELLA Y MALÉFICA MUJER
Una vez tomada la ciudad de Tenochtitlán hizo su aparición Doña Marina, mujer indígena que se emparejó con Hernán Cortés, mejor conocida como La Malinche. Bernal Díaz de Castillo cuenta en la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España que después de que ella murió penaba por haber traicionado a los indios de su raza, ayudando a los extranjeros para que los sometieran.
«…yendo una noche a Tlatelulco, que es la iglesia del señor Santiago, donde solía estar el ídolo mayor, que se decía Huichilobos, que vio en el patio que ardían en vivas llamas el alma de Cortés y de doña Marina e la del capitán Sandoval, e que de espanto dello andaban en los patios de Tezcuco […] y que decían los indios que era el alma de doña Marina y la de Cortés…». (Díaz del Castillo, 2005: 167)
Durante la época colonial, el personaje de La Llorona regresó a sus orígenes y se le describió como una mujer bella que invitaba a los trasnochadores a noches de placer; con sus poderes maléficos llevaba a los hombres que seducía a la muerte, o les causaba daño al hacerlos perder su camino y caer por barrancas, o simplemente perdían el habla ante la experiencia aterradora que experimentaban.
«La mujer que vestía una ropa blanquísima y se cubría el rostro con un velo, avanzaba con lentos pasos recorriendo las calles de la ciudad sin faltar a la plaza mayor, donde viendo hacia el oriente e hincada, daba el último y languidísimo lamento. Una vez puesta en pie, continuaba con paso lento y pausado hasta llegar a la orilla del lago donde desaparecía… (Secretaría de Educación Pública». 2005).

 
VERSIONES DEL MESTIZAJE
Los conquistadores fueron modificando la narración. En algunos casos atribuían los lamentos a una indígena campesina que fuera amante de don Nuño de Montes Claros y explicaban que cuando él abandonó a esa mujer, de nombre Luisa, ella cegada por el dolor y la rabia del desprecio, apuñaló sin piedad a los tres hijos procreados con su amante. Al recuperar la noción de la realidad, se aterrorizó por lo que había hecho y enloqueció.
Fue así que corriendo por las calles, lloraba amargamente por sus vástagos. Nuño no pudo con su conciencia y decidió suicidarse, fue enterrado el mismo día en que un pelotón fusilaba a Luisa, condenada por el asesinato de sus hijos.
Durante el siglo XVI y ya entrado el XVII se diversificó la leyenda y encontró diversos mitos de origen, pero todas las narrativas coincidían en la versión de un espíritu de mujer que penaba con una queja permanente: «Ay, mis hijos».
Una de estas narraciones cuenta que una mujer india se casó con un español, el cual se quería llevar a sus hijos. Antes de perderlos, la madre decidió matarlos, ahogándolos en el río. Desde entonces se oyen sus lamentos cerca de los ríos […] Otros cuentan que una joven murió un día antes de casarse y todas las noches busca al novio para entregarle la corona de rosas que no pudo ponerse […] Otra versión cuenta que una mujer codiciosa perdió su riqueza y al no soportar la miseria ahogó a sus hijos y después vagaba con desesperación al enloquecer […]
Distintos relatos hablan acerca de una esposa muerta en ausencia del marido, a quien cada noche buscaba para darle el beso de despedida, también se hablaba de una mujer asesinada por el marido celoso, quien regresó para confesar su inocencia […] y entre otros se cuenta la leyenda de una mujer que tenía dos hijos y se enamoró de un hombre, el cual sugirió deshacerse de los pequeños. Ella se decidió a asesinarlos y él la abandonó… (Anónimo, 2007: 18-19).
 
UN ESCALOFRIANTE PERSONAJE
Se puede afirmar que la leyenda del escalofriante fantasma continúa con profundas raíces en la cultura mexicana. Es el arquetipo femenino más favorecido en las tradiciones de cultura popular. La mujer que traicionada alberga una horrible venganza, al responder a sus problemas con el acto más destructivo que se puede cometer: el asesinato de los hijos, por lo que llena de dolor y pena, se vuelve un monstruo-ánima peligroso, melancólico, que no puede descansar y se aparece en busca de sus hijos perdidos.
Con el lenguaje audiovisual emerge un elemento nuevo: la idea de la búsqueda del renacimiento por el espíritu-fantasma y la redención, la reconciliación dentro de un nuevo ciclo vital. Por ello esta mujer busca a sus hijos cerca de cursos de agua o durante las lluvias en donde las aguas cumplen la función de donadoras de la vida.
La leyenda contemporánea la presenta como un personaje peligroso, traicionado, melancólico, inquietante y vengativo, que además de ser parte del anecdotario ejemplifica la fusión de diferentes universos de relatos orales. Implica una simbiosis de la memoria popular con las nuevas narrativas que permiten a las generaciones más recientes conocer a La Llorona, que se niega a morir en el olvido.
 
LA LLORONA EN EL CINE MEXICANO
Inició su trayectoria en el cine con un cortometraje en 1933, y hasta 1974 en su primera temporada dio lugar a seis largometrajes que retoman la leyenda en su versión hispánica como soporte argumental de relatos terroríficos. De 1975 a 2003 no hubo ninguna versión cinematográfica. 2004 dio paso a diez versiones más, en las que el personaje toma un cariz diabólico y vengativo para hacerlo mucho más amenazante. El mito popular se adaptó al cine, desnaturalizado, hasta convertirlo en mero pretexto.

Primera etapa
1933
Cortometraje dirigido por Guillermo «El Indio» Calles La Chillona.
La Llorona, primer largometraje de Ramón Peón.
 
1947
La herencia de la Llorona de Mauricio Magdaleno.
 
1959
El grito de la muerte. Dirigida por Fernando Méndez.
 
1960
La Llorona de René Cardona.
 
1963
La maldición de la Llorona de Rafael Baledón.
 
1974
La venganza de La Llorona de Miguel M. Delgado.
 
Segunda etapa
2004
Las Lloronas de Lorena Villarreal.
 
2005
Kilómetro 31 de Rigoberto Castañeda.
Haunted from Within de José Luis Cruz.
 
2006
Andrés Nava presenta Llorona. The Wailer, versión que trastoca la leyenda original.
Terrence Williams inicia su trilogía del personaje con The River: Legend of La Llorona.
 
2007
Regresa con Curse of La Llorona y finalmente con Llorona Gone Wild.
J-ok’el:la leyenda de la Llorona, nombre maya de la Llorona, de Benjamin Williams.
The Wailer de Paul Miller.
The Cry, última versión de Bernardine Santistevan. El espíritu de La Llorona llega a Nueva York para buscar venganza, demostrando que nunca existirá la paz para una madre que mata a sus propios hijos.
 
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Anónimo. México a través de sus leyendas. México: Delfin, 2007.
Argueta, Jermán. Crónicas y leyendas mexicanas 12. La Llorona. México: Porrúa, 2006.
Davis, Adams. Of the Night Wind’s Telling. Oklahoma: University of Oklahoma Press, 2001.
DE Sahagún, Fray Bernardino. Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa, 1999.
Díaz del Castillo, Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (Manuscrito Guatemala). México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.
García Canclini, Néstor. Culturas hibridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad. México: Grijalbo, 1990.
Jung, Carl. El hombre y sus símbolos. Barcelona: Paidós, 1995.
López, Austin. Tamoanchan y Tlalocan. México: Fondo de Cultura Económica, 1994.
Lyotard, Jean Francois. La condición postmoderna. Madrid: Cátedra, 1984.
Martín-Barbero, Jesús. «Medios y culturas en el espacio latinoamericano» en Pensar Iberoamérica. Revista de Cultura No. 5. Enero-Abril 2004. En línea [http:www.campus-oei.org/pensariberoamerica/ri05a01.htm] Consultado el 13/11/10.
Montoya, Víctor. «Mitos de la tradición oral» en Arte y cultura sin fronteras. Revista Día y Noche. No. 112. Septiembre 2009. En línea [http://www.dynonline.net/index.html] Consultado el 12/09/10.
Ortíz, Fernando. Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1940.
Páez, D. et. al. «Identidad, comunicación y memoria colectiva» en R. Alberto Memoria colectiva e identidad nacional. España: Biblioteca Nueva, 2000.
Portilla, Miguel León. La visión de los vencidos. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1999.
Robelo, Cecilio. Diccionario de mitología nahua. México: Porrúa, 1982.
Secretaría de Educación Pública. (2005) «México a través de sus leyendas». En línea [http://www.sep.gob.mx/work/appsite/muro/leyendas/llorona.htm] Consultado el 02/05/10.
 
 
 
 

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