Cómo ser un explorador del mundo

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La vida puede ser más entretenida con un poco de creatividad, pero estamos demasiado ocupados para darnos cuenta. Nos aferramos a cumplir puntualmente los roles que nos imponen o nos asignamos. ¿Cómo contribuir a nuestro bienestar sin autocensurarnos?
Cuando hablamos de los roles y habilidades es común que los asociemos más a nuestro «valor personal»; como en el ámbito de la pareja, la paternidad o el desempeño laboral. Sin embargo, no somos nuestras habilidades ni nuestros roles: ambos pueden cambiar, desaparecer y ser sustituidos por nuevos. Si prevalece esta confusión, cualquier movimiento en esos aspectos de nuestra vida generará una sensación de tormenta y todo se tambaleará.
Al confundir e identificarnos con ciertos roles, buscamos conservarlos angustiosamente sin tomar en cuenta nuestro bienestar y el de los demás. Por ejemplo, el rol de una madre evoluciona conforme sus hijos crecen; comienza criándolos y cubriendo sus necesidades básicas, después, como parte del plan familiar, buscará que sean autosuficientes. Si la madre se aferra al rol del comienzo, quienes tendrán que satisfacer sus exigencias serán los hijos.
Una capacidad fundamental para enfrentar este problema es separar nuestro ser de nuestro hacer. No somos lo que hacemos o lo que somos capaces de hacer, sino el sustento de ese hacer/tener. Nuestro valor está garantizado, pues siempre precede a nuestro desempeño. Sin embargo, es insuficiente si no somos capaces de reconstruirnos cada vez que nos enfrentamos a cambios o pérdidas significativas en nuestra vida.
 
INDISPENSABLE PARA RECONSTRUIRME
Hay dos habilidades indispensables para darnos cuenta de que siempre nos podemos reconstruir: la flexibilidad y la creatividad.
Flexibilidad implica interactuar con lo ajeno sin perder la identidad propia. El proceso de crecimiento personal se da en esa tensión entre mi ser y el de los demás. Ser flexible nos permite enriquecernos del medio sin perder nuestra identidad. El que no es flexible desaparece porque no puede tomar del exterior los nutrientes para subsistir. El que es demasiado flexible termina tomando tanto del exterior que se pierde a sí mismo.
Creatividad es la otra condición de posibilidad para construirnos, entendida como la capacidad de encontrar soluciones diferentes cada vez que tenemos que enfrentar un problema. ¿Cuántas maneras o caminos vemos en nuestro andar cotidiano? ¿Cuántas alternativas podemos generar?
Estas habilidades son naturales en los niños, quienes siempre están pensando en diferentes maneras de satisfacer sus deseos y no tienen prejuicios para ejercer el pensamiento creativo y conseguirlo. No hay solución que les dé vergüenza si contribuye a su bienestar y no se autocensuran como los adultos diciéndose: eso es ridículo o cómo se te ocurre semejante cosa.
Desafortunadamente, en muchos casos vamos perdiendo esas habilidades privilegiando la memoria y el razonamiento formal. Pocas escuelas premian a estudiantes por tener muchas alternativas de solución o por su creatividad; tengo imágenes más claras del cuadro de honor que reconoce a los más estudiosos y memoriosos.
 
CANTERA DE EXPLORADORES
Actualmente está a mi cargo la materia de Fundamentos Filosóficos y Clínicos de la Psicoterapia a estudiantes de maestría. Uno de los puntos fundamentales de la materia es mostrar a los participantes que el ser humano es un espacio en construcción y no algo estático y acabado. ¿Cómo enseñar a mis alumnos que llevan en promedio 19 años tratando de sustituir su creatividad y flexibilidad por «herramientas duras de trabajo»?
Estaba con este dilema cuando llegó a mis manos el libro Cómo ser un explorador del mundo de Keri Smith.1 Se convirtió así en libro obligado de la materia. Keri Smith puso en nuestras manos 59 exploraciones que –dice el autor– robó, alteró o simplemente tomó prestadas, para ponernos en una situación crítica: ser creativos o no hacer nada.
Inicialmente los alumnos se quedaron paralizados y repetían frases como: «yo no soy creativo», «esto no es posible», «cómo le voy a hacer para conseguirlo» o «está muy difícil». En suma, resultó que el libro planteaba más problemas emocionales que un libro de geometría analítica. Me negué a los ruegos y acordamos que la tarea del semestre sería completar al menos 15 de las 59 exploraciones planteadas.
Llegó el día de la presentación de resultados, con sus miedos y los míos. Pero para mi sorpresa, lo disfrutamos muchísimo. Hablamos de objetos inanimados que cobran vida, como cobijas que salen arrastrándose al «refri» para comer y regresar a la cama, o una colección de cremas que en las noches se convierten en bailarinas. Nos preguntamos a qué sabe la vía láctea o qué forma tienen los miedos.
La vocación frustrada de algún alumno fue la de superhéroe. Descubrimos que no podíamos peinarnos y cepillarnos los dientes al mismo tiempo. Inventamos un listón que, al colocártelo en la cabeza, te hace experto en el arte marcial que desees, y un marcador fluorescente que borra de la memoria los textos que resaltas con él.
En otro ejercicio, registramos lo que consumíamos en un día y, con minuciosa profesionalidad, una alumna anotó: siete prendidas de encendedor. Otros presentaron diversas colecciones como semillas de girasol, corcholatas, manchas, sobres de azúcar y lunares en la piel (con fotos incluidas).
Realizamos encuestas a gente externa sobre qué villano o qué instrumento musical sería… faltaría espacio y tiempo para hablar de las exploraciones de cada uno.
El libro presenta pautas para ser un explorador del mundo, pero el título bien podría cambiarse por Cómo ser un explorador de la vida, Cómo ser creador de tu existencia o Cómo ser un psicoterapeuta. Al final, entre muchos hallazgos personales y colectivos del semestre, coincidimos en uno: la vida puede ser más entretenida con un poco de creatividad, pero se nos ha olvidado. Estamos demasiado ocupados para eso. El subtítulo del libro es «Museo de arte vida portátil». Agradezco a mis alumnos por hacer posible esta exploración, perdiendo el miedo a vivir y exhibiendo su vida como lo que es: una obra de arte.
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1   Keri Smith, México. FCE, 2012. 204 pp
 
Reglas para ser un explorador
1.         Observa en todo momento
2.         Piensa que todo está vivo
3.         Todo es interesante (míralo más de cerca)
4.         Cambia de curso con frecuencia
5.         Contempla por periodos de tiempo largos (y cortos)
6.         Presta atención a las historias de tu alrededor
7.         Identifica patrones (haz conexiones)
8.         Documenta tus descubrimientos
9.         Incorpora el azar
10.       Observa el movimiento
11.       Dialoga con tu entorno
12.       Rastrea los orígenes
13.       Utiliza todos tus sentidos
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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